GANADERÍAS HISTÓRICAS DE JOSELITO

Impresionante nuevo lleno de “No hay billetes” en la sala Antonio Bienvenida en el ciclo de conferencias de Los de José y Juan en el Centenario de Joselito. La plaza de Madrid no solo se llena en San Isidro. Gloria Sánchez Grande.

“Joselito empezó  la relación estrecha con la ganadería de Martínez después de la célebre corrida del 3 de julio de 1914”, afirmó Alberto Fernández Torres. Andrés de Miguel. 

“Esta mesa demuestra la variedad de encastes a la que se enfrentaba Joselito, algo que hoy brilla por su ausencia”, declara José Joaquín Moreno Silva. Gloria Sánchez Grande.

“Lo de José era otra mentalidad. Si un día estaba aperreado, en mi casa pedía que le echaran vacas toreadas. Hoy eso es impensable porque, cada vez que sale un toro complicado, los toreros dicen que pierden sitio. Eso dicen”, cuenta con ironía Eduardo Miura. Gloria Sánchez Grande.

“Joselito se apoyó en los toros de nuestra casa, y en su dificultad, para clarear el escalafón”, cuenta Antonio Miura. Gloria Sánchez Grande.

“Mi tía abuela jamás se casó y, desde que murió Joselito, siempre se la recuerda de luto, pero esta relación truncada ha sido un tema tabú en nuestra familia” recuerda Macarena Pablo Romero en referencia a Guadalupe. Gloria Sánchez Grande.

TROFEO PUERTA DE TOLEDO PARA GONZALO SANTONJA

Gonzalo Santonja, escritor, catedrático, crítico taurino y socio de «Los de José y Juan», no deja de recibir reconocimientos por su aportación a la tauromaquia. El último premio le ha sido concedido por la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, que preside Jorge Fajardo. Se trata del “TROFEO PUERTA DE TOLEDO (De carácter nacional) al Ilmo. Sr. Don Gonzalo Santonja Gómez-Agero, por la modélica labor de promoción de la Tauromaquia a través de la investigación y su gran obra literaria”.

A este premio se unen dos reconocimientos importantes recibidos por Santonja este mismo año: el de Las Ventas y el de la Maestranza de Sevilla.

También en México, más concretamente en Guadalajara, Gonzalo Santonja recibió un reconocimiento de la entidad taurina con más solera del Estado de Jalisco (Peña taurina “Mal de Montera”).

La Federación Taurina de la Comunidad de Madrid ha fallado, en su XVII edición, los siguientes premios:

TROFEO PUERTA DE ALCALÁ: Ilmo. Ayuntamiento de Navas del Rey, como municipio destacado en el fomento de la Tauromaquia en la Comunidad de Madrid.

TROFEO PUERTA DE TOLEDO (De carácter nacional): Ilmo. Sr. Don Gonzalo Santonja Gómez-Agero, por la modélica labor de promoción de la Tauromaquia a través de la investigación y su gran obra literaria.

TROFEO PUERTA DE SAN VICENTE: Banda Municipal de Música “Villa de Humanes” de Humanes de Madrid, por su gran y ejemplar labor en pro del fomento de la Tauromaquia a través de la música, coincidiendo con el XX Aniversario de su Fundación.

TROFEO PUERTA DE HIERRO: Don Roberto Gómez Chaves, profesional ejemplar de la comunicación, mostrando siempre una excelente disposición a colaborar con las asociaciones taurinas.

JOSELITO, EL TOREO

Artículo escrito por Andrés Amorós para la Agenda Taurina 2020.

No sólo ha sido el mejor de los toreros – que lo fue – sino que es la referencia permanente del clasicismo en el arte de la tauromaquia. 

En el deporte, hay clasificaciones, campeonatos, títulos. En arte, la valoración no puede ser objetiva: preferirán unos a Mozart y otros, a Beethoven; a Rembrandt o a Leonardo… Pero, si nos basamos en la opinión de los profesionales y de los aficionados más expertos, hay algo que me parece indudable: algunos artistas se identifican tanto con un arte que acaban encarnando su esencia. Por eso, en lenguaje coloquial, pero sin temor a equivocarnos, decimos que Cervantes es la novela; Shakespeare, el teatro; Bach, la música; Velázquez, la pintura; John Ford, el cine. (Añado yo: Di Stéfano, el fútbol).

En ese mismo sentido, Joselito el Gallo no sólo ha sido el mejor de los toreros – que lo fue – sino que es la referencia permanente del clasicismo, en el arte de la Tauromaquia.

Un criterio muy claro me lo confirma. Así lo creían, sin duda alguna, todos los profesionales o grandes aficionados que lo conocieron y con los que yo he podido hablar: Marcial Lalanda, Gregorio Corrochano, Alfredito Corrochano, Camará, los Dominguín, el padre de Pepe Luis y Manolo Vázquez, mi abuelo. (No hace falta añadir el testimonio de Ignacio Sánchez Mejías, para quien era, literalmente, su dios).

Es perfectamente lógico, en cambio, que prefirieran a  Belmonte los escritores y artistas, menos conocedores de la técnica y más sensibles a la estética: Pérez de Ayala, Valle-Inclán… Obviamente, Juan tenía más “percha literaria” (Bergamín). Por eso pudo escribir su precioso libro Chaves Nogales (que era un gran escritor, pero no un gran entendido en toros).

En cambio, José no inspiró una biografía novelada sino el más completo tratado de técnica taurina que yo conozco, el de Gregorio Corrochano, “¿Qué es torear? Introducción a la Tauromaquia de Joselito”.

Cuenta Corrochano cómo se reveló, todavía niño, en un tentadero de Miura: “Salió del burladero Joselito, que entonces no era más que el hermanillo de Rafael y, sin vacilar, se fue con la mano izquierda: la becerra le achuchaba mucho, se defendía y apenas se dejaba torear. Rafael le dijo: ‘José, ¿no ves que achucha por el izquierdo? Toréala por la derecha’. ‘¿Con la derecha? – exclamó, extrañado, José-. Anda, toréala tú’. Y dio la muleta a su hermano. Salió Rafael con la muleta en la mano derecha y, al dar el primer pase, se le coló y lo derribó. José riéndose, le hizo el quite. ‘¿Por qué habías visto que no se podía torear con la mano derecha?’, le preguntaron. ‘Pues porque, desde que salió, hizo cosas de estar toreada. No pueden haberla toreado más que en el herradero y, como los muchachos que torean al herrar las becerritas lo hacen con la derecha, comprendí que, al achuchar por el lado izquierdo, por el derecho no se podía ni tocar. Y ya han visto ustedes’. Entonces se cayó en la cuenta de que, efectivamente, la habían toreado los muchachos, en el herradero”.

Luego, don Eduardo Miura sentenció: “Parece que lo ha parido una vaca”. Esa misma precocidad, en su arte, la tuvieron genios como Mozart o Picasso. 

Gracias a la amabilidad de un lector, Francisco Martín Negral, pude localizar un dato anterior, en el semanario “Sol y Sombra” de noviembre de 1899. El periodista Victoriano de la Feria visita la casa de los Gallo, en Gelves, para hacer una entrevista a Rafael, que tiene 17 años y acaba de presentarse como novillero, en Sevilla. Al final, añade un párrafo sobre el hermano pequeño:

“Tuve ocasión de admirar al menor de los hermanos, que cuenta cuatro años de edad, ejecutando, con una destreza impropia, varias suertes del toreo, sirviéndose de un pañuelo. Los hermanos intentaron traer una becerrita para que prácticamente viéramos cómo no se arredraba el infante ante ella. No pudieron encontrar cerca del pueblo ninguna, pero uno de los hermanos avisó al pequeño, diciéndole que ya estaba encerrada la becerra. A medio vestir, José salió corriendo en dirección a la placita, en busca de la becerra, demostrando seguidamente su enojo, al verse contrariado”.

Queda claro que torear una becerra formaba parte de lo habitual, para aquel niño de cuatro años.

Resume Corrochano: “Cuando no torea, piensa en el toro y habla de toros. No sabe hablar de otra cosa ni sabe ser otra cosa que torero”.

Y Marcial Lalanda, mi inolvidable amigo: “Toda su vida, José vivió dedicado íntegramente al toro. Fue ese gran ídolo que, en cualquier disciplina del saber, aparece felizmente, a veces, en el justo momento en que se le precisa”.

Por eso, está muy claro: Joselito, el toreo.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

CENTENARIO GALLITO

Artículo publicado por Andrés de Miguel en su blog «Adiós Madrid».

El jueves 28 se presentó la Agenda Taurina 2020 en la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, con la presencia de la Presidenta de la Comunidad y la Consejera de Presidencia entre otras autoridades.

Esta edición está dedicada al Rey emérito de España, Juan Carlos I y a José Gómez Ortega, “Gallito” en los carteles y Joselito en la prensa y la vida de su época, el “rey de los toreros”, en conmemoración del centenario de su muerte en Talavera de la Reina. También está dedicada a Olivenza, San Clemente y a numerosos protagonistas de la fiesta.

Andrés Amorós, glosó la figura de Joselito, a quien se le dedican cinco artículos en la Agenda y yo hice la presentación de la iniciativa del CENTENARIO GALLITO, con la que se pretende conmemorar al torero, organizador, reformador e impulsor de la tauromaquia del siglo XX que la ha permitido llegar a nuestros días.

RAZONES DE UNA CONMEMORACIÓN ¡VIVA GALLITO! 

Cien años hace de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina, en los cuernos del toro Bailaor. Es conveniente y necesario recordarlo, pero al plantearnos la conmemoración, la primera pregunta que se nos ocurre indaga en los motivos. ¿Por qué conmemorar el centenario de esa muerte tan lejana, de un torero tan distinto a los que conocemos, protagonista de una fiesta que ha cambiado tanto, hasta ser prácticamente irreconocible en las películas de la época, con respecto a los modelos actuales? ¿No hay motivos y momentos más felices para recordar?

Lo celebramos, lo recordamos, precisamente porque no es tan distinto a lo que ahora vemos. Si somos capaces de rascar sobre la superficie de las viejas películas en blanco y negro, de velocidades increíbles y con suertes de escaso reposo, veremos el toreo actual en todo su esplendor, despojado de la calma actual y marcado por una viveza de reacciones que en estos momentos es sorprendente y necesaria.

La vida, la trayectoria taurina, el significado histórico está analizado en esta agenda por grandes y competentes aficionados, y yo me voy a referir a la importancia de su figura para el toreo de hoy. Joselito significa la innovación, la ilusión, el clasicismo, la difusión de la tauromaquia en la sociedad y también la entrega a su profesión, la superación de su arte, la organización del espectáculo y todo ello sin eludir el riesgo que fatalmente se haría realidad en la plaza de Talavera de la Reina.

Vivimos momentos de cambio en la sociedad. Nuevas formas de vivir, de entender las relaciones sociales y personales, nuevos desafíos y nuevas diversiones. La tauromaquia se ha reinventado en numerosas ocasiones y no otra es la necesidad actual, y allí es donde el ejemplo de Joselito es pertinente. La innovación es necesaria en todas las actividades y más aún en una actividad en la que el espectáculo es un componente esencial. La innovación que plantea Joselito en su vida taurina es completar y definir el corpus clásico del toreo. Todo clasicismo tiene su barroco y ese barroco tiene el germen de su rococó y allí estamos ahora. Innovar es plantear el clasicismo en la situación actual, no es volver a los saltos y quiebros, ni quedarse en la previsibilidad de la nobleza estéril, del toro seleccionado para evitar la agresividad.

Repetimos hasta la saciedad que la sociedad tiene nuevas formas de relacionarse y divertirse, numerosas opciones de ocio, pero a veces olvidamos que muchas de esas opciones se han tenido que reinventar sobre sus antiguos espectáculos y no está de más recordar la evolución de la inserción social del fútbol o los cambios en los hábitos de ver cine. Otros son nuevos debidos a la irrupción de la tecnología digital y han tenido que sobrevivir entre una numerosa competencia. Joselito  entendió los cambios de su época y propició los nuevos recintos donde acudir a ver las corridas de toros, además de entroncar con los gustos de la época en la nueva selección de la bravura.

La corrida de toros es una mezcla, confusa si se quiere, de espectáculo y por tanto negocio, rito pagano y por consiguiente expuesto a la denuncia de herejías, y cultura y por ello sometido a los vaivenes del gusto. El núcleo fundamental por lo que ha sido denostado a veces y ensalzado la mayoría del tiempo es por su capacidad de forjar la imagen del héroe. En un vaivén clásico socialmente, se ha pasado, en unos pocos años, de ensalzar al torero como héroe que crea su arte en un espectáculo en el que no está ausente el riesgo físico del protagonista, a estigmatizar a la corrida de toros y sus seguidores.

Precisamente Joselito, “Gallito” si se quiere, es ese ejemplo acabado que unificó en su figura la representación de los distintos vectores que inciden y conforman la corrida de toros. Entendió el espectáculo que necesita crear repetidamente un acontecimiento a hora fija, para lo que influyó en la selección del ganado, amplió la base social de los espectadores con la creación de las plazas monumentales, apoyó la difusión de las corridas de toros con los nuevos medios visuales, apoyando decididamente la grabación cinematográfica de las mismas. En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales.

Esta difusión estaba basada en el respeto del riesgo que da fuerza a la imagen del héroe. La gloria que acompaña al héroe está basada en la asunción del riesgo. El riesgo no se tiene que materializar necesariamente, pero tanto hace un siglo, cuando recordemos no existían los antibióticos, ni la medicina tenía el actual conocimiento y cualquier herida podía ser mortal con la aparición de la infección, como actualmente, cuando hemos tenido ejemplos recientes en los que el peligro del toro se ha materializado llevándose por delante la vida del torero, la importancia determinante del papel del torero es representar al héroe que arriesga su vida de manera gratuita para crear una emoción estética para los aficionados y un espectáculo para los asistentes ocasionales.

Al mismo tiempo que actualmente se detecta un aumento de la edad media de los asistentes a las corridas de toros, se está produciendo una incorporación de jóvenes de las generaciones actuales que pueden significar un relevo para la envejecida afición y que resultan atraídos por un espectáculo que a primera vista es arcaico y, por tanto, sincero, y que resulta ser radicalmente moderno, en tanto que el artista creador se compromete con su arte hasta el punto de arriesgar su vida en su creación.

Este es, sin duda, el motivo por el que debemos conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito” en la plaza de Talavera de la Reina, porque fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo.

No hay mejor epitafio que el que le dedicó Gregorio Corrochano, el gran cronista de la edad de toro de la tauromaquia: “¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo le mató un toro”, para definir el compromiso de un espectáculo que tiene su hueco en esta sociedad multiforme, en la que, no nos dejemos engañar por las apariencias, hay un lugar preferente para quienes se comprometen con su esfuerzo, en mostrar una de las maneras en la que la cultura hace uso de la fuerza desatada de la naturaleza para crear belleza.

Por eso es pertinente conmemorar el centenario de la muerte de Joselito.

Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

Gonzalo Santonja redescubre el origen del toreo a pie.

Gonzalo Santonja en la presentación de su libro junto a Andrés Amorós y el presidente de la Junta de CyL entre otros.

 

  • Gonzalo Santonja presentó dos obras en el Palacio Real de Valladolid sobre los comienzos del toreo a pie, arropado por el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.
  • Andrés Amorós, partícipe en su presentación, dedica un interesante artículo en el Diario ABC a este estudio de Gonzalo Santonja.

«Tierras adentro. Andanzas y escrutinios por le país de la piel del toro» y «Los toros del Siglo de Oro. Anales segovianos de la Fiesta», son los dos libros que, bajo el título de «De Cossío a Santonja. Una historia de la tauromaquia», presentó el pasado martes el director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y socio de «Los de José y Juan», Gonzalo Santonja, en un repleto Salón del Trono del Palacio Real de Valladolid y dentro del Aula Cultural de El Norte de Castilla, y con los que Santonja reivindica la tauromaquia además de rescatar, con datos contrastados en diferentes archivos, los comienzos del toreo a pie. Un sencillo acto en el que estuvo arropado por el catedrático Andrés Amorós, socio también de «Los de José y Juan», el escritor Juan Manuel de Prada y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, quien destacaba que lo taurino, siempre tan presente en la cultura, el patrimonio y las costumbres de la Comunidad, constituye uno de los rasgos singulares de Castilla y León.

«El toro y sus manifestaciones gozan de una historia milenaria en Castilla y León. Su figura aparece en Guisando, en la Estela romana de Clunia, en la misma Universidad de Salamanca y se menciona, por ejemplo, en los Fueros de Zamora, Ledesma o Alba de Tormes», recordaba el presidente durante la presentación.

Asimismo, aseguraba que el toro sigue estando muy arraigado en la cultura popular, como por ejemplo en encierros, corridas, fiestas de Carnavales y “Sanjuanes”, y apuntaba que dos de cada diez castellano y leoneses disfruta de alguno de los 2.300 espectáculos taurinos que hay cada año en esta tierra, que es la segunda región de la España autonómica en asistencia a estos festejos.

Finalmente, ponía en valor que en Castilla y León residen la quinta parte de todas las explotaciones de lidia españolas, lo que le dota de una indudable repercusión económica, que llega a significar el 1,5 por ciento del PIB regional y permite mantener más de 13.000 empleos.

Gonzalo Santonja Gómez-Agero es catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense (2004), director de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Pertenece a Academia Norteamericana de la lengua Española (ANLE) y Academia Argentina de Letras, es Hijo Predilecto de Béjar (Salamanca), Honorary Fellow in Writing por la Universidad de Iowa (USA), Profesor Honorario de la Universidad Ricardo Palma (Lima, Perú), dirige desde 2010 el Foro Internacional de Filología de la Feria del Libro de Guadalajara (México) y, entre otras distinciones, es Premio Nacional de Literatura (Ensayo) y Premio Castilla y León de las Letras.

El sector taurino debe reaccionar antes de que sea tarde

Por Andrés Amorós.

El acuerdo de Gobierno del PSOE y Podemos supone un riesgo gravísimo para la Fiesta. Basta con leer el punto tercero de su acuerdo. El epígrafe «Cambio climático» (¿qué tendrá que ver eso con los toros?) concluye propugnando la «garantía de un trato digno a los animales». La frase es vaga pero la intención, evidente. (En la foto de los muñidores del pacto, junto a personalidades como Irene Montero y Adriana Lastra, figura el fundador de Equo, Juantxo López de Uralde).

Es fácil prever cuáles serán los pasos sucesivos: 1/ Difundir que la Fiesta es vieja, casposa, cruel y antidemocrática. 2/ Autorizar y favorecer cualquier manifestación antitaurina. 3/ Suprimir la información taurina en TVE. 4/ Impedir que muchos Ayuntamientos incluyan en su calendario de fiestas espectáculos taurinos. 5/ Promulgar normas autonómicas que impidan el acceso a las Plazas de los menores. 6/ Promover referéndums locales sobre la prohibición de los toros. 7/ Exigir que las corridas sean «a la portuguesa», sin sangre. 8/ Una vez lograda la disminución de espectadores, como pasó en Barcelona, prohibir los espectáculos taurinos.

¿Lograrán todo esto? Será más fácil si le toca a Podemos el Ministerio de Cultura, convertido en Ministerio de Propaganda. La Ley que protege la Fiesta como patrimonio cultural puede ser derogada, igual que cualquier otra: no cabe duda de que Podemos lo intentará y tendrá que retratarse el PSOE, que defiende la Fiesta en Andalucía pero se pone de perfil, en otros lugares. Dependerá también de la reacción social que toda esta maniobra genere. Si el sector taurino elige esperar antes de hacer nada, cuando quiera hacerlo, ya será tarde.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

EL PREMIO ADOLFO BOLLAÍN 2019 PARA LOS DOCTORES VAL-CARRERES Y GARCÍA PADRÓS.

Máximo García Padrós en una foto de ABC

Por Luis Madero López.

La Asamblea de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, celebrada el pasado 28 de octubre, acordó otorgar el XXXV Premio Adolfo Bollaín al “Acontecimiento taurino más relevante de la temporada 2019” a los doctores Carlos Val-Carreres y Máximo García Padrós por su extraordinaria dedicación y capacidad profesional desplegada a lo largo de muchos años. Pocas veces un premio taurino ha premiado tan justamente a dos trayectorias como son las de estos dos máximos expertos en cirugía taurina.

Ambos pueden ser considerados como cirujanos taurinos de” dinastía”. En efecto, el Dr. Carlos Val-Carreres es cirujano de la Plaza de toros de Zaragoza desde 1980, pero ya su padre y abuelo fueron cirujanos de la misma y, afortunadamente, su hija Pilar, ha seguido la tradición familiar y ya forma parte del equipo médico de esta Plaza. Por su parte, el Dr. Máximo García Padrós comenzó su andadura en la cirugía taurina junto a su padre, Máximo García de la Torre, en el año 1972 y ya en el año 1985 fue nombrado cirujano jefe de la Plaza de toros de Madrid y, también en su caso, su hijo Máximo García Leirado se ha incorporado recientemente al equipo médico de las Ventas.

En ambos es común que su conocimiento, esfuerzo y dedicación para atender todo tipo de percances, haya salvado la vida a multitud de toreros.

Así desde que el Dr. García Padrós es cirujano jefe de la plaza de las Ventas, muchos han sido los toreros que han salvado su vida gracias a su atención. Entre los más graves, destacamos a Julián González de Mata (mayo 1975), Curro Vázquez (junio 1983), Lucio Sandín (marzo 1990), Fernando Cruz (agosto 2012), David Mora (mayo 2014) y, en este último año, Román (mayo 2019) y Gonzalo Caballero (octubre de 2019).

De la misma forma, el Dr. Carlos Val-Carreres ha tratado también a innumerables toreros y algunos de extrema gravedad como Ortega Cano (Octubre 1987), Juan Ramos (octubre 1989), Juan José Padilla (octubre de 2011) y, muy recientemente, Mariano de la Villa (octubre 2019).

Tanto uno como otro también comparten que, aunque los avances realizados en la cirugía taurina son importantes, aún son muchos los logros por conseguir. Entre ellos, la necesidad de potenciar la formación en cirugía taurina mediante una especialización reglada y oficial, probablemente auspiciada por la Sociedad Española de cirugía taurina. También se hace imprescindible recalcar la necesidad de que los toreros se responsabilicen en el tratamiento médico que reciben, colaborando mediante la financiación de cursos y proyectos.

Por último, no quisiera acabar estas líneas sin manifestar mi respeto y admiración por estos dos compañeros que son un magnífico ejemplo de la cirugía taurina.

El premio se entregará en un acto en la próxima primavera.

Luis Madero López, socio de la Peña Taurina “los de José y Juan”, es Catedrático y Jefe de Servicio de Oncología Pediátrica en el Hospital Niño Jesús y la Universidad Autónoma de Madrid.

Académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de España, autor de más de 400 publicaciones internacionales, profesor visitante en más de cinco Universidades extranjeras, director de más de 40 tesis doctorales en universidades españolas. Es conferenciante taurino y aficionado práctico.

Doctor Val-Carreres en una foto de El Heraldo

LOS CABALES HOMENAJEA A JOSÉ VICENTE SINISTERRA

La Peña Los Cabales de Madrid rindió homenaje este miércoles a José Vicente Sinisterra Gago, catedrático y socio de la peña taurina «Los de José y Juan», con motivo de la publicación de sus tres últimos libros: “Cagancho, el torero de los ojos verdes”, “Joselito, el torero triste” y “El mundo de Rafael Gómez Ortega El Gallo”.

Junto al presidente de Los Cabales, Juan Sáenz de Retana, y distintos miembros de su directiva, no faltaron al almuerzo los aficionados Eduardo Altarriba y Rafael Roca, amigos de Sinisterra y miembros de la Asociación de Abonados y Aficionados de Valencia -ASABAF-, entidad a la que pertenece el homenajeado. Asimismo, también hubo representación de amigos y consocios de «Los de José y Juan».

José-Vicente Sinisterra Gago, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es catedrático de Química Orgánica y Farmacéutica de la UCM. Profesor invitado en diversas Universidades extranjeras. Ha sido director del Servicio de Biotransformaciones Industriales del Parque Científico de Madrid. Es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos y de ABASAF.

LOS 15 GRANDES ACONTECIMIENTOS DE LA TEMPORADA TAURINA 2019

Foto: Andrew Moore

Por Andrés Amorós. 

Ha sido esta una temporada apasionante, que pasará a la historia, con sus luces y sus sombras: grandes triunfos; revelaciones de nuevos diestros; graves percances; importantes resultados artísticos y de público, en las principales Ferias; incorporación de muchos espectadores jóvenes… Sobreponiéndose a su cornada en el ojo, Paco Ureña ha sido el indiscutible triunfador. Han vuelto los toros a Palma pero sigue cerrada la Plaza de Barcelona. A pesar de todos los ataques que recibe, por razones políticas o por un mal entendido animalismo, no cabe duda de que la Fiesta está muy viva.

Roca Rey (Valencia, 15 de marzo)

El diestro peruano inicia su temporada como la acabó: arrasa, en la Feria de Fallas, al cortar tres orejas a los toros de Victoriano del Río. Titula ABC: «Un huracán llamado Roca Rey». Pocos días después, recibe, con Padilla, el premio Taurino de ABC.

El Juli (Sevilla, 2 de mayo)

Con su ganadería preferida, Garcigrande, corta tres orejas y sale por quinta vez por la Puerta del Príncipe -tuvo otra más, pero no pudo salir a hombros al resultar herido-. (También se da la vuelta al ruedo al toro de su triunfo). Es el comienzo de una temporada en la que mantiene su condición de primera figura.

Pablo Aguado (Sevilla, 10 de mayo)

Una de las bombas de la temporada. Titula ABC: «Pablo Aguado corta cuatro orejas, abre la Puerta del Príncipe y se consagra como figura». Con toros de Jandilla, ilusiona, por su sencilla naturalidad. Hacía tiempo que no se veía torear así.

Roca Rey (Madrid, 22 de mayo)

En un ambiente de expectación, el peruano, herido en su primero, hace una importante faena y corta las orejas al último, de Parladé. Ha sido la confirmación de una gran figura. Ocho días después, superará la prueba de lidiar, por primera vez, toros de Adolfo Martín. (Ese percance acabará causando que no pueda torear desde San Fermín).

David de Miranda (Madrid, 24 de mayo)

Una de las revelaciones del año: en su confirmación de alternativa, el diestro onubense, hasta ahora muy poco conocido, que superó un duro percance, aprovecha un gran toro de Juan Pedro con una valerosa faena y abre la Puerta Grande.

Antonio Ferrera (Madrid, 1 de junio)

En una Feria de grandes triunfos, el diestro extremeño realiza el toreo más original e inspirado: abre la Puerta Grande con tres orejas, después de dos faenas de singular personalidad, en una tarde de plenitud. Titula ABC: «Un caudal de torería».

Paco Ureña (Madrid, 15 de junio)

Con toros de Victoriano del Río, cumple al fin su sueño de abrir esa Puerta Grande, demostrando que no le ha afectado la pérdida de un ojo. El público madrileño lo «adopta» totalmente. Titula ABC: «En la tarde de Roca, Ureña ha sido el rey».

José Tomás (Granada, 22 de junio)

En su única actuación, en un cartel singular, alternando con un rejoneador, el diestro de Galapagar suscita una enorme expectación: mata cuatro toros, corta seis orejas y rabo, abre la Puerta Grande. Sigue siendo un fenómeno único.

Cayetano (Pamplona, 12 de julio)

Sustituye al lesionado Roca Rey y logra el triunfo más rotundo de su carrera: corta cuatro orejas a una nobilísima corrida de Núñez del Cuvillo (titula ABC: «Saborea a un gran “Aguaclara”») y sale lanzado para las Ferias del verano.

Enrique Ponce (El Puerto, 10 de agosto)

Había sufrido una gravísima lesión en su rodillaen Fallas, el 18 de marzo: la «tríada» que temen los deportistas. En un tiempo récord, logra volver a los ruedos con un éxito rotundo, indultando a «Fantasía», de Juan Pedro, y saliendo en hombros.

Paco Ureña (Bilbao, 23 de agosto)

Culmina su temporada de repetidos triunfos con una de las actuaciones más rotundas de todo el año, con toros de Jandilla. Titula ABC: «Paco Ureña, en la cumbre». En una tarde histórica, corta cuatro orejas y se consagra como primera figura.

Emilio de Justo (Dax, 7 de septiembre)

La gran revelación del año anterior culmina una temporada de mérito, con varios percances, al cortar cuatro orejas y salir a hombros tras haber matado, como único espada, seis difíciles victorinos. Titula ABC: «Emilio de Justo supera un duro examen».

Miguel Ángel Perera (Madrid, 29 de septiembre)

Aunque la espada le impida cortar los seguros trofeos, alcanza su nivel máximo en una tarde polémica. Titula ABC: «Soberbia lección de Perera y Cuvillo». Pincha una gran faena a «Portugués» un toro superior que el tendido 7 quiso devolver.

Antonio Ferrera (Madrid, 5 de octubre)

En la Feria de Otoño, remata felizmente su temporada: una actuación plena de madurez, originalidad, variedad y torería. Titula ABC: «Triunfa en su desafío». En su actuación en solitario, Antonio Ferrera corta dos orejas y sale por la Puerta Grande.

El Cid (Zaragoza, 12 de octubre)

Después de haber recibido, en su despedida, el cariño de los públicos de Sevilla y Madrid, El Cid dice adiós a los ruedos españoles cortando las orejas a un buen toro de García Jiménez y recibiendo el homenaje que su gran trayectoria taurina merece.

UNA FIESTA HUMANA, DEMASIADO HUMANA

Foto: Andrew Moore

Por François Zumbiehl.

Así puede ser calificada la fiesta de los toros cuando son los aficionados los que hablan, y no por ellos los antitaurinos que caricaturizan sus sentimientos achacándoles toda clase de perversidades. También lo hicieron los colonizadores con los pueblos a los que llamaron salvajes, antes de que algunos espíritus selectos propusieran una visión más respetuosa y abierta de estas culturas ignoradas.

Sí, la tauromaquia es tremendamente humana porque es ante todo el espectáculo de la fragilidad. Para que una tarde de toros cumpla con todas sus promesas es preciso que ese día no moleste el aire, que los toros estén en condiciones y tengan embestidas acordes con las posibilidades técnicas y estéticas del matador, y que éste quiera por de pronto alzarse más allá de las obligaciones de su profesión para sentir y expresar su misterio, como muy bien lo dijo Rafael El Gallo.

Por ello los aficionados se asemejan a unos devotos, manteniendo la esperanza incansable del milagro a costa de muchas decepciones. Es innegable que la corrida tiene su parte de crueldad, en el sentido etimológico de la palabra, pero todo el espectáculo tiende a hacerla olvidar: olvidado el miedo, olvidadas la sangre y la violencia cuando la embestida de un toro bravo, subyugada por el engaño, se alarga y se funde con el torero en una armonía inverosímil, como si el hombre por la magia del temple tuviera la capacidad de hipnotizar al toro y de parar el tiempo. Es un espejismo desde luego, pues aquí todo es efímero empezando por la obra dibujada en el ruedo, que muere en el mismo instante en que ha sido vislumbrada, y de manera definitiva con el toro que se ha prestado a ella.

El toreo es el arte de las formas que vuelan, que se saben nacidas en un mundo perecedero, y que quieren compensar su carácter fugaz con la búsqueda insaciable de la belleza en el laberinto del movimiento. Por ello el temple es su mayor virtud, pues es el intento, lentificando las suertes, por aplazar el fin ineludible del poema que el hombre está improvisando durante unos pocos minutos con su toro, compenetrado con él. Razón por la cual intelectuales de la talla de Valle-Inclán y Pérez de Ayala, homenajeando al joven Belmonte, se atrevieron a afirmar que el toreo, por esta fugacidad misma, es más conmovedor que las demás artes. Por su parte José Alameda, un exiliado de la Guerra Civil, consideró que esta fiesta es «humana, demasiado humana», pues condensa todas las vicisitudes de la vida y de la muerte con las que el hombre se siente enfrentado a lo largo de toda su existencia.

Pero por otra parte la tauromaquia es animalista, pues se basa en la mayor cercanía y complicidad posibles con el animal. Innumerables horas de conversación con toreros, ganaderos y aficionados me lo han confirmado. Torear es ante todo acoplarse con el toro, incluso -como me lo dijo el torero y escritor Juan Posada– hacerse a la vez hombre y toro, Minotauro de alguna manera, permitiendo a su oponente, después de haberlas percibido, expresar todas las potencialidades de su bravura que sin el toreo hubieran quedado inéditas. En este sentido la fiesta de los toros, que cumple con los cinco criterios marcados por la convención de la Unesco para identificar un patrimonio cultural inmaterial, cumple particularmente con el que se refiere al «conocimiento de la naturaleza y del universo».

Foto: Andrew Moore

Hablando de la Unesco conviene volver al concepto de cultura tal como lo define el texto de esta convención de marcado carácter antropológico: es el conjunto de las prácticas, tradiciones y sentimientos que reflejan las vivencias de una comunidad y con los que ésta se identifica. Cada una de estas culturas, mientras esté conforme con los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y mientras esté compartida y transmitida a las nuevas generaciones (éste es el auténtico significado de la palabra tradición), debe ser respetada en su diversidad, incluso si dentro de una región queda como minoritaria. Aquí no valen cazas de brujas, inquisiciones ideológicas o políticas. Su libertad -en este caso la de los aficionados- debe ser preservada contra cualquier imposición o prohibición externa, incluso si éstas se basan en el resultado del voto de una supuesta mayoría. Esto equivaldría a instrumentalizar un proceso aparentemente democrático para restablecer la censura, curioso retroceso a otros tiempos en los que se quería imponer para todos la dictadura de lo «moralmente y políticamente correcto». El hecho de ser minoritaria no descalifica una cultura. Eso lo dice la Unesco a través de sus convenciones de los años 2003 y 2005.

Y dos cosas más frente a acusaciones convertidas en repetidos eslóganes y estereotipos: hablar de tortura a propósito de un animal indómito, cuya lucha hasta la muerte es un peligro permanente para el torero, es un insulto para las víctimas verdaderas de este acto repugnante.

Por otra parte el bienestar animal es un concepto muy relativo; relativo a la forma de ser y de comportarse de cada animal, de compañía, salvaje o del campo, pues el animal en sí sólo existe en la mente de algunos animalistas radicales, tal vez impactados por los personajes de Disney y muy alejados de las realidades del mundo rural. El toro de lidia, criado durante al menos cuatro años en libertad y en espacios extensivos, naturales y protegidos mientras otros bovinos van al matadero a los pocos meses, goza sin lugar a dudas de un bienestar privilegiado hasta los veinte últimos minutos de su vida. Y ¿qué decir de los sementales y de las vacas bravas, criados con el mismo cuidado y respeto manifestados a esta raza excepcional que desaparecería en el mismo momento en que se prohibiera la tauromaquia, del mismo modo que desaparecería todo el entorno ecológico ligado a su crianza? ¿No sería acaso más urgente velar por el bienestar de algunos animales mascotas, condenados a vivir en unos espacios reducidos y a todas luces inadaptados para ellos, y a veces abandonados por sus dueños cuando llegan las vacaciones? ¡Dios nos libre de la ecología urbana o de salón!

François Zumbiehl, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”  es catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Vicepresidente del Observatoire National des Cultures Taurines ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.