UNA FIESTA HUMANA, DEMASIADO HUMANA

Foto: Andrew Moore

Por François Zumbiehl.

Así puede ser calificada la fiesta de los toros cuando son los aficionados los que hablan, y no por ellos los antitaurinos que caricaturizan sus sentimientos achacándoles toda clase de perversidades. También lo hicieron los colonizadores con los pueblos a los que llamaron salvajes, antes de que algunos espíritus selectos propusieran una visión más respetuosa y abierta de estas culturas ignoradas.

Sí, la tauromaquia es tremendamente humana porque es ante todo el espectáculo de la fragilidad. Para que una tarde de toros cumpla con todas sus promesas es preciso que ese día no moleste el aire, que los toros estén en condiciones y tengan embestidas acordes con las posibilidades técnicas y estéticas del matador, y que éste quiera por de pronto alzarse más allá de las obligaciones de su profesión para sentir y expresar su misterio, como muy bien lo dijo Rafael El Gallo.

Por ello los aficionados se asemejan a unos devotos, manteniendo la esperanza incansable del milagro a costa de muchas decepciones. Es innegable que la corrida tiene su parte de crueldad, en el sentido etimológico de la palabra, pero todo el espectáculo tiende a hacerla olvidar: olvidado el miedo, olvidadas la sangre y la violencia cuando la embestida de un toro bravo, subyugada por el engaño, se alarga y se funde con el torero en una armonía inverosímil, como si el hombre por la magia del temple tuviera la capacidad de hipnotizar al toro y de parar el tiempo. Es un espejismo desde luego, pues aquí todo es efímero empezando por la obra dibujada en el ruedo, que muere en el mismo instante en que ha sido vislumbrada, y de manera definitiva con el toro que se ha prestado a ella.

El toreo es el arte de las formas que vuelan, que se saben nacidas en un mundo perecedero, y que quieren compensar su carácter fugaz con la búsqueda insaciable de la belleza en el laberinto del movimiento. Por ello el temple es su mayor virtud, pues es el intento, lentificando las suertes, por aplazar el fin ineludible del poema que el hombre está improvisando durante unos pocos minutos con su toro, compenetrado con él. Razón por la cual intelectuales de la talla de Valle-Inclán y Pérez de Ayala, homenajeando al joven Belmonte, se atrevieron a afirmar que el toreo, por esta fugacidad misma, es más conmovedor que las demás artes. Por su parte José Alameda, un exiliado de la Guerra Civil, consideró que esta fiesta es «humana, demasiado humana», pues condensa todas las vicisitudes de la vida y de la muerte con las que el hombre se siente enfrentado a lo largo de toda su existencia.

Pero por otra parte la tauromaquia es animalista, pues se basa en la mayor cercanía y complicidad posibles con el animal. Innumerables horas de conversación con toreros, ganaderos y aficionados me lo han confirmado. Torear es ante todo acoplarse con el toro, incluso -como me lo dijo el torero y escritor Juan Posada– hacerse a la vez hombre y toro, Minotauro de alguna manera, permitiendo a su oponente, después de haberlas percibido, expresar todas las potencialidades de su bravura que sin el toreo hubieran quedado inéditas. En este sentido la fiesta de los toros, que cumple con los cinco criterios marcados por la convención de la Unesco para identificar un patrimonio cultural inmaterial, cumple particularmente con el que se refiere al «conocimiento de la naturaleza y del universo».

Foto: Andrew Moore

Hablando de la Unesco conviene volver al concepto de cultura tal como lo define el texto de esta convención de marcado carácter antropológico: es el conjunto de las prácticas, tradiciones y sentimientos que reflejan las vivencias de una comunidad y con los que ésta se identifica. Cada una de estas culturas, mientras esté conforme con los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y mientras esté compartida y transmitida a las nuevas generaciones (éste es el auténtico significado de la palabra tradición), debe ser respetada en su diversidad, incluso si dentro de una región queda como minoritaria. Aquí no valen cazas de brujas, inquisiciones ideológicas o políticas. Su libertad -en este caso la de los aficionados- debe ser preservada contra cualquier imposición o prohibición externa, incluso si éstas se basan en el resultado del voto de una supuesta mayoría. Esto equivaldría a instrumentalizar un proceso aparentemente democrático para restablecer la censura, curioso retroceso a otros tiempos en los que se quería imponer para todos la dictadura de lo «moralmente y políticamente correcto». El hecho de ser minoritaria no descalifica una cultura. Eso lo dice la Unesco a través de sus convenciones de los años 2003 y 2005.

Y dos cosas más frente a acusaciones convertidas en repetidos eslóganes y estereotipos: hablar de tortura a propósito de un animal indómito, cuya lucha hasta la muerte es un peligro permanente para el torero, es un insulto para las víctimas verdaderas de este acto repugnante.

Por otra parte el bienestar animal es un concepto muy relativo; relativo a la forma de ser y de comportarse de cada animal, de compañía, salvaje o del campo, pues el animal en sí sólo existe en la mente de algunos animalistas radicales, tal vez impactados por los personajes de Disney y muy alejados de las realidades del mundo rural. El toro de lidia, criado durante al menos cuatro años en libertad y en espacios extensivos, naturales y protegidos mientras otros bovinos van al matadero a los pocos meses, goza sin lugar a dudas de un bienestar privilegiado hasta los veinte últimos minutos de su vida. Y ¿qué decir de los sementales y de las vacas bravas, criados con el mismo cuidado y respeto manifestados a esta raza excepcional que desaparecería en el mismo momento en que se prohibiera la tauromaquia, del mismo modo que desaparecería todo el entorno ecológico ligado a su crianza? ¿No sería acaso más urgente velar por el bienestar de algunos animales mascotas, condenados a vivir en unos espacios reducidos y a todas luces inadaptados para ellos, y a veces abandonados por sus dueños cuando llegan las vacaciones? ¡Dios nos libre de la ecología urbana o de salón!

François Zumbiehl, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”  es catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Vicepresidente del Observatoire National des Cultures Taurines ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.

LA SUERTE DE VARAS EVOLUCIONA

Artículo escrito por José María Moreno Bermejo.

Quizás haya que revisar parte de lo publicado hasta ahora sobre la Suerte de varas, y considerar los nuevos estudios que sobre la misma está realizando D. Julio Fernández y su equipo. Es lógico y necesario que los aficionados nos involucremos en la realidad que nos ofrecen nuevos conceptos y resultados derivados de la intensidad investigadora de personas cualificadas y tenaces. Esto sin apostatar de las convicciones y realidades básicas que nuestra querida Suerte de varas reclama como insoslayables para la preservación y justificación ética y tradicional del rito taúrico.

Debemos estar de acuerdo en que la actual situación de la corrida está muy deteriorada por varias causas, y que no es la menos importante de ellas la falta de consideración y conocimiento que de nuestra querida Suerte de varas tienen y prestan los actores del toreo. Toros febles que no admiten, lo que debería ser un examen previo, un mínimo castigo necesario para el ahorme y adecuación de la embestida, porque se caen sólo con topar contra el peto. Toreros de nula responsabilidad que permiten la acción inadecuada de sus picadores (sigo creyendo que es por no saber para qué sirve la Suerte, más allá del reducir el poder de la res). Presidentes de festejos que toleran la ejecución casi letal que se produce cutio en encuentros violentos sin medida, arte, técnica e incluso sin sometimiento a la Ley taurina y su reglamento. Público que se deleita en los marronazos de los picadores, que no sabe dónde hay que picar, cuánto hay que picar y para qué sirve la suerte de picar…

Dada la pérdida de poder de los toros que actualmente se crían, y que están logrando los ganaderos que se someten a las órdenes del mundo del taurineo (apoderados, toreros, empresarios egoístas), la Suerte de varas parece que no tiene más salidas que la de cambiar suficientemente para adaptarse a los tiempos sin abjurar de sus fundamentos. Por ello parece conveniente considerar la propuesta de una nueva puya que evite el deterioro que provoca la actual, por la mala utilización de la misma, principalmente. Nos referimos a la puya piramidal de base cuadrada, que muestra bastantes ventajas sobre la de base triangular actual.

PUYA DE BASE PIRAMIDAL CUADRADA

Piconeros antañones nos hicieron notar cómo rehuían la colocación de la puya en el morrillo ya que ahí era más difícil clavar por la dureza de la piel. Esa circunstancia es una de las que inciden en la colocación del puyazo fuera de ese entorno natural en el que debería situarse siempre la acción del castigo a la res. El picador teme no «meter las cuerdas» y se va a una diana más generosa. Recordemos que el puyazo no debe aplicarse en la zona llamada de la cruz, ni, lógicamente, más atrás de ella, ya que el castigo afectaría a los músculos que regulan el movimiento del toro, produciendo molestias que impiden la armónica traslación de sus embestidas.

NEn nuestros anteriores trabajos sobre la Suerte de varas hemos desarrollado la teoría de que los argumentos a tener en cuenta para realizar una suerte artística no sólo se refieren a la colocación de la puya, sino que contemplan otros muchos puntos de importancia: cita, recibo, temple, largada, medición del castigo, etc. Ahora queremos dar nuestro parecer sobre la nueva puya que estudian el veterinario D. Julio Fernández y el torero D. Manuel Sales Garrido, porque creemos que es una opción que beneficiará a la actual Suerte de varas, y porque su aplicación no debería producir rechazo alguno entre los gremios de toreros y picadores. Bueno, de los toreros nos podemos esperar cualquier cosa, como las desafortunadas opiniones de Miguel Ángel Perera en las que otorgaba al matador la exclusividad en el cómo picar, dónde picar, cuánto picar; e incluso el no picar. El ejemplo, la opinión de un torero del montón, es trasladable a lo que piensan la mayoría de los matadores que lideran el escalafón, que se arrogan el derecho a determinar que la faena de muleta es la base del toreo actual y que lo demás sobra; un tercio solo, el de muerte, el que va preterido por unas interminables y anodinas faenas de muleta, la mayoría de ellas a toro muerto (sin poder alguno). Y no se dan cuenta de que esos muletazos, aunque a veces sean artísticos, largos y templados, no emocionan a la mayoría de los aficionados (o a muchos), que nos aburrimos viendo pasar a un semoviente animal, cuasi domesticado, que ha sido tratado con rigor (y a veces sin medida) en varas para evitar la necesaria lidia y permitir esos mil muletazos que denigran la génesis de la Corrida. Por cierto, el Sr. Perera es uno de los toreros que más prolonga las faenas; uno de los que más aburren a los aficionados que exigimos emoción, por lo menos.

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José María Moreno Bermejo es socio de «Los de José y Juan». Bibliófilo taurino, es actual Secretario de la Unión de Bibliófilos Taurinos de España y socio de las Uniones de México y Francia. Autor de diversos libros que van desde la actualidad, como las ediciones del Ayuntamiento de Madrid sobre las temporadas 1997 a 2007, ilustradas por César Palacios, a los estudios históricos como “La saga de los Merchante” o “Gallito III debuta en Madrid” sobre la presentación de Joselito de novillero, entre otras numerosas obras.

La sensibilidad sevillana despide a El Cid

Foto ABC

Artículo escrito por Andrés Amorós.

Hace exactamente cien años, el 28 de septiembre de 1919, los aficionados sevillanos pudieron acudir a dos festejos, cada uno con su alternativa: en la Monumental, Gallito era padrino de Juan Luis de la Rosa; en la Maestranza, Juan Belmonte doctoraba a Chicuelo. Para la historia queda el curioso caso de que don Gregorio Corrochano, en ABC, hizo la crónica de los dos festejos: «De la Monumental a la Maestranza y de la Maestranza a la Monumental». (La he leído en la recopilación que hizo Espasa-Calpe, «La Edad de Oro de la Tauromaquia»). Aprovechaba que el festejo de la Monumental comenzó a las cuatro y media, media hora antes que el otro; que el crítico disponía de un automóvil, puesto a su disposición por el poeta y ganadero Fernando Villalón; que Corrochano envió su crítica, por teléfono, a las dos de la mañana… y apareció en el ABC de la mañana siguiente. Igual que ahora. Al gran crítico le gustaron más los padrinos que los nuevos matadores: Juan Belmonte «parecía que era él quien tomaba la alternativa». Al día siguiente, en la misma Plaza de los Toros, cortó un rabo). Joselito parecía que toreaba «en el patio de su casa». Chicuelo, herido el día 29, se empeñó en torear el día 30 y cortó un rabo. Aunque se le recuerda como un artista, siempre se proclamó gallista…

Da gusto ver llena de público esta bellísima Plaza. Los toros de Victoriano del Río son nobles pero flojean y se apagan pronto. A pesar de su voluntad, Ponce se estrella y Manzanares no redondea faena. En su despedida de Sevilla, El Cid muestra su torería, recibe el cariño de la gente y corta una oreja: era su tarde, lo merecía. (…)

Se despide de Sevilla El Cid, un torero clásico, que merece todo el respeto y afecto de la afición. (Esta tarde o la de Madrid, donde tanto se le estima, debieran haber sido su despedida). Embiste el segundo con suavidad y las fuerzas justas, le permite trazar lances a cámara lenta. Saluda por un gran par LIpi, que reaparece, después de su percance. Brinda Manuel al público: sin probaturas, los primeros naturales ya hacen sonar la música: ¡esa mano izquierda de el Cid, que tantas tardes de gloria ha dado! En la tercera serie, el toro ya se acaba y lo que iba para gran faena queda a medias. La espada cae baja: petición . El quinto también flaquea pero se mueve con nobleza. La Banda toca desde el primer muletazo: ¡la sensibilidad de Sevilla! La faena es desigual pero con detalles de inspiración y torería, además de algunos naturales marca de la casa. Todo el cariño del público está empujándole. Acierta el diestro al agradecer su bonito gesto a la Banda. Esta vez la espada entra, trasera, y se sienta en el estribo, al lado de los pitones, para verlo caer: ¿quién se atrevería a negarle la oreja? Aunque toree todavía en Madrid y Zaragoza, esta tarde ha supuesto el feliz remate de su carrera. (…)

Como muchos toros actuales, los de esta tarde salen de los chiqueros como si ya estuvieran picados, permiten lances suaves de salida (algo, antes, impensable) pero duran muy poco. Es lo contrario de lo que debe ser: toros fuertes, bravos, que necesitan recibir castigo y ser dominados, antes de buscar la estética. Así esta la Fiesta actual. Aunque han mostrado su calidad, no saldrán contentos, esta tarde, ni Ponce ni Manzanares.

La sensibilidad sevillana despide como se merece a El Cid, un torero clásico, que ha realizado grandes faenas a toros muy serios. Cuando daba la vuelta al ruedo, al final, el corazón de esta Plaza de los Toros ha latido, unánime, con agradecimiento y cariño por su muy honrada trayectoria.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

PRESIDENCIA DE DON JOAQUÍN CASAS VIERNA: ENGRANDECIMIENTO DE LA PEÑA (PARTE 2)

En 1970 se registra un relevo generacional en la peña. Ingresan diez nuevos socios que cubren las bajas producidas. Algunos de estos socios procedían de la peña Juvenil «Los de Hoy”.

Este mismo año se celebra también el cincuentenario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina. La Peña en pleno asiste a un acto organizado en la Plaza de Toros de dicha localidad toledana por su Ayuntamiento.

En la asamblea del 6 de marzo de 1972 dimite de su cargo, por trasladarse a vivir a su casa de Sevilla, el vicepresidente Don José Maria Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí, al que sustituye Don Manuel Suja Yera.

El año de 1973 es otro año importante para esta peña. Se produce el ingreso de la primera mujer en “Los de José y Juan”. Se trata de Doña Beatriz Serrano Muñoz-Cobo, gran aficionada cordobesa.

La peña, además, cambia su domicilio social al Montepío Comercial e Industrial en la calle Cervantes, 5 y en la Asamblea anual se aprueban unos nuevos estatutos elaborados con intervención del estamento joven y presentados por el Presidente.

En la asamblea anual de 1974 se produce un importante acontecimiento para la peña: se nombra secretario a Don Pedro Chicharro, con lo que se produce la entrada de peñistas jóvenes en la Junta Directiva.

En 1975 se produce el tristísimo fallecimiento del torero de la Peña: Antonio Bienvenida. La peña en pleno acudió a su entierro y a todos los actos que se celebraron en su honor.

En 1976 se celebran las Bodas de Plata de la peña. Para su conmemoración se organizaron los siguientes actos:

Así mismo, para conmemorar esta fecha se decide otorgar unos premios durante la Feria de San Isidro.

El año 1977 registra el fallecimiento del primer presidente de la Peña D. Edmundo González Acebal. Otro año triste para “Los de José y Juan”.

El año del cincuentenario de la Plaza de Toros de Las Ventas se recuerda por la preciosa conferencia de Don Luis Fernández Salcedo desgranando aquella emocionante corrida inaugural.

En 1983, el 12 de mayo, por motivos de edad (noventa años), presenta su dimisión el Presidente Don Joaquín Casas Vierna, aunque continuará como Presidente honorífico hasta su fallecimiento a la edad de 102 años.

Fue D. Joaquín más que un Presidente, un padre para todos los socios, y más para los que entonces éramos jóvenes. Él nos apoyó, nos animó y ejerció de profesor de artes taurinas. Supo ser duro, cuando ello era necesario, para llevar adelante sus ideas. Fue un ejemplo de Presidente que hizo de la peña la obra de su vida, dándole tal vitalidad que la puso al frente de la afición taurina. Su figura será inolvidable para todos nosotros y, por supuesto, para todos los que tuvimos la suerte de conocerle.

En cuanto a su vida profesional, Don Joaquín fue ingeniero funcionario del Instituto Geográfico y Catastral, donde fue el autor de gran parte del Mapa Topográfico Nacional de España, lo que le permitió conocer en profundidad la geografía española.

Sevillano, gran amigo de Joselíto y de Belmonte fue, repito, nuestro padre en tauromaquia y su recuerdo será imborrable para todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.

Presidencia de Don Joaquín Casas Vierna: Engrandecimiento de la Peña (Parte 1)

El año 1955, primero del mandato de Don Joaquín, que durará hasta 1983, ¡nada menos que 28 años! trae a la peña un hecho importante para su vida futura. El día 27 de enero se produce un acontecimiento que dio a la Peña el espaldarazo necesario para ocupar un lugar preeminente dentro de la Fiesta Nacional. Fue el nombramiento de su vicepresidente: Don José Maria Gutiérrez Ballesteros, Conde de Colombí como Presidente de la Federación Nacional de Asociaciones Taurinas. Con este tandem al frente de la Peña y de los aficionados se alcanza, junto al cargo ocupado por el primer presidente D. Edmundo González Acebal de Presidente de la Federación local de las Asociaciones Taurinas de Madrid, al poco tiempo de su fundación, la Peña alcanza el liderato de la afición taurina nacional.

Propone Don Joaquín un lema para la Peña: «Que no se pierda el toro, que toreros los habrá mientras exista un español». La propuesta se aprueba por unanimidad.

Durante este año y el siguiente prepara Don Joaquín la ya necesaria salida de la Peña al foro taurino, dada la posición alcanzada entre la afición, que consistirá en la edición de numerosos libros, en este año de 1955 se inicia con «Los Detractores» de D. Adolfo Bollain, que detallamos en otro lugar de esta pagina, así como en la organización de un ciclo anual de conferencias.

Así, en el año 1958 se produce el primer ciclo de conferencias, con la asistencia de Juan Belmonte.

En el año 1959 se produce el 2º ciclo de conferencias y lo que fue un auténtico acontecimiento: la celebración del 5 al 20 de febrero de una exposición de recuerdos de José y Juan. A la inauguración, el día cinco, asistió Juan Belmonte.

Así mismo se publica el libro «Bombita y Machaquíto» escrito por el primer presidente de la Peña Don Edmundo González Acebal, de Ediciones Los de José y Juan.

Se publica el libro «Joselíto y Belmonte (la edad de oro del toreo)» escrito por Edmundo González Acebal, con un prólogo de Luis Fernández salcedo y epílogo de Adolfo Bollaín en Ediciones Los de José y Juan.

Se produce el cambio de domicilio social de la Peña al Círculo de la Unión Mercantil en Gran Vía, 24.

En 1962, las conferencias ya se celebran en la nueva sede de la Peña, con el siguiente elenco:

En este año se produce un acontecimiento trascendental para la Peña, el ocho de abril fallece Juan Belmonte. Se produce una gran consternación entre los peñistas y se realiza una velada necrológica:

En los años 1963, 1964, 1965 y 1966 se dan las ya habituales conferencias y en el año 1966 se inaugura, además, un pequeño museo de la Peña en su sede social del Circulo de la Unión Mercantil y se hace por la práctica totalidad de los miembros de la Peña una visita a Sevilla para rendir tributo a los dos Presidentes de Honor perpetuos.

En 1969, en la Asamblea General de peñistas del 3 de noviembre, se toma un acuerdo a propuesta del Presidente y en contra de la opinión de un grupo de consocios que, en principio, resulto traumático para la Peña, pero que a largo plazo supuso su supervivencia: la admisión de peñistas que no hubiesen visto torear a José ni a Juan, o sea dar paso a gente más joven dado que, por imperativos de edad, los que cumplían esa condición eran ya muy pocos. En palabras de Don Joaquín en una conferencia impartida en la Peña: «a principio del año 1970, fui el iniciador y más esforzado paladín del ingreso de la juventud en nuestra Peña, que nos costó la baja de ella de algunos antiguos consocios que no transigían con esa incorporación».

Gonzalo Santonja recibe el Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez

Foto: ABC

El catedrático de Filología de la Universidad Complutense de Madrid y socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, Gonzalo Santonja, recibió este martes el XII Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez, que otorga ABC de Sevilla y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Santonja recibió el galardón, una obra del pintor Manuel Salinas, de manos de la presidenta editora de ABC, Catalina Luca de Tena, y del teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Santiago de León y Domecq.

También intervino en el acto, que contó con la asistencia de numerosas personalidades de la tauromaquia, la empresa, la cultura y la política, el director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra. Además, por primera vez en la historia de estos premios, la entrega del premio se realizó en el salón de carteles de la Real Maestranza.

Santonja se hizo acreedor de este galardón por una Tercera publicada en ABC el pasado 12 de junio de 2018 y que tituló «¿Cuándo hablamos de lo nuestro?». Con este gráfico encabezamiento el autor instaba al Gobierno de Pedro Sánchez, entonces recién nombrado tras la moción de censura, a hablar de los toros, en el convencimiento de que la tauromaquia no es una consecuencia de lacultura española, sino «un elemento constitutivo de ella».

En su discurso, en el que Gonzalo Santonja deslizó citas al poeta Pedro Garfias o al torero Manolete, defendió precisamente esta idea del toreo como «rasgo constitutivo de nuestra realidad histórica, porque tenemos la certeza de una Hispania taurina antes de que Fernando III, uniendo las coronas de Castilla y León en 1230, levantara los cimientos de España».

También recordó este catedrático, premiado con el Ortega y Gasset (1990) y el Nacional de Ensayo (1995), su condición de salmantino, de español y, «por español, taurino» y, debido a esa condición, añadió, «tengo el sueño de Andalucía», «la tierra y las gentes que hicieron y siguen haciendo inmenso el arte de los temblores del toreo».

Por ello, recordó algunas tardes de toros vividas en la Real Maestranza, donde disfrutó de los «momentos eternos» de una faena de El Viti, la «gloria» de El Niño de la Capea o una «ovación inacabable» a Julio Robles que «tengo grabada en el alma».

Finalmente, Gonzalo Santonja tuvo cariñosas palabras para todos los miembros del jurado que ha distinguido su artículo, así como para la presidenta editora de ABC «titular de una saga siempre a la cumbre del periodismo», para concluir con un «¡Viva España!».

Catalina Luca de Tena inició su intervención recordando a Manuel Ramírez, que da nombre a un premio para «honrar la memoria de unilustre periodista que dejó en nuestras páginas un sinfín de testimonios de su talento y de su amor a Sevilla».

«Secular compromiso»

Sobre el artículo premiado, la presidenta editora consideró que es «extraordinariamente oportuno» por su defensa de la Fiesta en unos momentos en que «la tauromaquia recibe tantos ataques, nacidos delsectarismo y de la ignorancia».

La presidenta editora de ABC destacó, además, el «lugar privilegiado» en el que se entregaba por primera vez el Manuel Ramírez, motivo por el quiso agradecer la «hospitalidad» de esta institución y su «secular compromiso con la Fiesta de los toros».

A esta alianza entre ABC y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla se refirió también Álvaro Ybarra, quien señaló que esta unión «asegura que se seguirá defendiendo y promoviendo el arte taurino y que este premio discurrirá por los terrenos de la excelencia, de lacalidad literaria y del compromiso con la Fiesta Nacional, tal y como le hubiera gustado a Manolo».

Santiago León y Domecq destacó sobre el artículo, que fue premiado por unanimidad del jurado, «la importancia del texto que presentó y que ha sido catalogado como “de antología”».

El jurado de esta edición estuvo formado por el catedrático y crítico taurino de ABC, Andrés Amorós; el torero Miguel Báez «Litri»; la profesora de Historia del Arte y presidenta de la Fundación de Estudios Taurinos, Fátima Halcón;Álvaro Ybarra y Santiago de León y Domecq, que actuó como presidente.

Anteriormente, recibieron este galardón Andrés CalamaroMario Vargas LlosaAntonio Burgos, Aquilino Duque,Antonio García Barbeito, Luis Nieto, Francis Wolff, Tristam Garel-Jones, Luis Carlos Peris, Esperanza Aguirre y, a título póstumo, el periodista de ABC de Sevilla Fernando Carrasco.

Gonzalo Santonja Gómez-Agero es catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense (2004), director de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Pertenece a Academia Norteamericana de la lengua Española (ANLE) y Academia Argentina de Letras, es Hijo Predilecto de Béjar (Salamanca), Honorary Fellow in Writing por la Universidad de Iowa (USA), Profesor Honorario de la Universidad Ricardo Palma (Lima, Perú), dirige desde 2010 el Foro Internacional de Filología de la Feria del Libro de Guadalajara (México) y, entre otras distinciones, es Premio Nacional de Literatura (Ensayo) y Premio Castilla y León de las Letras.

JOSÉ TOMÁS EN GRANADA

Por Juan Salazar

El Mirador de San Nicolás cobró merecida fama hace años, cuando el entonces presidente estadounidense Bill Clinton, tras visitarlo, afirmó haber contemplado “la puesta de sol más bonita del mundo”, comentario que lo colocó como un punto de obligada parada en Granada.

Desde esta atalaya en el Albaicín, las vistas a la Alhambra, al Generalife, con Sierra Nevada de fondo, son incomparables. La Alcazaba impresiona con sus torres y los palacios nazaríes se muestran austeros, nada que ver con la que fue su rica ornamentación interior; ya se sabe que la filosofía de aquellas dinastías abogaban por un rechazo a la ostentación. El lujo debía ser para el invitado, no para el curioso que lo examinaba desde el exterior.

Ese mediodía descansaba en un restaurante próximo al mirador, imaginando como sería la entrada de nuestra reina, ¡la mejor que ha tenido la cristiandad!, cuando tras el asedio a la plaza pudo acceder a ella, una vez Boabdil “El Chico” la había rendido “llorando como mujer lo que no supo defender como hombre”.

Pocos son los restos que perduran en sus salas de esos años, pero los que quedan, sobrecogen.

En estas reflexiones me encontraba mientras tomaba una cerveza fresquita; en la mesa de al lado, dos caballeros permanecían mudos, también absortos con la vista.

El silencio fue roto por uno de ellos:

  • ¡Vaya barrera de sombra que tenemos!

La expresión no podía ser mas taurina, así que no resistí la tentación de preguntar:

  • Perdonen por la interrupción, pero, ¿están ustedes aquí para asistir al festejo taurino?
  • Efectivamente, así es, venimos de Colombia y estamos para ver al maestro Tomás. El año pasado le vimos en Algeciras y no nos lo queremos perder.

De esta forma iniciamos una conversación que resultó entrañable y en la que Luis Jorge y Carlos Alberto nos detallaron sus primeros recuerdos de aficionados en su Bogotá natal, evocando figuras como Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Curro Romero y, como no, hablando con gran cariño de sus paisanos Pepe Cáceres y el gran Rincón, el diestro tan querido por la afición venteña que logró en aquel lejano 1991 abrir cuatro veces consecutivas la Puerta Grande.

Deliciosa conversación, que fue una de las muchas que tuvimos esos días de disfrute en Granada.

El anuncio de José Tomás en una Feria conlleva una auténtica peregrinación en la que aficionados de todas las partes del globo se dan cita con la esperanza de ver algo grande. Así coincidimos con Jean Pierre y Mari Luz, grandes aficionados de Francia, con taurinos venidos de Méjico, conocimos a familias que se habían desplazado desde Murcia, Alicante, Sevilla, Ceuta…

Ya por la tarde, en los aledaños de la plaza, pudimos saludar al maestro Rincón y agradecerle por tantas tardes de alegría que nos ha dado. Con una sonrisa amplia y sincera nos devolvía el cumplido.

Los alrededores estaban atestados; algunos incautos preguntaban tímidamente:

  • ¿Les sobra una entrada?

¡Tarea complicada! No obstante, cuando hay demanda, aparece la oferta, y unos metros mas allá algunos individuos, mucho más desenvueltos, ofrecían billetes a unos precios que tenían tres ceros. ¿Sería una de esas entradas la que había adquirido una aficionada a la que no le permitían el paso con el argumento de que alguien con su código de barras ya había accedido al recinto?

En el interior del coso coincidimos con varios socios de la Peña, Manuela, Primi, Rafa, Luis, Pedro, Andrés, grandes aficionados que venían con devoción. ¡A ver si embiste algún toro! era el deseo común.

Los dos días anteriores las reses de Nuñez de Tarifa y de la Casa Matilla habían ofrecido un juego muy pobre y deslucido.

Acomodados en el limitado espacio al que nos daba derecho nuestras localidades comprobamos el gran interés que existía por localizar a personajes famosos:

  • Mira, mira, ese el presidente de Endesa, ¿no?
  • ¿Y ese no es Abelló?
  • Mira allí está Román, el torero.
  • ¿Has visto a Calamaro?, seguro que tiene que estar.
  • ¡Carmen, Carmen!- gritaba con desesperación nuestra vecina, empeñada en hacerle una foto a la vicepresidenta.
  • ¿El rey emérito donde está?- era una pregunta común que se escuchaba por los tendidos.

El cartel anunciaba una corrida mixta, dos toros de rejones para Sergio Galán y cuatro para el diestro de Galapagar.

  • ¡Que suerte, cuatro toros para Tomás, alguno tendrá que embestir!- era el comentario generalizado.

Las ganaderías acarteladas habían sido muy escogidas por el diestro y su entorno: Nuñez del Cuvillo, Garcigrande y El Pilar.

La tarde estaba preparada para que sucediera algo grande y así aconteció, incumpliendo aquello de “tarde de expectación, tarde de decepción”.

José Tomás en su primer, segundo y cuarto toro dio una verdadera lección de naturalidad y dominio, con los pies asentados en el albero, mandó, mandó y mandó a los toros con maestría, hasta dándoles indicaciones de donde debían doblar y caer. Pero no sólo mandó en los toros, también, y esto es lo más difícil, lo hizo consigo mismo, imponiendo su voluntad al espíritu de conservación, de modo que a pesar de alguna de las coladas de los bureles, sin enmendarse ni mover un ápice las zapatillas, fue capaz de reconducir las embestidas y evitar las cogidas que los espectadores vimos inminentes.

Hubo lances de todo tipo, pases muy ceñidos rozando los pitones la taleguilla, vimos un conocimiento de los terrenos y las distancias muy apreciable.

Y percibimos emoción, mucha emoción que llevó a un espectador a gritar ¡qué lástima por los que están en el Paraíso!

El toreo es razón, pero también es emoción. José Luis Suarez Güanes escribió un extraordinario libro “Madrid Cátedra del Toreo”, y en la Cátedra uno va a examinarse; el tribunal, perdón, los espectadores, evalúan y juzgan la pureza de la faena. Por eso la afición de Madrid es exigente. Pero fuera de Las Ventas la Fiesta se impone. Algunos amigos, a la finalización del festejo, me enviaron sus mensajes al móvil preguntando por la faena y por las primeras imágenes que circulaban ya por las redes:

  • Pero… hubo enganchones, en alguna de las series el toreo fue hacia las afueras, despidiendo el toro, las estocadas cayeron bajas y traseras…

Pues sí, también hubo de todo eso, pero en la plaza la emoción se impuso a la razón. Como dice el adagio: “hay razones que la razón no entiende”.

Algo de eso nos sucedió, al menos a mí.

  • ¡No veáis los videos!-, insistía con razón uno de los buenos amigos con los que me crucé.
  • ¡En los videos no sale la magia, la emoción!

Como detalle, mi amigo Carlos Alberto, al que encontré a la salida, me comentaba que a pesar del calor que hizo en la tarde, mucho más que el día anterior, él no percibió esos rigores climatológicos. Estaba transportado.

Para describir de forma general lo que sucedió, tomo prestadas las palabras de Pedro Chicharro, socio de la Peña con el carnet número 1, que compartió al día siguiente en el “chat”:

Las cuatro faenas duraron menos de cinco minutos. Cada tanda de derechazos y naturales se componía de ocho o nueve antes del remate, de pecho o trincheras o de la firma. Siempre cruzado, siempre dando el pecho al toro, siempre la suerte cargada, siempre naturalidad, ni una carrerita, ni un paso de más. Siempre dejar el toro puesto perfecto al caballo. Quites variados en los cuatro toros. Tapatías primorosas con las manos muy bajas, navarras, tafalleras, afarolados. Una lección de tauromaquia cada momento. No se puede torear mejor. Es otra cosa.

El maestro Tomás se prodiga poco, muy poco, con razón algún espectador le ofreció pagar el sobrero por seguir viéndole torear. Son escasísimas las tardes en las que se puede tener la oportunidad de verle; eso no lo han hecho nunca las figuras, es muy cierto. Personalmente considero que JT pasó de ser figura, lo fue en su momento, a mito, y a los mitos se les consiente todo.

Soy muy consciente de haber visto torear mejor, más puro, con más verdad e incluso más pellizco, pero son pocas las tardes que he sentido tanta emoción en una plaza, y eso quedará marcado en mi cabeza y en mi corazón.

El desplazamiento a Granada había merecido la pena, además por las visitas que pudimos hacer en los trayectos de ida y vuelta, rindiendo un merecido homenaje a Ignacio Sánchez Mejías en el Parador de Manzanares, lugar en el que pasó la noche antes de su cogida mortal y visitando el Hospital de los Marqueses de Linares, centro en el que expiró el cuarto Califa. Dichas visitas justificaban el viaje, pero extasiarse por la mañana con La Alhambra y por la tarde con José Tomás no se puede comparar a nada.

Juan Salazar es socio de la Peña Taurina Los de José y Juan. Madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”

PREMIO LUIS FERNÁNDEZ SALCEDO A LA GANADERÍA MÁS ENCASTADA DE SAN ISIDRO 2019

El toro Combativo-15 entrando al caballo. | Foto Andrew Moore

La Peña Taurina “Los de José y Juan” acordó el pasado martes 18 de junio otorgar el XVII premio Luis Fernández Salcedo a “la corrida más encastada lidiada completa en San Isidro 2019” a la ganadería de D. José Escolar Gil, lidiada el martes 28 de mayo por Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez.

La casta es la característica distintiva del toro de lidia, que le separa de la docilidad y puede ir acompañada de la fiereza, la bravura y la nobleza.

La corrida de José Escolar tuvo casta acompañada de fiereza, aunque los toros no estuvieron exentos de nobleza y bravura. Más complicados los dos primeros, el cuarto fue noble y los otros tres mostraron las dificultades de la casta, que pusieron en valor los matadores que los torearon con conocimiento, exposición y valor.

Ángel Sánchez en una tanda de naturales. | Foto: Andrew Moore

Las cuadrillas hicieron un gran trabajo. Iván García ganador del trofeo de Plaza 1 a la mejor brega, en la cuadrilla de Ángel Sánchez, lidió el tercero de nombre Combativo-15 y en la misma cuadrilla Fernando Sánchez ganador del trofeo al mejor par de banderillas pareó a Combativo-15 y Vistoso-69. Juan Sabariegos ha sido nombrado por el blog La suerte de varas como autor de uno de los tres mejores tercios de varas de la feria a Vistoso-69.

Fernando Sánchez recibió el premio al mejor par de banderillas. | Foto: Andrew Moore

La corrida de José Escolar estuvo inserta en el ciclo que celebraba el centenario de la antigüedad del hierro de Albaserrada, con corridas de las tres ganaderías de ese encaste, de gran interés.

Finalista en la votación de la Peña Taurina “Los de José y Juan” ha sido la corrida de Santiago Domecq y fueron eliminadas en las anteriores votaciones la corrida de Adolfo Martín y la de Valdellán.

El trofeo se entregará al ganadero al finalizar la temporada.