EL PACTO DE LA ESTRECHA

Un artículo escrito por Juan Salazar, socio de «Los de José y Juan» para la revista TOROS.

En Madrid hay numerosos enclaves que recuerdan a Joselito: las casas próximas a la plaza de Oriente en las que vivió, los establecimientos hoteleros en los que se alojó (el Hotel Palace, el Hotel Roma, el Hotel Inglés), los cafés y restaurantes que frecuentaba (Lhardy, el Bilbaíno) e incluso los lugares de encuentro de los gallistas (Café Suizo, la tienda del Alfombrista); estos espacios dejan rastro de la estancia del gran José en la ciudad.

Pero hay un enclave, más recóndito y menos conocido, que tiene una notable relevancia en la vida del rey de los toreros y, por qué no decirlo, en su triste final. Me estoy refiriendo al restaurante en el que tuvo lugar el famoso “pacto de La Estrecha”, acuerdo del cronista Gregorio Corrochano y Gallito, por el que firmaron las paces y se convino la participación del gelveño en la corrida del 16 de mayo en Talavera. Las desavenencias entre ambos habían ido incrementándose en los últimos tiempos; el motivo parece que fue la decisión del torero de apoyar la construcción de un coso monumental en Sevilla, ciudad en la que la Real Maestranza ya disponía de una plaza que desde el siglo XVIII ofrecía festejos, y así lo sigue haciendo, para deleite de todos.

Las plazas monumentales fueron un proyecto en el que José invirtió sus energías. La idea de erigir plazas con mayor cabida suponía un negocio para todos, entre ellos los propios espectadores con menos recursos, que desde localidades más altas podían disfrutar del espectáculo. Como dice Fidel Carrasco, co-autor de dos magníficos libros sobre ese proyecto, “gracias a José y su apoyo a la construcción de un coso de estas características en Madrid,  en nuestra época estudiantil, mi hermano y yo pudimos permitirnos pagar un abono y hacernos aficionados en Las Ventas”.

Evidentemente la Maestranza no veía con buenos ojos que otra plaza amenazara con hacerle la competencia, por lo que desplegó toda su artillería. Torcuato Luca de Tena, propietario fundador del madrileño diario ABC, en el que Gregorio Corrochano ejercía la crítica taurina, había nacido en Sevilla y estaba muy vinculado a la Real Maestranza, llegando su hijo Juan Ignacio a ser nombrado Maestrante años después. En esos tiempos los comentarios del cronista contra José, en el citado periódico, eran ácidos y duros, muy duros, ¿estaban condicionados por su empleo en el ABC?

El punto de mayor tensión llegó cuando el 11 de octubre de 1919, en un artículo titulado “El Patio de la Casa de Gallito” Corrochano hablaba del apeadero de “Los Merinales” comentando:

«Recientemente, en este viaje a Sevilla, fui a ver encerrar una corrida a Los Merinales. Llamó mi atención un cajón lleno de ventanitas y compuertas diestramente colocadas. Yo había visto cajones de estos en algunos cortijos, utilizarles para curar a los toros, heridos. Nunca sospeché que tuviera otra aplicación. Pues la tiene, respetable público. Con gran asombro, y no diré indignación, porque estas cosas no son para indignarse, me enteré que en aquel cajón cortaban los pitones a los toros cuando el representante de las Empresas sospechaba que los cuernos tenían unos centímetros más de los que convenían a las intereses de su amo el torero».

Ese texto provocador, en un artículo en el que el protagonista era José, resultaba una verdadera afrenta. A José, dada su integridad y compromiso con la Fiesta, seguro que le repugnaría la velada acusación.

Joselito e Ignacio Sánchez-Mejías

Se cuenta que fue Ignacio Sánchez Mejías quien arregló el encuentro entre Corrochano y José para firmar las paces, y si así fue, tuvo sus motivos ya que, en definitiva, parece que una indiscreción del propio Ignacio resultó la causante de estos artículos demoledores titulados “El Patio de la Casa de Gallito”. Por lo visto, una tarde, Joselito estuvo hablando con su cuñado, y este le comentó que pensaba torear en la Maestranza, plaza afín a Belmonte en esos años de enfrentamiento entre cosos sevillanos. “¿En la Maestranza?, pero si eso es el “Patio de la casa de Belmonte”, respondió José.

Esa expresión tan concreta se produjo en un diálogo con Ignacio y cuando meses después Joselito leyó los artículos de Corrochano titulados “El Patio de la casa de Joselito”, evidentemente dedujo que la filtración sólo podía venir del marido de su hermana Lola.

“La Estrecha” era un restaurante recién inaugurado por la familia Redruello. Las circunstancias sobre la fundación del mismo las cuenta un descendiente y afamado chef, Nino Redruello, que entre otros locales tiene, en la actualidad, uno conocido por «La Ancha».

«Mi bisabuelo era ganadero transhumante en Asturias y dejó una braña para venirse a Madrid. En la calle Mayor montó una taberna de chatos de vinos que llamó “La Estrecha” ya que eran tiempos en los que en Madrid se pagaban impuestos por metros de fachada, con lo que los locales eran angostos. Luego, en la generación de mi abuelo, abrieron otros establecimientos y hubo una disputa familiar, por lo que mi abuelo decidió seguir con el negocio denominándolo “La Ancha”».

De esta forma, en 1919, Benigno Redruello abrió el local de «La Estrecha» en la calle de los Madrazo, actual número 12, prácticamente enfrente de la casa en la que había nacido el hermano de José,  Rafael, «el Divino Calvo». En poco tiempo el lugar se convirtió en un espacio de gran concurrencia.

En la actualidad una puerta negra, que pasa desapercibida, deja testimonio de que en su  interior José y Corrochano se reunieron, hablaron, acercaron posturas y firmaron las paces cuyas consecuencias fueron terribles para el toreo.

Juan Salazar Larraz, socio de la Peña Taurina «Los de José y Juan», es madrileño. Licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa, ha desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la Consultoría y de los Recursos Humanos.  Aficionado por vía paterna, es abonado a la Plaza de Las ventas y habitual de los tendidos así en las ferias como en los domingos de cemento y turistas. Es autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

Saltillo, peripecias de un hierro histórico y un ganadero enamorado

Foto Andrew Moore

José Joaquín Moreno Silva analiza el momento de la fiesta y el protagonismo de sus toros en una entrevista de Antonio Lorca para El País.

«Nunca creí que llegaríamos a la situación actual. Esta pandemia me ha descolocado. De momento, la broma me 250.000 euros. Y digo más: si la próxima temporada no comienza en Castellón y Valencia, estamos muertos».

Ganadero propietario del hierro de Saltillo, José Joaquín es socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, a la que también perteneció su padre, el ganadero Alonso Moreno de la Cova.

Su afición taurina le llevó a ser rejoneador. Ganadero desde su juventud a cargo de las ganaderías de la familia, en 1992 heredó el hierro de Charco Blanco cuyo nombre cambió a Moreno Silva y en 2013 compró el histórico hierro de Saltillo que da nombre a la ganadería y al encaste.

Leer entrevista completa.

 

Belmonte, sobre su eterno rival: «Tanto le debo yo a Joselito como Joselito me debió a mí»

Joselito en su histórico triunfo con toros de Martinez

Reproducimos a continuación la histórica entrevista del cronista taurino Manuel Sánchez del Arco, más conocido como Giraldillo, a Juan Belmonte celebrada en el año 1943.

Fue en Sevilla, en una tarde de otoño cuando Giraldillo había coincidido con Juan Belmonte en una fiesta. Una hija de la ilustre actriz Carmen Díaz se había casado con un hijo del ganadero Campos Varela y en el Aljarafe, en un «bello mirador de su meseta, como en un palco que se asoma a la escena de gracia y amor que son Sevilla y Triana», ambos conversaron «nada menos que de Joselito».

Años atrás, en una tarde cordobesa, Giraldillo había escuchado de labios del « Guerra» la evocación de su época y, sobre todo, el juicio que mereció a Rafael la figura del « Espartero». Y evocando aquella crónica nació ésta que publicó en 1943 y que tituló «Belmonte me habla de Joselito».

A juicio del veterano periodista, Juan Belmonte era «un héroe de la vida española, en el sentido profundo y clásico de lo heroico». Representaba la pena y la gloria de las ascensiones. Su vida había tenido «buen periodismo y mejor literatura», pero Belmonte, «héroe de un arte y de una sociedad, en su camino desde la servidumbre al señorío, desde el drama jornalero al poderío económico», estaba «por encima de las exégesis». «Y, acaso, lo mismo que como hombre, como torero esté por encima de elogios y definiciones», añadía Giraldillo.

El cronista taurino pensaba que su figura se escaparía siempre de los críticos de toros. «En Belmonte no había que describir una faena, sino más bien que entender a un hombre», decía.

En esa tarde sevillana, Belmonte le habló así a Giraldillo de José Gómez Ortega, Joselito El Gallo, de cuya muerte se ha cumplido un siglo este año.

«-¿Cuándo habló usted por primera vez con Joselito?»

-Fue el año 11, por los primeros meses del invierno. Yo estaba trabajando en la recolección de la naranja, cuando unos amigos me invitaron para ir a torear unas vacas en el cortijo de Hato Blanco, en la Marisma, propiedad de Carlos Vázquez. Joselito iba a ir a aquella fiesta, también invitado por Carlos. Antes de conocer yo personalmente a Joselito, surgió en mis amigos trianeros la idea de oponerme a él. «Vas a ir porque también va «Gallito»», me dijeron. Dejé mi trabajo y fui. Aquella tarde conocí a «Gallito». Éramos dos chiquillos. Yo abrí mi capote y me fui para la vaca que me habían reservado. «¡Juan! ¡Ahí, no! ¡Ahí, no!», me gritó José. Yo no le hice caso. Insistí, un poco picado por la advertencia, que parecía una lección, que yo no tenía por qué recibir. Se arrancó la vaca y yo sufrí una terrible voltereta. José tenía razón. ¡La tuvo siempre ante los toros!

-¿Y cuándo vio usted torear por primera vez a Joselito?

-El año 12, en Valencia. Toreó con «Limeño», y se habló de si yo iba a acompañarlos aquella tarde.

-¿Qué recuerdo conserva de la primera vez que ustedes torearon juntos?

-Fue en Cádiz, el año 12. Cierta noche dormía yo profundamente en mi casa. Noté que me zarandeaban y abrí los ojos. Sentados al pie de la cama estaban dos amigos. «Juan -me dijeron-, quieren que vayas a torear a Cádiz, mano a mano con Joselito. Es una corrida de Miura. Limeño está cogido, y han pensado que vayas tú». «Bueno, pues que cuenten conmigo», respondí, volviendo tranquilamente para seguir mi sueño. «Pero, ¿estás dormido o despierto? -insistieron-. ¿Tú sabes lo que es ir a torear miuras con Joselito?». «He dicho que iré», repetí. Y fui.

-¿Y qué ocurrió en aquella corrida?, preguntó Giraldillo.

-Era la primera de Miura que yo toreaba y la primera vez que me enfrentaba con el formidable torero. Joselito estuvo maravilloso, como él era. Leyendo las reseñas que reflejaban lo que allí ocurrió, me reía luego. Resultaba, y ésta fue la verdad y no pasión de los revisteros, que yo había tenido muchas más ovaciones y vueltas al ruedo que José. ¡Pero Joselito había estado mejor que yo!, dijo Belmonte en la serenidad de esa tarde tan lejana de aquella.

-¿Qué juicio formó de la manera de concebir y desarrollar el toreo que caracterizó a Joselito?

Juan le contestó rápido y seguro en el juicio:

Yo nunca vi un toro que pudiera más que él. Él pudo siempre más que todos los toros. ¿Es esto suficiente para expresar mi juicio sobre Joselito? Porque Joselito conocía no sólo lo malo de toros, sino lo que había que hacer para tornarlos en buenos, y lo que era adecuado, en forma y lugar, para cada toro.

Joselito en un lance de capa

-Entre todas las corridas que ustedes torearon juntos, ¿cuál recuerda de mayor relieve para José?

-Fue en Valencia. Toreábamos mano a mano reses de Campos Varela. Como yo para las fechas no tengo mucha seguridad, no recuerdo si fue el año 16 o 17. Y otra vez ocurrió lo que en Cádiz, la primera vez que toreamos juntos. Fueron para mí las mayores ovaciones. Yo corté orejas, y Joselito, no. Pero él estuvo soberbio, insuperable. Estuvo, sencillamente, mejor que yo. Entre todas las tardes que toreé con él, ésa fue la que mejor estuvo. Esto, visto en torero y junto a él, y no en público.

-¿Y en qué tarde lo vio con peor fortuna?

-Fue en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre quiero acordarme, pero no puedo. Fue en Manzanares o en Valdepeñas. El enemigo era un toro de Guadalets, de la cruza con Miura.

-¿Cree que la manera de torear de usted influyó en «Gallito», determinando una mejor ejecución de las suertes, en cuanto a la distancia y la lentitud?

-El estilo no se varía. Joselito empezó como acabó. Fue un caso de formación perfecta desde el primer momento, y no se hizo por agregaciones. De lo que sí se habló entonces, y aún hoy se discute, es del acortamiento de la distancia, o sea, de la posibilidad de ejecutar las suertes, con sus tiempos y estilos, en menos terreno, aumentando la emoción sin variar la técnica.

-¿Recibió usted en su arte peculiar influencias del de José?

-Ya le digo que no se influye en el estilo propio por la contemplación, ni aún por el estudio, del ajeno; pero es inevitable que en el desarrollo del propio estilo se tengan presentes las observaciones que se hacen en la plaza.

-¿Era conveniente para la fiesta la división y el encono entre los aficionados y la existencia de los partidos personalistas?

-El auge de la fiesta de los toros se señala por las competencias y los partidos. Un solo torero, por grande que sea, no interesa al público si no halla figura que oponerle. En esto, tanto le debo yo a Joselito como Joselito me debió a mí y a los dos juntos, la fiesta.

-¿Recibió agravios del partido gallista?

-Si los hubo, no me di cuenta. Yo seguí siempre mi camino, sin ocuparme de lo que ocurriera por el camino de los demás.

-¿Pero no le preocupaba la certeza de que existía una opinión decididamente contraria a usted?

-Si he de decirle la verdad, me preocupaban más, en el sentido de temerles, los propios partidarios que los partidarios de José. Para mí eran más temibles los belmontistas que los gallistas. En mi partido existía una especie de consejo disciplinario que se imponía a mí. ¡Las noches que yo les he visto pasar, metidos en las fondas o en sus casas, jugando al jiley, sin atreverse a salir a la calle, por temor a los gallistas, como conseuencia de las tardes en que yo no tenía fortuna ni había posible excusa! «¡Esto no puede continuar así, Juan -me decían, autoritarios y terribles-. ¡Esto no puede continuar así! ¡Ya estamos hartos de jugar al jiley…! ¡Conque tú verás si podemos salir esta noche a hablar de toros!» Y yo comprendía la tragedia de aquellos buenos amigos, cansados del jiley, y hacía lo posible por que salieran a discutir, victoriosos, aquella noche.

Joselito y Belmonte

-¿Cómo entiende usted que debe determinarse la rivalidad? ¿Por oposición de estilos o, dentro de un mismo estilo y concepción del toreo, por oposiciones personalistas?

-Lo personal siempre existe, y, por ello, siempre habrá rivalidad. Aún hoy, cuando Rafael el Gallo y yo toreamos juntos en los festivales, Rafael se enfada si ve que yo tengo más aplausos. Y, naturalmente, sobre este fondo preponderante de lo personal está el contraste de los estilos.

-Comparando época con época, ¿en qué considera usted superior la suya y la de José a la época presente?

-No sé si la nuestra fue superior. Desde luego, fundamentalmente distinta sí lo fue. ¿Qué pasaría ahora si saliera Joselito toreando ante el público de hoy, tal como son los gustos de hoy? Yo no lo sé. Pero también, ¿qué ocurriría hoy si saliera un toro de aquel tiempo? Aquellos toros tenían un poder y un nervio que hoy no se conocen. El toro tenía en aquella época otro sentido, y poco a poco hemos visto cómo se ha ido eliminando el toro «bronco». Además, hoy el castigo es mayor, por razón de los petos, y el toro se rompe contra esas corazas. Aparte esto, vemos qeu en algunos toros de ahora es bastante la «reserva» a picarlos, por su evidente debilidad. Y ante esto, repito: ¿Qué ocurriría si saliera un toro de aquellos? Desde luego, afirmo que hoy no veo que se haga variar a un toro. Tal como sale al ruedo se va de él. Todo lo más que se hace es adaptar la lidia a la condición del toro, pero no variar éste que es lo que hizo José, y en lo que, a mi juicio, fue único.

-En la época presente, ¿ve algo que supere a lo que José y usted representaron?

-Hoy se torea con un temple superior, y en cuanto a terreno, o sea, a colocación del torero en todas las fases del lance, no creo que haya posibilidad de mejorar lo que hoy se hace, ¡cuando se hace bien!

-Entonces, ¿cree usted que el toreo ha llegado a un punto de máxima perfección en cuanto a técnica y a valor estético de esa técnica?

-¡Hombre, yo no me atrevería a decir tanto! Sobre todo, sobre la técnica y el estilo está lo que yo llamo «el sentimiento del toreo». Es decir, realizarlo con emoción, sentirlo muy hondo y ejecutarlo como un rito…

Belmonte hizo una pausa. Estaba atardeciendo. Pronto se haría de noche. Juan volvió a hablar. Lento, solemne, con emoción.

-Yo pongo sobre todo el sentimiento del toreo. Ante el toro, respondemos con nuestra manera y estilo a un estado del alma. Hacerlo coincidir con el de las multitudes es el éxito. Yo le definiría a usted lo que he llamado toreo del «nudo en la garganta». Torear como si fuéramos a hablar enamorados, como si la lidia fuera un diálogo de pasión.

Rompió el hilo de su discurso y añadió:

-Permítame usted que me reserve esta teoría. Es inoportuna. La esbocé en una entrevista destinada al extranjero y no puede usted figurarse el número de cartas que he recibido para que amplíe esta definición, que algunos entienden pudiera ser una doctrina. Yo no lo sé. Lo que sí digo es que así concebí el toreo y así lo desarrollé junto a Joselito; así lo practicamos, él y yo, juntos, todas las tardes, en una época que ya es historia, y que puede ser superada, porque yo respeto las posibilidades todas, y no tengo la soberbia de creer que el toreo concluyó con mi época.

Toros sin complejos

Juan Salazar, socio de «Los de José y Juan», ha escrito el libro TOROS sin complejos en el que realiza un detallado análisis y defensa de la Tauromaquia.

La cultura de un país se define por sus tradiciones, su arte y su lengua. Los toros son una de las raíces que más identifican el espíritu español y su legado centenario.

El festejo taurino es una expresión cultural milenaria, que cuenta con numerosos aficionados que exigen respeto a sus gustos y tradiciones. Nadie tiene la obligación de participar ni asistir, pero tampoco se pueden plantear demandas prohibicionistas limitando el acceso a los que disfrutan de su celebración.

En el texto se realiza una defensa de la Tauromaquia desde la vertiente histórica, artística, cultural, legal y de los derechos individuales, exponiendo los razonamientos que permiten colocarla en el lugar que siempre ha estado, y que la corresponde; también quedan recogidos una pléyade de escritores, pintores, escultores y artistas de diferentes ámbitos que han plasmado en sus obras los valores culturales de la corrida de toros. Así mismo se presentan los valores humanos inherentes que la califican como una actividad destacada, provechosa, positiva y de la que nos sentimos orgullosos.

¿Se trata de un espectáculo minoritario?, ¿vive la Fiesta de las subvenciones?, ¿se pueden dictar leyes prohibicionistas?, ¿es la Tauromaquia un foco de maltratadores de animales?, ¿son los toros cultura?, ¿respetan los taurinos a los toros?, ¿se puede hablar de «derechos de los animales»?, son algunas de las preguntas a las que se aportan respuestas, pudiendo encontrar el lector argumentos para comprender, querer y defender la Tauromaquia.

Juan Salazar Larraz, socio de la Peña Taurina «Los de José y Juan», es madrileño. Licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa, ha desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la Consultoría y de los Recursos Humanos. Es autor de los libros “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto” y “Toros sin complejos”. Es responsable del programa radiofónico “Los Toros, nuestra Historia” de Radio Ya.

Los toros, vulnerables e insostenibles, ante un futuro lleno de interrogantes

El pasado 5 de julio el crítico taurino del diario EL PAÍS, Antonio Lorca, publicó en su blog “El toro, por los cuernos” una recopilación de las reflexiones de cinco significativos aficionados, acerca del a situación actual de la tauromaquia y su próximo futuro.

Uno de esos aficionados era el socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, François Zumbiehl.

Publicamos, a continuación, el extracto de sus reflexiones, junto al artículo completo que se publicó en la edición digital del diario.

La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto los males de los que sufre la fiesta de los toros, pero permite también vislumbrar las vías de su salvación.

Los males: es un espectáculo casi insostenible en su economía actual, encorsetado en su organización y en su desarrollo, con pocas posibilidades de hacer surgir nuevos talentos. Es además desfasado con respecto al sentir de buena parte de la sociedad, ignorado cuando no criticado por la gran mayoría de los medios de comunicación, y desgraciadamente un blanco cómodo para las controversias y los estereotipos de las luchas políticas.

El remedio económico parece fácil de enunciar si no de aplicar: adecuarse urgentemente en este campo a las realidades de la sociedad afectada por la crisis, reduciendo en lo posible los gastos administrativos y profesionales, protegiendo sin embargo tres prioridades demasiado sacrificadas hasta el momento: la ganadería brava, materia prima de la fiesta, las novilladas, garantes de su futuro, y las corridas de los pueblos, base de la afición y de la convivencia festiva.

Para el resto sólo cabe cumplir con las dos exigencias estipuladas por la convención de la UNESCO para asegurar la supervivencia de un patrimonio cultural inmaterial: la transmisión y la evolución. La transmisión se dirige a los jóvenes y a la opinión pública; hay que explicar con una campaña de comunicación a gran escala, y por supuesto con actividades educativas, el significado antropológico de la tauromaquia, sus valores culturales, la riqueza ecológica y el bienestar que supone para los animales bravos las condiciones de su cría en la dehesa.

En cuanto a la evolución hay que pensar en agilizar el espectáculo, eliminando tiempos muertos, convertirlo en algo menos previsible, recuperar el equilibrio entre los tres tercios, revisando por completo la suerte de varas, y también el equilibrio entre el arte y la lidia. Sin renunciar a lo fundamental, la muerte del toro en la plaza jugándose la vida el matador, conviene reducir, reformando los útiles, la sangre innecesaria y la prolongación de la agonía del animal después de la estocada.

A raíz de la crisis el pueblo aficionado ha despertado de su pasividad o de su “sueño dogmático”. Ojalá siga en su vigilia para exigir ser consultado sobre el futuro de la fiesta, sobre la organización de los festejos, y ojalá su voz se haga escuchar claramente por parte de los políticos para que respeten su libertad cultural y no le impongan ninguna censura, incluso amparándose en una supuesta ley de mayoría.

François Zumbiehl. Socio de la peña taurina «Los de José y Juan».

A continuación, reproducimos el artículo escrito por Antonio Lorca.

La fiesta de los toros atraviesa una crisis sin precedentes derivada de tres factores: la pandemia, sus males internos y los continuos ataques de las corrientes animalistas. Pero el futuro deja entrever un hilo de esperanza basado en una vuelta a la emoción, la reducción de costes y un plan de comunicación dirigido, fundamentalmente, a captar a los más jóvenes.

Esta podría ser una conclusión a vuelapluma de las reflexiones urgentes de cinco reconocidos aficionados -una mujer y cuatro hombres, dos de ellos ‘militantes’ franceses- que se han sentado en torno a una mesa virtual para hablar sobre el presente y el porvenir de la tauromaquia del siglo XXI a raíz de los estragos producidos por el covid-19.

Fátima Halcón, presidenta de la Fundación de Estudios Taurinos y profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, es la única que cita la palabra ‘pesimismo’ al hablar de la fiesta.

François Zumbiehl, catedrático de Lenguas Clásicas y doctor en Antropología Cultural, inicia categórico la conversación: “Es un espectáculo casi insostenible en su economía actual”.

Francis Wolf, catedrático emérito de Filosofía, afirma que la parálisis actual es “una catástrofe económica para la cría del toro bravo y el futuro de los jóvenes toreros”.

El pesimismo y la esperanza coexisten junto a una inevitable reconversión

Jesús Hijosa, alcalde de Villaseca de la Sagra, constata que se trata de “una crisis mundial que afecta a todos los sectores económicos”.

Y José Luis García-Palacios, presidente de la Caja Rural de Sur, asegura que la realidad “es compleja, muy compleja”, pero se atreve a hablar de optimismo.

A los cinco se les pidió un diagnóstico sobre el presente y un avance imaginativo sobre el futuro. Este es el resumen de sus análisis.

El representante de la entidad financiera andaluza, una de las pocas empresas que apuesta abiertamente por la fiesta, califica como ‘curiosa y peculiar” la gestión institucional del sector taurino. “Jamás he encontrado rastros de cohesión y consenso entre los integrantes de este mundo tan extraordinario”, afirma. “A los toreros, elementos tan virales como investidos de un carácter mítico algo anacrónico, les ha faltado empatía con quien los mantiene: la afición”. Y prosigue: “En mi modesta opinión, las organizaciones ganaderas han sido más un club o gestora administrativa que entes reivindicativos, y siempre primó más lo superficial/estético que lo eficiente o profesional. Y la afición, nunca se ordenó debidamente”. En resumen, “no es exagerado decir que la situación actual es exclusivamente responsabilidad de quienes componemos el sector, nada más”.

Por su parte, François Zumbiehl, uno de los más finos analistas taurinos de la actualidad, considera que el sector “está encorsetado en su organización y en su desarrollo, con pocas posibilidades para que surjan nuevos talentos. Está, además, desfasado con respecto al sentir de buena parte de la sociedad, ignorado, cuando no criticado, por la gran mayoría de los medios de comunicación, y, desgraciadamente, un blanco cómodo para las controversias y los estereotipos de las luchas políticas”.

Su compatriota Francis Wolf, un muy reconocido intelectual francés, comprometido con la fiesta de los toros, comenta que “este desastre se produjo en la cima de dos crisis: la primera, sistémica, como es la inevitable propagación de la ideología animalista; y otra, la creciente politización de la fiesta en España, que coloca a la afición a un lado único del tablero político, lo que contribuye a mantenerla alejada de la parte más progresista de la juventud urbana”. A pesar de ello, prosigue, “no hay crisis artística del toreo; celebré el año pasado mis cincuenta años como aficionado y viví la temporada más brillante e interesante de mi vida”.

Uno de los impulsores más activos de la tauromaquia actual, Jesús Hijosa, alcalde de Villaseca de la Sagra, lo tiene muy claro: “El problema”, dice, “es que la debilidad de tantos años de abandono y la falta de financiación externa del espectáculo han hecho que las consecuencias en el sector sean más graves. El covid-19 ha puesto sobre la mesa la endeblez de un mundo en el que se ha trabajado poco”.

Fátima Halcón, entusiasta aficionada y cabeza visible de la Fundación de Estudios Taurinos, una de las instituciones culturales más sobresalientes, no puede evitar un rictus de desánimo.

“Soy pesimista respecto a la situación actual de la fiesta de toros”, afirma sin tapujos. “La sociedad contemporánea rechaza cualquier tipo de manifestación cruenta con animales, y no está preparada para entender el sacrificio de un toro en la plaza. Por desgracia, esa idea ha calado entre la clase política, que ve con recelo ese tipo de fiesta y se niega a concederle ayudas. La consecuencia directa es la eliminación de corridas en fiestas populares, la ausencia informativa en los medios de comunicación y la manifestación pública de ese rechazo”.

Puestas las cartas del presente sobre la mesa, se abre el debate sobre lo que se vislumbra en el horizonte. Fátima Halcón lo adjetiva como “complicado”, y lo explica así: “La juventud está siendo educada en el rechazo a la fiesta. En consecuencia, los aficionados deberíamos hacer campaña en favor de la fiesta sin ningún tipo de complejo. A los políticos de cualquier signo hay que explicarles la importancia, arraigo y tradición de la fiesta dentro de la cultura mediterránea. Sería interesante que empresarios, ganaderos y toreros ajustaran los precios para que la juventud pudiese asistir a las corridas, y, por supuesto, que la fiesta de toros tuviese presencia en los medios de comunicación (sobre todo, en la televisión)”.

Francis Wolf está convencido de que “hay que cambiar la imagen del toro y del aficionado”. “Hay que colocar la emoción en primer plano”, añade, “en

la presentación de los toros y en la vigencia de los tres tercios: una emoción hecha de admiración, de miedo y de respeto frente a la naturaleza salvaje”. Cree, asimismo, que el aficionado “debe asumir una imagen moderna, urbana, progresista y, sobre todo, ecologista. Nada se opone más a la ideología animalista que la ideología ecologista”.

Jesús Hijosa apuesta por “reestructurar la fiesta por completo y adecuarla a los tiempos actuales”. Aclara que no se refiere a celebrar festejos sin muerte o eliminar el tercio de varas. “Hablo de suspender un sistema de cotizaciones y financiación que son más propios de otro tiempo y comenzar de cero, adecuando los costes a la realidad de la taquilla”. “Solo así se podrá bajar el precio de las entradas e invertir en la proyección internacional del toreo”.

Coincide con esta opinión François Zumbiehl, y aporta dos nuevos conceptos: transmisión y evolución, “que son las dos exigencias estipuladas por la convención de la UNESCO para asegurar la supervivencia de un patrimonio cultural inmaterial”. “La primera -una gran campaña de comunicación- estaría dirigida a los jóvenes y a la opinión pública para explicar los valores de la tauromaquia, su riqueza ecológica y el bienestar que supone para los animales bravos las condiciones de su cría en la dehesa”. “La evolución”, concluye, “consistiría en agilizar el espectáculo, eliminar los tiempos muertos, y convertirlo en algo menos previsible”.

“Me esfuerzo cada día en un ejercicio de optimismo”, afirma José Luis García-Palacios. A su juicio, el futuro hay que trabajarlo, “y estimo que se está haciendo con alta nota”, añade.

“Jamás en la historia de la tauromaquia hemos contado con una Fundación (del Toro de Lidia) con razones científicas y medioambientales irrefutables; nunca hemos podido constatar como ahora la importancia social y económica del sector. Sin embargo, no parece que los aficionados estemos dispuestos a fijar nuestras posiciones con el sector; incluso aquellos que podrían ser “influencers” se tientan la ropa ante el violentísimo acoso de los populistas y extremistas animalistas antitaurinos”. “Son tiempos de valientes, de unión y resistencia, en los que el respeto, el valor y la inteligencia son nuestros mejores argumentos”, termina.

Querido aficionado

Querido aficionado:

Bienvenido a la web de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

Desde su fundación en el año 1951, Los de José y Juan nos hemos comprometido con la defensa del toreo clásico, que estimamos la garantía de supervivencia de las corridas de toros.

Esta página web es un recipiente de información del recuerdo de las tauromaquias, que no por diferentes son contradictorias, de José Gómez Ortega “Gallito” y Juan Belmonte, los referentes del toreo clásico, de las actividades de la Peña y de sus socios. Junto a ella está el blog donde reflejamos la información de actualidad, protagonizada o impulsada por nuestros socios.

Marcial Lalanda estimaba a la Peña “Los de José y Juan” como “el mayor coso intelectual taurino del mundo” y seguimos trabajando para que esto pudiera ser un timbre de orgullo actualmente, pues la Peña cuenta con sobrados activos de capital humano.

De la lectura de los escritos de Luis Fernández Salcedo, uno de nuestros socios fundadores, aprendí que el buen humor, el amor y la comprensión de las circunstancias de la fiesta, no están reñidas con la intransigencia en la defensa de la integridad de la misma.

Permitidme que os convoque para esa defensa, disfrute y recuerdo de la tauromaquia desde la modestia de nuestras posibilidades, con el convencimiento de que la mezcla de fiesta, rito y espectáculo que son las corridas de toros, representan unos valores de defensa de la cultura y la naturaleza, que permiten enraizar mejor al hombre en la sociedad.

Andrés de Miguel

Presidente

Los toros son cultura

Pablo Picasso. Toros y Toreros

Por Juan Manuel Albendea. Artículo publicado en el diario ABC.

En la reciente comparecencia del ministro de Cultura, señor Rodríguez Uribe, en el Congreso de los Diputados para expresar los apoyos a las distintas actividades culturales con motivo de la crisis sanitaria que padecemos, no hubo la más mínima alusión a la Tauromaquia. Como si el virus no hubiera afectado al sector taurino. Ni Fallas de Valencia, ni Feria de Sevilla, ni San Isidro en Madrid y muy probablemente ni San Fermín en Pamplona.

Cuando en el Congreso de los Diputados tuve el honor de defender el proyecto de ley que declaraba los toros como bien de interés cultural manifesté que mi primer sentimiento era el de la envidia, sí envidia sana de nuestra vecina Francia que, con mucha menos tradición cultural taurina que nosotros y con muchísimas menos ciudades con plazas de toros que España, nos adelantó dos años, en hacer la declaración de los espectáculos taurinos como patrimonio cultural inmaterial.

El carácter evidentemente cultural de la fiesta de los toros y la atención que le han prestado a la misma los intelectuales españoles es abrumadora. Ortega y Gasset escribió de las corridas de toros: “Esa fiesta que durante dos siglos ha sido el hontanar de mayor felicidad para el mayor número de españoles. Afirmo de la manera más taxativa que no puede comprender bien la historia de España desde 1650 hasta hoy quien no se haya construido la historia de las corridas de toros en sentido estricto del término, no de la fiesta de los toros que vagamente ha existido en la Península desde hace tres milenios sino lo que nosotros actualmente llamamos con ese nombre”.

Otro intelectual, Enrique Tierno Galván en su ensayo “Los toros, acontecimiento nacional” escribe: “Al torero se le llama artista en el sentido de creador de belleza, y desde luego lo es teniendo plena conciencia de que la figura y la dignidad plástica prestan al lance un peculiar estilo que elevan la lidia al máximum de tensión estética, belleza y galanura ante la muerte. ¿Cabe tema estético de mayor vitalidad?”. Federico García Lorca, pocos meses antes de ser vilmente asesinado, escribió: “Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo”. Y añadió: “El toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España” También el Premio Nobel Mario Vargas Llosa hizo una admirable comparación entre el toreo y otras artes y dice así: “Para quien goza de una extraordinaria faena, los toros representan una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo”.

En las artes plásticas, podríamos centrarnos en esos dos fantásticos artistas que fueron Goya y Picasso. Sin su Tauromaquia y todo el conjunto de su pintura taurina, Goya tendría otra dimensión en el panorama artístico mundial. Más prolífica si cabe en el tema taurino fue la pintura de Picasso. El Minotauro o la simbología taurina del Guernica revelan la importancia que este artista concedía a la Tauromaquia. También, abusando del espacio podríamos detenernos en la pintura taurina de Salvador Dalí, Joan Miró, Daniel Vázquez Diaz, Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana o Roberto Domingo.

¿Y cómo podemos olvidarnos en la escultura taurina de Mariano Benlliure, de Sebastián Miranda, de Juan Cristóbal o de Manuel Huguet? Tampoco podemos olvidarnos de la composición musical relacionada con los toros: Bizet, Turina , Sorozábal, Arrieta, Bretón, etc. Otra manifestación cultural es el flamenco, declarado por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y sin olvidar el cancionero popular, cuya manifestación más antigua relacionada con los toros es la Cantiga 144 de Alfonso X el Sabio. El, cine tampoco podía estar ajeno al mundo de los toros. Películas como “Sangre y Arena”, “El niño de las monjas”, “Currito de la Cruz”, “Mi tío Jacinto”, “Los clarines del miedo”, etc.

Pues, por lo visto, para el ministro de Cultura, todas estas manifestaciones culturales carecen de sentido y no quiere ni oír hablar de eso. Se salta a la torera (aunque no sea aficionado) la Ley 18/2013 de 12 de noviembre en la que se declara a la Tauromaquia como patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional.

Juan Manuel Albendea Pavón, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, ha sido Diputado por Sevilla en el Congreso de los Diputados por el Partido Popular en cinco legislaturas, fue Presidente de la Comisión de Cultura que presentó la “Ley para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural” en 2013. Anteriormente fue un alto ejecutivo de la banca. Ejerció la crítica taurina en el diario EL PAÍS, con el pseudónimo de Gonzalo Argote.

CARTA ABIERTA AL MINISTRO DE CULTURA

La situación social y económica derivada de la pandemia, está revelando una actitud de la Administración Pública dirigida por el actual gobierno que entendemos que discrimina negativamente a la tauromaquia, los profesionales que participan y viven de ella, e incluso al derecho de los aficionados y el público a disfrutarla.

La Peña Taurina “Los de José y Juan” hemos enviado esta Carta abierta al Ministro de Cultura, en el que reivindicamos nuestro derecho como aficionados, a la no discriminación en las medidas necesarias para preservar la Tauromaquia.

Texto de la carta entregada el miércoles 3 de junio en Registro oficial.

Excelentísimo Señor Don José Manuel Rodríguez Uribes

Ministro de Cultura y Deporte

Plaza del Rey, 1

28004 Madrid

Madrid, 1 de junio de 2020

Carta abierta al Ministro de Cultura

Excelentísimo Sr. Rodríguez Uribes, Ministro de Cultura:

La Peña Taurina “Los de José y Juan”, fundada en 1951, se suma a las numerosas declaraciones registradas en las últimas semanas que reclaman al Gobierno, en general, y al Ministerio de Cultura, en particular, la adopción de las medidas necesarias para preservar el presente y futuro de nuestra Tauromaquia y que han expresado asimismo su profunda repulsa por las muestras de dejadez e, incluso, hostilidad que el Ejecutivo está mostrando al respecto.

Es verdad que la decisión de incorporar a los profesionales del sector taurino a las ayudas CREA establecidas por el Gobierno, anunciada por usted mismo el pasado viernes en la Comisión de Cultura del Congreso, es un gesto positivo que nos gustaría interpretar como un cambio de actitud.

No obstante, hemos también de subrayar que este obligado gesto de respeto a los derechos de los profesionales del sector, en tanto que trabajadores culturales, no hace más que corregir una escandalosa situación de discriminación laboral que se había producido en fechas anteriores, sin que ello suponga la asunción por su parte de las responsabilidades que competen al Gobierno y el Ministerio de Cultura en relación con la Tauromaquia.

Porque se trata de esto: de que ambos asuman sus responsabilidades en esta materia, sobre todo en estos críticos momentos. Para el Gobierno español, para cualquier Gobierno español, la defensa de la Tauromaquia no es un una opción elegible que se pueda tomar o no en función de deseos personales, apetencias, caprichos o prejuicios ideológicos, sino una obligación legal.

Aunque debiera ser innecesario, parece forzoso recordar que la Ley 18/2013, de 12 de noviembre, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural, declara en sus artículos 2 y 3 que “la Tauromaquia forma parte del patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional” y que “en su condición de patrimonio cultural, los poderes públicos garantizarán la conservación de la Tauromaquia y promoverán su enriquecimiento, de acuerdo con lo previsto en el artículo 46 de la Constitución”.

Por añadidura, Ley 10/2015, de 26 de mayo, para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, incluye expresamente la Tauromaquia, en su disposición sexta final, entre las manifestaciones de nuestro “patrimonio cultural” y recuerda en su Preámbulo que, “para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural”, la legislación vigente “encomienda expresamente al Gobierno el impulso de las reformas normativas necesarias para recoger, dentro de la legislación española, el mandato y objetivos de la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial ”.

Insistimos, Sr. Ministro: lo que reclamamos es algo tan básico como que nuestro Gobierno asuma las responsabilidades que le fija la legislación española en materia de defensa e impulso de la Tauromaquia como una de las materializaciones de nuestro patrimonio cultural.

Porque también se trata de esto último; es decir, de que la Tauromaquia es cultura. Como muy bien ha declarado la Fundación Toro de Lidia —organización que agrupa a los diversos estamentos profesionales del sector— en una carta abierta dirigida al vicepresidente segundo del Gobierno español, “nosotros no reivindicamos que seamos una práctica cultural. Nosotros somos una práctica cultural. Punto”.

En este mismo sentido, debiera ser ocioso recordar que, como bien han establecido de manera repetida organizaciones y profesionales expertos en la materia, la consideración de una práctica o expresión social determinada como cultura no es algo que dependa, nuevamente, de apetencias personales o de prejuicios ideológicos, sino que es el resultado de la conjunción de una amplia variedad de factores históricos, sociales, estéticos que operan de manera objetiva y que la Tauromaquia cumple sobradamente.

Añadamos a lo anterior que más de 3 millones de ciudadanos acuden cada año a presenciar espectáculos taurinos en directo, una cantidad muy superior, por cierto, a la de otras manifestaciones culturales y deportivas que no son víctimas de la dejación del Gobierno; que a ellos hay que añadir los numerosos ciudadanos que no los contemplan en directo, sino por medios audiovisuales, o que los siguen por los medios de comunicación; que a ellos habría que sumar también cuantos sin hacer un seguimiento puntual de esos espectáculos, los consideran una legítima expresión cultural; y que, por último, habría asimismo que añadirles los millones de españoles que, sean o no aficionados, estén o no interesados por la Tauromaquia, asumen como incuestionable principio, garantizado por la Declaración universal de los derechos humanos, que cualquier ciudadano pueda ejercer libremente su derecho a asistir a los espectáculos culturales que son de su agrado, sin que ninguna decisión de carácter político pueda coartar esta libertad.

Además, es forzoso tener en cuenta que la supervivencia del propio toro bravo depende inexorablemente de la existencia de la Tauromaquia; que lo mismo le ocurre a una parte muy importante de nuestro patrimonio rural; que hay decenas de miles de españoles (profesionales de los espectáculos, ganaderos, empleados, gestores, etc.) cuyos medios de supervivencia proceden de los espectáculos taurinos; y que estos últimos hacen una elevada contribución económica a nuestro PIB y a nuestra Hacienda que muy pocas veces es suficientemente reconocida.

En definitiva, Sr. Ministro, sin necesidad de entrar en más argumentos o detalles por el momento, poderosas razones legales, culturales, sociales y económicas requieren que nuestro Gobierno y el Ministerio de Cultura asuman la protección y defensa de una de las manifestaciones culturales más genuinas de nuestro país.

Y esto han de hacerlo, más allá de los gustos personales que puedan tener algunos de sus miembros, para asumir lealmente la obligación de cumplir sus responsabilidades, evitando censurables situaciones de discriminación y corrigiendo el trato inaceptable que actualmente está recibiendo nuestra Tauromaquia por parte de ambos.

Exponemos todo lo anterior desde la humildad que corresponde a una asociación que está integrada, por decisión estatutaria de sus fundadores, por un número máximo y no superable de 50 miembros; pero que, a lo largo de sus 69 años de continua y permanente actividad, ha dado suficientes pruebas de su capacidad de recoger y defender los sentimientos, sensibilidades y convicciones de muchos aficionados españoles, pues no en balde cuenta como socios con personas pertenecientes a un amplio abanico profesional e ideológico.

Y lo hace, además, cumpliendo con el deber que le asignan sus estatutos de “contribuir con todo su entusiasmo y posibilidades al engrandecimiento, prestigio y pureza” de la Tauromaquia, “entendida como bien cultural del pueblo español”.

No otra cosa que esto, es decir, el cumplimiento de un deber, es lo que le solicitamos con nuestra mejor disposición y respeto.

Peña Taurina “Los de José y Juan”

Andrés Ignacio de Miguel González

Presidente

PASEO VIRTUAL GALLISTA POR MADRID

En la conmemoración del Centenario de la muerte de Joselito, que se ha quedado en virtual, nuestro socio Juan Salazar ha realizado, entre los distintos paseos gallistas previstos por Madrid y Sevilla, un recorrido por diferentes lugares unidos a la presencia de Joselito en Madrid.

Como buen paseo virtual se ha grabado y publicado en youtube para el Aula de Tauromaquia del CEU.

 

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.