PEÑAS TAURINAS. QUE SON Y QUE DEBERÍAN SER

Por Andrés de Miguel, Presidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

El pasado martes 19 de febrero, fui invitado por los alumnos del XVII Curso de Periodismo taurino de la Universidad Complutense, a una mesa redonda para hablar de la Peñas Taurinas, junto al matador de toros francés Marc Serrano y la presidenta del Club Taurino de Rusia Ksenia Tinyakova.

Mi intervención, a la que siguió un turno de preguntas y coloquio con los diferentes alumnos del curso, recorrió cuatro preguntas acerca de las peñas taurinas: Que dicen ser, Que son en realidad, Que no son y Que deberían ser.

Lo que dicen ser es el motivo por el que se crean, para homenajear y seguir a un torero, para juntar a los aficionados de un lugar, para defender unos intereses concretos (abonados, bibliófilos) o una manera de entender la tauromaquia (el toreo clásico)

En realidad son grupos de gente organizados a partir de estos criterios, que se utilizan para amplificar la opinión, aumentar la relevancia social y obtener prebendas o subvenciones, especialmente, aunque no necesariamente, para un líder de opinión o social.

Lo que no tienen las peñas taurinas, es trascendencia en el día a día de las fiestas de toros, ni relevancia en la toma de decisiones organizativas en las ferias, ni importancia en la contratación de toreros o ganaderías.

Es un lugar común decir o pensar que en Francia no es así y quizá sea debido a las diferencias entre la importancia social del espectáculo en los dos países y, fundamentalmente a la existencia de un organismo único que reúne a las asociaciones profesionales y de aficionados, tan distinto de lo que ocurre en España donde la FTL, tan estimable e su labor, defiende los intereses corporativos de los profesionales, tantas veces enfrentados con los de los aficionados. También el tamaño de las ciudades taurinas francesas posibilita la influencia y participación de los aficionados, más complicado en ciudades grandes como las habituales en España, especialmente las de ferias de 1ª o 2ª categoría.

Comenté la petición de Andrés Amorós y François Zumbiehl en sus intervenciones sobre la Tauromaquia en la encrucijada del siglo XXI, en el LXII Ciclo de conferencias de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, en el que se referían a la necesidad de un organismo único que agrupara a los estamentos profesionales y a los aficionados en la defensa de la fiesta y en la elaboración de los estudios y mecanismos necesarios para la defensa e impulso social de la Tauromaquia. Las peñas taurinas deberían ser un dinamizador de ese organismo.

En el coloquio y en las otras intervenciones se abundó en los problemas actuales y la necesidad de generar estructuras de participación y defensa de los aficionados, en lo que estuvimos de acuerdo con el director del curso Miguel Ángel Moncholi, con los intervinientes y con los organizadores de la mesa redonda, que fueron los alumnos del curso, Andrew Moore, Verónica Sierra y Guillermo Vellojín, quien moderó acertadamente la mesa y el coloquio.

Andrés de Miguel, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, que preside desde marzo de 2018, es sociólogo y aparejador.

Colaborador en diversos medios escritos en soporte papel y electrónico, impulsor de la Tertulia de Jordán, y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo Los aficionados integristas.

JOSE LUIS PALOMAR, UN TORERO SOBRIO, PRECISO Y CERTERO.

José Luis Palomar, Andrés de Miguel y Gonzalo Bienvenida

José Luis Palomar, torero soriano, como le gusta recalcar, haciendo hincapié en la dificultad de ser torero en una ciudad y provincia donde hay escaso ambiente taurino y ninguna ganadería brava, protagonizó un enjundioso coloquio con el joven periodista Gonzalo Bienvenida en la última sesión del LXII Ciclo de conferencias de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

Protagonista de la “corrida del siglo del 1 de junio de 1982” junto a Ruiz Miguel y Esplá con los toros de Victorino Martín, volvió a salir por la Puerta Grande de Madrid 16 días más tarde en la corrida de Beneficencia con toros de la misma ganadería. Tuvo una exitosa carrera en la que toreó 24 veces en Las Ventas durante los años 80 y primeros 90.

El torero José Luis Palomar

Ha vuelto a la actualidad gracias a sus comentarios en las transmisiones televisivas, primero en TauroCast y ahora en Telemadrid, donde explica con sencillez y claridad los momentos y situaciones de la lidia. Sobrio, preciso, sin tapujos, con conocimiento y respeto, tanto a los profesionales como al público.

Tiene la virtud, tanto en la entrevista que sabiamente condujo Gonzalo Bienvenida, como lo tenía en su toreo, de ir de frente, sin ponerse de perfil ante las preguntas, como no se ponía ante el toro. Aduce que el riesgo en el toreo está en adelantar la pierna de salida puesto que es cuando el toro puede coger, pero es como se le puede dominar. La largura del pase ya depende de la calidad del toro y el torero, pero el riesgo está hasta que el toro pasa la pierna de salida, es decir desde el cite hasta el final del embroque. Plantea que la lidia es demostración de quién manda, si el toro o el torero y que la emoción está cuando el toro pone problemas a dicho dominio.

No es, ni fue, partidario de los engaños grandes, pues dice que son más complicados de manejar y que no dan más defensa al torero, pues con un capote o muleta más pequeño se puede pasar al toro todo lo lejos que se quiera. Un purista de la estocada, mataba a los toros despacio y por derecho, y en esto, como en muchos otros conceptos recuerda a Rafael Ortega, cuyas maneras inspiraron la obra fundamental titulada “El toreo puro”.

Ponía las banderillas de poder a poder, dejándose ver, también en esta suerte que tanto se presta al adorno y el artificio.

El periodista Gonzalo Bienvenida

Palomar se retiró, sin ruido, en el año 1996, pero su recuerdo es importante porque durante su carrera representó una versión personal del toreo clásico, del toreo puro que va de frente al toro, gusta de su dominio y se adorna con sobriedad, como remate de una faena. Eficaz con el capote, sobrio con las banderillas, cruzado en la muleta, toreando por abajo y matando despacio, su toreo es un compendio de clasicismo y pureza, sobriedad y dominio, respeto y conocimiento, que ahora demuestra en las transmisiones televisivas que se reciben de buen grado entre los aficionados.

Conferencia completa en el siguiente enlace:

Grabación de vídeo por cortesía de Carmen del Castillo y Fidel Carrasco (Autores del libro La Monumental de Sevilla). 

PLAZAS DE TOROS ¿REDONDAS?

Artículo escrito por Juan Salazar socio de la Peña Taurina Los de José y Juan”. Juan es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”

Mi buen amigo Eduardo no entiende que me guste visitar plazas de toros. ¡Pero si todas son iguales, redondas, con arena y más o menos parecidas!, es lo que me dice.

Mi querido amigo sabe mucho de fútbol, pero se pierde las maravillas de la Tauromaquia y las plazas de toros es una de ellas. Cualquier buen aficionado antes de acceder a la plaza para ver el festejo ya está disfrutando.

Sin entrar a comentar el aspecto externo de los cosos, que daría para mucho, simplemente hablando del ruedo, “a vista de pájaro”, nos encontramos con verdaderas sorpresas.

Hay ruedos ovoides y no hace falta rebuscar entre cosos abandonados. En Sevilla, la Real Maestranza desde las alturas se percibe con claridad que dista de ser redonda.

También tenemos otras plazas como la onubense de Zufre o la cercana pacense de Azuaga con formas similares.

Sevilla
Zufre
Azuaga

Otros ruedos son redondeados, pero cabría definirlos como “ovoides irregulares”. Entre ellos podríamos citar la plaza aneja al Santuario de Nuestra Señora de las Nieves sita en Almagro, una de tantas plazas ubicadas próximas a ermitas o lugares religiosos, o la original de Corteconcepción con sus encalados e inmaculados tendidos.

Almagro
Corteconcepción

Otras tienen forma “de pera”, quizás desde el suelo no lo percibamos, pero a vista de pájaro salta a la vista. Las plazas de Deza, con sus graderíos excavados en la piedra o la de Alaraz, aneja a la ermita del Santísimo Cristo del Monte, son ejemplo de ello.

Deza
Alaraz

Otras, como las de Albaladejo, conocida localmente como “el corral de las vacas”, la de Cumbres Mayores, al pie del castillo de Sancho IV “El Bravo”, o la de San Martín del Castañar, ubicada en una joya de entorno que es un conjunto histórico artístico, sorprenden al visitante por su formas oblongas, alargadas, muy alejadas de lo que imaginamos como plaza de toros redonda.

Albadalejo
Cumbres Mayores
San Martín del Castañar

Pero si hablamos de formas curiosas, las plazas de toros cuadradas han constituido siempre una originalidad; en más de una ocasión he escuchado a alguna persona comentar que conoce tal o cual plaza de toros que “es la única cuadrada”. Bueno, aquí van varios ejemplos de plazas cuadrilongas: Las Virtudes, Puebla de Sancho Perez, Rasines, Segura de la Sierra, La Parra o Valdecarros.

Las Virtudes
Puebla de Sancho Pérez
Rasines
Segura de la Sierra
La Parra
Valdecarros

Más original resulta la plaza de toros de Almadén, una verdadera joya restaurada que se ha rehabilitado como hotel y en el que las habitaciones dan al particular coso hexagonal.

Almadén

La de Mijas, además de ser una plaza destinada a un público turístico, tiene forma de barco, conformando los tendidos la proa y la popa de la nave.

Mijas

Hasta aquí las plazas con ruedos irregulares, pero hay otro conjunto de plazas, en las que se dieron festejos en su momento, que en la actualidad han dejado de hacerlo al estar enclavadas en pleno núcleo urbano de la población. De cualquier forma son plazas muy originales y que merece la pena visitar, como la hexagonal de La Carolina o las ochavadas de Aguilar de la Frontera, Archidona o los antiguos cosos de Tarazona o de Valladolid.

La Carolina
Aguilar de la Frontera
Archidona
Tarazona
Valladolid

Dentro de este grupo podríamos citar la aragonesa de Chodes, que tiene forma poligonal.

Chodes

Espero, con todo esto, que mi querido y apreciado amigo no vuelva a decirme eso de que “todas las plazas tienen forma redondeada y vista una, vistas todas”.

CAGANCHO, EL TORERO DE LOS OJOS VERDES.

El próximo domingo 11 de noviembre se presenta en Las Ventas, dentro del ciclo de Los XXVI aperitivos taurinos del Club Taurino de Madrid, el libro “Cagancho, el torero de los ojos verdes” de José-Vicente Sinisterra Gago, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

Artículo escrito por Ángel Berlanga para la revista Aplausos.

“Cagancho, el torero de los ojos verdes” es mucho más que una simple biografía sobre Joaquín Rodríguez Ortega. Se trata de una obra que no sólo indaga en la singular personalidad taurina de la mítica “talla de Montañés”, como le definió Corrochano en una de sus crónicas, sino que bucea en el toreo gitano a lo largo de la historia de la Tauromaquia en general, y de su edad de oro, en particular. El libro se detiene en aquella feliz etapa en la que dos hermanos, Francisco y Rafael Vega de los Reyes, los dos Gitanillos, y Joaquín Rodríguez, el gran Cagancho, primo de ambos, elevaron el toreo gitano a los cielos desde la Triana que les vio nacer. Junto a todo ello, la España social, política y económica de aquella época tan convulsa -tiempos de preguerra y postguerra- también queda retratada por el autor, que junto a colaboraciones puntuales edita, con este “Cagancho, el torero de los ojos verdes” su tercer libro tras “De Grana y Oro y de Catafalco y Azabache” y “El Mundo de Rafael Gómez Ortega El Gallo”. 

La familia de los Cagancho y su entorno -La Cava de Triana-, la tauromaquia de Joaquín Rodriguez, sus actuaciones en España y Francia, su viaje definitivo a México, país donde fue una figura indiscutible y murió en 1984; un estudio grafológico de sus firmas – la personal y la de torero – con su correspondiente descripción de su personalidad y estudio psicológico, completan un libro que también analiza temáticas y aspectos relacionados con aquella etapa de nuestra historia, como la Generación del 27, los reyes del cante y el baile flamenco, el conflicto taurino hispano-mexicano… amén del sentido recuerdo a otro gitano que toreó como los ángeles: Rafael Albaicín, “una estrella fugaz en el toreo gitano”, como le define Sinisterra.

“Como persona a la que le gustan por igual una buena soleá cantada por Antonio Mairena y una faena jonda de Rafael de Paula, me embarqué en un proceloso piélago para transmitir mis sentimiento sobre el cante y el toreo gitanos a los jóvenes aficionados que son el futuro de la Fiesta, pero que han de conocer el pasado, sus raíces y sus emociones más profundas” confiesa el propio Sinisterra. Como se trataba de un objetivo muy amplio, decidió centrarse en un entorno muy particular de ambas artes efímeras: “Triana y los gitanos de la Cava, que crearon unos modos de cantes muy especiales y fueron los iniciadores de la edad de oro del toreo gitano”. El autor señala que Joaquín Rodríguez “Cagancho” “es el modelo típico de torero gitano, de gitano cabal, buen bailaor y excelso torero – cuando tenía la inspiración, claro está -. Por ello, es el hilo conductor de estas letras que quieren rendir homenaje en la vida de este gitano muy especial, a los toreros gitanos que en el mundo han sido”.

Os dejamos con el audio de la entrevista que Elia Rodríguez y el equipo de “Es Toros”, el programa radiofónico taurino de la cadena EsRadio, le hacen a José Vicente Sinisterra Gago, autor del libro.

Socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, José Vicente es, además, catedrático de Química Orgánica y Farmacéutica de la UCM. Profesor invitado en diversas Universidades extranjeras, ha publicado 256 trabajos en revistas internacionales sobre sus investigaciones en Biotecnología y Biocatálisis y ha sido director del Servicio de Biotransformaciones Industriales del Parque Científico de Madrid. Es miembro de la ASABAF de Valencia y de la Asociación de Bibliófilos Taurinos de España y ha impartido numerosas conferencias sobre cultura, historia y arte de la Tauromaquia.

Escuchando a los maestros.

Bajo el lema «Culturas del toro» se abría el pasado 27 de septiembre, con la plaza de Las Ventas al fondo, un espacio público de reflexión donde pensar en común la emoción del toreo. En un tiempo en que el arte de torear es incomprendido, cuando no vilipendiado, no basta con repetir que la tauromaquia es cultura. Preciso es saber en qué sentido lo es, qué paradigma concreto de vida late en ella, por qué, citando el bello título de Víctor Gómez Pin, constituye «la escuela más sobria de vida». Desde perspectivas filosóficas, antropológicas y artísticas diversas, como también desde la experiencia de matadores y aficionados, estos encuentros quieren seguir dando forma, vigencia y vitalidad al universo simbólico que soporta al toro de lidia.

La conferencia inaugural corrió a cargo de François Zumbiehl, quien ha tenido la gentileza de resumir por escrito su intervención.

Alejandro del Río Herrmann

Escuchando a los maestros.

Por François Zumbiehl

Si tuve tal ansia de acercarme a la palabras de los toreros es porque desde mi primera corrida en la infancia me impactó su silencio. Ellos, en el ruedo, callaban por obligación mientras en los tendidos prosperaban un sinfín de comentarios, recomendaciones y a veces reprobaciones. También me parecía una cortina de humo muchas declaraciones suyas, estereotipadas y complacientes para los lectores, en las revistas especializadas. Quise entonces pasar con ellos al otro lado de esa cortina y recoger sobre su práctica y su sentimiento del toreo una palabra más auténtica y liberada del peso de las circunstancias. ¿qué verdad o verdades me parece haber podido recoger[1] de ellos cuando logré colocarles a una distancia suficiente con respecto a la presión de su recorrido por el planeta de los toros durante la temporada?

En primer lugar que están obsesionados por el trabajo de memoria. “Los toros son el recuerdo” declaró un día, y con razón, el maestro Antoñete. El problema es que ese recuerdo para ellos – como para muchos de nosotros, simples aficionados – es incapaz de restituir el conjunto de su más sublime faena, sino tan sólo detalles o momentos aislados que se alzan en el primer plano de su conciencia. Muchos viven esos estragos del tiempo como una frustración, y algunos con una resignación sonriente. Tal es caso de Pepe Luis Vázquez, quien evocando su obra maestra en Valladolid con el toro de Villagodio, en 1951, me confesó al final : “Sí, quizá sea esa faena que más me ha llenado, por ese motivo, porque no me acuerdo. Sería porque estaba fuera de lugar.”

Pepe Luis Vázquez, en un lance a pies juntos. Foto ABC.

La segunda revelación es que mientras están en activo se sienten sometidos a un inacabable camino de perfección. Estos “héroes” de los que la afición celebra con justicia los triunfos entienden que nunca han llegado ni llegarán a la cúspide de lo que querían expresar en el ruedo. “Mi mejor faena está por realizar, la guardo todavía en mis entrañas” aseguran muchos de ellos, y esta vez la frase no es sólo un estereotipo. Está dictada por la humildad y la permanente insatisfacción – salvo cuando se sienten sobrevolados por la gracia o poseídos por el duende – que supone la creación en el acto, en la arena, con muchos tanteos y casi con imposibilidad de enmienda, de una obra avocada a morir a poco de haber nacido. De ahí su envidia confesada con los pintores y escultores que pueden crear cuando les viene en gana, que tienen la posibilidad de enmendar su obra hasta el final, y que la dejan al alcance de los tiempos futuros. Por eso para la mayoría de ellos el temple, entendido como la capacidad de apaciguar la violenta embestida del toro y de conjurar aunque sea durante unos segundos el inapelable desvanecimiento de la belleza suscitada, es el núcleo del arte de torear. Pero ¡ojo!, sobre la técnica del temple como sobre la ortodoxia de otros conceptos tan fundamentales como el hecho de cruzarse o de cargar la suerte, sus opiniones e interpretaciones son muy variadas. Se expresan con la misma libertad con que otros artistas – los de los pinceles o buriles -, explican su particular manera de tratar los colores o las formas. Escuchándoles más de una vez me he convencido de que nosotros los aficionados deberíamos ser más cautos y resistir a la tentación de dogmatizar sobre tales conceptos.

Joselito y Juan Belmonte. Colección Los de José y Juan

La última verdad que creo haber captado es el excepcional valor de sus palabras. Son el fiel reflejo de su estilo, de su manera de seguir siendo toreros cuando se encuentran provisionalmente o definitivamente alejados de los ruedos. Reflejan su incesante búsqueda – o su añoranza de ella cuando están retirados – para “gustarse”, o sea sentir la emoción de emocionarse con el toro y de emocional al público, de ser el motor de esta onda de felicidad que se extiende por toda la plaza en algunos momentos privilegiados. Este discurso no me ha parecido ser menos intenso o deformado con respecto a la realidad de lo que han dibujado en el ruedo. Es un auténtico corpus artístico, tan valioso y significativo como el que han evidenciado cuando estaban en activo, y que sobrevive cuando el otro se ha apagado. Es su manera de triunfar– esta vez de forma más certera – del tiempo y de la muerte.

[1] En los libros El torero y su sombra, La Voz del ToreoEl Discurso de la Corrida.

François Zumbiehl (París, 1944), es catedrático de Lenguas Clásicas, doctor en Antropología Cultural y militante taurino. Socio de la Peña Taurina Los de José y Juan.

Alejandro del Río Herrmann, filósofo, es doctor por la Universidad de Valencia. Trabaja como editor en Editorial Trotta y es profesor de la Escuela de Filosofía de Madrid.

 

SALTILLO Y VALDELLÁN EN EL AULA DE TAUROMAQUIA DEL CEU

El brillante espectáculo del Desafío ganadero del 9 de septiembre en Las Ventas, en el que participaron las ganaderías de Saltillo y Valdellán, tuvo su continuidad, el jueves 18 de octubre, en la Sesión inaugural del XVIII Curso del Aula de Tauromaquia del CEU, que desde su inicio dirige el erudito aficionado Rafael Cabrera Bonet.

El propietario de la ganadería de Saltillo, José Joaquín Moreno Silva y el representante de Valdellán, Jesús M. Martínez Pinilla, comentaron algunos detalles de la corrida para los numerosos aficionados que se congregaron en esta sesión inaugural.

De Izquierda a derecha: Rafael Cabrera Bonet, Jesús M. Martínez Pinilla, José Joaquín Moreno Silva y Andrés de Miguel.

Con su vehemente naturalidad, José Joaquín Moreno Silva defendió a sus toros, especialmente el bravo Horquitillo, del que se quejó de la lidia en la suerte de varas por la abstención en la misma de Venegas y también al interesante Ruidón, de una familia ganadera muy asentada y brava. Este año se cumple el centenario de la propiedad del hierro de Saltillo en manos de su familia desde la compra por su abuelo Félix Moreno Ardanuy.

Jesús M. Martínez Pinilla se mostró muy satisfecho de su presentación en Las Ventas con el bello y bravo Navarro a quien el gran toreo del que hizo gala Fernando Robleño, contribuyó a realzar su bravura. También habló del interés de Montañés, el último toro de la corrida. En un tiempo muy corto, pues la ganadería se formó en 2002, llegar a conseguir este triunfo entre los aficionados en la Plaza de Las Ventas, es un gran logro del que se sienten orgullosos.

El inusual saludo de los dos mayorales al acabar la corrida para responder a los aplausos de los aficionados fue la imagen de una gran corrida de esta temporada, pues estas ganaderías que gozan más del favor de los aficionados que del público, deben dar el salto a esa consideración de corridas interesantes pues buscan el espectáculo completo de la lidia en los tres tercios. Quizá la continuidad del bombo para el sorteo de los matadores pueda mejorar su valoración.

Los dos mayorales saludando.

La Peña Taurina “Los de José y Juan” a la que pertenece José Joaquín Moreno Silva, colaboró en la organización de esta sesión inaugural, en la que participó su presidente, Andrés de Miguel, como muestra de su decidido apoyo a las manifestaciones culturales de la Tauromaquia, siempre importantes y necesarias y especialmente en estos momentos de polarización social acerca de su papel.

Entrevista a José Joaquín Moreno Silva, propietario del hierro Saltillo.

La Peña Taurina Los de José y Juan ha otorgado el premio Luis Fernández Salcedo a la ganadería de Adolfo Martín por la corrida más encastada de la feria de San Isidro 2018. Asimismo, se ha otorgado una Mención Especial a la ganadería de Saltillo por recordarnos, con su corrida, que el toro bravo es un animal salvaje y que dominar su acometividad es la esencia de una corrida de toros.

Foto de Andrew Moore | Asturdero-4 premiado con la vuelta al ruedo.

La corrida de Saltillo ha ejercido de referente para numerosas corridas actuales cuyos espectáculos se han visto tantas veces domesticados.

Hablamos con el ganadero José Joaquín Moreno Silva, socio de esta Peña Taurina:

José Joaquín Moreno Silva se declara muy satisfecho con la temporada de su ganadería en Madrid y no es para menos. El 4 de junio de 2018 lo recordaremos siempre como un día especial, no solo para Saltillo sino también para los aficionados y defensores de la pureza de la fiesta, ¿no es así?

Así es. El 4 de junio, en la semana torista de San Isidro, Asturdero-4 fue premiado con la vuelta al ruedo. Además, sirvió para poner en órbita a un torero modesto, Octavio Chacón, que llevaba varios años luchando por abrirse un hueco en el circuito de las corridas más duras e interesantes. 

Foto de Andrew Moore | Asturdero-4 arrancando desde los medios en el tercio de varas.

En el mes de septiembre se presentó un doble compromiso. ¿cuál es su valoración?

Por un lado presentamos una novillada en la que sobresalió Consejote-24 que se llevó una nutrida ovación y, por otro, el gran desafío ganadero con Valdellán, que acabó con los dos mayorales saludando en el ruedo tras la corrida, lo nunca visto en Las Ventas.

Hay que destacar a Horquitillo-24 que despuntó en una terna brava y encastada. Horquitillo es el tipo de toro que busco con fuerza y dureza en el caballo y una gran nobleza en la muleta.

Pese a los saludos del mayoral y las vueltas al ruedo, sus toros no esconden una gran irregularidad que va desde la nobleza encastada a la fiereza decimonónica.

Es un encaste complicado de entender, pero en lo bueno es lo mejor y en lo malo es lo más “hijoputa”. Se necesitan toreros más técnicos y que estén acostumbrados a estos encastes. Hay que tener en cuenta que estos encastes juegan en otra liga, con toreros menos placeados. El ideal que busco es que el toro tenga calidad, movilidad, fijación y humillación.

Fotografía de Andrew Moore | José Joaquín Moreno Silva, propietario del histórico hierro Saltillo.

La compra del hierro de Saltillo ¿ha completado su ganadería?

Tengo 200 vacas en total. Con la compra de Saltillo a mis primos en 2013 añadí 60 vacas con sus rastras de eralas y añojas. Aunque muchas familias son las mismas, al llevar 40 años separadas tenían características distintas.

Este año la ganadería hace el primer centenario en manos de mi familia, desde que mi abuelo compró el hierro a la viuda del Marqués de Saltillo.

Saltillo-Santacoloma es el encaste preferido por los aficionados entre las ganaderías que no pertenecen al encaste mayoritario. ¿Qué relación mantenéis los ganaderos de este encaste?

José Chafik, el ganadero mexicano, intentó unificar todas las ramas del encaste y llevó a cabo una labor muy interesante y meritoria, pero la lástima es que falleció sin culminar su obra. En México el encaste saltillo es predominante pero no hay apenas relación; aunque de los cuatro sementales que le vendí a Chafik, sé que tres de ellos han padreado en México.

En España hay muchas ganaderías interesantes de este encaste y mantenemos buenas relaciones.

Enhorabuena por el premio y por la temporada, con nuestros mejores deseos para el próximo año. 

Foto de Andrew Moore | Octavio Chacón con Asturdero-4.

José Joaquín Moreno Silva, ganadero propietario del hierro de Saltillo, es socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, a la que también perteneció su padre, el ganadero Alonso Moreno de la Cova.

Su afición taurina le llevó a ser rejoneador. Ganadero desde su juventud a cargo de las ganaderías de la familia, en 1992 heredó el hierro de Charco Blanco cuyo nombre cambió a Moreno Silva y en 2013 compró el histórico hierro de Saltillo que da nombre a la ganadería y al encaste.

Tres socios de “Los de José y Juan” participarán en el II Congreso Internacional La Tauromaquia del Siglo XXI.

François Zumbiehl, Andrés Amorós y Gonzalo Santonja, socios de la peña taurina “Los de José y Juan” participarán en el II Congreso Internacional “La Tauromaquia del siglo XXI” que se celebrará en Murcia del 18 al 21 de octubre.

Pincha aquí para leer el programa.