UNA FIESTA HUMANA, DEMASIADO HUMANA

Foto: Andrew Moore

Por François Zumbiehl.

Así puede ser calificada la fiesta de los toros cuando son los aficionados los que hablan, y no por ellos los antitaurinos que caricaturizan sus sentimientos achacándoles toda clase de perversidades. También lo hicieron los colonizadores con los pueblos a los que llamaron salvajes, antes de que algunos espíritus selectos propusieran una visión más respetuosa y abierta de estas culturas ignoradas.

Sí, la tauromaquia es tremendamente humana porque es ante todo el espectáculo de la fragilidad. Para que una tarde de toros cumpla con todas sus promesas es preciso que ese día no moleste el aire, que los toros estén en condiciones y tengan embestidas acordes con las posibilidades técnicas y estéticas del matador, y que éste quiera por de pronto alzarse más allá de las obligaciones de su profesión para sentir y expresar su misterio, como muy bien lo dijo Rafael El Gallo.

Por ello los aficionados se asemejan a unos devotos, manteniendo la esperanza incansable del milagro a costa de muchas decepciones. Es innegable que la corrida tiene su parte de crueldad, en el sentido etimológico de la palabra, pero todo el espectáculo tiende a hacerla olvidar: olvidado el miedo, olvidadas la sangre y la violencia cuando la embestida de un toro bravo, subyugada por el engaño, se alarga y se funde con el torero en una armonía inverosímil, como si el hombre por la magia del temple tuviera la capacidad de hipnotizar al toro y de parar el tiempo. Es un espejismo desde luego, pues aquí todo es efímero empezando por la obra dibujada en el ruedo, que muere en el mismo instante en que ha sido vislumbrada, y de manera definitiva con el toro que se ha prestado a ella.

El toreo es el arte de las formas que vuelan, que se saben nacidas en un mundo perecedero, y que quieren compensar su carácter fugaz con la búsqueda insaciable de la belleza en el laberinto del movimiento. Por ello el temple es su mayor virtud, pues es el intento, lentificando las suertes, por aplazar el fin ineludible del poema que el hombre está improvisando durante unos pocos minutos con su toro, compenetrado con él. Razón por la cual intelectuales de la talla de Valle-Inclán y Pérez de Ayala, homenajeando al joven Belmonte, se atrevieron a afirmar que el toreo, por esta fugacidad misma, es más conmovedor que las demás artes. Por su parte José Alameda, un exiliado de la Guerra Civil, consideró que esta fiesta es «humana, demasiado humana», pues condensa todas las vicisitudes de la vida y de la muerte con las que el hombre se siente enfrentado a lo largo de toda su existencia.

Pero por otra parte la tauromaquia es animalista, pues se basa en la mayor cercanía y complicidad posibles con el animal. Innumerables horas de conversación con toreros, ganaderos y aficionados me lo han confirmado. Torear es ante todo acoplarse con el toro, incluso -como me lo dijo el torero y escritor Juan Posada– hacerse a la vez hombre y toro, Minotauro de alguna manera, permitiendo a su oponente, después de haberlas percibido, expresar todas las potencialidades de su bravura que sin el toreo hubieran quedado inéditas. En este sentido la fiesta de los toros, que cumple con los cinco criterios marcados por la convención de la Unesco para identificar un patrimonio cultural inmaterial, cumple particularmente con el que se refiere al «conocimiento de la naturaleza y del universo».

Foto: Andrew Moore

Hablando de la Unesco conviene volver al concepto de cultura tal como lo define el texto de esta convención de marcado carácter antropológico: es el conjunto de las prácticas, tradiciones y sentimientos que reflejan las vivencias de una comunidad y con los que ésta se identifica. Cada una de estas culturas, mientras esté conforme con los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y mientras esté compartida y transmitida a las nuevas generaciones (éste es el auténtico significado de la palabra tradición), debe ser respetada en su diversidad, incluso si dentro de una región queda como minoritaria. Aquí no valen cazas de brujas, inquisiciones ideológicas o políticas. Su libertad -en este caso la de los aficionados- debe ser preservada contra cualquier imposición o prohibición externa, incluso si éstas se basan en el resultado del voto de una supuesta mayoría. Esto equivaldría a instrumentalizar un proceso aparentemente democrático para restablecer la censura, curioso retroceso a otros tiempos en los que se quería imponer para todos la dictadura de lo «moralmente y políticamente correcto». El hecho de ser minoritaria no descalifica una cultura. Eso lo dice la Unesco a través de sus convenciones de los años 2003 y 2005.

Y dos cosas más frente a acusaciones convertidas en repetidos eslóganes y estereotipos: hablar de tortura a propósito de un animal indómito, cuya lucha hasta la muerte es un peligro permanente para el torero, es un insulto para las víctimas verdaderas de este acto repugnante.

Por otra parte el bienestar animal es un concepto muy relativo; relativo a la forma de ser y de comportarse de cada animal, de compañía, salvaje o del campo, pues el animal en sí sólo existe en la mente de algunos animalistas radicales, tal vez impactados por los personajes de Disney y muy alejados de las realidades del mundo rural. El toro de lidia, criado durante al menos cuatro años en libertad y en espacios extensivos, naturales y protegidos mientras otros bovinos van al matadero a los pocos meses, goza sin lugar a dudas de un bienestar privilegiado hasta los veinte últimos minutos de su vida. Y ¿qué decir de los sementales y de las vacas bravas, criados con el mismo cuidado y respeto manifestados a esta raza excepcional que desaparecería en el mismo momento en que se prohibiera la tauromaquia, del mismo modo que desaparecería todo el entorno ecológico ligado a su crianza? ¿No sería acaso más urgente velar por el bienestar de algunos animales mascotas, condenados a vivir en unos espacios reducidos y a todas luces inadaptados para ellos, y a veces abandonados por sus dueños cuando llegan las vacaciones? ¡Dios nos libre de la ecología urbana o de salón!

François Zumbiehl, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”  es catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Vicepresidente del Observatoire National des Cultures Taurines ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.

LA SUERTE DE VARAS EVOLUCIONA

Artículo escrito por José María Moreno Bermejo.

Quizás haya que revisar parte de lo publicado hasta ahora sobre la Suerte de varas, y considerar los nuevos estudios que sobre la misma está realizando D. Julio Fernández y su equipo. Es lógico y necesario que los aficionados nos involucremos en la realidad que nos ofrecen nuevos conceptos y resultados derivados de la intensidad investigadora de personas cualificadas y tenaces. Esto sin apostatar de las convicciones y realidades básicas que nuestra querida Suerte de varas reclama como insoslayables para la preservación y justificación ética y tradicional del rito taúrico.

Debemos estar de acuerdo en que la actual situación de la corrida está muy deteriorada por varias causas, y que no es la menos importante de ellas la falta de consideración y conocimiento que de nuestra querida Suerte de varas tienen y prestan los actores del toreo. Toros febles que no admiten, lo que debería ser un examen previo, un mínimo castigo necesario para el ahorme y adecuación de la embestida, porque se caen sólo con topar contra el peto. Toreros de nula responsabilidad que permiten la acción inadecuada de sus picadores (sigo creyendo que es por no saber para qué sirve la Suerte, más allá del reducir el poder de la res). Presidentes de festejos que toleran la ejecución casi letal que se produce cutio en encuentros violentos sin medida, arte, técnica e incluso sin sometimiento a la Ley taurina y su reglamento. Público que se deleita en los marronazos de los picadores, que no sabe dónde hay que picar, cuánto hay que picar y para qué sirve la suerte de picar…

Dada la pérdida de poder de los toros que actualmente se crían, y que están logrando los ganaderos que se someten a las órdenes del mundo del taurineo (apoderados, toreros, empresarios egoístas), la Suerte de varas parece que no tiene más salidas que la de cambiar suficientemente para adaptarse a los tiempos sin abjurar de sus fundamentos. Por ello parece conveniente considerar la propuesta de una nueva puya que evite el deterioro que provoca la actual, por la mala utilización de la misma, principalmente. Nos referimos a la puya piramidal de base cuadrada, que muestra bastantes ventajas sobre la de base triangular actual.

PUYA DE BASE PIRAMIDAL CUADRADA

Piconeros antañones nos hicieron notar cómo rehuían la colocación de la puya en el morrillo ya que ahí era más difícil clavar por la dureza de la piel. Esa circunstancia es una de las que inciden en la colocación del puyazo fuera de ese entorno natural en el que debería situarse siempre la acción del castigo a la res. El picador teme no «meter las cuerdas» y se va a una diana más generosa. Recordemos que el puyazo no debe aplicarse en la zona llamada de la cruz, ni, lógicamente, más atrás de ella, ya que el castigo afectaría a los músculos que regulan el movimiento del toro, produciendo molestias que impiden la armónica traslación de sus embestidas.

NEn nuestros anteriores trabajos sobre la Suerte de varas hemos desarrollado la teoría de que los argumentos a tener en cuenta para realizar una suerte artística no sólo se refieren a la colocación de la puya, sino que contemplan otros muchos puntos de importancia: cita, recibo, temple, largada, medición del castigo, etc. Ahora queremos dar nuestro parecer sobre la nueva puya que estudian el veterinario D. Julio Fernández y el torero D. Manuel Sales Garrido, porque creemos que es una opción que beneficiará a la actual Suerte de varas, y porque su aplicación no debería producir rechazo alguno entre los gremios de toreros y picadores. Bueno, de los toreros nos podemos esperar cualquier cosa, como las desafortunadas opiniones de Miguel Ángel Perera en las que otorgaba al matador la exclusividad en el cómo picar, dónde picar, cuánto picar; e incluso el no picar. El ejemplo, la opinión de un torero del montón, es trasladable a lo que piensan la mayoría de los matadores que lideran el escalafón, que se arrogan el derecho a determinar que la faena de muleta es la base del toreo actual y que lo demás sobra; un tercio solo, el de muerte, el que va preterido por unas interminables y anodinas faenas de muleta, la mayoría de ellas a toro muerto (sin poder alguno). Y no se dan cuenta de que esos muletazos, aunque a veces sean artísticos, largos y templados, no emocionan a la mayoría de los aficionados (o a muchos), que nos aburrimos viendo pasar a un semoviente animal, cuasi domesticado, que ha sido tratado con rigor (y a veces sin medida) en varas para evitar la necesaria lidia y permitir esos mil muletazos que denigran la génesis de la Corrida. Por cierto, el Sr. Perera es uno de los toreros que más prolonga las faenas; uno de los que más aburren a los aficionados que exigimos emoción, por lo menos.

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José María Moreno Bermejo es socio de «Los de José y Juan». Bibliófilo taurino, es actual Secretario de la Unión de Bibliófilos Taurinos de España y socio de las Uniones de México y Francia. Autor de diversos libros que van desde la actualidad, como las ediciones del Ayuntamiento de Madrid sobre las temporadas 1997 a 2007, ilustradas por César Palacios, a los estudios históricos como “La saga de los Merchante” o “Gallito III debuta en Madrid” sobre la presentación de Joselito de novillero, entre otras numerosas obras.

La sensibilidad sevillana despide a El Cid

Foto ABC

Artículo escrito por Andrés Amorós.

Hace exactamente cien años, el 28 de septiembre de 1919, los aficionados sevillanos pudieron acudir a dos festejos, cada uno con su alternativa: en la Monumental, Gallito era padrino de Juan Luis de la Rosa; en la Maestranza, Juan Belmonte doctoraba a Chicuelo. Para la historia queda el curioso caso de que don Gregorio Corrochano, en ABC, hizo la crónica de los dos festejos: «De la Monumental a la Maestranza y de la Maestranza a la Monumental». (La he leído en la recopilación que hizo Espasa-Calpe, «La Edad de Oro de la Tauromaquia»). Aprovechaba que el festejo de la Monumental comenzó a las cuatro y media, media hora antes que el otro; que el crítico disponía de un automóvil, puesto a su disposición por el poeta y ganadero Fernando Villalón; que Corrochano envió su crítica, por teléfono, a las dos de la mañana… y apareció en el ABC de la mañana siguiente. Igual que ahora. Al gran crítico le gustaron más los padrinos que los nuevos matadores: Juan Belmonte «parecía que era él quien tomaba la alternativa». Al día siguiente, en la misma Plaza de los Toros, cortó un rabo). Joselito parecía que toreaba «en el patio de su casa». Chicuelo, herido el día 29, se empeñó en torear el día 30 y cortó un rabo. Aunque se le recuerda como un artista, siempre se proclamó gallista…

Da gusto ver llena de público esta bellísima Plaza. Los toros de Victoriano del Río son nobles pero flojean y se apagan pronto. A pesar de su voluntad, Ponce se estrella y Manzanares no redondea faena. En su despedida de Sevilla, El Cid muestra su torería, recibe el cariño de la gente y corta una oreja: era su tarde, lo merecía. (…)

Se despide de Sevilla El Cid, un torero clásico, que merece todo el respeto y afecto de la afición. (Esta tarde o la de Madrid, donde tanto se le estima, debieran haber sido su despedida). Embiste el segundo con suavidad y las fuerzas justas, le permite trazar lances a cámara lenta. Saluda por un gran par LIpi, que reaparece, después de su percance. Brinda Manuel al público: sin probaturas, los primeros naturales ya hacen sonar la música: ¡esa mano izquierda de el Cid, que tantas tardes de gloria ha dado! En la tercera serie, el toro ya se acaba y lo que iba para gran faena queda a medias. La espada cae baja: petición . El quinto también flaquea pero se mueve con nobleza. La Banda toca desde el primer muletazo: ¡la sensibilidad de Sevilla! La faena es desigual pero con detalles de inspiración y torería, además de algunos naturales marca de la casa. Todo el cariño del público está empujándole. Acierta el diestro al agradecer su bonito gesto a la Banda. Esta vez la espada entra, trasera, y se sienta en el estribo, al lado de los pitones, para verlo caer: ¿quién se atrevería a negarle la oreja? Aunque toree todavía en Madrid y Zaragoza, esta tarde ha supuesto el feliz remate de su carrera. (…)

Como muchos toros actuales, los de esta tarde salen de los chiqueros como si ya estuvieran picados, permiten lances suaves de salida (algo, antes, impensable) pero duran muy poco. Es lo contrario de lo que debe ser: toros fuertes, bravos, que necesitan recibir castigo y ser dominados, antes de buscar la estética. Así esta la Fiesta actual. Aunque han mostrado su calidad, no saldrán contentos, esta tarde, ni Ponce ni Manzanares.

La sensibilidad sevillana despide como se merece a El Cid, un torero clásico, que ha realizado grandes faenas a toros muy serios. Cuando daba la vuelta al ruedo, al final, el corazón de esta Plaza de los Toros ha latido, unánime, con agradecimiento y cariño por su muy honrada trayectoria.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

PRESIDENCIA DE DON JOAQUÍN CASAS VIERNA: ENGRANDECIMIENTO DE LA PEÑA (PARTE 2)

En 1970 se registra un relevo generacional en la peña. Ingresan diez nuevos socios que cubren las bajas producidas. Algunos de estos socios procedían de la peña Juvenil «Los de Hoy”.

Este mismo año se celebra también el cincuentenario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina. La Peña en pleno asiste a un acto organizado en la Plaza de Toros de dicha localidad toledana por su Ayuntamiento.

En la asamblea del 6 de marzo de 1972 dimite de su cargo, por trasladarse a vivir a su casa de Sevilla, el vicepresidente Don José Maria Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí, al que sustituye Don Manuel Suja Yera.

El año de 1973 es otro año importante para esta peña. Se produce el ingreso de la primera mujer en “Los de José y Juan”. Se trata de Doña Beatriz Serrano Muñoz-Cobo, gran aficionada cordobesa.

La peña, además, cambia su domicilio social al Montepío Comercial e Industrial en la calle Cervantes, 5 y en la Asamblea anual se aprueban unos nuevos estatutos elaborados con intervención del estamento joven y presentados por el Presidente.

En la asamblea anual de 1974 se produce un importante acontecimiento para la peña: se nombra secretario a Don Pedro Chicharro, con lo que se produce la entrada de peñistas jóvenes en la Junta Directiva.

En 1975 se produce el tristísimo fallecimiento del torero de la Peña: Antonio Bienvenida. La peña en pleno acudió a su entierro y a todos los actos que se celebraron en su honor.

En 1976 se celebran las Bodas de Plata de la peña. Para su conmemoración se organizaron los siguientes actos:

Así mismo, para conmemorar esta fecha se decide otorgar unos premios durante la Feria de San Isidro.

El año 1977 registra el fallecimiento del primer presidente de la Peña D. Edmundo González Acebal. Otro año triste para “Los de José y Juan”.

El año del cincuentenario de la Plaza de Toros de Las Ventas se recuerda por la preciosa conferencia de Don Luis Fernández Salcedo desgranando aquella emocionante corrida inaugural.

En 1983, el 12 de mayo, por motivos de edad (noventa años), presenta su dimisión el Presidente Don Joaquín Casas Vierna, aunque continuará como Presidente honorífico hasta su fallecimiento a la edad de 102 años.

Fue D. Joaquín más que un Presidente, un padre para todos los socios, y más para los que entonces éramos jóvenes. Él nos apoyó, nos animó y ejerció de profesor de artes taurinas. Supo ser duro, cuando ello era necesario, para llevar adelante sus ideas. Fue un ejemplo de Presidente que hizo de la peña la obra de su vida, dándole tal vitalidad que la puso al frente de la afición taurina. Su figura será inolvidable para todos nosotros y, por supuesto, para todos los que tuvimos la suerte de conocerle.

En cuanto a su vida profesional, Don Joaquín fue ingeniero funcionario del Instituto Geográfico y Catastral, donde fue el autor de gran parte del Mapa Topográfico Nacional de España, lo que le permitió conocer en profundidad la geografía española.

Sevillano, gran amigo de Joselíto y de Belmonte fue, repito, nuestro padre en tauromaquia y su recuerdo será imborrable para todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.

Presidencia de Don Joaquín Casas Vierna: Engrandecimiento de la Peña (Parte 1)

El año 1955, primero del mandato de Don Joaquín, que durará hasta 1983, ¡nada menos que 28 años! trae a la peña un hecho importante para su vida futura. El día 27 de enero se produce un acontecimiento que dio a la Peña el espaldarazo necesario para ocupar un lugar preeminente dentro de la Fiesta Nacional. Fue el nombramiento de su vicepresidente: Don José Maria Gutiérrez Ballesteros, Conde de Colombí como Presidente de la Federación Nacional de Asociaciones Taurinas. Con este tandem al frente de la Peña y de los aficionados se alcanza, junto al cargo ocupado por el primer presidente D. Edmundo González Acebal de Presidente de la Federación local de las Asociaciones Taurinas de Madrid, al poco tiempo de su fundación, la Peña alcanza el liderato de la afición taurina nacional.

Propone Don Joaquín un lema para la Peña: «Que no se pierda el toro, que toreros los habrá mientras exista un español». La propuesta se aprueba por unanimidad.

Durante este año y el siguiente prepara Don Joaquín la ya necesaria salida de la Peña al foro taurino, dada la posición alcanzada entre la afición, que consistirá en la edición de numerosos libros, en este año de 1955 se inicia con «Los Detractores» de D. Adolfo Bollain, que detallamos en otro lugar de esta pagina, así como en la organización de un ciclo anual de conferencias.

Así, en el año 1958 se produce el primer ciclo de conferencias, con la asistencia de Juan Belmonte.

En el año 1959 se produce el 2º ciclo de conferencias y lo que fue un auténtico acontecimiento: la celebración del 5 al 20 de febrero de una exposición de recuerdos de José y Juan. A la inauguración, el día cinco, asistió Juan Belmonte.

Así mismo se publica el libro «Bombita y Machaquíto» escrito por el primer presidente de la Peña Don Edmundo González Acebal, de Ediciones Los de José y Juan.

Se publica el libro «Joselíto y Belmonte (la edad de oro del toreo)» escrito por Edmundo González Acebal, con un prólogo de Luis Fernández salcedo y epílogo de Adolfo Bollaín en Ediciones Los de José y Juan.

Se produce el cambio de domicilio social de la Peña al Círculo de la Unión Mercantil en Gran Vía, 24.

En 1962, las conferencias ya se celebran en la nueva sede de la Peña, con el siguiente elenco:

En este año se produce un acontecimiento trascendental para la Peña, el ocho de abril fallece Juan Belmonte. Se produce una gran consternación entre los peñistas y se realiza una velada necrológica:

En los años 1963, 1964, 1965 y 1966 se dan las ya habituales conferencias y en el año 1966 se inaugura, además, un pequeño museo de la Peña en su sede social del Circulo de la Unión Mercantil y se hace por la práctica totalidad de los miembros de la Peña una visita a Sevilla para rendir tributo a los dos Presidentes de Honor perpetuos.

En 1969, en la Asamblea General de peñistas del 3 de noviembre, se toma un acuerdo a propuesta del Presidente y en contra de la opinión de un grupo de consocios que, en principio, resulto traumático para la Peña, pero que a largo plazo supuso su supervivencia: la admisión de peñistas que no hubiesen visto torear a José ni a Juan, o sea dar paso a gente más joven dado que, por imperativos de edad, los que cumplían esa condición eran ya muy pocos. En palabras de Don Joaquín en una conferencia impartida en la Peña: «a principio del año 1970, fui el iniciador y más esforzado paladín del ingreso de la juventud en nuestra Peña, que nos costó la baja de ella de algunos antiguos consocios que no transigían con esa incorporación».

Un clásico en momentos de cambio

Por Andrés de Miguel, Presidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

Portada de Club Cocherito de Bilbao, Ed. agosto de 2019

Una feria necesita definir un toro con un trapío propio y, a ser posible, singular y acompañarla con una lista de toreros de carácter predecible. Bilbao cumple con ello y es, por lo tanto, un clásico.

La Comisión Taurina de la Junta Administrativa que dirige Javier Aresti, socio de “Los de José y Juan”, en este año de prórroga de su gestión y a la espera de un nuevo Pliego de condiciones que defina la organización futura, ha tirado de ese filón clásico que la define.

Paradójicamente la novedad parece Enrique Ponce, que fuera de los carteles de la temporada debido a su lesión de rodilla, reaparece para dos corridas en la plaza donde tan bien recibido se siente, que sería “el patio de su casa” según la expresión taurina clásica que le decían a Joselito El Gallo por la Monumental de Sevilla. Roca Rey que maneja la escoba silenciosa con la que amenaza a las acomodadas figuras con renovar el escalafón y Diego Urdiales, que juega en casa, en la plaza donde ha firmado tantas buenas faenas, son el reclamo de la feria, en la que la mezcla de ganaderías interesantes y comerciales o de figuras, y la presencia de los toreros más destacados esta temporada, siguen unas normas de respeto a la costumbre e interés sin estridencias, que definen lo que es propiamente un clásico.

Las ganaderías no se salen, por tanto, del guion. Las más cotizadas de las ganaderías Domecq para las figuras, Victorino y Miura con toreros especializados en la serie B para abrir y cerrar la feria, y Torrestrella y Fuente Ymbro en tierra de nadie, tanto de fechas como de toreros.

La cuestión es si es suficiente con mantener la tradición, en una temporada de renovación, como se ha visto en la taurina primavera que ha recorrido Sevilla y Madrid, o el peso de ser un clásico te aparta de los cambios, por otra parte tan necesarios, en el repetitivo mundo taurino.

Artículo en revista sobre la Peña Taurina «Los de José y Juan», por Andrés de Miguel, Presidente de la Peña.

La feria de Bilbao se acerca cuidadosamente a los cambios manteniendo sus conceptos, de ganaderías de primer nivel y toreros contrastados, dando tímida entrada a los valores emergentes. En la agitada coctelera actual de bombos necesarios y relevos imprescindibles, que abren a una nueva diversidad los carteles y sacuden la zona de confort de las figuras, Bilbao ha optado por mantenerse fiel a su tradición. Falta por saber si cuando los cambios están en marcha, es preferible adelantarse y sumarse a ellos, con el riesgo que conlleva, o esperar a que los nuevos tiempos te hagan los cambios y te puedas quedar atrás.

El futuro ya está aquí

Por Andrés de Miguel.

Un artículo escrito para la revista La Divisa del Club Taurino of London.

El CLUB TAURINO OF LONDON ha iniciado una nueva época de publicación de su veterana revista LA DIVISA, la publicación taurina de mayor difusión en inglés, y me ha invitado a participar en ella, lo que he hecho con sumo gusto, debido a mi larga y entrañable relación de más de 30 años con miembros del club, desde mi primer encuentro con Brian Harding en el Curso de Tauromaquia de la Universidad Complutense de Madrid en 1988. Publico a continuación el artículo en español y las fotos de la portada y del artículo publicado en inglés en la revista.

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ

Yo vi,
sí vi,
a la gente joven andar
oh sí,
yo vi,
con tal aire de seguridad
que yo,
sí yo,
en un momento comprendí
que el futuro ya está aquí.

Canción de Radio Futura

Portada del Nº 249, con el que inaugura una nueva época, de la revista LA DIVISA del CLUB TAURINO OF LONDON
Fotografía de Andrew Moore

Una visión tranquilizadora del mundo indica que la vida transcurre linealmente, que unos hechos son consecuencia de los anteriores y que el saber se va acumulando lentamente, produciendo cada vez mayores y mejores condiciones para el futuro.
La realidad sabemos que no es así, que la vida avanza a saltos y que nos resulta difícil prever el futuro, por mucho que conozcamos el presente.En el mundo de los toros, que es el que nos interesa aquí, la acumulación de conocimientos técnicos y expresivos lleva claramente estancada hace algunos años. Los mismos toreros realizan las mismas faenas desde hace muchos, demasiados años, sin que se aprecien novedades relevantes.

No estamos hablando sólo de las llamadas figuras, la trilogía Juli, Morante, Manzanares, con el patriarca Ponce y los añadidos de Perera y Castella, con la sombra del lejano José Tomás. También en el trono de los mediáticos liderados por El Fandi al que la incorporación de Padilla, tan respetable por muchos conceptos, no mejoraba su percepción. Incluso los destinados a las corridas duras se movían en un circuito donde la emoción la ponían más los toros que las faenas. Y los nuevos valores aportaban más la novedad que la diferencia. El intento de Fandiño de mover el tiesto, acabó con su ostracismo y su trágica muerte, y las maneras desgarradas de Ureña están en un compás de espera tras su desdichado accidente.

El artículo publicado en inglés con traducción de Joe Ortiz
y fotografías de Andrew Moore, socios del club.

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La temporada 2019, sin que podamos explicar el motivo, se ha desplegado como un brillante abanico de novedades sorprendentes, formas arrebatadoras, modos personalísimos, y de repente todo lo viejo parece destinado al baúl de los recuerdos y ni siquiera la anual reaparición de José Tomás, esta vez en Granada, tradicional bálsamo para la descorazonada afición, ha concitado tanto interés como el día a día de las ferias de Sevilla y Madrid, encadenadas sin solución de continuidad en una brillante primavera de cincuenta corridas consecutivas.

El relevo, el esperado relevo se ha materializado en un brillante Roca Rey, capaz de atraer a la taquilla a numeroso público desconfiado del rutinario día a día. Su rutilante figura está consiguiendo arrinconar a las figuras donde más les duele: en su cotización. Consciente de ser quien llena las plazas, pide más dinero que el que más y si la tarta no crece, lo que se lleva uno, lo pierde otro.

Los aficionados vamos, en gran parte a las corridas de toros en busca de la aparición fugaz de la belleza, y allí dio un aldabonazo en la feria de otoño madrileña, la gran faena de Diego Urdiales, un torero movido por la fe en su capacidad, que tras años de peregrinación por ruedos y despachos dejó escrita en Las Ventas una leyenda de sentimiento. Una faena de otoño que lejos de olvidarse en la nueva temporada le ha abierto la puerta de las ferias, largos años cerradas para él.

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Pero sin duda la gran revelación ha sido Pablo Aguado, un torero al que se seguía con cautela esperanzadora, a la vez que temerosa, en búsqueda de su revelación, hasta que la gracia se posó en él. Cafetero de Jandilla trajo en sus cuernos al ángel, que convierte el brutal enfrentamiento entre un hombre y un animal en un prodigio de belleza y plenitud.

Hay más, mucho más. Por primera vez en años brotan las buenas faenas. Por el palo del arte además del empaque clásico de Urdiales y el ángel derrochador de Aguado, apareció en Madrid el domingo de Resurrección, el duende de Juan Ortega, torero irregular y desgarrado que dará que hablar.

Emilio de Justo está intentando el difícil salto desde las corridas duras, encorsetadas en una especie de serie B del toreo, como las viejas películas de bajo presupuesto en blanco y negro de los años 50 y 60, a los carteles de ferias a base de un conocimiento, entrega y buenas maneras, curtidas durante años en el ostracismo de los toreros perdidos, pero no olvidados, y tantas veces rescatados, por la gestión de aficionados en las plazas toristas francesas.

Octavio Chacón parece sentirse a gusto en esas corridas interesantes para los aficionados, que lo son por la entrega sin cuento de los toreros, tras una larga travesía por las plazas perdidas del Perú y su rescate en las corridas de mucha leña y poca paga.

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Viejos toreros renovados como Ferrera que llenó de torería la tarde de Zalduendo, Ureña que demostró con su faena a Empanado de Victoriano del Río que está dispuesto a escalar a la cima pasando por encima de su pérdida del ojo, un valiente como Román con gran proyección popular, un exquisito como Curro Díaz, junto a una nómina de más de una veintena de toreros que se anuncian en las ferias abren las puertas a la esperanza del relevo, que se materializa en tres aspectos fundamentales.

  • Revalorización de las corridas interesantes y de los toreros que se enfrentan a ellas. La trilogía de albaserradas de Madrid marcó la importancia de la casta como el futuro del interés del toreo.
  • Mayores dosis de bravura con codicia, lo que han venido a llamar con carbón, en algunos toros de divisas tradicionales de las preferidas por las figuras, que les compromete en las ferias importantes.
  • Aparición de toreros que llevan a las plazas el interés renovado del público, sea por su valor y decisión o por estar en la veta buena del arte de torear, del lado del empaque, de la gracia o del duende.

Todo ello hace que la ecuación imposible de solucionar del aficionado a los toros, que disfruta con el toro duro, el torero frágil y el toreo puro, esté más cerca de proporcionar grandes tardes y memorables momentos de emoción e interés, que llevaban largo tiempo olvidados en manos de la rutinaria repetición de las ajadas figuras.

Alegrémonos porque el futuro ya llegó, el futuro ya está aquí.

Andrés de Miguel es sociólogo, crítico taurino y presidente de la peña “Los de José y Juan”.

Gonzalo Santonja recibe el Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez

Foto: ABC

El catedrático de Filología de la Universidad Complutense de Madrid y socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, Gonzalo Santonja, recibió este martes el XII Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez, que otorga ABC de Sevilla y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Santonja recibió el galardón, una obra del pintor Manuel Salinas, de manos de la presidenta editora de ABC, Catalina Luca de Tena, y del teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Santiago de León y Domecq.

También intervino en el acto, que contó con la asistencia de numerosas personalidades de la tauromaquia, la empresa, la cultura y la política, el director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra. Además, por primera vez en la historia de estos premios, la entrega del premio se realizó en el salón de carteles de la Real Maestranza.

Santonja se hizo acreedor de este galardón por una Tercera publicada en ABC el pasado 12 de junio de 2018 y que tituló «¿Cuándo hablamos de lo nuestro?». Con este gráfico encabezamiento el autor instaba al Gobierno de Pedro Sánchez, entonces recién nombrado tras la moción de censura, a hablar de los toros, en el convencimiento de que la tauromaquia no es una consecuencia de lacultura española, sino «un elemento constitutivo de ella».

En su discurso, en el que Gonzalo Santonja deslizó citas al poeta Pedro Garfias o al torero Manolete, defendió precisamente esta idea del toreo como «rasgo constitutivo de nuestra realidad histórica, porque tenemos la certeza de una Hispania taurina antes de que Fernando III, uniendo las coronas de Castilla y León en 1230, levantara los cimientos de España».

También recordó este catedrático, premiado con el Ortega y Gasset (1990) y el Nacional de Ensayo (1995), su condición de salmantino, de español y, «por español, taurino» y, debido a esa condición, añadió, «tengo el sueño de Andalucía», «la tierra y las gentes que hicieron y siguen haciendo inmenso el arte de los temblores del toreo».

Por ello, recordó algunas tardes de toros vividas en la Real Maestranza, donde disfrutó de los «momentos eternos» de una faena de El Viti, la «gloria» de El Niño de la Capea o una «ovación inacabable» a Julio Robles que «tengo grabada en el alma».

Finalmente, Gonzalo Santonja tuvo cariñosas palabras para todos los miembros del jurado que ha distinguido su artículo, así como para la presidenta editora de ABC «titular de una saga siempre a la cumbre del periodismo», para concluir con un «¡Viva España!».

Catalina Luca de Tena inició su intervención recordando a Manuel Ramírez, que da nombre a un premio para «honrar la memoria de unilustre periodista que dejó en nuestras páginas un sinfín de testimonios de su talento y de su amor a Sevilla».

«Secular compromiso»

Sobre el artículo premiado, la presidenta editora consideró que es «extraordinariamente oportuno» por su defensa de la Fiesta en unos momentos en que «la tauromaquia recibe tantos ataques, nacidos delsectarismo y de la ignorancia».

La presidenta editora de ABC destacó, además, el «lugar privilegiado» en el que se entregaba por primera vez el Manuel Ramírez, motivo por el quiso agradecer la «hospitalidad» de esta institución y su «secular compromiso con la Fiesta de los toros».

A esta alianza entre ABC y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla se refirió también Álvaro Ybarra, quien señaló que esta unión «asegura que se seguirá defendiendo y promoviendo el arte taurino y que este premio discurrirá por los terrenos de la excelencia, de lacalidad literaria y del compromiso con la Fiesta Nacional, tal y como le hubiera gustado a Manolo».

Santiago León y Domecq destacó sobre el artículo, que fue premiado por unanimidad del jurado, «la importancia del texto que presentó y que ha sido catalogado como “de antología”».

El jurado de esta edición estuvo formado por el catedrático y crítico taurino de ABC, Andrés Amorós; el torero Miguel Báez «Litri»; la profesora de Historia del Arte y presidenta de la Fundación de Estudios Taurinos, Fátima Halcón;Álvaro Ybarra y Santiago de León y Domecq, que actuó como presidente.

Anteriormente, recibieron este galardón Andrés CalamaroMario Vargas LlosaAntonio Burgos, Aquilino Duque,Antonio García Barbeito, Luis Nieto, Francis Wolff, Tristam Garel-Jones, Luis Carlos Peris, Esperanza Aguirre y, a título póstumo, el periodista de ABC de Sevilla Fernando Carrasco.

Gonzalo Santonja Gómez-Agero es catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense (2004), director de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Pertenece a Academia Norteamericana de la lengua Española (ANLE) y Academia Argentina de Letras, es Hijo Predilecto de Béjar (Salamanca), Honorary Fellow in Writing por la Universidad de Iowa (USA), Profesor Honorario de la Universidad Ricardo Palma (Lima, Perú), dirige desde 2010 el Foro Internacional de Filología de la Feria del Libro de Guadalajara (México) y, entre otras distinciones, es Premio Nacional de Literatura (Ensayo) y Premio Castilla y León de las Letras.