La plenitud de la forma toreando al vacío

El escultor Venancio Blanco.

Inspirado por la tauromaquia, como lo ha sido por su fe en Cristo, Venancio Blanco convierte su mirada en una pura meditación sobre los trazos esenciales de las formas movidas por este juego de vida y muerte. 

Descubriendo hace unos cuantos años en Sevilla la escultura de Belmonte, erguido en la plaza del Altozano, mi emoción me orientó para vislumbrar uno de los secretos del arte de Venancio Blanco: juega con el vacío, dentro del cual corre el aire, para acrecentar la densidad del bronce. Así, el toreo plasma en la arena sus dibujos perecederos, y así esculpe Venancio incorporando en su obra la ausencia de materia para vencer la fugacidad de la belleza.

En cada una de sus esculturas de tema taurino no falta ni la línea para subrayar la trayectoria de un gesto, la dinámica contradictoria del toreo, denso y airoso a la vez, o la potente embestida de un toro apunto de derribar al caballo (la suerte de varas es una de las figuras favoritas del artista), pero no hay necesidad de que las formas estén totalmente rellenadas o acabadas para que alcancen su plenitud.

Como en el toreo, sus creaciones son un combate contra la pesadez. De ahí, muchas de sus obras estos amplios intersticios, estos esbozos enérgicos y hasta rabiosos para expresar cómo se alarga un paseo o cómo se cierra de golpe un remate en el espacio, dejando al espectador maravillado y en suspenso.

En clave cristiana

Para Venancio Blanco, criado en su infancia a la sombra de las encinas y teniendo ante sus ojos las siluetas de las reses de Pérez Tabernero, la tauromaquia no es solo una de sus fuentes predilectas de inspiración. Es una metáfora de la vida que se puede leer al mismo tiempo en clave cristiana. Todos los que hemos tenido la gran suerte de gozar de su amistad y de recoger sus palabras lo sabemos por lo que nos ha enseñado.

El sacrificio del toro en la plaza nos conmueve y nos infunde respeto aún más si vemos en él una imagen del sacrificio de Cristo. La bravura con la que muere recuerda la belleza y la generosidad de la muerte del redentor, y así lo plasma Venancio en un dibujo y en una escultura, con un ramo de banderillas sobre su lomo, hervidas como cruces y bañadas de luz, por las cuales sube al cielo su alma victoriosamente. Por el contrario, un animal que mansea y escarba es como un Judas escurriéndose con alevosía de la Cena. Llega hasta la paradoja aparente de considerar que el toro indultado tiene que ser una imagen triste pues no se le ha permitido cumplir con su destino y ahora solo le espera una muerte ordinaria.

Inspirado por la tauromaquia, como lo ha sido por su fe en Cristo, Venancio Blanco convierte su mirada en una pura meditación sobre los trazos esenciales de las formas movidas por este juego de vida y muerte, entrelazadas hasta el final de ese mundo.

Torero con capote (1966) de Venancio Blanco.

Artículo escrito por François Zumbiehl para la Agenda Taurina 2020. Zumbiehl es socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Vicepresidente del Observatoire National des Cultures Taurines ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.

TROFEO PUERTA DE TOLEDO PARA GONZALO SANTONJA

Gonzalo Santonja, escritor, catedrático, crítico taurino y socio de «Los de José y Juan», no deja de recibir reconocimientos por su aportación a la tauromaquia. El último premio le ha sido concedido por la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, que preside Jorge Fajardo. Se trata del “TROFEO PUERTA DE TOLEDO (De carácter nacional) al Ilmo. Sr. Don Gonzalo Santonja Gómez-Agero, por la modélica labor de promoción de la Tauromaquia a través de la investigación y su gran obra literaria”.

A este premio se unen dos reconocimientos importantes recibidos por Santonja este mismo año: el de Las Ventas y el de la Maestranza de Sevilla.

También en México, más concretamente en Guadalajara, Gonzalo Santonja recibió un reconocimiento de la entidad taurina con más solera del Estado de Jalisco (Peña taurina “Mal de Montera”).

La Federación Taurina de la Comunidad de Madrid ha fallado, en su XVII edición, los siguientes premios:

TROFEO PUERTA DE ALCALÁ: Ilmo. Ayuntamiento de Navas del Rey, como municipio destacado en el fomento de la Tauromaquia en la Comunidad de Madrid.

TROFEO PUERTA DE TOLEDO (De carácter nacional): Ilmo. Sr. Don Gonzalo Santonja Gómez-Agero, por la modélica labor de promoción de la Tauromaquia a través de la investigación y su gran obra literaria.

TROFEO PUERTA DE SAN VICENTE: Banda Municipal de Música “Villa de Humanes” de Humanes de Madrid, por su gran y ejemplar labor en pro del fomento de la Tauromaquia a través de la música, coincidiendo con el XX Aniversario de su Fundación.

TROFEO PUERTA DE HIERRO: Don Roberto Gómez Chaves, profesional ejemplar de la comunicación, mostrando siempre una excelente disposición a colaborar con las asociaciones taurinas.

JOSELITO, EL TOREO

Artículo escrito por Andrés Amorós para la Agenda Taurina 2020.

No sólo ha sido el mejor de los toreros – que lo fue – sino que es la referencia permanente del clasicismo en el arte de la tauromaquia. 

En el deporte, hay clasificaciones, campeonatos, títulos. En arte, la valoración no puede ser objetiva: preferirán unos a Mozart y otros, a Beethoven; a Rembrandt o a Leonardo… Pero, si nos basamos en la opinión de los profesionales y de los aficionados más expertos, hay algo que me parece indudable: algunos artistas se identifican tanto con un arte que acaban encarnando su esencia. Por eso, en lenguaje coloquial, pero sin temor a equivocarnos, decimos que Cervantes es la novela; Shakespeare, el teatro; Bach, la música; Velázquez, la pintura; John Ford, el cine. (Añado yo: Di Stéfano, el fútbol).

En ese mismo sentido, Joselito el Gallo no sólo ha sido el mejor de los toreros – que lo fue – sino que es la referencia permanente del clasicismo, en el arte de la Tauromaquia.

Un criterio muy claro me lo confirma. Así lo creían, sin duda alguna, todos los profesionales o grandes aficionados que lo conocieron y con los que yo he podido hablar: Marcial Lalanda, Gregorio Corrochano, Alfredito Corrochano, Camará, los Dominguín, el padre de Pepe Luis y Manolo Vázquez, mi abuelo. (No hace falta añadir el testimonio de Ignacio Sánchez Mejías, para quien era, literalmente, su dios).

Es perfectamente lógico, en cambio, que prefirieran a  Belmonte los escritores y artistas, menos conocedores de la técnica y más sensibles a la estética: Pérez de Ayala, Valle-Inclán… Obviamente, Juan tenía más “percha literaria” (Bergamín). Por eso pudo escribir su precioso libro Chaves Nogales (que era un gran escritor, pero no un gran entendido en toros).

En cambio, José no inspiró una biografía novelada sino el más completo tratado de técnica taurina que yo conozco, el de Gregorio Corrochano, “¿Qué es torear? Introducción a la Tauromaquia de Joselito”.

Cuenta Corrochano cómo se reveló, todavía niño, en un tentadero de Miura: “Salió del burladero Joselito, que entonces no era más que el hermanillo de Rafael y, sin vacilar, se fue con la mano izquierda: la becerra le achuchaba mucho, se defendía y apenas se dejaba torear. Rafael le dijo: ‘José, ¿no ves que achucha por el izquierdo? Toréala por la derecha’. ‘¿Con la derecha? – exclamó, extrañado, José-. Anda, toréala tú’. Y dio la muleta a su hermano. Salió Rafael con la muleta en la mano derecha y, al dar el primer pase, se le coló y lo derribó. José riéndose, le hizo el quite. ‘¿Por qué habías visto que no se podía torear con la mano derecha?’, le preguntaron. ‘Pues porque, desde que salió, hizo cosas de estar toreada. No pueden haberla toreado más que en el herradero y, como los muchachos que torean al herrar las becerritas lo hacen con la derecha, comprendí que, al achuchar por el lado izquierdo, por el derecho no se podía ni tocar. Y ya han visto ustedes’. Entonces se cayó en la cuenta de que, efectivamente, la habían toreado los muchachos, en el herradero”.

Luego, don Eduardo Miura sentenció: “Parece que lo ha parido una vaca”. Esa misma precocidad, en su arte, la tuvieron genios como Mozart o Picasso. 

Gracias a la amabilidad de un lector, Francisco Martín Negral, pude localizar un dato anterior, en el semanario “Sol y Sombra” de noviembre de 1899. El periodista Victoriano de la Feria visita la casa de los Gallo, en Gelves, para hacer una entrevista a Rafael, que tiene 17 años y acaba de presentarse como novillero, en Sevilla. Al final, añade un párrafo sobre el hermano pequeño:

“Tuve ocasión de admirar al menor de los hermanos, que cuenta cuatro años de edad, ejecutando, con una destreza impropia, varias suertes del toreo, sirviéndose de un pañuelo. Los hermanos intentaron traer una becerrita para que prácticamente viéramos cómo no se arredraba el infante ante ella. No pudieron encontrar cerca del pueblo ninguna, pero uno de los hermanos avisó al pequeño, diciéndole que ya estaba encerrada la becerra. A medio vestir, José salió corriendo en dirección a la placita, en busca de la becerra, demostrando seguidamente su enojo, al verse contrariado”.

Queda claro que torear una becerra formaba parte de lo habitual, para aquel niño de cuatro años.

Resume Corrochano: “Cuando no torea, piensa en el toro y habla de toros. No sabe hablar de otra cosa ni sabe ser otra cosa que torero”.

Y Marcial Lalanda, mi inolvidable amigo: “Toda su vida, José vivió dedicado íntegramente al toro. Fue ese gran ídolo que, en cualquier disciplina del saber, aparece felizmente, a veces, en el justo momento en que se le precisa”.

Por eso, está muy claro: Joselito, el toreo.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

CENTENARIO GALLITO

Artículo publicado por Andrés de Miguel en su blog «Adiós Madrid».

El jueves 28 se presentó la Agenda Taurina 2020 en la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, con la presencia de la Presidenta de la Comunidad y la Consejera de Presidencia entre otras autoridades.

Esta edición está dedicada al Rey emérito de España, Juan Carlos I y a José Gómez Ortega, “Gallito” en los carteles y Joselito en la prensa y la vida de su época, el “rey de los toreros”, en conmemoración del centenario de su muerte en Talavera de la Reina. También está dedicada a Olivenza, San Clemente y a numerosos protagonistas de la fiesta.

Andrés Amorós, glosó la figura de Joselito, a quien se le dedican cinco artículos en la Agenda y yo hice la presentación de la iniciativa del CENTENARIO GALLITO, con la que se pretende conmemorar al torero, organizador, reformador e impulsor de la tauromaquia del siglo XX que la ha permitido llegar a nuestros días.

RAZONES DE UNA CONMEMORACIÓN ¡VIVA GALLITO! 

Cien años hace de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina, en los cuernos del toro Bailaor. Es conveniente y necesario recordarlo, pero al plantearnos la conmemoración, la primera pregunta que se nos ocurre indaga en los motivos. ¿Por qué conmemorar el centenario de esa muerte tan lejana, de un torero tan distinto a los que conocemos, protagonista de una fiesta que ha cambiado tanto, hasta ser prácticamente irreconocible en las películas de la época, con respecto a los modelos actuales? ¿No hay motivos y momentos más felices para recordar?

Lo celebramos, lo recordamos, precisamente porque no es tan distinto a lo que ahora vemos. Si somos capaces de rascar sobre la superficie de las viejas películas en blanco y negro, de velocidades increíbles y con suertes de escaso reposo, veremos el toreo actual en todo su esplendor, despojado de la calma actual y marcado por una viveza de reacciones que en estos momentos es sorprendente y necesaria.

La vida, la trayectoria taurina, el significado histórico está analizado en esta agenda por grandes y competentes aficionados, y yo me voy a referir a la importancia de su figura para el toreo de hoy. Joselito significa la innovación, la ilusión, el clasicismo, la difusión de la tauromaquia en la sociedad y también la entrega a su profesión, la superación de su arte, la organización del espectáculo y todo ello sin eludir el riesgo que fatalmente se haría realidad en la plaza de Talavera de la Reina.

Vivimos momentos de cambio en la sociedad. Nuevas formas de vivir, de entender las relaciones sociales y personales, nuevos desafíos y nuevas diversiones. La tauromaquia se ha reinventado en numerosas ocasiones y no otra es la necesidad actual, y allí es donde el ejemplo de Joselito es pertinente. La innovación es necesaria en todas las actividades y más aún en una actividad en la que el espectáculo es un componente esencial. La innovación que plantea Joselito en su vida taurina es completar y definir el corpus clásico del toreo. Todo clasicismo tiene su barroco y ese barroco tiene el germen de su rococó y allí estamos ahora. Innovar es plantear el clasicismo en la situación actual, no es volver a los saltos y quiebros, ni quedarse en la previsibilidad de la nobleza estéril, del toro seleccionado para evitar la agresividad.

Repetimos hasta la saciedad que la sociedad tiene nuevas formas de relacionarse y divertirse, numerosas opciones de ocio, pero a veces olvidamos que muchas de esas opciones se han tenido que reinventar sobre sus antiguos espectáculos y no está de más recordar la evolución de la inserción social del fútbol o los cambios en los hábitos de ver cine. Otros son nuevos debidos a la irrupción de la tecnología digital y han tenido que sobrevivir entre una numerosa competencia. Joselito  entendió los cambios de su época y propició los nuevos recintos donde acudir a ver las corridas de toros, además de entroncar con los gustos de la época en la nueva selección de la bravura.

La corrida de toros es una mezcla, confusa si se quiere, de espectáculo y por tanto negocio, rito pagano y por consiguiente expuesto a la denuncia de herejías, y cultura y por ello sometido a los vaivenes del gusto. El núcleo fundamental por lo que ha sido denostado a veces y ensalzado la mayoría del tiempo es por su capacidad de forjar la imagen del héroe. En un vaivén clásico socialmente, se ha pasado, en unos pocos años, de ensalzar al torero como héroe que crea su arte en un espectáculo en el que no está ausente el riesgo físico del protagonista, a estigmatizar a la corrida de toros y sus seguidores.

Precisamente Joselito, “Gallito” si se quiere, es ese ejemplo acabado que unificó en su figura la representación de los distintos vectores que inciden y conforman la corrida de toros. Entendió el espectáculo que necesita crear repetidamente un acontecimiento a hora fija, para lo que influyó en la selección del ganado, amplió la base social de los espectadores con la creación de las plazas monumentales, apoyó la difusión de las corridas de toros con los nuevos medios visuales, apoyando decididamente la grabación cinematográfica de las mismas. En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales.

Esta difusión estaba basada en el respeto del riesgo que da fuerza a la imagen del héroe. La gloria que acompaña al héroe está basada en la asunción del riesgo. El riesgo no se tiene que materializar necesariamente, pero tanto hace un siglo, cuando recordemos no existían los antibióticos, ni la medicina tenía el actual conocimiento y cualquier herida podía ser mortal con la aparición de la infección, como actualmente, cuando hemos tenido ejemplos recientes en los que el peligro del toro se ha materializado llevándose por delante la vida del torero, la importancia determinante del papel del torero es representar al héroe que arriesga su vida de manera gratuita para crear una emoción estética para los aficionados y un espectáculo para los asistentes ocasionales.

Al mismo tiempo que actualmente se detecta un aumento de la edad media de los asistentes a las corridas de toros, se está produciendo una incorporación de jóvenes de las generaciones actuales que pueden significar un relevo para la envejecida afición y que resultan atraídos por un espectáculo que a primera vista es arcaico y, por tanto, sincero, y que resulta ser radicalmente moderno, en tanto que el artista creador se compromete con su arte hasta el punto de arriesgar su vida en su creación.

Este es, sin duda, el motivo por el que debemos conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito” en la plaza de Talavera de la Reina, porque fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo.

No hay mejor epitafio que el que le dedicó Gregorio Corrochano, el gran cronista de la edad de toro de la tauromaquia: “¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo le mató un toro”, para definir el compromiso de un espectáculo que tiene su hueco en esta sociedad multiforme, en la que, no nos dejemos engañar por las apariencias, hay un lugar preferente para quienes se comprometen con su esfuerzo, en mostrar una de las maneras en la que la cultura hace uso de la fuerza desatada de la naturaleza para crear belleza.

Por eso es pertinente conmemorar el centenario de la muerte de Joselito.

Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

El sector taurino debe reaccionar antes de que sea tarde

Por Andrés Amorós.

El acuerdo de Gobierno del PSOE y Podemos supone un riesgo gravísimo para la Fiesta. Basta con leer el punto tercero de su acuerdo. El epígrafe «Cambio climático» (¿qué tendrá que ver eso con los toros?) concluye propugnando la «garantía de un trato digno a los animales». La frase es vaga pero la intención, evidente. (En la foto de los muñidores del pacto, junto a personalidades como Irene Montero y Adriana Lastra, figura el fundador de Equo, Juantxo López de Uralde).

Es fácil prever cuáles serán los pasos sucesivos: 1/ Difundir que la Fiesta es vieja, casposa, cruel y antidemocrática. 2/ Autorizar y favorecer cualquier manifestación antitaurina. 3/ Suprimir la información taurina en TVE. 4/ Impedir que muchos Ayuntamientos incluyan en su calendario de fiestas espectáculos taurinos. 5/ Promulgar normas autonómicas que impidan el acceso a las Plazas de los menores. 6/ Promover referéndums locales sobre la prohibición de los toros. 7/ Exigir que las corridas sean «a la portuguesa», sin sangre. 8/ Una vez lograda la disminución de espectadores, como pasó en Barcelona, prohibir los espectáculos taurinos.

¿Lograrán todo esto? Será más fácil si le toca a Podemos el Ministerio de Cultura, convertido en Ministerio de Propaganda. La Ley que protege la Fiesta como patrimonio cultural puede ser derogada, igual que cualquier otra: no cabe duda de que Podemos lo intentará y tendrá que retratarse el PSOE, que defiende la Fiesta en Andalucía pero se pone de perfil, en otros lugares. Dependerá también de la reacción social que toda esta maniobra genere. Si el sector taurino elige esperar antes de hacer nada, cuando quiera hacerlo, ya será tarde.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

EL PREMIO ADOLFO BOLLAÍN 2019 PARA LOS DOCTORES VAL-CARRERES Y GARCÍA PADRÓS.

Máximo García Padrós en una foto de ABC

Por Luis Madero López.

La Asamblea de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, celebrada el pasado 28 de octubre, acordó otorgar el XXXV Premio Adolfo Bollaín al “Acontecimiento taurino más relevante de la temporada 2019” a los doctores Carlos Val-Carreres y Máximo García Padrós por su extraordinaria dedicación y capacidad profesional desplegada a lo largo de muchos años. Pocas veces un premio taurino ha premiado tan justamente a dos trayectorias como son las de estos dos máximos expertos en cirugía taurina.

Ambos pueden ser considerados como cirujanos taurinos de” dinastía”. En efecto, el Dr. Carlos Val-Carreres es cirujano de la Plaza de toros de Zaragoza desde 1980, pero ya su padre y abuelo fueron cirujanos de la misma y, afortunadamente, su hija Pilar, ha seguido la tradición familiar y ya forma parte del equipo médico de esta Plaza. Por su parte, el Dr. Máximo García Padrós comenzó su andadura en la cirugía taurina junto a su padre, Máximo García de la Torre, en el año 1972 y ya en el año 1985 fue nombrado cirujano jefe de la Plaza de toros de Madrid y, también en su caso, su hijo Máximo García Leirado se ha incorporado recientemente al equipo médico de las Ventas.

En ambos es común que su conocimiento, esfuerzo y dedicación para atender todo tipo de percances, haya salvado la vida a multitud de toreros.

Así desde que el Dr. García Padrós es cirujano jefe de la plaza de las Ventas, muchos han sido los toreros que han salvado su vida gracias a su atención. Entre los más graves, destacamos a Julián González de Mata (mayo 1975), Curro Vázquez (junio 1983), Lucio Sandín (marzo 1990), Fernando Cruz (agosto 2012), David Mora (mayo 2014) y, en este último año, Román (mayo 2019) y Gonzalo Caballero (octubre de 2019).

De la misma forma, el Dr. Carlos Val-Carreres ha tratado también a innumerables toreros y algunos de extrema gravedad como Ortega Cano (Octubre 1987), Juan Ramos (octubre 1989), Juan José Padilla (octubre de 2011) y, muy recientemente, Mariano de la Villa (octubre 2019).

Tanto uno como otro también comparten que, aunque los avances realizados en la cirugía taurina son importantes, aún son muchos los logros por conseguir. Entre ellos, la necesidad de potenciar la formación en cirugía taurina mediante una especialización reglada y oficial, probablemente auspiciada por la Sociedad Española de cirugía taurina. También se hace imprescindible recalcar la necesidad de que los toreros se responsabilicen en el tratamiento médico que reciben, colaborando mediante la financiación de cursos y proyectos.

Por último, no quisiera acabar estas líneas sin manifestar mi respeto y admiración por estos dos compañeros que son un magnífico ejemplo de la cirugía taurina.

El premio se entregará en un acto en la próxima primavera.

Luis Madero López, socio de la Peña Taurina “los de José y Juan”, es Catedrático y Jefe de Servicio de Oncología Pediátrica en el Hospital Niño Jesús y la Universidad Autónoma de Madrid.

Académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de España, autor de más de 400 publicaciones internacionales, profesor visitante en más de cinco Universidades extranjeras, director de más de 40 tesis doctorales en universidades españolas. Es conferenciante taurino y aficionado práctico.

Doctor Val-Carreres en una foto de El Heraldo

LOS CABALES HOMENAJEA A JOSÉ VICENTE SINISTERRA

La Peña Los Cabales de Madrid rindió homenaje este miércoles a José Vicente Sinisterra Gago, catedrático y socio de la peña taurina «Los de José y Juan», con motivo de la publicación de sus tres últimos libros: “Cagancho, el torero de los ojos verdes”, “Joselito, el torero triste” y “El mundo de Rafael Gómez Ortega El Gallo”.

Junto al presidente de Los Cabales, Juan Sáenz de Retana, y distintos miembros de su directiva, no faltaron al almuerzo los aficionados Eduardo Altarriba y Rafael Roca, amigos de Sinisterra y miembros de la Asociación de Abonados y Aficionados de Valencia -ASABAF-, entidad a la que pertenece el homenajeado. Asimismo, también hubo representación de amigos y consocios de «Los de José y Juan».

José-Vicente Sinisterra Gago, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es catedrático de Química Orgánica y Farmacéutica de la UCM. Profesor invitado en diversas Universidades extranjeras. Ha sido director del Servicio de Biotransformaciones Industriales del Parque Científico de Madrid. Es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos y de ABASAF.