Los toros, vulnerables e insostenibles, ante un futuro lleno de interrogantes

El pasado 5 de julio el crítico taurino del diario EL PAÍS, Antonio Lorca, publicó en su blog “El toro, por los cuernos” una recopilación de las reflexiones de cinco significativos aficionados, acerca del a situación actual de la tauromaquia y su próximo futuro.

Uno de esos aficionados era el socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, François Zumbiehl.

Publicamos, a continuación, el extracto de sus reflexiones, junto al artículo completo que se publicó en la edición digital del diario.

La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto los males de los que sufre la fiesta de los toros, pero permite también vislumbrar las vías de su salvación.

Los males: es un espectáculo casi insostenible en su economía actual, encorsetado en su organización y en su desarrollo, con pocas posibilidades de hacer surgir nuevos talentos. Es además desfasado con respecto al sentir de buena parte de la sociedad, ignorado cuando no criticado por la gran mayoría de los medios de comunicación, y desgraciadamente un blanco cómodo para las controversias y los estereotipos de las luchas políticas.

El remedio económico parece fácil de enunciar si no de aplicar: adecuarse urgentemente en este campo a las realidades de la sociedad afectada por la crisis, reduciendo en lo posible los gastos administrativos y profesionales, protegiendo sin embargo tres prioridades demasiado sacrificadas hasta el momento: la ganadería brava, materia prima de la fiesta, las novilladas, garantes de su futuro, y las corridas de los pueblos, base de la afición y de la convivencia festiva.

Para el resto sólo cabe cumplir con las dos exigencias estipuladas por la convención de la UNESCO para asegurar la supervivencia de un patrimonio cultural inmaterial: la transmisión y la evolución. La transmisión se dirige a los jóvenes y a la opinión pública; hay que explicar con una campaña de comunicación a gran escala, y por supuesto con actividades educativas, el significado antropológico de la tauromaquia, sus valores culturales, la riqueza ecológica y el bienestar que supone para los animales bravos las condiciones de su cría en la dehesa.

En cuanto a la evolución hay que pensar en agilizar el espectáculo, eliminando tiempos muertos, convertirlo en algo menos previsible, recuperar el equilibrio entre los tres tercios, revisando por completo la suerte de varas, y también el equilibrio entre el arte y la lidia. Sin renunciar a lo fundamental, la muerte del toro en la plaza jugándose la vida el matador, conviene reducir, reformando los útiles, la sangre innecesaria y la prolongación de la agonía del animal después de la estocada.

A raíz de la crisis el pueblo aficionado ha despertado de su pasividad o de su “sueño dogmático”. Ojalá siga en su vigilia para exigir ser consultado sobre el futuro de la fiesta, sobre la organización de los festejos, y ojalá su voz se haga escuchar claramente por parte de los políticos para que respeten su libertad cultural y no le impongan ninguna censura, incluso amparándose en una supuesta ley de mayoría.

François Zumbiehl. Socio de la peña taurina «Los de José y Juan».

A continuación, reproducimos el artículo escrito por Antonio Lorca.

La fiesta de los toros atraviesa una crisis sin precedentes derivada de tres factores: la pandemia, sus males internos y los continuos ataques de las corrientes animalistas. Pero el futuro deja entrever un hilo de esperanza basado en una vuelta a la emoción, la reducción de costes y un plan de comunicación dirigido, fundamentalmente, a captar a los más jóvenes.

Esta podría ser una conclusión a vuelapluma de las reflexiones urgentes de cinco reconocidos aficionados -una mujer y cuatro hombres, dos de ellos ‘militantes’ franceses- que se han sentado en torno a una mesa virtual para hablar sobre el presente y el porvenir de la tauromaquia del siglo XXI a raíz de los estragos producidos por el covid-19.

Fátima Halcón, presidenta de la Fundación de Estudios Taurinos y profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, es la única que cita la palabra ‘pesimismo’ al hablar de la fiesta.

François Zumbiehl, catedrático de Lenguas Clásicas y doctor en Antropología Cultural, inicia categórico la conversación: “Es un espectáculo casi insostenible en su economía actual”.

Francis Wolf, catedrático emérito de Filosofía, afirma que la parálisis actual es “una catástrofe económica para la cría del toro bravo y el futuro de los jóvenes toreros”.

El pesimismo y la esperanza coexisten junto a una inevitable reconversión

Jesús Hijosa, alcalde de Villaseca de la Sagra, constata que se trata de “una crisis mundial que afecta a todos los sectores económicos”.

Y José Luis García-Palacios, presidente de la Caja Rural de Sur, asegura que la realidad “es compleja, muy compleja”, pero se atreve a hablar de optimismo.

A los cinco se les pidió un diagnóstico sobre el presente y un avance imaginativo sobre el futuro. Este es el resumen de sus análisis.

El representante de la entidad financiera andaluza, una de las pocas empresas que apuesta abiertamente por la fiesta, califica como ‘curiosa y peculiar” la gestión institucional del sector taurino. “Jamás he encontrado rastros de cohesión y consenso entre los integrantes de este mundo tan extraordinario”, afirma. “A los toreros, elementos tan virales como investidos de un carácter mítico algo anacrónico, les ha faltado empatía con quien los mantiene: la afición”. Y prosigue: “En mi modesta opinión, las organizaciones ganaderas han sido más un club o gestora administrativa que entes reivindicativos, y siempre primó más lo superficial/estético que lo eficiente o profesional. Y la afición, nunca se ordenó debidamente”. En resumen, “no es exagerado decir que la situación actual es exclusivamente responsabilidad de quienes componemos el sector, nada más”.

Por su parte, François Zumbiehl, uno de los más finos analistas taurinos de la actualidad, considera que el sector “está encorsetado en su organización y en su desarrollo, con pocas posibilidades para que surjan nuevos talentos. Está, además, desfasado con respecto al sentir de buena parte de la sociedad, ignorado, cuando no criticado, por la gran mayoría de los medios de comunicación, y, desgraciadamente, un blanco cómodo para las controversias y los estereotipos de las luchas políticas”.

Su compatriota Francis Wolf, un muy reconocido intelectual francés, comprometido con la fiesta de los toros, comenta que “este desastre se produjo en la cima de dos crisis: la primera, sistémica, como es la inevitable propagación de la ideología animalista; y otra, la creciente politización de la fiesta en España, que coloca a la afición a un lado único del tablero político, lo que contribuye a mantenerla alejada de la parte más progresista de la juventud urbana”. A pesar de ello, prosigue, “no hay crisis artística del toreo; celebré el año pasado mis cincuenta años como aficionado y viví la temporada más brillante e interesante de mi vida”.

Uno de los impulsores más activos de la tauromaquia actual, Jesús Hijosa, alcalde de Villaseca de la Sagra, lo tiene muy claro: “El problema”, dice, “es que la debilidad de tantos años de abandono y la falta de financiación externa del espectáculo han hecho que las consecuencias en el sector sean más graves. El covid-19 ha puesto sobre la mesa la endeblez de un mundo en el que se ha trabajado poco”.

Fátima Halcón, entusiasta aficionada y cabeza visible de la Fundación de Estudios Taurinos, una de las instituciones culturales más sobresalientes, no puede evitar un rictus de desánimo.

“Soy pesimista respecto a la situación actual de la fiesta de toros”, afirma sin tapujos. “La sociedad contemporánea rechaza cualquier tipo de manifestación cruenta con animales, y no está preparada para entender el sacrificio de un toro en la plaza. Por desgracia, esa idea ha calado entre la clase política, que ve con recelo ese tipo de fiesta y se niega a concederle ayudas. La consecuencia directa es la eliminación de corridas en fiestas populares, la ausencia informativa en los medios de comunicación y la manifestación pública de ese rechazo”.

Puestas las cartas del presente sobre la mesa, se abre el debate sobre lo que se vislumbra en el horizonte. Fátima Halcón lo adjetiva como “complicado”, y lo explica así: “La juventud está siendo educada en el rechazo a la fiesta. En consecuencia, los aficionados deberíamos hacer campaña en favor de la fiesta sin ningún tipo de complejo. A los políticos de cualquier signo hay que explicarles la importancia, arraigo y tradición de la fiesta dentro de la cultura mediterránea. Sería interesante que empresarios, ganaderos y toreros ajustaran los precios para que la juventud pudiese asistir a las corridas, y, por supuesto, que la fiesta de toros tuviese presencia en los medios de comunicación (sobre todo, en la televisión)”.

Francis Wolf está convencido de que “hay que cambiar la imagen del toro y del aficionado”. “Hay que colocar la emoción en primer plano”, añade, “en

la presentación de los toros y en la vigencia de los tres tercios: una emoción hecha de admiración, de miedo y de respeto frente a la naturaleza salvaje”. Cree, asimismo, que el aficionado “debe asumir una imagen moderna, urbana, progresista y, sobre todo, ecologista. Nada se opone más a la ideología animalista que la ideología ecologista”.

Jesús Hijosa apuesta por “reestructurar la fiesta por completo y adecuarla a los tiempos actuales”. Aclara que no se refiere a celebrar festejos sin muerte o eliminar el tercio de varas. “Hablo de suspender un sistema de cotizaciones y financiación que son más propios de otro tiempo y comenzar de cero, adecuando los costes a la realidad de la taquilla”. “Solo así se podrá bajar el precio de las entradas e invertir en la proyección internacional del toreo”.

Coincide con esta opinión François Zumbiehl, y aporta dos nuevos conceptos: transmisión y evolución, “que son las dos exigencias estipuladas por la convención de la UNESCO para asegurar la supervivencia de un patrimonio cultural inmaterial”. “La primera -una gran campaña de comunicación- estaría dirigida a los jóvenes y a la opinión pública para explicar los valores de la tauromaquia, su riqueza ecológica y el bienestar que supone para los animales bravos las condiciones de su cría en la dehesa”. “La evolución”, concluye, “consistiría en agilizar el espectáculo, eliminar los tiempos muertos, y convertirlo en algo menos previsible”.

“Me esfuerzo cada día en un ejercicio de optimismo”, afirma José Luis García-Palacios. A su juicio, el futuro hay que trabajarlo, “y estimo que se está haciendo con alta nota”, añade.

“Jamás en la historia de la tauromaquia hemos contado con una Fundación (del Toro de Lidia) con razones científicas y medioambientales irrefutables; nunca hemos podido constatar como ahora la importancia social y económica del sector. Sin embargo, no parece que los aficionados estemos dispuestos a fijar nuestras posiciones con el sector; incluso aquellos que podrían ser “influencers” se tientan la ropa ante el violentísimo acoso de los populistas y extremistas animalistas antitaurinos”. “Son tiempos de valientes, de unión y resistencia, en los que el respeto, el valor y la inteligencia son nuestros mejores argumentos”, termina.

Joselito en las montañas

Artículo escrito por Juan Salazar.

Casona de Tudanca

Seguir los rastros de Joselito por España, es una tarea apasionante ya que numerosos lugares dejan constancia de su presencia o de su obra.

Uno de estos casos se encuentra en las montañas perdidas de Cantabria.

Tudanca, a 87 kilómetros de Santander, es un enclave incomparable; desde la capital cántabra tardaremos una hora y media en llegar, lo que da idea de lo tortuoso del camino. La carretera serpentea y ofrece unas vistas magníficas de los valles; tras atravesar Puentenansa y conducir entre montañas, nos encontramos, a la izquierda, con la desviación a Tudanca, encajonada en el fondo del valle, a los pies del macizo montañoso de los Picos de Europa, que se yergue infranqueable.

Tudanca es de sobra conocido por ser el lugar en el que se desarrolla la obra de José María de Pereda “Peñas Arriba”, magnífica novela escrita en 1894 por un autor que no tuvo el reconocimiento merecido. Cuando pienso en “Peñas Arriba”, no puedo dejar de recordar el dramático momento que debió vivir José María Pereda al final de la redacción, en su casa de Polanco. El caso es que cuando estaba escribiéndola, escuchó un estruendo en la casa, en el piso superior; su hijo había decidido poner fin a sus días con una pistola. Pereda se sumió en una profunda depresión y dejó la novela inconclusa durante un tiempo, hasta que acopió las necesarias fuerzas para finalizarla. En el manuscrito original, conservado en la propia Casona de Tudanca, hay una cruz roja, cuya explicación se encuentra en la primera edición de la obra:

“Hacia el último tercio del borrador de este libro, hay una cruz y una fecha entre dos palabras de una cuartilla. Para la ordinaria curiosidad de los hombres, no tendrían aquellos rojos signos gran importancia; y, sin embargo, Dios y yo sabemos que en el mezquino espacio que llenan, cabe el abismo que separa mi presente de mi pasado; Dios sabe también a costa de qué esfuerzos de voluntad se salvaron sus orillas para buscar en las serenas y apacibles regiones del arte, un refugio más contra las tempestades del espíritu acongojado; por qué de qué modo se ha terminado este libro que, quizás, no debió de pasar de aquella triste fecha ni de aquella roja cruz”.

La obra habla de “Tablanca”, nombre con el que se refiere a Tudanca y su protagonista es la Casona que allí se ubica. El inmueble ocupa un espacio central en la población. Fue levantada por Pascual Fernández de Linares un perulero, es decir un indiano de aquellos tiempos que, habiendo hecho fortuna en el Perú, decidió volver a la tierra patria en 1750, con el privilegio de hidalguía. Por lo que parece, avisó a sus parientes de su regreso, los cuales, desconociendo los caudales que portaba el indiano, no se tomaron la molestia de acercarse a la costa a recibirle. Solo acudió una sobrina, Rosa García de Miranda. Dos años más tarde, por aquello de hacerse notar, el indiano erigió esta casona. El hombre, que había llegado ya mayor, al fallecer sin descendencia, legó la Casona a su sobrina, aquella que le había ido a recibir. La heredera estaba casada con el mayorazgo de la familia de la Cuesta, de la población cercana de La Lastra, de la cual procedía el propio don Pascual.

A lo largo de estos siglos la familia de La Cuesta ha mantenido la posesión de la Casona, hasta que doña Dolores de la Cuesta, la abuela paterna de José María de Cossío se la legó en su testamento en 1923.

Fachada posterior de la Casona

La Casona es en la actualidad un museo, biblioteca y centro de investigación y se mantiene como “vivienda”, lo que permite recrear la vida en tiempos del indiano perulero y de Cossío. La madera de los suelos, la austeridad de los cuartos y la sensación de estar en un hogar, más que en un museo, resulta muy sorprendente.

El autor de “Los Toros” tuvo una gran amistad con José Gómez Ortega Joselito, como acredita la Virgen dolorosa vestida con un capote de paseo verde, donado por el torero, que se encuentra en la capilla que recibe a los visitantes a la entrada.

En uno de los expositores también está el «kilométrico», es decir, el pasaje de tren que permitía los desplazamientos de José y su cuadrilla; documento de fecha 7 de mayo de 1920, entre sus componentes aparece el mismo Cossío, prueba clara de que acompañaba al de Gelves de forma habitual, en sus viajes. El susodicho billete sólo pudo ser usado por José los días 7 y 16 de mayo.

También en su archivo se custodia la documentación contenida en catorce carpetas que Cossío recibió en 1962 de Lola, hermana de Joselito y viuda de Sánchez Mejías con los programas y recortes de prensa de las actuaciones de Gallito.

Otros cuadros y carteles taurinos adornan los pasillos y estancias.

Cossío pasaba largas temporadas en este lugar, desde principios de mayo hasta finales de octubre, fecha en que regresaba a Madrid. Aquí acogió a Unamuno, Concepción Arenal, Giner de los Ríos, Gerardo Diego, Gregorio Marañón…

En la visita, al pasear por las calles empedradas de Tudanca, comprendí perfectamente lo que Miguel de Unamuno escribió sobre este lugar:

Hay una civilidad, hay una civilización en estos lugares cuya paz empieza a molestar el sordo estrépito del automóvil, que recorre la cinta blanca de la carretera que va ciñendo las faldas de las montañas…Y se ve lo que es esta civilidad cuando se tiene la fortuna, como yo la tuve, de asistir al sorteo de las brañas del prado del Concejo, del prado comunal, solemne acto de comunión civil.

He tratado de localizar la presencia de Joselito en ese lugar, pero no he sido capaz de encontrar rastro que lo verifique. Gallito toreó diecinueve tardes en Santander, todos los años desde 1913 hasta 1919, salvo en 1914 (posiblemente debido a la cornada de la plaza del Sport, que le mantuvo retirado del 5 de julio al 13 de agosto). ¿Se acercaría alguna vez a este lugar? No me extrañaría que Cossío le pudiera convencer para ver su paraíso, pero, por otro lado, en plena temporada taurina Joselito no tenía mucho tiempo para otra actividad distinta de los toros.

No obstante, aunque la visita me resultó fascinante, la sorpresa final no pudo ser mejor; el caso es que a la salida de la casa-museo coincidí con un caballero con el que entablé conversación, resultando ser un descendiente de Cossío, pero no un descendiente cualquiera, sino un hijo de la niña a la que tuvieron que operar de urgencia el 16 de mayo de 1920 y que obligó a un desplazamiento a Cossío hasta Valladolid, motivo por el cual no pudo estar presente la tarde de Talavera.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es socio de «Los de José y Juan», miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

Tudanca

El Ministerio de Cultura y Deporte responde a «Los de José y Juan»

El Ministro de Cultura D. José Manuel Rodriguez Uribes

El Ministerio de Cultura y Deporte, a través del Secretario General de Cultura, D. Javier García Fernández, ha tenido la deferencia de responder a la carta abierta que nuestra Peña le dirigió al Sr. Ministro, D. José Manuel Rodríguez Uribes, el pasado 1 de junio.

En esa cara, le reclamábamos la adopción de medidas para preservar el presente y futuro de nuestra Tauromaquia y le mostrábamos nuestro firme rechazo a lo cabía interpretar como una actitud de dejación por parte del Gobierno respecto de sus responsabilidades en este ámbito.

Es obligado agradecer que el Ministerio haya contestado con tanta amabilidad y prontitud a nuestra humilde Peña, y queremos interpretarlo como prueba de que se interesan realmente por este problema.

Es también obligado reconocer que resulta tranquilizador que, en su carta, el Sr. García Fernández declare que “la Tauromaquia no es patrimonio de ninguna ideología”, que “forma parte del patrimonio cultural inmaterial de este país”, que “debe ser protegida por todos los poderes públicos” y que “así lo va a seguir haciendo” ese Ministerio.

Obviamente, estamos plenamente de acuerdo con todo ello.

Recuerda asimismo en su carta que algunas medidas que está reclamando actualmente el sector taurino son competencia de los Gobiernos autonómicos; y otras, de competencia compartida entre el Estado y las Comunidades Autónomas.

Por supuesto, somos conscientes de ello, pero también consideramos rechazable que, sobre la base de tales observaciones, se pudiera interpretar que tales circunstancias minimizan o eliminan la responsabilidad que tiene el Gobierno al respecto.

Es cierto que muchas competencias en muy diversos ámbitos—cultura, pero también educación, sanidad, etc.—están transferidas en nuestro país a las Comunidades Autónomas. Sin embargo, aunque ello hace que estas sean responsables de ejercerlas, no por ello disminuye la responsabilidad que el Gobierno ha de asumir en la adecuada vertebración de esa realidad autonómica y en la garantía de que su resultado sea coherente, consistente y en beneficio de todos los ciudadanos.

Así pues, la transferencia de competencias a las Comunidades Autónomas no asigna al Gobierno de la nación una responsabilidad menor, sino incluso mayor, en el ejercicio de sus funciones; y así ocurre en el caso de la Tauromaquia.

En realidad, esto lo reconoce el propio Secretario General de Cultura en su carta, pues en ella señala muy acertadamente que la Tauromaquia, como antes hemos recogido, “debe ser protegida por todos los poderes públicos”. Por todos; es decir, por el poder central, por el autonómico y por el municipal. Y que lo sea por todos es algo que, en última instancia, solo puede asegurar el Gobierno.

En otro orden de cosas, el Sr. García Fernández menciona también su carta de manera positiva los contactos que está teniendo su Ministerio con la Fundación del Toro de Lidia para trabajar en la solución de los problemas que la crisis actual está generando en el sector taurino; un trabajo que, según señala, se está haciendo sobre la base del dossier de medidas extraordinarias que esa Fundación le ha presentado con el aval de más de 600 asociaciones el propio sector.

Creemos que en esta loable actitud de diálogo con el sector—que, en todo caso, conviene advertirlo, no ha dado aún lugar a resultados prácticos de auténtico calado—no se debiera soslayar que la adopción de iniciativas no ya para superar la crisis, sino para dar el indispensable impulso a nuestra Tauromaquia, ha de hacerse teniendo en cuenta muy cuidadosamente los intereses, expectativas y opiniones de los aficionados, que son quienes realmente la sostienen.

Bien está que se tengan en cuenta las legítimas necesidades económicas de profesionales y empresarios en esta difícil situación, pero es también necesario que se ponga un foco especial en los intereses, no menos legítimos, de los millones de ciudadanos españoles que desean poder acudir de nuevo y cuanto antes a los espectáculos taurinos; y que, por encima de todo, reclaman medidas y reformas que preserven el presente y futuro de la Tauromaquia en las condiciones que son exigibles.

Ciertamente, son empresarios y profesionales quienes hacen posible la celebración de los espectáculos taurinos, pero son los aficionados quienes les dan auténtico sentido social, económico y cultural.

Por ello, sería inaceptable que no se tuvieran en cuenta los intereses y expectativas de estos, con la intensidad que el caso requiere, y que no se implementaran las fórmulas necesarias para que su voz sea oída y tomada en consideración.

Peña Taurina “Los de José y Juan”

El análisis de Andrés Amorós: el toreo no existe para el Gobierno

Artículo escrito por Andrés Amorós.

Un ataque radical a la Tauromaquia de Pablo Iglesias ha indignado a aficionados y profesionales taurinos. Ya había dicho cosas parecidas pero esta vez ha sido en el Senado y como vicepresidente del Gobierno. A la vez, los toreros denuncian la discriminación del Gobierno al denegarles las prestaciones por desempleo, concedidas a otros artistas. Una vez más, les han tomado el pelo de una manera lamentable, abusando de su buena fe.

1. Ni nombrarlos

Al presentar las ayudas a los artistas, el ministro de Cultura ni siquiera mencionó la Tauromaquia. No fue un lapsus oral sino algo deliberado: en el Real Decreto tampoco aparece esa palabra. ¿Cabe mayor desprecio? Se trata a los profesionales taurinos como a apestados o leprosos, en su lazareto, que no merecen ni siquiera ser mencionados: es lógico que el funcionario que recibe su solicitud la deniegue. Para el Ministerio de Cultura, los toros no existen.

2. Las causas

El Gobierno trata así a los toreros por varias causas: 1/ Porque no tiene dinero suficiente. 2/ Porque, preso en su supuesto «progresismo», no quiere nada con la Fiesta. 3/ Porque teme las reacciones de los antitaurinos. 4/ Porque no quiere disgustar a su vicepresidente segundo.

3. ¿Tiene arreglo?

¡Por supuesto! Igual que tantas medidas anunciadas por el Gobierno y, luego, corregidas. La ambigüedad del Decreto lo permite perfectamente. Lo que hace falta es querer hacerlo. ¿Por qué lo harían? Solamente si se produce una reacción social fuerte. Ya lo hemos visto: bastaron las declaraciones de Juan Echanove y Lluís Pasqual para que el ministro de Cultura se apresurara a recibir a los actores. Se han equivocado los profesionales taurinos, confiando en las buenas palabras y creyendo que era mejor callarse, esperando que les concedieran alguna ayuda. Lo único que moverá al Gobierno es una movilización amplia de todo el mundo taurino, profesionales y aficionados, advirtiendo que, si tratan así a la Fiesta, ninguno volverá a votar al PSOE: esto sí lo entenderían. Por este camino comienza a ir, tímidamente, el comunicado de la Unión de Toreros: «Quizá haya llegado el momento de posicionarnos frente a quienes nos niegan el derecho a existir».

4. Al fondo, Pablo Iglesias

Aclaran este conflicto las frases de Pablo Iglesias sobre la Fiesta, en el Senado: «Me incomoda enormemente que se reivindiquen las corridas como una práctica cultural». Y propone un referéndum sobre su pervivencia. Le ha dado ya cumplida respuesta Victorino Martín, desde la Fundación del Toro de Lidia. Su conclusión es indiscutible: «La cultura no es cómoda, la cultura es libre». ¡Qué triste tener que recordarle esto a un vicepresidente del Gobierno! Él está obligado a conocer que, por ley, la Tauromaquia forma parte de nuestro patrimonio cultural y que las autoridades están obligadas a defenderla y promoverla.

Tan cultos, por lo menos, como es Pablo Iglesias –y, alguno de ellos, tan comunista como él–, fueron algunos apasionados de los toros como Rafael Alberti, Miguel Hernández, Goya, Picasso, Hemingway, Orson Welles, Francis Bacon, Tierno Galván… Supongo que recuerda Iglesias una famosa frase de Federico García Lorca: «Es la Fiesta más culta que hay hoy en el mundo». Quizá él opine que Lorca era un inculto y un facha…

Pablo Iglesias tiene derecho a que le incomode enormemente el hecho indiscutible de que la Tauromaquia forma parte de la cultura popular de nuestro pueblo. A algunos españoles, aficionados o no a los toros, les incomoda enormemente que alguien como él sea vicepresidente del Gobierno de España.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

EL HERMANO POCO AFORTUNADO

Monumento a Joselito en Gelves

Artículo escrito por Juan Salazar.

Al llegar a Gelves, en el centro de la población nos encontramos con un conjunto escultórico notable, obra de Collaut Valera, en el que contemplamos a un Joselito altivo y victorioso delante de un toro que cae herido de muerte.

Tomamos el camino de ascenso, hacia la Iglesia de Santa María de Gracia, que se encuentra en la parte más alta del pueblo. Según parece su construcción fue posible gracias al aporte de 2.000 ducados que el primer Conde de Gelves, don Jorge Alberto de Portugal, destinó en 1539, siguiendo indicaciones de su esposa. Fue el año en que nuestra querida emperatriz, Isabel de Portugal, fallecía, sumiendo al rey-emperador Carlos en una profunda melancolía.

Con posterioridad, la iglesia ha sufrido diversas restauraciones que no le restan encanto a esta joya de estilo barroco con planta de cruz latina.

De todas formas, con todos los respetos hacia el templo y las obras de arte que en él se custodian, no es el retablo, ni las esculturas de San Joaquín y Santa Ana, ni los frescos, ni los lienzos lo que llamó nuestra atención, no. Al fondo, en la capilla bautismal se ubica la pila en la que el presbítero Manuel de la Paz Daza, el 15 de mayo de 1895 cristianó el que, con el tiempo, sería el más grande de los toreros: José Gómez Ortega, “Joselito” o “Gallito”.

  • “Yo, con esta agua te bautizo con el nombre de José Miguel Isidro del Sagrado Corazón de Jesús, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

La pila sigue allí y su simple existencia amerita una visita.

Su nacimiento se había producido  una semana antes, el día 8, en la Huerta del Algarrobo, una casa humilde en la vecina calle de la Fuente, 2, a doscientos metros del citado templo. El inmueble pertenecía, y lo sigue haciendo, al ducado de Alba, de cuyos huertos se encargaba de gestionar don Fernando. En una de sus habitaciones la “señá” Gabriela, había dado a luz al último de sus vástagos, último por orden de venida al mundo, que en lo demás siempre fue el primero.

La imagen que tenemos todos los aficionados en la retina de ese lugar es la escena en la que  podemos ver a Joselito, un niño de dos años que apenas había aprendido a andar, perfilándose ante un joven de aproximadamente 12 años que simula la acometida de una res. Un señor adulto lo observa, y, sin ninguna duda, da sus consejos tanto al torero como a “la res”, que según dicen eso de hacer de toro es casi más complicado que hacerlo de torero.

“A ver como te perfilas niño, la mano que mata es la izquierda, que debe ir muy bajita, el estoque a la altura del pecho…. Y tú Fernando, ya sabes…”

La fotografía nos describe con exactitud lo que debía ser un día normal en la Huerta del Algarrobo.

Iglesia de Santa María de Gracia

Por lo que se puede intuir, la placa se tomaría hacia 1897; al padre, Fernando El Gallo, que tendría entonces 49 años, le quedaban apenas unos meses de vida. ¿Dónde estaría Rafael, el tercer hermano? Posiblemente andaría por la placita, como recogen las imágenes que Don Pío incluyó en su libro “El Torero Artista”, de 1911.

Por esas fechas el patriarca le comentó a su mujer, refiriéndose a Rafael:

“Gabriela, ya me muero tranquilo porque te dejo un torero que mientras pueda tener un capote de seda en la mano no os faltará que comer”.

De esta fotografía quien más curiosidad me ha generado ha sido el joven que hace las labores de burel. Fernando vino a ser el hermano desfavorecido de la casa. De José y de Rafael se sabe prácticamente todo y se han escrito numerosas páginas recordando lo que aportaron a la Fiesta. De Fernando, no, del segundo hermano se conoce muy poco. A diferencia de su padre y hermanos, no es recordado por su maestría con los capotes, muletas, garapullos y estoques. Ya desde los inicios se intuía que su trayectoria no sería exitosa.

Hacia 1898 mató su primer becerro, con catorce años, en Camas, y por esa época se enfrentó a una becerrada en la plaza de Madrid, coso que nunca pisaría como matador. Toreó varias novilladas, alternando esta labor con la de banderillero en la cuadrilla de su hermano Rafael.

El gran cronista, Manuel Serrano García-Vao , que firmaba como “Dulzuras” por sus anteriores tareas de confitero, calificado de “bondadoso y virtuoso”, y que adquirió popularidad por sus escritos en diferentes periódicos y revistas como “El Toreo Cómico”, “El Enano” y “ABC”, en el anuario 1904, en el apartado “novilleros”, describió la actuación de “Gallito Chico” de la siguiente forma:

“Gallito Chico posee en alto grado la prudencia de familia, que tan mal está en la gente joven. Torea muy bien y mata muy mal. Ha toreado algunas novilladas con mediano éxito y si no hace más que lo que en el año éste ha hecho, no pasará su nombre a la historia entre los buenos”.

Detalle de la pila bautismal

Malos augurios para Fernando, Gallito Chico en las crónicas.

En el anuario del año siguiente, en el que más novilladas toreó, sin llegar a la veintena, se incluía el comentario:

“Lo mismo que su hermano: muy buen torero, muy elegante figura con capote y muleta; pero completamente nulo a la hora de entrar a matar. Por lo visto no hay madera de matadores en la familia Gómez, y este Fernando, como su hermano Rafael, no ganará para el alcanfor que necesitarán sus vestidos, que tendrán que apolillarse porque no se lucirán en los redondeles”.

“No se quejará de las empresas, pues excepto en Madrid, no ha habido Plaza de alguna importancia que no le haya dado ocasiones para que muestre sus hechuras y arrestos. Si no ha de hacer más que lo hecho en las 12 a 16 corridas toreadas, más le valdría ser buen peón de una cuadrilla, porque al paso que lleva la familia van a tirar por el suelo un apodo que recogieron de un sitio muy alto”.

“¡Ojalá y todavía sacudan la pereza y sean los Gallos lo que fué su padre hace veinticinco años!”.

Y por si fuera poco, en el anuario de 1906 las cosas quedaban claras:

“Mientras no deseche del todo esa prudencia que tan en aumento ha ido al ser transmitida de sus ascendientes, no hará sino ensuciar el buen nombre que en el toreo ha tenido la familia”.

“Para ser matador hay que matar, y en caso contrario no pensar en estoque y muleta sino para reverenciarlos como recuerdos sagrados de papá. Nada adelanta con ser buen torero si luego con el pincho se convierte en martirizador de toros. Muchos buenos banderilleros hay por esas cuadrillas que se han convencido de que no les llama Dios por otro camino, y a pesar de ello son mucho mejores toreros que otros de los que se hacen millonarios como espadas”.

“Fernandito Gómez torea muy bien, pero es un matador menos que mediano”.

En el invierno de 1908 Fernando acompañó a su hermano Rafael a la campaña mejicana, tomando la alternativa el 14 de febrero de 1909 de manos de este, actuando Gaona como  testigo. Nunca llegaría a confirmarla en España.

Desde 1911 actuó como banderillero, en los primeros años, en la cuadrilla de Rafael, y con posterioridad, también en la de José.

Las enfermedades, su prematura obesidad y su falta de decisión y voluntad impidieron una carrera taurina en el escalafón de los matadores.

Fernando «El Gallo» con sus hijos Fernando y José en la placita de la Huerta del Algarrobo

La tarde de Talavera, tuvo el triste honor de acompañar al “rey de los toreros”. Una de las últimas frases que pronunció José fue la dirigida a su hermano Fernando cuando, delante de Bailaor, le dijo:

“Fernando tápate que el toro está peligroso…”

En 1921 Fernando llegó a actuar en la cuadrilla de su hermano Rafael pero el 23 de noviembre de ese año, en Sevilla, falleció a consecuencia de un síncope que sufrió mientras tomaba un café. Las reseñas en la prensa fueron casi inexistentes por esta triste pérdida.

No obstante, fue un perfecto conocedor del torero, las reses y las suertes. Se le describe como el gran teórico de esta familia y así lo recordaba su sobrino Rafael Ortega, hijo de Enrique Ortega El Cuco y Gabriela, la hermana de José, en su delicioso libro “Mi paso por el toreo”:

Joselito le escuchaba siempre y era del único que admitía consejo o una opinión. Había veces que cuando se acababa la corrida entraba Fernando en la habitación de su hermano y le decía:

– Oye José, hoy te has equivocado.

Y Joselito discutía:

– No, no, ¿por qué?

Fernando se explicaba y le daba razones que él creía convenientes, y José, muy callado, le escuchaba atento. Cuando salía Fernando de la habitación se quedaba Gallito mirando a mi padre (se refiere a Enrique Ortega “El Cuco”) y le decía:

– Este es el mejor aficionado de la historia del toreo. Tenía razón, yo me había equivocado.

Además, según parece, muchas de las suertes “inventadas” por Rafael fueron creación de Fernando.

Por otro lado, Fernando tiene el honor de haber pasado a la historia por el pasodoble que le compuso el maestro Santiago Lope en 1905. Como es de todos conocido, el pasodoble “Gallito”, joya musical que se interpreta en numerosas plazas, no fue compuesto para su padre ni ninguno de sus dos hermanos, sino concebido para él.

Su gestación tuvo lugar en 1905 en Valencia; con idea de animar a la concurrencia para la Corrida de la Asociación de la Prensa, se solicitó a Santiago Lope Gonzalo que compusiera cuatro pasodobles en honor de cada uno de los novilleros que actuarían. Aceptó el maestro el encargo y así Fernando Gómez Gallito Chico, Agustín Dauder Borrás, Miguel Pérez Gómez Vito y Ángel González Mazón Angelillo, tuvieron su pasodoble interpretados en ese festejo del 29 de junio con un lleno en los tendidos. Tanto éxito alcanzaron ese día que unas jornadas después fueron repetidos en un concierto que a tal efecto se celebró en La Glorieta de la ciudad.

Santiago Lope Gonzalo era entonces Director de la recién creada Banda Municipal de Valencia, y muy querido por el pueblo valenciano, a pesar de haber nacido lejos, en Ezcaray (La Rioja), 33 años antes del estreno de sus cuatro famosas piezas. Poco tiempo pudo disfrutar el maestro de la popularidad de estas obras ya que un año después fallecería de una dolencia estomacal en Burjassot, lugar al que había acudido para curarse de unos problemas estomacales.

Sus piezas tuvieron gran éxito, y se siguen escuchando en la actualidad en numerosas plazas, si bien no fue especialmente dichoso a la hora de proporcionar suerte a los destinatarios, ya que ninguno alcanzó éxito en los ruedos.

Siguiendo al citado “Dulzuras”, en el año siguiente al del estreno de los pasodobles, en su anuario, comentaba lo siguiente sobre Dauder:

“No sé qué les pasa a los toreros valencianos que casi todos quedan reducidos a no salir de su país, aunque tengan condiciones para ser más aplaudidos que otros que corren en triunfo todas las Plazas de España. Sabe Agustín Dauder torear y es muy valiente matando; pero no sé si será por su carácter o serán otras las causas que determinan el que no salga de la Plaza valenciana, y si de allí sale algo es tan poco que no llega a noticias de nadie.

No llegó nunca a tomar la alternativa. Tampoco resultó mejor parado Angelillo en los comentarios:

“Poco menos que si se lo hubiera tragado la tierra. Apenas si en 1906 se ha hablado una palabra del torero aquel que el año anterior vino precedido de una fama casi ridícula, pues entre otras cosas se afirmaba que para cada vestido de luces que se hacía tenía que hacerse cuatro chalecos, porque se los destrozaba con los pitones al pasar de muleta. Este muchacho, que es buen banderillero, quizás por su afán de hacerse espada haya perdido una carrera que pudo ser lucida. Si persiste en ser matador tiene que hacer mucho mas, pues de lo contrario muy pronto caerá para que su nombre quede completamente ignorado”.

Angelillo logró sus mayores éxitos con los rehiletes, figurando en alguna cuadrilla de reputados diestros como Bienvenida.

Sobre Vito, las cosas que decía Dulzuras no fueron más lisonjeras:

“Todo el que llora es porque tiene vergüenza, y Manuel Pérez, Vito, cuando tuvo el fracaso en Madrid al principio de temporada, no se atrevió a que le vieran por las calles y se pasó encerrado en la fonda, llorando todo el tiempo que le dejaban libre las horas que dedicaba a torear. Con esa condición y un poco de voluntad puede llegar a todas partes si en ello tiene empeño. Fui de los que le aconsejaron que volviera a las banderillas, porque para lucirse en ellas tiene condiciones sobradas; pero toda vez que se empeña en ser matador no tiene que hacer otra cosa sino poner toda su fuerza al servicio del logro de su deseo”.

Vito, lo mismo que Fernando, llegó a tomar la alternativa en Méjico, en 1904, pero renunció a ella al volver a España. Tras un intento como novillero, decidió abandonar el estoque y hacerse banderillero.

Por cierto, de este compositor y director musical se cuenta una leyenda que no me resisto a narrar por lo romántica de la misma; parece que durante años, mientras se celebraban festejos en el coso valenciano, si uno se acercaba al nicho donde se encontraban sus restos y retiraba el cristal que protegía la sepultura, y tenía el dudoso gusto de pegar la oreja al mármol, se podrían escuchar débilmente los sones del famoso pasodoble “Gallito”.

Vida poco afortunada la de Fernando, por ello prefiero quedarme con la imagen suya en la placita de la Huerta del Algarrobo a punto de hacer sus primeros pinitos como becerrista. 

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

«A mí no me engañan»: conmemoramos a Gallito sin negar a Belmonte

José y Juan. Foto: archivo histórico fotográfico de «Los de José y Juan»

Andrés de Miguel, presidente de «Los de José y Juan», responde al artículo de Santi Ortiz publicado en El Mundo, bajo el título: «Hablar de Belmonte en el año de Gallito: contra el revisionismo gallista«.

*Artículo publicado en el diario El Mundo.

Existe una especie de cainismo taurino que suele consistir en hacer bandera de la oposición a lo mayoritariamente aceptado. Esta oposición minoritaria, cuando no singular, goza de cierta aceptación, pues la corrida de toros contiene en su desarrollo momentos susceptibles de diversas interpretaciones y habitualmente, la oposición individual goza del prestigio de la autoproclamada sagacidad de aquél que ha sabido ver lo que la masa ha pasado por alto.

Trucos, artimañas y ratimagos supuestos, permanecen ocultos para la mayoría ígnara y son desvelados por estos opositores singulares y su escuálida claque.

Esta actitud tan común en la plaza, tiene traslación también en ambientes menos festivos y más intelectuales, y cuando numerosos aficionados están conmemorando el centenario de la muerte de Joselito en Talavera, haciendo una recensión de sus aportaciones y trascendencia, no podía faltar una nota discordante que afirma que tanta conmemoración empequeñece la figura y la aportación de Juan Belmonte.

Flaco favor haría a la tan maltrecha tauromaquia, conmemorar a Gallito para desmerecer a Belmonte. Parecido disparate a colocar en un pedestal inmarcesible a Belmonte y sus aportaciones al toreo, y arrinconar a Joselito a un rincón polvoriento y olvidado de la historia.

La llamada Edad de Oro del toreo, en feliz expresión de Gregorio Corrochano, que se inicia con la alternativa de Joselito en Sevilla el 28 de septiembre de 1912 y acaba con su muerte en Talavera el 16 de mayo de 1920, fue tal Edad de Oro porque contó con la presencia en los ruedos de dos grandes toreros, Joselito y Belmonte, que aportaron dos conceptos diferentes y fundamentales.

Joselito es el torero que encarna la evolución del toreo, el torero lógico, el que hace faenas a todos los toros y encarna la perfección, la belleza, lo apolíneo. Juan es el torero que sorprende, innovador, el torero mágico, que encarna lo incomprensible, lo inefable, el exceso, lo dionisíaco.

«Mucho es lo que habremos ganado para la ciencia estética cuando hayamos llegado no sólo a la intelección lógica, sino a la seguridad inmediata de la intuición de que el desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco» dejó escrito Niezstche.

La Peña Taurina «Los de José y Juan» que defiende el legado de los dos grandes toreros que forman el tronco del toreo clásico, hemos considerado oportuno dedicar nuestro LXIII Ciclo de conferencias de este año 2020 a conmemorar la figura y el legado de Joselito en el centenario de su muerte en Talavera de la Reina, en lo que hemos coincidido con numerosos aficionados que han colaborado en su difusión y en la realización de otras importantes iniciativas, como la creación de un logo conmemorativo por el artista francés Jerome Pradet, la dedicatoria de la Agenda Taurina 2020 y las actividades realizadas por el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra o las que estaban previstas por la Diputación de Valencia y los Ayuntamientos de Talavera de la Reina y Alcázar de San Juan o las de la Peña Antoñete en Madrid, el Club Cocherito de Bilbao, el Club Taurino de Pamplona, los actos previstos por la Hermandad de la Macarena en Sevilla que culminaran a final de año con la erección, por fin, de una estatua en su Sevilla, y muchas otras que como tantas cosas en nuestro país, se han quedado en el aire por el maldito coronavirus.

No entendemos que eso signifique un desdoro, ni para la figura ni para la aportación relevante y fundamental de Belmonte, que tiene su lugar de honor en la tauromaquia, que «Los de José y Juan» defendemos ardientemente desde nuestra fundación en 1951, a cuya reunión fundacional asistió Juan Belmonte y cuyo acto primero fue la colocación de una placa en recuerdo de Gallito en su casa de la calle Arrieta de Madrid.

Celebremos pues, este año del centenario, la figura de Joselito, que a ningún aficionado debería incomodar. Utilicemos la imagen de Gallito para difundir la tauromaquia en la sociedad. Remarquemos las aportaciones que han dejado su impronta en la corrida de toros y han contribuido a engrandecerla durante más de cien años, que a mi juicio y al de muchos otros, son la labor de un hombre joven, torero de dinastía, que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación adecuados para difundirla.

No aprovechemos una tan interesante y digna conmemoración, para aparecer como el solitario espectador del tendido, que mientras todos aplauden, mueve su dedo índice negando a la mayoría, con el rictus de la cara que quiere decir: «A mí no me engañan»

Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

UNA TARDE FELIZ DE JOSELITO

Artículo escrito por Juan Salazar.

SAN FERNANDO DE HENARES (MADRID)

Una buena mañana, el periodista José María Carretero “El Caballero Audaz”, acompañado de Ramón Peña, recogían en un Rolls-Royce a Joselito. El destino era el Soto de la Aldovea, lugar próximo a Madrid, ubicado en San Fernando de Henares, a unos 26 kilómetros de la Puerta del Sol.

La Aldovea era una finca propiedad del Duque de Tovar donde se organizaban numerosos saraos sociales, así como festivales taurinos y tentaderos en la placita de toros anexa.

El Caballero Audaz, nacido en Montilla, fue un escritor y gran entrevistador, con una presencia física destacada ya que medía un metro noventa en unos años en los que la altura media era muy inferior. Además de habilidoso espadachín, cualidad ciertamente útil para los duelos que antaño tenían lugar, frecuentó el género de la novela erótica, ámbito en el que alcanzó cierta popularidad.

El otro acompañante, Ramón Peña, fue un renombrado actor cómico, elegante y correcto, que, según afirmaba el propio Carretero, parecía más un sportman que un cómico.

Durante el trayecto El Caballero Audaz aprovechó para realizar una de las mejores entrevistas que se hicieron a Joselito, posiblemente por lo relajado de la situación y por las habilidades del entrevistador.

La conversación aparece en la obra “El libro de los toreros (de Joselito a Manolete)” y abordó cuestiones como sus dotes automovilísticas, amoríos, las cornadas de los toros y de la vida, el amor a su madre, sus públicos favoritos, compañeros preferidos, emolumentos, creencias religiosas…

Entre las afirmaciones de José sobre su vida privada quedó recogido:

Sí señor; tuve novia formal. En cuanto me cogió cariño, siempre estaba dándome la tabarra con que me retirase… Yo la quería mucho; pero …, ¡vamos!, esto del toreo, ¡es muy serio!… Y para no hacerla sufrir, corté con ella.

Aquella fue una de las tardes en las que Joselito tentó en el Soto, como la publicada en el Mundo Gráfico del 21 de julio de 1915, que incluía un reportaje fotográfico de Campúa titulado “Joselito en la encerrona de la Aldovea” y que plasmaba:

Extraordinariamente simpática v divertida fué la fiesta que en el “Soto de Aldovea”, magnífica finca que el duque de Tovar posee en las inmediaciones de San Fernando del Jarama, se celebró el lunes de la pasada semana. Ante una distinguida concurrencia se torearon en la pequeña plaza de dicha posesión varias vacas bravas y se lidió un novillo, que fué matado por Joselito. También el famoso lidiador hizo faenas en las vacas, en las cuales derrochó una vez más su enorme afición y su insuperable arte.

Soto de la Aldovea

El Duque de Tovar fue un hombre “llano, agradable y rumboso” con una amplia cultura, caballero y maestrante de diferentes Ordenes, grande de España, académico, gobernador civil de Madrid, diputado, senador, comisario regio, embajador en la Santa Sede, médico, escultor y ganadero.

El duque adquirió en 1911 la mitad de la ganadería, el hierro y divisa de don Basilio y don Francisco Arribas, que por aquél entonces administraba don Felipe de Pablo Romero, por lo que posiblemente el ganado ya estaba cruzado con el de este ganadero.

El 12 de mayo de 1912 se anunciaron las reses por primera vez en Madrid, volviendo a lidiarse seis toros el 2 de junio y estando prevista una novillada para el 13 de junio. Importantes influencias debía tener el duque para ver sus novillos anunciados esa tarde importante, con lleno hasta la bandera y muchos reventas durmiendo en el calabozo, en la que iban a hacer su presencia en el coso capitalino la cuadrilla de los niños sevillanos, Limeño y Gallito Chico; sin embargo las cosas tomarían diferentes derroteros, como todos sabemos. El caso es que por falta de trapío se consideró inconveniente la lidia de esos animales del duque, instando José a que los sustituyeran por otros de más respeto. Indalecio Mosquera, el empresario, junto con Joselito, se dirigieron a los prados de La Muñoza, lugar muy próximo a La Aldovea, donde pastaban las reses destinadas a Madrid, y allí identificaron cinco de Olea, más propias para la ocasión, remendadas con una de Santa Coloma. ¿Cómo sentaría este baile de corrales al duque?

El palacio del Soto es una maravilla, con una larga historia. Parece que en el siglo XVI ya existía un castillo, probablemente de origen bajo-medieval, perteneciente al arzobispado de Toledo. En el siglo XVII el infante cardenal don Fernando de Austria transformó la fortaleza en palacio.

A mediados del siglo XVIII el infante cardenal Luis de Borbón y Farnesio lo acondicionó como lugar de recreo; la obra es del arquitecto Virgilio Rabaglio, colaborador de Sacchetti en el Palacio Real. Recuerdo de este infante son la corona real y los dos angelotes que sostienen el capelo cardenalicio en el acceso principal.

En 1802 fue adquirido por el todopoderoso Godoy, quien lo vendió en 1804 al rey. Por la desamortización de los bienes de la Corona, en 1869 pasó a ser propiedad de José Francisco de Pedroso, marqués de San Carlos, que lo enajenó en 1902 al primer duque de Tovar, Rodrigo Figueroa y Torres, cuyos herederos son los actuales propietarios.

Durante la batalla del Jarama, en la guerra civil, el edificio se convirtió el cuartel del general Miaja; ¡no tenía mal gusto el militar a la hora de escoger aposento! Lugar de triste recuerdo en esos años en los que las tapias fueron testigos de fusilamientos y otras atrocidades como dejó constancia Felix Schlayer.

Volviendo a temas alegres, un día tuve la oportunidad de visitar esta joya, que en la actualidad es utilizada para celebraciones nupciales.

A la entrada un cantal con la corona ducal anuncia las distinción del paraje. Los muros de ladrillo visto y las cuatro torres en las esquinas, con cubiertas a las cuatro aguas y aleros voladizos le dan un toque imperial.

De la placita de toros no queda rastro, pero pensar que estaba pisando suelo frecuentado por José me estremeció.

Soy de los antiguos que prefiere la máquina fotográfica al móvil y cuando llevo una cámara a este tipo de festejos es para recoger escenas y retratos familiares; ya se sabe: ¡una foto de los novios!, ¡a ver, otra con los padrinos!, ¡la abuela, la abuela que pose también!…

Pero aquel día, no; deseando a los celebrantes muy largo y venturoso matrimonio y una prole de sanos y robustos retoños, ¡faltaría más!, lo que me interesaba era captar imágenes del lugar en el que Joselito pasó tardes felices.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

LOS DE JOSÉ Y JUAN EN EL CLUB TAURIN DE PARIS

Por Andrés de Miguel, Presidente de Los de José y Juan. Artículo publicado en el blog Adiós Madrid.
Invitado por el Club Taurin de Paris, para hablar de la conmemoración del Centenario de la muerte de Joselito, mi intervención, además de hacer una somera presentación de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, trató acerca de la importancia de su actitud de Joselito en la adecuación, organización y difusión de las corridas de toros. En el coloquio posterior hablamos de la perspectiva del toreo clásico y del papel de Gallito en su desarrollo, además de las características históricas del público de Madrid.
El argumento de la charla fue traducido al francés por Georges Marcillac y Araceli Guillaume-Alonso estuvo siempre al quite de mi modesto conocimiento del idioma francés.
Salvados por unas horas del aumento de las medidas de seguridad por el coronavirus, el Centenario Gallito estuvo también presente entre los magníficos aficionados del prestigioso Club Taurin de Paris. Al coloquio asistieron más de 50 aficionados entre los que estaba el filósofo Francis Wolff, Patrick Guillaume, Emmanuel Burlet «Manolo» y Chantal de Blignieres, nieta del Vizconde de La Casiniere, quien fue socio de Los de José y Juan y del Club Taurin de Paris, condición que también compartieron Claude Popelin y actualmente François Zumbiehl.
Un momento del coloquio. En la mesa con Jean-Pierre Hédoin, presidente del Club y Araceli Guillaume-Alonso, catedrática de la Sorbonne
Este es el texto resumen de mi intervención
La Peña Taurina Los de José y Juan de la que soy presidente, está fundada en 1951 y  tiene por objetivo la defensa del toreo clásico que se fija en la llamada Edad de oro del toreo, durante la que tuvo lugar la competencia en los ruedos entre dos toreros tan distintos y tan importantes que han marcado la evolución del toreo posterior a ellos.
La Peña siempre ha tenido una perspectiva intelectual y cultural en la defensa de la tauromaquia como corresponde  a sus fundadores entre los que puedo nombrar a Adolfo y Luis Bollaín, autores de libros importantes como El Toreo u Hoy se torea peor que nunca o Luis Fernández Salcedo autor de los imprescindibles Cuentos del viejo mayoral. Actualmente forman parte de los 50 socios que somos, cuyo número no se puede superar, Andrés Amorós, gran ensayista y crítico taurino y el conocido por todos ustedes François Zumbiehl.
Joselito y Belmonte representan el clasicismo desde dos perspectivas distintas. Joselito es el torero que encarna la evolución del toreo, el torero lógico, el que hace faenas a todos los toros y encarna la perfección, la belleza, lo apolíneo. Juan es el torero que sorprende, innovador, el torero mágico, que encarna lo incomprensible, lo inefable, el exceso, lo dionisíaco.
Este año 2020 conmemoramos el centenario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina y de él vamos a hablar.
Sé que hay grandes aficionados que conocen bien la importancia de Joselito y su papel en la historia, pero supongo que habrá algunos que les guste profundizar en ese conocimiento. Por ello mi propuesta en esta charla sería que realizáramos, entre todos, un gran cuadro con su vida, sus aportaciones al toreo y su importancia actual. Yo haré un esbozo de su figura con las ideas que creo más importantes y luego con las aportaciones de todos vamos rellenando ese gran cuadro.
Antes de hablar de sus aportaciones me interesa comentar que es un torero de dinastía. Su padre Fernando Gómez El Gallo, comenzó de banderillero en la época de Lagartijo y Frascuelo con quienes alternó a gran nivel después de tomar la alternativa. Llevó en su propia cuadrilla a Guerrita, lo que da idea de su importancia. Su hermano Rafael El Gallo, el Divino calvo, fue el gran torero mágico de la historia, su otro hermano Fernando, también torero, fue un gran Think Tank taurino que inventaba suertes e innovaciones, de quien aprendió mucho Joselito. Sus tres hermanas se casaron con toreros, Martín Vázquez, Sánchez Mejías y El Cuco.
Joselito sólo se dedica al toreo y desde sus inicios es saludado como un grande del toreo, agrada como becerrista, sorprende como novillero y es saludado como gran torero desde su misma alternativa el 28 de septiembre de 1912 y cuya consagración definitiva será el 3 de julio de 1914 en la corrida de los 7 toros de Martínez en Madrid.
Es importante reseñar que Joselito es muy joven. Toma la alternativa con 17 años y muere con 25. La temprana edad ayuda a valorar su importancia.
Voy a centrar su importancia en tres temas principales:
  • Ve la necesidad de mejorar el espectáculo, que se va orientando hacia una mayor importancia de las faenas de muleta, e influye en la selección del ganado hacia una bravura más depurada que dure más en la faena de muleta. Para ello organiza de una manera más racional la selección de la bravura.
  • Impulsa la creación de las plazas monumentales. Amplia El Sport de Barcelona y la convierte en la Monumental, crea la Monumental de Sevilla e inicia las gestiones de Las Ventas. Estas plazas no sólo aumentan la cantidad de gente sino que amplían la base social de los asistentes a las corridas, que se ponen al alcance de todos. El impacto de la Monumental de Sevilla hay que entenderlo sabiendo que tiene 24.000 localidades en una ciudad que en 1918 no llega a los 200.000 habitantes.
  • Da una gran importancia a los nuevos medios de difusión, en especial al naciente cinematógrafo. Joselito grabó su alternativa, su confirmación, la corrida de Martínez, otra de seis toros de Contreras en Valencia y numerosas faenas en Madrid, Sevilla, Zaragoza, Barcelona y más sitios. Prácticamente si contamos todos los minutos grabados en cine de toros desde la llegada de Alexander Promio, enviado de Lumiere Freres a España en 1896, hasta  la guerra Civil, la mitad de lo grabado es de Joselito. Entendió la importancia de los nuevos medios de comunicación en la difusión de las corridas de toros.
En resumen un hombre joven, torero de dinastía que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación adecuados para difundirla.
En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales.
Este es, sin duda, el motivo por el que debemos conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito” en la plaza de Talavera de la Reina, porque fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo. Por eso conmemoramos su centenario.
Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

RESUMEN DEL LXIII CICLO DE CONFERENCIAS

Como resumen del LXIII Ciclo de Conferencias de la Peña Taurina “Los de José y Juan” dedicado a conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito”, “Joselito”, hemos preparado este video con declaraciones de todos los participantes en el mismo y que dejamos como recuerdo de un Ciclo seguido con interés por los aficionados, tanto en la Sala Antonio Bienvenida de Las Ventas, que puso el cartel de “No hay billetes” en las cinco sesiones, como a través de las redes sociales, que rebotaron la información y los videos estáticos con el audio completo de todas las intervenciones.

Esperamos que el descalabro de la pandemia del coronavirus que nos ha cercado tras finalizar febrero, no nos quite el recuerdo de este Ciclo que reivindicó la importancia de Joselito, no sólo en el toreo de su tiempo, sino también por la influencia que sigue manteniendo en la situación actual que necesita nuevas ideas, amor por la profesión, dedicación altruista, tirón popular y profundizar en el toreo clásico.