¿9 metros cuadrados?

Artículo escrito por Juan Salazar.

Estos días leo sobre las disposiciones del progresivo desconfinamiento y me quedo muy sorprendido.

Según puedo comprobar en el Anexo II del documento “Previsión orientativa para el levantamiento de las limitaciones” de fecha 28 de abril, presentado por el Ministerio de Sanidad, en el apartado referido a Actividades Culturales y de Ocio, es en la Fase III, cuando, previsiblemente a partir del 8 de junio, se puedan celebrar festejos taurinos con la limitación de aforo que garantice una persona por cada 9 metros cuadrados.

Mi primera reflexión fue doble; por un lado pensé que la distancia resultaba muy amplia. Tres metros de largo por tres de ancho es un espacio notable que no se si haría viable la celebración de festejos; los cosos quedarían vacíos. Efectivamente un par de días después compruebo en declaraciones a los medios, que con esas restricciones el aforo de la Plaza de Las Ventas se vería reducido al 8%, es decir, algo menos de los espectadores que caben en un tendido.

Por otro lado,  mi segunda reflexión estaba vinculada con la salud y las medidas preventivas en el sentido de que si se requieren nueve metros como si se precisan más o si hay que retrasar esa vuelta a la normalidad; hagamos caso a los expertos y ¡hágase cuanto corresponda para prevenir!

No obstante, mi sorpresa fue mayúscula al detenerme a leer las medidas destinadas a otras actividades culturales, por ejemplo el cine y el teatro, emplazamientos cerrados y por ende que deberían contar con mayores precauciones. Como pude comprobar, ya en la Fase II, que previsiblemente se iniciaría el 25 de mayo, es decir, quince días antes de la apertura de los cosos, se podrían acceder a estas salas. ¿Cómo es posible que se pueda asistir antes a cines y teatros, ámbitos cerrados, que a los toros en plazas abiertas? No lo entiendo, pero seguro que debe haber una explicación lógica…

Sin desanimarme, y con objeto de profundizar, decidí cotejar las distancias requeridas en la Fase III dando por descontado que los lugares cerrados tendrían mayores limitaciones que los entornos abiertos; al fin y al cabo lo que se prima es la salud.

El dato de las plazas de toros estaba marcado, nueve metros cuadrados; mi duda era sobre el espacio previsto a guardar en los cines y teatros, que entiendo debería ser superior… Para confirmarlo tomé como referencia tres de los escenarios de mayor aforo de Madrid: la sala 1 del Cine Callao, la sala 25 del espacio Kinépolis y la sala principal del Cine Capitol.

Consultando en las páginas web los datos sobre el número total de butacas y las que hay en platea, con las superficies, encuentro lo siguiente:

Según unos sencillos cálculos vemos que los metros cuadrados por butaca serían de 1,58m2, 1,21m2 y 0,76m2. Si en la Fase III se permite un capacidad equivalente a la mitad del aforo máximo, los espacios se duplicarían por lo que hablaríamos de 3,16m2, 2,41m2 y 1,52m2 por espectador.

Es decir, tal y como esta anunciado, y si no hay cambios, en la Fase III del desconfinamiento, en determinadas salas de cine y teatros habrá un amplitud de 2 y 3 metros cuadrados por espectador, mientras que en lugar abierto como una plaza de toros, se exigirán 9.

Creo que debemos potenciar al máximo la cultura en todos sus ámbitos, cine, teatro, danza, música, y tauromaquia, pero, en este caso, o estamos penalizando a los empresarios y aficionados a los toros, por razones no difíciles de imaginar, o estaremos poniendo en riesgo la salud de los concurrentes al cine y teatro.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

EL HERMANO POCO AFORTUNADO

Monumento a Joselito en Gelves

Artículo escrito por Juan Salazar.

Al llegar a Gelves, en el centro de la población nos encontramos con un conjunto escultórico notable, obra de Collaut Valera, en el que contemplamos a un Joselito altivo y victorioso delante de un toro que cae herido de muerte.

Tomamos el camino de ascenso, hacia la Iglesia de Santa María de Gracia, que se encuentra en la parte más alta del pueblo. Según parece su construcción fue posible gracias al aporte de 2.000 ducados que el primer Conde de Gelves, don Jorge Alberto de Portugal, destinó en 1539, siguiendo indicaciones de su esposa. Fue el año en que nuestra querida emperatriz, Isabel de Portugal, fallecía, sumiendo al rey-emperador Carlos en una profunda melancolía.

Con posterioridad, la iglesia ha sufrido diversas restauraciones que no le restan encanto a esta joya de estilo barroco con planta de cruz latina.

De todas formas, con todos los respetos hacia el templo y las obras de arte que en él se custodian, no es el retablo, ni las esculturas de San Joaquín y Santa Ana, ni los frescos, ni los lienzos lo que llamó nuestra atención, no. Al fondo, en la capilla bautismal se ubica la pila en la que el presbítero Manuel de la Paz Daza, el 15 de mayo de 1895 cristianó el que, con el tiempo, sería el más grande de los toreros: José Gómez Ortega, “Joselito” o “Gallito”.

  • “Yo, con esta agua te bautizo con el nombre de José Miguel Isidro del Sagrado Corazón de Jesús, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

La pila sigue allí y su simple existencia amerita una visita.

Su nacimiento se había producido  una semana antes, el día 8, en la Huerta del Algarrobo, una casa humilde en la vecina calle de la Fuente, 2, a doscientos metros del citado templo. El inmueble pertenecía, y lo sigue haciendo, al ducado de Alba, de cuyos huertos se encargaba de gestionar don Fernando. En una de sus habitaciones la “señá” Gabriela, había dado a luz al último de sus vástagos, último por orden de venida al mundo, que en lo demás siempre fue el primero.

La imagen que tenemos todos los aficionados en la retina de ese lugar es la escena en la que  podemos ver a Joselito, un niño de dos años que apenas había aprendido a andar, perfilándose ante un joven de aproximadamente 12 años que simula la acometida de una res. Un señor adulto lo observa, y, sin ninguna duda, da sus consejos tanto al torero como a “la res”, que según dicen eso de hacer de toro es casi más complicado que hacerlo de torero.

“A ver como te perfilas niño, la mano que mata es la izquierda, que debe ir muy bajita, el estoque a la altura del pecho…. Y tú Fernando, ya sabes…”

La fotografía nos describe con exactitud lo que debía ser un día normal en la Huerta del Algarrobo.

Iglesia de Santa María de Gracia

Por lo que se puede intuir, la placa se tomaría hacia 1897; al padre, Fernando El Gallo, que tendría entonces 49 años, le quedaban apenas unos meses de vida. ¿Dónde estaría Rafael, el tercer hermano? Posiblemente andaría por la placita, como recogen las imágenes que Don Pío incluyó en su libro “El Torero Artista”, de 1911.

Por esas fechas el patriarca le comentó a su mujer, refiriéndose a Rafael:

“Gabriela, ya me muero tranquilo porque te dejo un torero que mientras pueda tener un capote de seda en la mano no os faltará que comer”.

De esta fotografía quien más curiosidad me ha generado ha sido el joven que hace las labores de burel. Fernando vino a ser el hermano desfavorecido de la casa. De José y de Rafael se sabe prácticamente todo y se han escrito numerosas páginas recordando lo que aportaron a la Fiesta. De Fernando, no, del segundo hermano se conoce muy poco. A diferencia de su padre y hermanos, no es recordado por su maestría con los capotes, muletas, garapullos y estoques. Ya desde los inicios se intuía que su trayectoria no sería exitosa.

Hacia 1898 mató su primer becerro, con catorce años, en Camas, y por esa época se enfrentó a una becerrada en la plaza de Madrid, coso que nunca pisaría como matador. Toreó varias novilladas, alternando esta labor con la de banderillero en la cuadrilla de su hermano Rafael.

El gran cronista, Manuel Serrano García-Vao , que firmaba como “Dulzuras” por sus anteriores tareas de confitero, calificado de “bondadoso y virtuoso”, y que adquirió popularidad por sus escritos en diferentes periódicos y revistas como “El Toreo Cómico”, “El Enano” y “ABC”, en el anuario 1904, en el apartado “novilleros”, describió la actuación de “Gallito Chico” de la siguiente forma:

“Gallito Chico posee en alto grado la prudencia de familia, que tan mal está en la gente joven. Torea muy bien y mata muy mal. Ha toreado algunas novilladas con mediano éxito y si no hace más que lo que en el año éste ha hecho, no pasará su nombre a la historia entre los buenos”.

Detalle de la pila bautismal

Malos augurios para Fernando, Gallito Chico en las crónicas.

En el anuario del año siguiente, en el que más novilladas toreó, sin llegar a la veintena, se incluía el comentario:

“Lo mismo que su hermano: muy buen torero, muy elegante figura con capote y muleta; pero completamente nulo a la hora de entrar a matar. Por lo visto no hay madera de matadores en la familia Gómez, y este Fernando, como su hermano Rafael, no ganará para el alcanfor que necesitarán sus vestidos, que tendrán que apolillarse porque no se lucirán en los redondeles”.

“No se quejará de las empresas, pues excepto en Madrid, no ha habido Plaza de alguna importancia que no le haya dado ocasiones para que muestre sus hechuras y arrestos. Si no ha de hacer más que lo hecho en las 12 a 16 corridas toreadas, más le valdría ser buen peón de una cuadrilla, porque al paso que lleva la familia van a tirar por el suelo un apodo que recogieron de un sitio muy alto”.

“¡Ojalá y todavía sacudan la pereza y sean los Gallos lo que fué su padre hace veinticinco años!”.

Y por si fuera poco, en el anuario de 1906 las cosas quedaban claras:

“Mientras no deseche del todo esa prudencia que tan en aumento ha ido al ser transmitida de sus ascendientes, no hará sino ensuciar el buen nombre que en el toreo ha tenido la familia”.

“Para ser matador hay que matar, y en caso contrario no pensar en estoque y muleta sino para reverenciarlos como recuerdos sagrados de papá. Nada adelanta con ser buen torero si luego con el pincho se convierte en martirizador de toros. Muchos buenos banderilleros hay por esas cuadrillas que se han convencido de que no les llama Dios por otro camino, y a pesar de ello son mucho mejores toreros que otros de los que se hacen millonarios como espadas”.

“Fernandito Gómez torea muy bien, pero es un matador menos que mediano”.

En el invierno de 1908 Fernando acompañó a su hermano Rafael a la campaña mejicana, tomando la alternativa el 14 de febrero de 1909 de manos de este, actuando Gaona como  testigo. Nunca llegaría a confirmarla en España.

Desde 1911 actuó como banderillero, en los primeros años, en la cuadrilla de Rafael, y con posterioridad, también en la de José.

Las enfermedades, su prematura obesidad y su falta de decisión y voluntad impidieron una carrera taurina en el escalafón de los matadores.

Fernando «El Gallo» con sus hijos Fernando y José en la placita de la Huerta del Algarrobo

La tarde de Talavera, tuvo el triste honor de acompañar al “rey de los toreros”. Una de las últimas frases que pronunció José fue la dirigida a su hermano Fernando cuando, delante de Bailaor, le dijo:

“Fernando tápate que el toro está peligroso…”

En 1921 Fernando llegó a actuar en la cuadrilla de su hermano Rafael pero el 23 de noviembre de ese año, en Sevilla, falleció a consecuencia de un síncope que sufrió mientras tomaba un café. Las reseñas en la prensa fueron casi inexistentes por esta triste pérdida.

No obstante, fue un perfecto conocedor del torero, las reses y las suertes. Se le describe como el gran teórico de esta familia y así lo recordaba su sobrino Rafael Ortega, hijo de Enrique Ortega El Cuco y Gabriela, la hermana de José, en su delicioso libro “Mi paso por el toreo”:

Joselito le escuchaba siempre y era del único que admitía consejo o una opinión. Había veces que cuando se acababa la corrida entraba Fernando en la habitación de su hermano y le decía:

– Oye José, hoy te has equivocado.

Y Joselito discutía:

– No, no, ¿por qué?

Fernando se explicaba y le daba razones que él creía convenientes, y José, muy callado, le escuchaba atento. Cuando salía Fernando de la habitación se quedaba Gallito mirando a mi padre (se refiere a Enrique Ortega “El Cuco”) y le decía:

– Este es el mejor aficionado de la historia del toreo. Tenía razón, yo me había equivocado.

Además, según parece, muchas de las suertes “inventadas” por Rafael fueron creación de Fernando.

Por otro lado, Fernando tiene el honor de haber pasado a la historia por el pasodoble que le compuso el maestro Santiago Lope en 1905. Como es de todos conocido, el pasodoble “Gallito”, joya musical que se interpreta en numerosas plazas, no fue compuesto para su padre ni ninguno de sus dos hermanos, sino concebido para él.

Su gestación tuvo lugar en 1905 en Valencia; con idea de animar a la concurrencia para la Corrida de la Asociación de la Prensa, se solicitó a Santiago Lope Gonzalo que compusiera cuatro pasodobles en honor de cada uno de los novilleros que actuarían. Aceptó el maestro el encargo y así Fernando Gómez Gallito Chico, Agustín Dauder Borrás, Miguel Pérez Gómez Vito y Ángel González Mazón Angelillo, tuvieron su pasodoble interpretados en ese festejo del 29 de junio con un lleno en los tendidos. Tanto éxito alcanzaron ese día que unas jornadas después fueron repetidos en un concierto que a tal efecto se celebró en La Glorieta de la ciudad.

Santiago Lope Gonzalo era entonces Director de la recién creada Banda Municipal de Valencia, y muy querido por el pueblo valenciano, a pesar de haber nacido lejos, en Ezcaray (La Rioja), 33 años antes del estreno de sus cuatro famosas piezas. Poco tiempo pudo disfrutar el maestro de la popularidad de estas obras ya que un año después fallecería de una dolencia estomacal en Burjassot, lugar al que había acudido para curarse de unos problemas estomacales.

Sus piezas tuvieron gran éxito, y se siguen escuchando en la actualidad en numerosas plazas, si bien no fue especialmente dichoso a la hora de proporcionar suerte a los destinatarios, ya que ninguno alcanzó éxito en los ruedos.

Siguiendo al citado “Dulzuras”, en el año siguiente al del estreno de los pasodobles, en su anuario, comentaba lo siguiente sobre Dauder:

“No sé qué les pasa a los toreros valencianos que casi todos quedan reducidos a no salir de su país, aunque tengan condiciones para ser más aplaudidos que otros que corren en triunfo todas las Plazas de España. Sabe Agustín Dauder torear y es muy valiente matando; pero no sé si será por su carácter o serán otras las causas que determinan el que no salga de la Plaza valenciana, y si de allí sale algo es tan poco que no llega a noticias de nadie.

No llegó nunca a tomar la alternativa. Tampoco resultó mejor parado Angelillo en los comentarios:

“Poco menos que si se lo hubiera tragado la tierra. Apenas si en 1906 se ha hablado una palabra del torero aquel que el año anterior vino precedido de una fama casi ridícula, pues entre otras cosas se afirmaba que para cada vestido de luces que se hacía tenía que hacerse cuatro chalecos, porque se los destrozaba con los pitones al pasar de muleta. Este muchacho, que es buen banderillero, quizás por su afán de hacerse espada haya perdido una carrera que pudo ser lucida. Si persiste en ser matador tiene que hacer mucho mas, pues de lo contrario muy pronto caerá para que su nombre quede completamente ignorado”.

Angelillo logró sus mayores éxitos con los rehiletes, figurando en alguna cuadrilla de reputados diestros como Bienvenida.

Sobre Vito, las cosas que decía Dulzuras no fueron más lisonjeras:

“Todo el que llora es porque tiene vergüenza, y Manuel Pérez, Vito, cuando tuvo el fracaso en Madrid al principio de temporada, no se atrevió a que le vieran por las calles y se pasó encerrado en la fonda, llorando todo el tiempo que le dejaban libre las horas que dedicaba a torear. Con esa condición y un poco de voluntad puede llegar a todas partes si en ello tiene empeño. Fui de los que le aconsejaron que volviera a las banderillas, porque para lucirse en ellas tiene condiciones sobradas; pero toda vez que se empeña en ser matador no tiene que hacer otra cosa sino poner toda su fuerza al servicio del logro de su deseo”.

Vito, lo mismo que Fernando, llegó a tomar la alternativa en Méjico, en 1904, pero renunció a ella al volver a España. Tras un intento como novillero, decidió abandonar el estoque y hacerse banderillero.

Por cierto, de este compositor y director musical se cuenta una leyenda que no me resisto a narrar por lo romántica de la misma; parece que durante años, mientras se celebraban festejos en el coso valenciano, si uno se acercaba al nicho donde se encontraban sus restos y retiraba el cristal que protegía la sepultura, y tenía el dudoso gusto de pegar la oreja al mármol, se podrían escuchar débilmente los sones del famoso pasodoble “Gallito”.

Vida poco afortunada la de Fernando, por ello prefiero quedarme con la imagen suya en la placita de la Huerta del Algarrobo a punto de hacer sus primeros pinitos como becerrista. 

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

GRAN SUSTO

Artículo escrito por Juan Salazar.

Hasta la tarde de Talavera, se puede afirmar que Joselito no fue muy castigado por los toros.

Además de la cornada que recibió como novillero en Bilbao, a pocas semanas de tomar la alternativa, sólo sufrió dos más de cierta importancia; el 5 de julio de 1914 en la barcelonesa plaza del Sport soportó una cornada de 10cm en el muslo derecho, percance en el que también se fracturó la clavícula; por otro lado, el 1 de mayo de 1919, un toro de Benjumea, en Madrid, le profirió otra de 16cm en el muslo izquierdo.

En ambos casos pasó cuarenta días restableciéndose, sin pisar las plazas.

Además de estas cogidas, José sufrió algún puntazo, herida y fractura menor que en ningún caso le alejaron de los ruedos más de un mes.

Era un torero tan seguro que su madre, la “señá” Gabriela, decía aquello de: “como no le tire un cuerno el toro…”

Su hermano Rafael tampoco resultó muy castigado pero recibió una cornada que a Joselito le impresionó profundamente, en la plaza de toros de “La Perseverancia”, sita en Algeciras, coso inaugurado en 1868, y demolido en 1975, que vino a sustituir a la anteriormente llamada “La Constancia”, que databa de 1850. “La Perseverancia” fue posteriormente sustituida por la actual plaza de “Las Palomas”, inaugurada en 1969.

La tarde a la que nos referimos fue la del 14 de junio de 1914, en la que hicieron el paseíllo Diego Rodas Morenito de Algeciras, Rafael El Gallo y Joselito; los toros llevaban el hierro de Moreno Santamaría.

El percance se produjo durante la lidia de la segunda res, Cumbrero, berrendo en castaño, terciado, gordo, astifino y manso. El tratar de colocarlo en el caballo por cuarta vez, el animal, reparado de la vista, no atendió a los engaños y atropelló a Rafael prendiéndolo por el pecho. El torero consiguió ponerse de pie pero inmediatamente se desplomó delante de chiqueros, con la pechera ensangrentada, ante el horror de los espectadores y de su hermano José que le había levantado y abierto la camisa.

El médico que estaba en la plaza, el doctor Ventura Morón González, comprobó en la enfermería que el pitón había roto el esternón en su parte superior. Así rezaba el parte médico:

Ha ingresado en esta enfermería, durante la lidia del segundo toro, el espada Rafael Gómez “Gallo”, con una herida penetrante de pecho y fractura completa del esternón por su parte superior. Pronóstico grave. Los dolores que sufría Rafael eran intensísimos.

Mientras, Joselito, consciente de la tremenda gravedad de la cornada, y temiéndose lo peor, siguió toreando con maestría, cortando una oreja al siguiente astado, pero acercándose a la enfermería cuando las circunstancias se lo permitían.

Sobre la marcha, se decidió el traslado de Rafael al hospedaje en el que se alojaba, el Hotel Reina Cristina, operación que se efectuó a las seis de la tarde. En los jardines y en el propio hall de entrada del lujoso establecimiento se aglomeraban los aficionados tratando de tener noticias.

A pesar de la extrema gravedad, Fernando y José enviaron el acostumbrado telegrama a su madre, solo que en esta ocasión, en lugar del habitual “sin novedad”, remitieron un lacónico “puntazo leve”.

Según las noticias aparecidas en prensa, “la primera impresión del doctor fue pesimista, muy pesimista; dada la fractura del esternón, era muy probable, casi seguro, que el pericardio hubiera sufrido gravemente, y en este caso sería funesto el desenlace. La impresión que la cogida de Rafael ha causado entre sus compañeros ha sido enorme. Casi todos lloran como niños”.

De forma inmediata todo el entorno de “los gallos” se puso en marcha. El apoderado Manuel Pineda y Joaquín Menchero «El Alfombrista», establecieron una conferencia para hablar con el conde Heredia Spínola, gran amigo de la familia, que se había desplazado a ver el festejo a Algeciras.

A las diez de la noche, el doctor Morón le practicó otra cura verificando que afortunadamente las esquirlas desprendidas del esternón no habían perforado la pleura, lo que resultaba un diagnóstico más optimista, que se vio confirmado en revisiones posteriores.

Pastora Imperio, que aunque separada seguía legalmente unida a Rafael, se enteró de la noticia en el tren que la llevaba de Castellón a Valencia, cuando en la estación de Sagunto escuchó las voces que daban los vendedores de prensa. Al día siguiente debía actuar en la capital del Turia, pero decidió rescindir el contrato y partir hacia Algeciras.

Tanto la madre como la hermana mayor de “los gallos” sufrieron un síncope tras conocer la noticia, y dirigieron un telegrama a José en el que manifestaban ser conocedoras de la realidad por la multitud de llamadas que estaban recibiendo, a lo que Joselito contestó:

“Por la gloria de papá, que no hay cuidado; tranquilízate”.

Una vez repuestas, se desplazaron a Algeciras junto con las otras hermanas, donde Rafael ya daba muestras de clara mejoría.

Según consta en el artículo de José Antonio Benítez, publicado en la Revista de Estudios Gibraltareños,

“Gabriela Ortega dispuso cuanto había de menester para hacerle «el puchero» a su hijo o asarle unas sardinas en los mismos jardines del hotel”.

Conociendo el carácter de la cabeza de familia, no me extraña nada.

Hoy día resultará curioso esto de trasladar a un enfermo al hotel, pero era lo habitual antaño. En esa época, con motivo de la reciente creación y entrada en funcionamiento del Montepío de Toreros por el que a los heridos se les otorgaba una compensación económica, el doctor Ruiz Albéniz afirmaba:

“Hoy, el torero, al caer herido, sabe que puede ir a su casa a curarse sus lesiones; hoy, no añade al dolor material que le produjo el toro al desgarrar fieramente sus carnes, el moral de verse postrado lejos de los suyos, en la siempre triste sala de un hospital”.

Hogaño en que tan justamente se han agradecido los méritos de los ángeles de las plazas como los doctores Carlos Val-Carreres y Máximo García Padrós, también merece la pena un recuerdo y reconocimiento al doctor Morón, nacido en Algeciras en 1862, que fue médico-director del Hospital Municipal de la Caridad de dicha ciudad desde 1900; parece que además de curar a los enfermos, dejaba descuidadamente algunas monedas en aquellas casas en que escaseaba el dinero para las medicinas. Sus paisanos, agradecidos, le reconocieron en vida con premios, honores y reconocimientos, dedicándole una calle y ubicando un busto suyo en el Parque de María Cristina.

Volviendo a 1914, José, tras el tremendo susto, preocupado y sin descansar, toreó las dos siguientes tardes en la feria algecireña con Juan Belmonte, que se presentaba en esta plaza.

Pero como la vida es así de caprichosa, con alegrías y desgracias, más aún con los toreros, diecinueve días después, José alcanzaría la culmen del toreo en Madrid en la famosa tarde de los siete toros de Martínez.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

PICADORES DEL SIGLO XIX

Caída de un picador de su caballo debajo de un toro. GOYA

José María Moreno Bermejo, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan” ha publicado en su interesante blog La Suerte de Varas un curioso artículo sobre los picadores del siglo XIX, que indicamos a continuación:

De una colección de cromos de la primera década del siglo XX en la que se publicaron las fotografías de 75 picadores del siglo XIX, me ha surgido la idea de pergeñar un opúsculo en el que los cromos sean acompañados de una información somera sobre los personajes de las imágenes. Podemos constatar que no todos los que están gozan de la misma importancia, y que su selección no ha sido la más adecuada de las posibles, por lo que hemos intentado dotar de algún anecdotario curioso a las ligerísimas biografías encontradas para lograr que su lectura sea suficientemente amena. ¡Ojalá se pueda lograr! 

Leer artículo completo.

José María Moreno Bermejo es socio de «Los de José y Juan». Bibliófilo taurino, es actual Secretario de la Unión de Bibliófilos Taurinos de España y socio de las Uniones de México y Francia. Autor de diversos libros que van desde la actualidad, como las ediciones del Ayuntamiento de Madrid sobre las temporadas 1997 a 2007, ilustradas por César Palacios, a los estudios históricos como “La saga de los Merchante” o “Gallito III debuta en Madrid” sobre la presentación de Joselito de novillero, entre otras numerosas obras.

LA PRECUELA DE LA EDAD DE ORO | CÁDIZ

Artículo escrito por Juan Salazar.

La Edad de Oro del toreo marcó una época de la que se sigue hablando, escribiendo, y, utilizando las palabras del maestro Esplá, “nos seguimos calentando en el rescoldo de sus brasas”.

Duró muy poco el enfrentamiento entre José y Juan en los ruedos, apenas seis años y medio que van desde la alternativa de Juan en Madrid, el 16 de octubre de 1913, a los sucesos de Talavera. Además, de ese periodo deberíamos sustraer el año 1918 en el que Juan decidió casarse y permanecer alejado de los ruedos españoles.

Hablar de las 257 tardes en que alternaron juntos sería repetir lo que magníficas plumas han dejado constancia; la tarde del 2 de mayo del 14 con las faenas a “Azuquero” y “Tallealto” o los festejos de la Feria de Abril del 15 o la corrida del Montepío del 17, ¡que recuerdos aquellos! Los que vivieron esas escenas las tuvieron siempre presentes, y los que no las presenciamos, de tanto leerlo, las tenemos grabadas en nuestra cabeza y corazón.

Pero, ¿donde se inició esa rivalidad?

Es conocida la anécdota del primer encuentro de José  y Juan, cuando, en el invierno de 1910, coinciden camino a un tentadero y José ofrece a Juan llevarle a la grupa del caballo.

Y ¿cuál fue el primer coso en el que hicieron el paseíllo juntos?

El lugar y la fecha son indubitados: 22 de agosto de 1912 en Cádiz para matar una novillada… ¡de Miura!

Plaza de Asdrúbal, operativa hasta 1967

¿Plaza de toros en Cádiz? Sí, sí, desgraciadamente los aficionados de la Tacita de Plata en la actualidad se tienen que desplazar al Puerto, Jerez o Sanlúcar para ver toros, pero Cádiz, en su momento, llegó a ser un foco preeminente de la fiesta, compitiendo en crédito con Madrid y Sevilla. Muestra palpable es que, en la primera mitad del siglo XVIII, en esta ciudad es en la que se celebraron más festejos, o que a mediados del siglo siguiente dos figurones de los ruedos, Francisco Montes Paquiro y José Redondo El Chiclanero, habían nacido en la vecina población que reseña el apodo de este último.

Por otro lado, con la libertad de prensa, surgieron innumerables publicaciones y hojas taurinas volanderas, muchas de ellas de cortísima vida y con constantes cambios de nombre. Histórico fue el enfrentamiento en la temporada de 1863, en Cádiz, entre Manuel Díaz Luque, cronista en “El siglo XIX”, que luego pasó a llamarse “El Látigo Tauromáquico” y Víctor Caballero, crítico en “Sancho Panza”, que se convirtió en “Antón Perulero”; se tildaban de ignorantes y majaderos en sus escritos y el conflicto llegó a tal punto que Luque atacó en la calle por la espalda a Víctor Caballero y fue condenado a pagar 1.000 reales. En esos tiempos carentes de medios digitales, éste escribía sus crónicas en verso durante la corrida, toro a toro, y las dejaba caer para que un chiquillo de la imprenta las recogiera en el exterior y se las llevara urgentemente al cajista que las componía; así, cuando el público gaditano salía de la plaza las tenía a su disposición.

Ubicación actual de la antigua plaza de Hoyanca

Cádiz ha sido siempre un lugar muy taurino y mucho más que eso, si nos guiamos por el  doctor Guillermo Boto Arnau, que escribió un libro cuyo título es toda una declaración de intenciones: “Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858)”.

El caso es que este verano, aprovechando mi estancia por la zona, me acerqué a ver los rastros taurinos que allí quedaban.

Cavilando sobre estos asuntos, al pasar por la plaza de San Juan de Dios, antigua plaza de la Corredera en la que ya se celebraban juegos de cañas en 1578, escuché una expresión que me hizo detener:

  • ¡pues no sé si va a estar para hacer el paseíllo!

Dos señores de sienes plateadas hablaban del próximo festejo a celebrar en la vecina localidad de El Puerto de Santa María, donde estaba acartelado Pablo Aguado, quien acaba de sufrir un percance en Gijón. Aprovechando la ocasión les interpelé sobre rincones taurinos de la ciudad y me miraron con cara de extrañeza y una profunda tristeza:

– ¡Aquí ya no queda prácticamente nada!

– Pero la plaza antigua, ¿donde se encontraba? –les pregunté.

– La última, que derribaron hace unos años, se ubicaba en lo que ahora es la plaza de Asdrúbal.

– ¿Y no hubo un coso anterior en el que torearon Gallito y Belmonte?

– Si, creo que esa plaza estaba en el Campo del Sur, detrás de la antigua Cárcel Real.

Bueno, al menos había un par de lugares taurinos que visitar, valiosa opción cuando la alternativa es estar tumbado encima de una toalla, asándote de calor, mientras los niños del vecino te echan arena por la espalda.

Plaza de la Hoyanca

De la última plaza de toros de Cádiz, la inaugurada en 1929, efectivamente no queda rastro taurino alguno; en la actualidad la parcela está llena de edificios y un pequeño parque con zona ajardinada, sin ningún interés para las cuestiones que nos interesan.

La última corrida de toros se celebró el 16 de julio de 1967 con seis toros de Juan Pedro Domecq para Juan Antonio Romero, Paco Camino y El Cordobés; dos días después tuvo lugar una becerrada con “El Bombero Torero” y al día siguiente se echó el cerrojo al coso por ruina técnica. Situada en un barrio con grandes posibilidades urbanísticas, acabó siendo derribada en 1976 y su espacio lo ocupa ahora la plaza de Asdrúbal y edificios colindantes. Por cierto, como atestiguan las fotos, en los años del cierre la plaza estaba abarrotada, con lo que el motivo de acabar con ella no se debió a falta de afición por el espectáculo.

Tras esta corta visita me acerqué a inspeccionar el lugar en la que se encontraba su predecesora, la conocida como Plaza de la Hoyanca. Si hablamos de plazas de toros, en Cádiz se enumeran más de una docena de cosos, pero a mí el que me interesaba era el operativo en 1912.

Debo reconocer que antes del viaje había tratado de localizar el emplazamiento exacto donde se debía encontrar el palenque; la labor no era sencilla, para ello llevaba un par de fotos en sepia del coso en la que se divisaban algunos edificios que me permitirían enmarcar la zona.

Una vez en el destino estuve dando vueltas, hasta que al final encontré la perspectiva que me ayudó a ubicar la plaza. En la actualidad el lugar es el Colegio Público Campo del Sur.

Rebuscando entre papeles, había encontrado que en Cádiz hubo varias “plazas de la Hoyanca” pero la que nos incumbe es la última, que estuvo ofreciendo festejos desde 1862 hasta 1914.

Construida en un tiempo record inferior a un mes, el coso se inauguró en el citado año de 1862, con motivo de la visita de Isabel II, por cierto, en un festejo en el que se tuvo que repetir el paseíllo en el cuarto toro ante la llegada con retraso de su majestad.

La plaza estaba hecha de maderas pero tenía una capacidad importante con un  aforo de más de 11.000 asientos. En este coso, el 6 de septiembre de 1914 fue mortalmente corneado Jaime Ballesteros “Herrerín”, el valiente torero mañico, que polarizó a la afición zaragozana en un duelo de aficionados, con su rival, tocayo de apellido sin ser familiar, Florentino Ballesteros, también fallecido por un astado, pero en este caso en la plaza de Madrid. El toro que hirió a “Herrerín” era “Almejito”, cornada de la que fallecería a los tres días; pertenecía a la ganadería de López Plata, hierro que criaba “alimañas”. Un par de meses después de ese percance, el 1 de noviembre, la plaza echó el cierre y el coso derribado por su propietario. El destino de las maderas que lo soportaban fue tétrico y a la vez romántico, ya que acabaron siendo destinadas a la fabricación de ataúdes, por lo que los restos de numerosos gaditanos reposan entre las maderas de este redondel. ¡No es mal pijama final!

En esta plaza, como hemos indicado con anterioridad, la tarde del 22 de agosto de 1912, hicieron, por primera vez, el paseíllo los novilleros Gallito Chico y Belmonte. El trianero sustituía a Francisco Posadas, cogido el día anterior en Antequera. Algo debían tener estas prometedoras figuras cuando el diario ABC comenzaba su crónica indicando:

“La corrida empieza en medio de gran expectación. Hay un lleno de los que hacen sonreír, a los empresarios. De Sevilla, Jerez y San Fernando han venido muchos aficionados”.

La Correspondencia de España informaba que:

“La corrida empezará hoy más tarde a fin de esperar que cesen los trabajos en los talleres. Los comercios también cerrarán para que la dependencia pueda asistir a la corrida”.

La tarde resultó exitosa; Gallito Chico, según la crónica del ABC, recibió “ovación, oreja y vuelta al anillo” en su primero, “ovación delirante, oreja y prendas de vestir” en su segundo y “palmas” en su último astado. Belmonte “ovación”, “ovación y música” y “palmas”. La Correspondencia de España señala que a Belmonte en su segundo le fue concedida una oreja.

“Los Gallos” tenían muchos seguidores en el gaditano barrio de Santa María, al ser la matriarca, la “Señá Gabriela”, originaria de allí. Años después, otro gaditano, José María Pemán compuso el poema “El sitio de la plaza Vieja”:

«Párate aquí, forastera:

y si tienes una gota

-¡una!- de sangre torera,

coge tu lápiz y anota

que una plaza de madera

hubo en este sitio…

Y que

en esa placita fue,

forastera, donde un día

-gloria de la torería,

que recuerdo todavía

y que nunca olvidaré-

se lució tanto José,

novillero todavía…»

¿Se referiría a aquella tarde o a la del 14 de mayo de 1911, con novillos de Felipe Salas, cuando, por enfermedad de Limeño, por primera vez se encierra Joselito en solitario, cortando tres orejas y teniendo que salir protegido por la autoridad, ante el deseo de los aficionados de abrazarle?

Casa Manteca

Con estas imágenes en la cabeza, el recuerdo a un pasado perdido y la sensación de una ciudad que ha dado la espalda a su historia, me alejé de la zona, con cierta melancolía , que, como decía Víctor Hugo, es el placer de la tristeza.

Arrastrando los pies camino del hotel, en la hora del vermú, seguí los consejos de mi buen amigo José Luis Gutiérrez y me acerqué a la taberna Casa Manteca en pleno barrio de la Viña para quitarme las penas. Una vez dentro del local, mi corazón me dio un vuelco; fotografías y carteles taurinos por doquier adornaban las paredes sin dejar un hueco libre. Aunque sea uno de los últimos reductos mantenido gracias a la afición del torero José Ruiz “Manteca” y de sus hijos, sigue quedando rastro taurino en Cádiz. ¡Todavía hay esperanza!

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

JOSELITO EN LA HISTORIA DEL TOREO

Nuevo lleno de “No hay billetes” en la Sala Antonio Bienvenida, en la sesión en la que se habló de Joselito en la historia del toreo.

Yolanda Fernández Fernández-Cuesta, ex presidenta de la Asociación El Toro de Madrid, hizo la presentación con un emocionante recuerdo a sus abuelos, uno de ellos belmontista y el otro que llevó corbata negra desde la muerte de Joselito hasta su último día.

José Morente, editor del blog La razón incorpórea, explicó con una pequeña e interesante selección de videos, la importancia de Gallito en la evolución del toreo moderno, al fijar la atención en el toreo en redondo que señala la vía de continuidad del mismo.

Paco Aguado, el autor de la biografía definitiva de Joselito, comentó la próxima reedición de su libro y trazó una semblanza de su personalidad, su toreo y las aportaciones a las corridas de toros que permitieron su consolidación.

A continuación, el vídeo completo de la conferencia:

GANADERÍAS HISTÓRICAS DE JOSELITO

Impresionante nuevo lleno de “No hay billetes” en la sala Antonio Bienvenida en el ciclo de conferencias de Los de José y Juan en el Centenario de Joselito. La plaza de Madrid no solo se llena en San Isidro. Gloria Sánchez Grande.

“Joselito empezó  la relación estrecha con la ganadería de Martínez después de la célebre corrida del 3 de julio de 1914”, afirmó Alberto Fernández Torres. Andrés de Miguel. 

“Esta mesa demuestra la variedad de encastes a la que se enfrentaba Joselito, algo que hoy brilla por su ausencia”, declara José Joaquín Moreno Silva. Gloria Sánchez Grande.

“Lo de José era otra mentalidad. Si un día estaba aperreado, en mi casa pedía que le echaran vacas toreadas. Hoy eso es impensable porque, cada vez que sale un toro complicado, los toreros dicen que pierden sitio. Eso dicen”, cuenta con ironía Eduardo Miura. Gloria Sánchez Grande.

“Joselito se apoyó en los toros de nuestra casa, y en su dificultad, para clarear el escalafón”, cuenta Antonio Miura. Gloria Sánchez Grande.

“Mi tía abuela jamás se casó y, desde que murió Joselito, siempre se la recuerda de luto, pero esta relación truncada ha sido un tema tabú en nuestra familia” recuerda Macarena Pablo Romero en referencia a Guadalupe. Gloria Sánchez Grande.

JOSELITO MARAVILLA

Por Andrés de MiguelPresidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

La Peña Taurina “Los de José y Juan” defiende el toreo clásico, del que fueron brillantes exponentes hace ya más de un siglo, los toreros, José Gómez Ortega “Gallito” y Juan Belmonte. Atributos del toreo clásico son el conocimiento y dominio del toro bravo, la variedad y pureza en la ejecución de las suertes, dando la necesaria ventaja al toro y la belleza formal. En todos ellos el riesgo está presente.

De esta defensa del toreo clásico, personalizado en estos dos grandes toreros que protagonizaron la llamada edad de oro del toreo, forma parte la conmemoración del centenario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920.

Esta conmemoración es pertinente y necesaria porque fue precisamente “Gallito”, Joselito si se quiere, quien planteó la necesidad de innovar el espectáculo taurino y lo hizo completando y definiendo el corpus clásico del toreo, unificando en su figura la representación de los distintos vectores que inciden y conforman la corrida de toros. Entendió el espectáculo que necesita crear repetidamente un acontecimiento a hora fija, para lo que influyó en la selección del ganado, amplió la base social de los espectadores con la creación de las plazas monumentales, apoyó la difusión de las corridas de toros con los nuevos medios visuales, apoyando decididamente la grabación cinematográfica de las mismas. En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales, que posibilitó la pervivencia de la corrida de toros durante todo el siglo XX

En una sociedad que se encuentra  en un momento de cambio acelerado, redefinir el espectáculo taurino difundiéndolo entre las nuevas generaciones, es vital para garantizar el futuro, y es ahí donde es pertinente la conmemoración del centenario de la muerte de Joselito, que quizá pueda servir para recordar que la innovación, en muchas ocasiones es, sencillamente, profundizar en los modos clásicos, de donde se desprenden las características de sinceridad artística, asunción del riesgo y respeto al público.

“Los de José y Juan” con esta edición de los capítulos del ¡¡¡ KI KI RI KI !!! que Don Pío, dedicó al joven Gallito, como JOSELITO MARAVILLA, nos unimos a la conmemoración del Centenario Gallito, que hemos promovido junto a numerosos aficionados de diferentes países taurinos.


CRÉDITOS


Prólogo por Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.

Edición a cargo de Pedro Chicharro Muelas. Es el socio más antiguo de la Peña «Los de José y Juan», de la que ha sido Vicepresidente y Secretario. Editor de la mayoría de los libros editados por la Peña en los últimos veinte años y abonado en la Plaza de Toros de Las Ventas desde 1.968.

Ilustración y diseño de portada de José Antonio Bollaín. Socio de la peña de “Los de José y Juan” desde hace más de 25 años, habiendo desempeñado el cargo de secretario de la misma. Abogado de profesión, compagina su afición a los toros con su afición por la pintura, y colabora regularmente con artículos, dibujos e ilustraciones para varias publicaciones taurinas y de investigación histórica, sobre todo de la zona de la sierra de Madrid (“La Comarca”, “Tierra de Toros”, “El Pico de San Pedro”,…) habiendo hecho también ilustraciones para libros publicados con esta temática (“Los Toros de la Tierra”, “La Edad de Oro de Colmenar Viejo”; “El Real de Manzanares”,..).

La Corona y los toros

Don Juan Carlos, tras abdicar, está mostrando que su presencia en las plazas no era por razones protocolarios, sino por hondos sentimientos como aficionado.

La costumbre de hacer partícipe al pueblo de los motivos de regocijo de la Familia Real es muy antigua. La primera noticia que nos consta de una corrida organizada por la Familia Real tuvo lugar en Ávila en el año 1080. En Sevilla hubo toros el 18 de abril de 1490. Se celebraba la boda de Isabel, la hija de los Reyes Católicos, con Alfonso, primogénito del rey de Portugal. Entonces las corridas Hispalenses se celebraban, generalmente, en la plaza de San Francisco. Otras veces en Gradas, frente al alcázar. Carlos V alanceó un toro -hoy diríamos rejoneó- en Valladolid. No se sabe si por afición o por legítima defensa. Menéndez Pidal parece inclinarse por esta última razón. Cualesquiera que fuera el motivo no deja de ser singular que al rey se le colocará en ese trance tan difícil.

La historia de las corridas de toros no se puede escribir sin su relación con la Corona. Aunque esa relación tenga luces y sombras. Unas veces para prohibirlas como hizo el rey don Carlos III, tan gran monarca en tantas cosas, pero tan influido en la interdicción por los ilustrados; otras, aunque con grandes vacilaciones para impulsarla, como hizo el rey don Fernando VII al crear la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, es verdad que de efímera vida, tres años. Felipe II, aunque no era aficionado, resistió las presiones del Papa San Pío V, quien, en la Bula De Salute Gregis, prohibió la fiesta bajo pena de excomunión. El argumento del rey para no respetar la bula papal fue: “ En cuanto al daño que los toros que se corren hacen, los corregidores e justicias provean y prevengan de manera que aquel se excuse en cuanto se pudiere, y en cuanto del correr de los dichos toros, esto es una antigua y muy general costumbre en estos reinos, e para la quitar, será menester más mirar en ello y así, por ahora no se conviene se haga nada “.

La plaza mayor de Madrid se construye en tiempos de Felipe III y uno de sus principales destinos era celebrar corridas de toros.

María de las Mercedes de Borbón y Orleans

Festejos taurinos y fastos reales.

Es imposible reseñar la cantidad de festejos taurinos que se celebran en el siglo XVII con ocasión de determinados fastos reales. Por ejemplo, en muchas ciudades, con motivo de la boda de Felipe IV con doña Mariana de Austria, o en Sevilla, por haber cumplido 14 años Carlos III. También hubo restricciones. Aunque Felipe V no llegó a prohibir nunca las corridas de toros, sí puso muchos obstáculos a su celebración, invocando, principalmente, razones de tipo económico. 

Pero vamos a recordar testimonios de afición más recientes de miembros de la Familia Real. Uno de ellos es la inauguración del padre de Don Juan Carlos, para nosotros los monárquicos, Juan III, del palco real de la plaza de toros de Ronda. El 19 de mayo de 1785 se inaugura la plaza de toros de Ronda. No asiste a la inauguración el Hermano Mayor de la Maestranza que era, a la sazón, el Infante don Gabriel Antonio, hijo del rey Carlos III y de la Reina María Amalia de Sajonia. El Consejo de Castilla lleva más de quince años, a instancia del conde de Aranda, tratando de suprimir las corridas de toros. Seis meses después de la inauguración de la plaza, por Real Pragmática de 9 de noviembre de 1785, Carlos III, prohíbe la Fiesta de toros. Por todo ello, el festejo inaugural es presidido por el Teniente de Hermano mayor de la Maestranza, Bartolomé Félix de Salvatierra que, obviamente, no ocupa el palco real. El cartel lo integran dos figuras, hoy míticas para nosotros: Pedro Romero y Pepe Hillo. Matan ese día y en el siguiente treinta toros. 

Otra fecha, 16 de septiembre de 1938. El general Queipo de Llano es jefe del Ejército del Sur. El auge de la dictadura es incontestable. No parece prudente, en tales circunstancias, contradecir las órdenes de la autoridad militar. Se va a celebrar un festival patriótico conmemorativo de alguna efeméride de la guerra civil. El general llama a Pablo Atienza, marqués de Salvatierra, Teniente de Hermano mayor de la Maestranza para anunciarle que va a presidir la corrida y que prepare, por tanto, el palco real, a tal efecto. El marqués de Salvatierra sabe que ese palco está destinado al Hermano Mayor y que él, como su vicario, es el responsable de tutelar las tradiciones y reglas de la Real Maestranza. Si estas no se respetan, las maestranzas y muchas otras instituciones pierden su razón de ser. Hay que evitarlo sin una oposición frontal, con astucia. Ordena a unos albañiles, que hacen obras de restauración en la plaza, que quiten el suelo del palco real. Cuando el general llega no puede acceder al mismo y ha de conformarse con ocupar el contiguo de la izquierda, históricamente destinado al corregidor. El fuero de la Maestranza ha quedado indemne.

Una tercera fecha: 7 de septiembre de 1985. Se conmemora el bicentenario de la plaza. la corporación ha rogado a su Hermano Mayor que presida la corrida. Por fin, el palco real, tras dos siglos sin inaugurar, va a ser ocupado por quien tiene títulos más que sobrados para ello: don Juan de Borbón y Battenberg, un día Juan III para muchos españoles, conde de Barcelona, por propia reserva. Don Juan, con su presencia, reparaba la taurofobia de algunos de sus antepasados.

Aficionado convencido y ejemplar.

La afición que, a lo largo de su reinado y en momentos posteriores, está poniendo de relieve don Juan Carlos significa, sin duda, un evidente sostén a la Tauromaquia, tan necesitada del mismo. Sin duda, la afición de don Juan Carlos a los toros tiene su origen en razones ancestrales. Su madre, doña María, condesa de Barcelona, fue una aficionada ejemplar y con predilección currista. Su afición a los toros tiene su reconocimiento en el precioso monumento ecuestre que se alza delante de la sede de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Una vez que don Juan Carlos ha abdicado la responsabilidades como rey de España en su majestad Felipe VI, es evidente que está mostrando que su presencia en las plazas no era por razones protocolarias, sino por hondos sentimientos como aficionado. 

Confiemos en que S.M. Felipe VI, poco a poco, vaya afianzando su afición a los toros para beneficio de la fiesta y, ¡qué caramba!, como le queremos, no queremos que se prive, por desconocimiento, de una de las mayores emociones estéticas que puede depararle la vida.

Artículo escrito por Juan Manuel Albendea Pabón para la Agenda Taurina 2020. Socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, ha sido Diputado por Sevilla en el Congreso de los Diputados por el Partido Popular en cinco legislaturas, fue Presidente de la Comisión de Cultura que presentó la “Ley para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural” en 2013. Anteriormente fue un alto ejecutivo de la banca. Ejerció la crítica taurina en el diario EL PAÍS, con el pseudónimo de Gonzalo Argote.