
Juan Belmonte en su Juventud



Hoy publicamos la segunda parte de esta lúcida trilogía que nuestro socio Jesús Banegas dedica a «La Fiesta».
Por Jesús Banegas.
Los padres escolásticos de la Universidad de Salamanca -pioneros de la ciencia económica- dejaron establecida con una gran vigencia doctrinal la teoría del valor, según la cual el precio de las cosas no depende de los costes de producción, sino de la apreciación subjetiva del mercado, es decir, del público.
Si la fiesta mantiene su vigor es porque el valor subjetivo de la gente por la faena de Manzanares en la corrida de Beneficiencia de 2017 y la reciente en Sevilla de Pablo Aguado es muy alto; mientras que el que otorgan a las divisas duras y los toreros valientes -no siempre bien dotados- es muy bajo. Como empresario, aprendí -perdiendo dinero- que la gente va a los toros por dos muy poderosas razones: en las fiestas –por tradición– y a las corridas que puedan ofrecer grandes faenas las figuras. Fuera de los días de fiesta y sin contar con los toreros de moda, la gente simplemente no va a los toros. Y sin gente, no hay fiesta.
Un curioso y mayúsculo ejemplo de la teoría económica del valor -de enorme importancia doctrinal para explicar la riqueza de las naciones- que la fiesta puede dar al mundo son los precios relativos de las localidades. Sólo muy recientemente, algunas -poquísimas- salas de espectáculos –futbol, conciertos, teatros– en el mundo discriminan el precio de las entradas más allá de tres o cuatro categorías, dentro de la cuales todas cuestan lo mismo. En las plazas de toros la variedad es casi tan grande como la apreciación subjetiva del público: sol, sombra, proximidad a los toriles, barreras, palcos, delanteras, filas, etc. En Las Ventas hay casi un centenar de precios distintos para elegir: varias decenas de veces más que en cualquier otro espectáculo.
Sin embargo, a pesar de la descrita lección de discriminación de precios que la fiesta puede dar a todos los demás espectáculos, conserva una limitación anacrónica en las plazas –casi todas- de propiedad pública: en las ferias las entradas cuestan lo mismo con independencia de los carteles y no se pueden plantear corridas con precios libres. Lo razonable sería que el abono consistiera en un pago fijo asociado al valor de cada localidad, que daría derecho preferente dentro de un plazo a adquirir en cada corrida la/las entradas abonadas. Además los precios deberían abaratarse en las corridas con menos demanda –para incentivarla– y encarecerlos en las de mayores expectativas de los aficionados, en una escala de cuatro niveles; al que cabría añadir, por supuesto, corridas de precios libres. El mero anuncio de estas crearía gran expectación mediática que favorecería la popularidad de la fiesta. ¿Qué tal el regreso de José Tomás a Las Ventas con entradas subastadas por Internet?
Jesús Banegas, socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, es doctor en ciencias económicas, ingeniero, empresario, escritor y conferenciante sobre innovación tecnológica. Tras presidir largos años el sector tecnológico y ser vicepresidente de CEOE es actualmente presidente del Foro de la Sociedad Civil. Ha sido escritor esporádico de temas taurinos, sobre todo en la reeditada -en los pasados años 80, junto con Manuel Moles- revista El Ruedo y empresario taurino –Torifinsa––a finales del pasado siglo. Está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil.

Publicamos esta maravillosa crónica de la corrida de ayer, 30 de mayo de 2019, decimoséptima corrida de feria, escrita por Andrés Amorós, socio de esta peña taurina de Los de José y Juan con quien celebramos también, orgullosos, que la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, en un acto en la plaza de toros de Las Ventas, le entregará este próximo domingo dos de junio el trofeo Puerta de San Vicente destinado a premiar «La trayectoria de instituciones y personas relacionadas con el mundo taurino de la Comunidad de Madrid».
Crónica de Andrés Amorós.
En la corrida de máxima expectación, Manuel Escribano sufre una grave cornada en el muslo; Román corta un trofeo; Roca Rey lo pierde, por la espada, pero supera con nota el examen. Los toros de Adolfo Martín dan juego variado; muy buenos, los tres últimos.
Además del cartel de «No hay billetes», la reventa por las nubes. La triple razón está clara: Roca Rey es el diestro con más «gancho», en taquilla. Además, su triunfo con el último toro de Parladé fue arrollador, de los que confirman a una primera figura y descartan cualquier duda. Todavía se añade algo y muy importante: por primera vez -si no me equivoco- se anuncia con toros de Adolfo Martín. Ya tuvo mérito que se anunciara en el sorteo de ganaderías, igual que Ponce, entre otros. La fortuna decidió que tenía que matar esos toros: ¿suerte, desgracia? Cada cual opinará. Para mí, está claro: el gesto ya merece aplauso. Creo, además, que Roca Rey está capacitado de sobra para lidiar esos toros. Pero ha de demostrarlo, delante de la afición más exigente. Y eso es lo que nadie quiere perderse.
Cierran el ciclo de Albaserrada los toros de Adolfo: todos, cárdenos; cuarto y sexto, muy abiertos de pitones. De nuevo asiste Don Juan Carlos, acompañado de la Infanta, al que brindan los tres diestros su primer toro.
Como acostumbra, Manuel Escribano va a portagayola y se luce en el par al quiebro, al violín. El toro es pastueño pero soso, paradito, no transmite nada. Mata fácil y se aplaude la voluntad. El cuarto luce dos «perchas» de aúpa: para colgar todo un vestuario, decían los revisteros. Lo recibe con buenos lances. Arriesga mucho en el segundo par, por dentro, y en el tercero, quebrando en tablas, también por dentro. El toro acude galopando a los cambiados iniciales, repite, incansable. Lo aprovecha Escribano con muletazos vibrantes, que levantan ovaciones pero también la división, habitual en estos casos, porque algunos se ponen de parte del toro. Por quedarse muy quieto, al final de la faena, sufre la grave cornada, que le atraviesa el muslo, con fuerte hemorragia. Mata al toro Román a la tercera.
Para subir peldaños, el joven Román ha de arriesgar; debe medir bien que la valentía no invada el terreno de la temeridad. Recibe con buenos lances al segundo, que pronto queda corto, pone en apuros a los banderilleros. Me cuentan, por teléfono, que ha concluido el brindis al Rey con una frase simpática: «Que disfrute de la jubilación». (¿Cuándo conectarán el micrófono de la Plaza para que se entere de los brindis el público, no sólo los que lo ven por televisión?). El toro se cuela por los dos lados; tragando mucho, Román le saca muletazos con mérito hasta que lo voltea. Mata con decisión y saluda. Brinda el acapachado quinto al ministro Ábalos: el mismo que mencionó «la caspa», en relación con la Fiesta, aunque es hijo de torero; esta tarde, acompaña en el burladero a Victorino Martín. En la muleta, el toro da buen juego. Román le va sacando muletazos, un poco embarullados pero ligados, con emoción. Tarda mucho tiempo, cuando va a coger la espada (Si la llevara en la mano, hubiera podido redondear mejor el triunfo). Se vuelca, al matar, y corta un valioso trofeo.
Roca Rey lidia con el capote al tercero, sin sus habituales alardes. El brindis al Rey incluye también a España, el Perú, la Tauromaquia y la juventud. El toro es muy decepcionante: tiene poca raza y recorrido, vuelve rápido. Por la derecha, no hay nada que hacer. Le saca algunos naturales con mérito, aunque surja en los tendidos la división, habitual en esta Plaza, con las primeras figuras. Acierta al no prolongar inútilmente una faena de imposible lucimiento pero no mata bien. Todo queda en tablas. El sexto, de nombre ilustre, «Madroñito» (El Cid indultó uno, en Santander), muy abierto de pitones, humilla mucho. Lidia Andrés con suavidad , sin quites espectaculares. Brinda al público. Dándole distancia, lo engancha en muletazos largos, mandones, «hasta allí lejos». Por la izquierda, el toro queda más corto, pero uno de pecho, que no acaba nunca, pone a la gente de pie. Pincha, antes de la gran estocada, y no le dan la oreja pero ha vuelto a armar el lío, demostrando, una vez más, su gran capacidad. Y lo ha hecho todo dentro del clasicismo, sin una sola de las «inas» a las que otras veces recurre, para calentar al público. Como Gary Cooper en el viejo «western», ha superado «La gran prueba». Tiene otras muchas, por delante.
Postdata. En muy pocos actos taurinos recuerdo tan unánime admiración y afecto como en el homenaje a El Viti. Todo eso y más se lo merece. Hablando de los toreros a los que ha conocido, ha dicho, esta mañana: «De todos he aprendido». Lo mismo que decía Marcial Lalanda, tomándolo de Goya: «Todavía aprendo». En un coloquio, en Alicante, le pregunté si era cierto que se puede amar a un toro como a una mujer. Con laconismo, sentenció: «Más». Como torero y como persona, El Viti encarna la hondura, la profundidad, la autenticidad: lo mejor de Castilla y de España.
Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.


José Escolar, invitado de honor de la «Peña Taurina Los de José y Juan» en San Isidro 2019, en el centenario de la presentación en Madrid del encaste Albaserrada.
José Escolar, ganadero que mantiene el encaste albaserrada, habitual de la plaza de Madrid y que lidió el pasado martes una corrida a cargo de Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez, fue el invitado de honor de la Peña Taurina “Los de José y Juan” este San Isidro.
Ganadero que comparte muchos criterios con los aficionados acerca del toro bravo, afirma que a sus toros hay que poderlos para torearlos y que por eso no es una ganadería favorita para las figuras. Formó la ganadería con una punta de 25 vacas y un semental de Victorino Martín, a la que añadió vacas y sementales de santacoloma de las ganaderías de Carmen Espinal y Paco Camino. Durante un tiempo los llevó por separado pero ya los tiene cruzados en la ganadería actual que cuenta con 220 vacas.
Lo de santacoloma le salía pequeño y no podía lidiar en plazas importantes y afirma que fue Joaquín Buendía quien achicó los toros de santacoloma, porque se lo pedían los toreros, en especial Paco Camino.
En contra de las opiniones más extendidas dice que en su ganadería la casta la pone santacoloma y la clase albaserrada, que son los que más humillan.
Además de Madrid ha triunfado en Pamplona donde es fijo desde su presentación en 2015 en la que consiguió el premio al toro más bravo por Costurero, lidiado por Paco Ureña. Recorre las plazas toristas de Francia, en especial Ceret, donde se recuerda la corrida de los seis toros de Robleño en 2012 y el mano a mano de éste con Aguilar en 2017, pero también Vic, Mont de Marsan y Dax entre otras.
Su yerno, el matador de toros El Fundi, colabora en el día a día de la ganadería y participa en todas las tientas, pero la esperanza secreta del ganadero es que su nieto, todavía en su juventud, sea su continuador al frente del hierro.
La comida con José Escolar el martes 21 de mayo fue otra actividad de la Peña, que también había estado en una tienta en la ganadería de Los Eulogios el domingo 19, donde el matador de toros Morenito de Aranda tentó una vaca y un eral adelantado, que fue probado para semental y en la que bajó al ruedo como si de un tapia se tratara un antiguo presidente de la Peña. En esta tienta se entregaron los premios anuales del Concurso Infantil de pintura y redacción taurina que promueve la Peña como manera de transmitir la afición entre las jóvenes generaciones de familiares y amigos de los socios.



José María Moreno Bermejo es un defensor de la belleza y funcionalidad del tercio de varas, tema al que ha dedicado trabajos y libros fundamentales para entender esta suerte.
En su blog La suerte de varas hace un seguimiento de esta suerte toro a toro durante la feria de San Isidro, en el que incluye fotos de cada puyazo y una valoración en la escala de 1 a 10 de todos los tercios de varas de cada toro, además de una somera reseña de los toros y las faenas de los matadores.
Es un blog de imprescindible seguimiento para tener una idea cabal del desarrollo pormenorizado de la suerte de varas durante la feria, a la vez que la puntuación permite hacer un repaso rápido de la actuación de los picadores y la situación general de esta parte fundamental de la lidia.
La suerte de varas es la piedra de toque de la bravura y de su afianzamiento como espectáculo depende en gran parte la necesaria revalorización de la corrida de toros.
José María Moreno Bermejo, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan” es un defensor apasionado de la importancia de la suerte de varas, que da nombre a su blog y sobre la que ha publicado varios libros. Bibliófilo taurino pertenece a las Uniones de España, Francia y México, así como a diversas peñas y numerosos jurados de premios taurinos. Ha publicado libros sobre la actualidad de la corrida de toros, su historia y su cultura.

Por Jesús Banegas.
Tanto los que la desprecian y tratan de prohibirla, como los que la critican desde dentro con una óptica integrista, están equivocados sobre la vitalidad de la fiesta que a pesar de todo –críticos internos y externos- goza de una magnífica salud, que se explica por dos poderosas razones.
La primera razón estriba en el hecho de que siga existiendo, y que siendo una tradición centenaria fácilmente atacable por el animalismo de moda, sigue llevando una enorme cantidad de espectadores de pago a las plazas: cinco millones al año.
La segunda razón es que en contra del mundo de la cultura e incluso del futbol –ampliamente subvencionado el primero y parcialmente el segundo- la fiesta vive de sí misma. Si desaparecieran las subvenciones, la fiesta mantendría su vitalidad mucho mejor que el resto de actividades lúdicas.
No pareciendo posible que la fiesta vaya a más, como prueba -más allá de las prohibiciones que los granujas políticos tratan de imponer en contra de la libertad de los ciudadanos– su decadencia en diversas regiones de España, sus bastiones de referencia -Madrid, Sevilla, Valencia, Pamplona,…- se mantienen muy sólidos.
La relación dialéctica entre la intransigencia integrista y la fiesta como tal, está siendo más fructífera que nunca. Las exigencias integristas acabaron con las prácticas fraudulentas de los gloriosos años de El Cordobés: toros sin edad ni trapío, las caídas, el rigor en la concesión de trofeos, etc; siendo Madrid su capital.
Los toros, tienen más trapío y embisten más que nunca; apenas se caen y van al caballo y empujan –posiblemente– también más que antes. Los encastes que más transmiten –miedo al torero y al público- son los que menos embisten, con la excepción de Victorino y últimamente Adolfo. Aunque cueste aceptarlo, las corridas duras y supuestamente encastadas embisten muy raramente: viajan con la cara alta, aceptan muy mal los pases y todo lo mejor que puede suceder es que el diestro de turno los sortee con la mayor dignidad posible. El periódico El Mundo ilustraba la crónica de los recientes Miuras de Sevilla con una fotografía de una verónica de Octavio Chacón con los cuernos del toro a la altura de su cabeza… ¿qué verónica es esa?

Si las corridas de divisas duras sustituyeran en la ferias a las llamadas comerciales, el público abandonaría la fiesta y su decadencia sería acelerada. La gente, mayormente, va la plaza y paga su localidad para pasarlo bien –por eso se llama fiesta– dejando a los sufridos entendidos -una pequeña minoría- su afición a pasarlo, normalmente, mal aunque no lo confiesen.
En este punto, es de justicia reivindicar la figura de Victorino Martín, un auténtico empresario schumpeteriano*, aunque el nunca supo quien era Joseph A. Schumpeter. Vino a reivindicar, en un territorio aparentemente muy tradicional, la innovación en el quehacer ganadero imponiendo contra viento y marea un nuevo toro que terminó -algo insólito- llenando las plazas sin necesidad de figuras del toreo. ¿Habrá existido alguna ganadería capaz de mantenerse –sin apenas decaer algunos años- más de medio siglo en la cúspide del prestigio ganadero? Claro que los victorinos, a diferencia de las demás ganaderías duras, suelen embestir humillando y con largo recorrido; al menos cuando lo hacen!
Pero además del éxito integrista que significa Victorino, otros ejemplos aún mejores como consecuencia de la libre competencia en el mercado son ganaderías como Alcurrucén y Victoriano del Río. Sus toros tienen un gran y bellísimo -armonía- trapío, no se suelen caer, van y empujan al caballo más que los toros de las ganaderías duras, suelen ser bravos y encastados y embisten sin fin. Posibilitan faenas extraordinarias que popularizan la fiesta y crean afición.
El triunfo de Alcurrucén y Victoriano no es explica sin las exigencias integristas de Las Ventas, cuyos sectores mas puritanos deberían alegrarse de su éxito, en vez de estar habitualmente en contra de la gran reconversión ganadera antes descrita.
*Un audaz e imaginativo desviador de patrones y prácticas en los negocios establecidos quien constantemente busca la oportunidad de introducir nuevos productos y nuevos procedimientos para invadir nuevos mercados y crear nuevas formas organizativas. (William Baumol)
Jesús Banegas, socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, es doctor en ciencias económicas, ingeniero, empresario, escritor y conferenciante sobre innovación tecnológica. Tras presidir largos años el sector tecnológico y ser vicepresidente de CEOE es actualmente presidente del Foro de la Sociedad Civil. Ha sido escritor esporádico de temas taurinos, sobre todo en la reeditada -en los pasados años 80, junto con Manuel Moles- revista El Ruedo y empresario taurino –Torifinsa––a finales del pasado siglo. Está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil.



Un día como hoy, el 16 de mayo de 1920, murió José Gómez Ortega (Joselito) en la plaza de toros de Talavera de la Reina. La muerte de Joselito fue un hecho fatal, un accidente irreparable e inevitable. A él -se ha dicho mil veces-, que no le afligió ningún toro, le mató uno, como correspondía a su gran capacidad torera. José no tuvo ni muchas ni muy graves cogidas. De éstas sólo cuatro que en ningún instante llegaron a inquietar a los doctores. La última, repito, fue fatal. Su destino estaba en Talavera y allí tenía que cumplirse ineluctablemente. Porque José no tenía que lidiar esa corrida. La empresa talaverana tenía ya pensado el cartel para aquel día con el Gallo, Larita y Sánchez Mejias.
Hoy, esta Peña Taurina de Los de José y Juan quiere rendir un tributo a su muerte recordando este famoso y emotivo texto de Gregorio Corrochano.
Cogida y muerte de Joselito.
¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo le mató un toro.
16 de mayo. Feria en Talavera. Toros.
Mes de mayo. Mal mes para los toreros. Mucha primavera en el campo. Mucha sangre brava en los toros.
Las hojas del calendario de mayo, al caer, se hicieron fecha en lápida de mármol.
Esta del 16 va con el grupo castizo de Benlliure, y con el paseíllo triste y enlutado de los toreros, que salen con la montera en la mano, como si le brindaran la corrida.
Una plaza de toros como hay muchas. La plaza apoyada en una ermita de la Virgen del Prado, como si fuera una monumental capilla, donde rezan los toreros. Desde el tendido se ve la torre de la ermita, como desde la Maestranza se ve la Giralda. Los árboles de una alameda se asoman al ruedo, y ofrecen localidad incómoda pero gratuita, a unos muchachos. Tampoco es cómodo y menos gratuito el asiento de las plazas. El torero que pisó primero este ruedo fue Fernando el Gallo con Antonio Arana Jarana. Inauguró la plaza donde había de torear su hijo por última vez.
Las seis de la tarde. En el ruedo hay un toro que se llama Bailaor. Es hijo de Canastillo, del conde de Santa Coloma, y de la vaca Bailaora, del Duque de Veragua. Es negro, bajo de agujas, bien criado, bien puesto en cornicorto, con la cabeza rizada como si tuviera piel de karakul, muy en el tipo de Santa Coloma. Así era también el toro Bravío. Se oye el toque de un cambio de suerte. Van a Banderillear.
Joselito se acerca a la barrera a coger los trastos de matar.
– El toro ha perdido la vista en los caballos – me dijo Joselito.
– El toro me parece burriciego – le contesto yo.
Cada uno razona su punto de vista. Antes de ponernos de acuerdo, corta el diálogo un clarín. El clarín anuncia que ha llegado la hora de la muerte. Esto es tan frecuente, se oye tantas tardes, que a nadie inquieta, ni a las mujeres que llevan flores para el torero, con una inconsciente anticipación.

Sale Joselito armado de estoque y muleta. Va a matar al toro. Nadie sospecha; ni él. Joselito, con la idea fija, seguro de su experiencia, de que el toro ha perdido la vista en los caballos, le acerca la muleta a los ojos, para que la vea. El toro no la ve, y derrota en corto por instinto. Se separa el torero para irle por otro terreno. Cuando al separarse Joselito, entra en la distancia a la que el toro ve, se le arranca. José le espera tranquilo, y trata de desviarle con la muleta, como hizo tantas veces con exactitud. Pero el toro al llegar a la muleta la pierde, no la ve, no la sigue, y remata a ciegas en el bulto. Levanta al torero prendido por un muslo, cae sobre la cabeza del toro, y en el aire, le da con el otro pitón la cornada que le mata. Todo a ciegas. El toro le hiere sin verle, porque ha perdido la vista en los caballos, como creía él, o porque era burriciego de los que no ven de cerca, como creía yo. No nos pusimos de acuerdo, y me quedó la duda. Ya era igual. A Joselito le había matado el toro.
En la enfermería de la plaza, le rodea su cuadrilla llena de espanto, y Sánchez Mejías que había alternado con él. Dicen palabras incoherentes mezcladas con sollozos. Lloran por él y por ellos. Si a Joselito, el maestro, le ha matado un toro, a ellos ¿qué va a sucederles? Cada uno vive por un quite que le hizo José. Ahora, sin él, ¿cómo iban a torear?
Ignacio, que nunca pudo sospechar que tendría que matar al toro que mató a Joselito.
Camero, su gran picador de los toros difíciles, de los que triunfaron, mil veces más difíciles y peligrosos que Bailaor.
Blanquet, a quien mandaba con la mirada, o llamándole con la mano cuando no podía distraer la vista del toro.
Enrique el Almendro, decía con su andaluz mordiente: ¡Te fiste! ¡Te fiste! y repetía Parrita: ¡Se fue! ¡Se fue!
Lo veían y no lo podían creer. Ellos, que cuando esperaban intranquilos en el patio de caballos, antes de la corrida, al ver llegar a Joselito decían: Ya está ahí José. Y esto les volvía la tranquilidad. Como si no supieran que vendría puntualmente, como si temieran que no llegara a tiempo y tuvieran que torear sin él: Ya está ahí José. Y se liaban los capotes al cuerpo. Ahora sí estaban sin él. Tendrían que torear sin él. Porque ya no llegaría al patio de caballos. Qué tragedia la de estos hombres, sin el hombre; la de esta cuadrilla, sin el maestro. Todos tenían pena y terror. No era el miedo a la muerte, a la que vieron cerca muchas veces. Era que daba miedo ver a Joselito matado por un toro.
A media noche empezó a llegar gente de Madrid. Unos eran periodistas y fotógrafos. Otros no tenían nada que hacer allí. Nadie sabe quiénes son. Se acercaban silenciosos, y decían mirándose, sin atreverse a alzar la voz: ¡Es verdad! ¡Es verdad! y salían.
La enfermería tenía una ventana con reja. Entró la luz cárdena, de esa hora indecisa, hecha de noche y día, del amanecer. Joselito no la vio. La cuadrilla, despeinada por las manos crispadas, las coletas deshechas, lacias, caídas, los ojos «emparpitaos» como en la saeta de Manuel Torres, el rostro dolorido y amarillento como los cirios de la capilla ardiente; parecía que aquellos hombres se habían muerto durante la noche.
En un corral cercano a la ventana de la enfermería había un toro, el sobrero de la corrida. El toro mugía, como si ventease a los toreros. Por la ventana entraban los mugidos del toro, y se rompió el silencio del dolor y de la muerte ¡Todavía el toro!
Aquellos hombres – Ignacio, Camero, Blanquet, El Almendro – oían al toro, sentían al toro y miraban sin pestañear a José.
Llegó el día.
– Vámonos a Sevilla – Dijo Ignacio levantándose.
Se levantaron todos. Cogieron a Joselito. Le sacaron en hombres de la plaza. En hombros había salido muchas veces. Pero ahora le sacaban sin ruido, sin risas, sin palmas, silenciosamente. Y abrazados a él, se lo llevaron a Sevilla.
¿Qué es torear?
