GRAN SUSTO

Artículo escrito por Juan Salazar.

Hasta la tarde de Talavera, se puede afirmar que Joselito no fue muy castigado por los toros.

Además de la cornada que recibió como novillero en Bilbao, a pocas semanas de tomar la alternativa, sólo sufrió dos más de cierta importancia; el 5 de julio de 1914 en la barcelonesa plaza del Sport soportó una cornada de 10cm en el muslo derecho, percance en el que también se fracturó la clavícula; por otro lado, el 1 de mayo de 1919, un toro de Benjumea, en Madrid, le profirió otra de 16cm en el muslo izquierdo.

En ambos casos pasó cuarenta días restableciéndose, sin pisar las plazas.

Además de estas cogidas, José sufrió algún puntazo, herida y fractura menor que en ningún caso le alejaron de los ruedos más de un mes.

Era un torero tan seguro que su madre, la “señá” Gabriela, decía aquello de: “como no le tire un cuerno el toro…”

Su hermano Rafael tampoco resultó muy castigado pero recibió una cornada que a Joselito le impresionó profundamente, en la plaza de toros de “La Perseverancia”, sita en Algeciras, coso inaugurado en 1868, y demolido en 1975, que vino a sustituir a la anteriormente llamada “La Constancia”, que databa de 1850. “La Perseverancia” fue posteriormente sustituida por la actual plaza de “Las Palomas”, inaugurada en 1969.

La tarde a la que nos referimos fue la del 14 de junio de 1914, en la que hicieron el paseíllo Diego Rodas Morenito de Algeciras, Rafael El Gallo y Joselito; los toros llevaban el hierro de Moreno Santamaría.

El percance se produjo durante la lidia de la segunda res, Cumbrero, berrendo en castaño, terciado, gordo, astifino y manso. El tratar de colocarlo en el caballo por cuarta vez, el animal, reparado de la vista, no atendió a los engaños y atropelló a Rafael prendiéndolo por el pecho. El torero consiguió ponerse de pie pero inmediatamente se desplomó delante de chiqueros, con la pechera ensangrentada, ante el horror de los espectadores y de su hermano José que le había levantado y abierto la camisa.

El médico que estaba en la plaza, el doctor Ventura Morón González, comprobó en la enfermería que el pitón había roto el esternón en su parte superior. Así rezaba el parte médico:

Ha ingresado en esta enfermería, durante la lidia del segundo toro, el espada Rafael Gómez “Gallo”, con una herida penetrante de pecho y fractura completa del esternón por su parte superior. Pronóstico grave. Los dolores que sufría Rafael eran intensísimos.

Mientras, Joselito, consciente de la tremenda gravedad de la cornada, y temiéndose lo peor, siguió toreando con maestría, cortando una oreja al siguiente astado, pero acercándose a la enfermería cuando las circunstancias se lo permitían.

Sobre la marcha, se decidió el traslado de Rafael al hospedaje en el que se alojaba, el Hotel Reina Cristina, operación que se efectuó a las seis de la tarde. En los jardines y en el propio hall de entrada del lujoso establecimiento se aglomeraban los aficionados tratando de tener noticias.

A pesar de la extrema gravedad, Fernando y José enviaron el acostumbrado telegrama a su madre, solo que en esta ocasión, en lugar del habitual “sin novedad”, remitieron un lacónico “puntazo leve”.

Según las noticias aparecidas en prensa, “la primera impresión del doctor fue pesimista, muy pesimista; dada la fractura del esternón, era muy probable, casi seguro, que el pericardio hubiera sufrido gravemente, y en este caso sería funesto el desenlace. La impresión que la cogida de Rafael ha causado entre sus compañeros ha sido enorme. Casi todos lloran como niños”.

De forma inmediata todo el entorno de “los gallos” se puso en marcha. El apoderado Manuel Pineda y Joaquín Menchero «El Alfombrista», establecieron una conferencia para hablar con el conde Heredia Spínola, gran amigo de la familia, que se había desplazado a ver el festejo a Algeciras.

A las diez de la noche, el doctor Morón le practicó otra cura verificando que afortunadamente las esquirlas desprendidas del esternón no habían perforado la pleura, lo que resultaba un diagnóstico más optimista, que se vio confirmado en revisiones posteriores.

Pastora Imperio, que aunque separada seguía legalmente unida a Rafael, se enteró de la noticia en el tren que la llevaba de Castellón a Valencia, cuando en la estación de Sagunto escuchó las voces que daban los vendedores de prensa. Al día siguiente debía actuar en la capital del Turia, pero decidió rescindir el contrato y partir hacia Algeciras.

Tanto la madre como la hermana mayor de “los gallos” sufrieron un síncope tras conocer la noticia, y dirigieron un telegrama a José en el que manifestaban ser conocedoras de la realidad por la multitud de llamadas que estaban recibiendo, a lo que Joselito contestó:

“Por la gloria de papá, que no hay cuidado; tranquilízate”.

Una vez repuestas, se desplazaron a Algeciras junto con las otras hermanas, donde Rafael ya daba muestras de clara mejoría.

Según consta en el artículo de José Antonio Benítez, publicado en la Revista de Estudios Gibraltareños,

“Gabriela Ortega dispuso cuanto había de menester para hacerle «el puchero» a su hijo o asarle unas sardinas en los mismos jardines del hotel”.

Conociendo el carácter de la cabeza de familia, no me extraña nada.

Hoy día resultará curioso esto de trasladar a un enfermo al hotel, pero era lo habitual antaño. En esa época, con motivo de la reciente creación y entrada en funcionamiento del Montepío de Toreros por el que a los heridos se les otorgaba una compensación económica, el doctor Ruiz Albéniz afirmaba:

“Hoy, el torero, al caer herido, sabe que puede ir a su casa a curarse sus lesiones; hoy, no añade al dolor material que le produjo el toro al desgarrar fieramente sus carnes, el moral de verse postrado lejos de los suyos, en la siempre triste sala de un hospital”.

Hogaño en que tan justamente se han agradecido los méritos de los ángeles de las plazas como los doctores Carlos Val-Carreres y Máximo García Padrós, también merece la pena un recuerdo y reconocimiento al doctor Morón, nacido en Algeciras en 1862, que fue médico-director del Hospital Municipal de la Caridad de dicha ciudad desde 1900; parece que además de curar a los enfermos, dejaba descuidadamente algunas monedas en aquellas casas en que escaseaba el dinero para las medicinas. Sus paisanos, agradecidos, le reconocieron en vida con premios, honores y reconocimientos, dedicándole una calle y ubicando un busto suyo en el Parque de María Cristina.

Volviendo a 1914, José, tras el tremendo susto, preocupado y sin descansar, toreó las dos siguientes tardes en la feria algecireña con Juan Belmonte, que se presentaba en esta plaza.

Pero como la vida es así de caprichosa, con alegrías y desgracias, más aún con los toreros, diecinueve días después, José alcanzaría la culmen del toreo en Madrid en la famosa tarde de los siete toros de Martínez.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

PICADORES DEL SIGLO XIX

Caída de un picador de su caballo debajo de un toro. GOYA

José María Moreno Bermejo, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan” ha publicado en su interesante blog La Suerte de Varas un curioso artículo sobre los picadores del siglo XIX, que indicamos a continuación:

De una colección de cromos de la primera década del siglo XX en la que se publicaron las fotografías de 75 picadores del siglo XIX, me ha surgido la idea de pergeñar un opúsculo en el que los cromos sean acompañados de una información somera sobre los personajes de las imágenes. Podemos constatar que no todos los que están gozan de la misma importancia, y que su selección no ha sido la más adecuada de las posibles, por lo que hemos intentado dotar de algún anecdotario curioso a las ligerísimas biografías encontradas para lograr que su lectura sea suficientemente amena. ¡Ojalá se pueda lograr! 

Leer artículo completo.

José María Moreno Bermejo es socio de «Los de José y Juan». Bibliófilo taurino, es actual Secretario de la Unión de Bibliófilos Taurinos de España y socio de las Uniones de México y Francia. Autor de diversos libros que van desde la actualidad, como las ediciones del Ayuntamiento de Madrid sobre las temporadas 1997 a 2007, ilustradas por César Palacios, a los estudios históricos como “La saga de los Merchante” o “Gallito III debuta en Madrid” sobre la presentación de Joselito de novillero, entre otras numerosas obras.

«A mí no me engañan»: conmemoramos a Gallito sin negar a Belmonte

José y Juan. Foto: archivo histórico fotográfico de «Los de José y Juan»

Andrés de Miguel, presidente de «Los de José y Juan», responde al artículo de Santi Ortiz publicado en El Mundo, bajo el título: «Hablar de Belmonte en el año de Gallito: contra el revisionismo gallista«.

*Artículo publicado en el diario El Mundo.

Existe una especie de cainismo taurino que suele consistir en hacer bandera de la oposición a lo mayoritariamente aceptado. Esta oposición minoritaria, cuando no singular, goza de cierta aceptación, pues la corrida de toros contiene en su desarrollo momentos susceptibles de diversas interpretaciones y habitualmente, la oposición individual goza del prestigio de la autoproclamada sagacidad de aquél que ha sabido ver lo que la masa ha pasado por alto.

Trucos, artimañas y ratimagos supuestos, permanecen ocultos para la mayoría ígnara y son desvelados por estos opositores singulares y su escuálida claque.

Esta actitud tan común en la plaza, tiene traslación también en ambientes menos festivos y más intelectuales, y cuando numerosos aficionados están conmemorando el centenario de la muerte de Joselito en Talavera, haciendo una recensión de sus aportaciones y trascendencia, no podía faltar una nota discordante que afirma que tanta conmemoración empequeñece la figura y la aportación de Juan Belmonte.

Flaco favor haría a la tan maltrecha tauromaquia, conmemorar a Gallito para desmerecer a Belmonte. Parecido disparate a colocar en un pedestal inmarcesible a Belmonte y sus aportaciones al toreo, y arrinconar a Joselito a un rincón polvoriento y olvidado de la historia.

La llamada Edad de Oro del toreo, en feliz expresión de Gregorio Corrochano, que se inicia con la alternativa de Joselito en Sevilla el 28 de septiembre de 1912 y acaba con su muerte en Talavera el 16 de mayo de 1920, fue tal Edad de Oro porque contó con la presencia en los ruedos de dos grandes toreros, Joselito y Belmonte, que aportaron dos conceptos diferentes y fundamentales.

Joselito es el torero que encarna la evolución del toreo, el torero lógico, el que hace faenas a todos los toros y encarna la perfección, la belleza, lo apolíneo. Juan es el torero que sorprende, innovador, el torero mágico, que encarna lo incomprensible, lo inefable, el exceso, lo dionisíaco.

«Mucho es lo que habremos ganado para la ciencia estética cuando hayamos llegado no sólo a la intelección lógica, sino a la seguridad inmediata de la intuición de que el desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco» dejó escrito Niezstche.

La Peña Taurina «Los de José y Juan» que defiende el legado de los dos grandes toreros que forman el tronco del toreo clásico, hemos considerado oportuno dedicar nuestro LXIII Ciclo de conferencias de este año 2020 a conmemorar la figura y el legado de Joselito en el centenario de su muerte en Talavera de la Reina, en lo que hemos coincidido con numerosos aficionados que han colaborado en su difusión y en la realización de otras importantes iniciativas, como la creación de un logo conmemorativo por el artista francés Jerome Pradet, la dedicatoria de la Agenda Taurina 2020 y las actividades realizadas por el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra o las que estaban previstas por la Diputación de Valencia y los Ayuntamientos de Talavera de la Reina y Alcázar de San Juan o las de la Peña Antoñete en Madrid, el Club Cocherito de Bilbao, el Club Taurino de Pamplona, los actos previstos por la Hermandad de la Macarena en Sevilla que culminaran a final de año con la erección, por fin, de una estatua en su Sevilla, y muchas otras que como tantas cosas en nuestro país, se han quedado en el aire por el maldito coronavirus.

No entendemos que eso signifique un desdoro, ni para la figura ni para la aportación relevante y fundamental de Belmonte, que tiene su lugar de honor en la tauromaquia, que «Los de José y Juan» defendemos ardientemente desde nuestra fundación en 1951, a cuya reunión fundacional asistió Juan Belmonte y cuyo acto primero fue la colocación de una placa en recuerdo de Gallito en su casa de la calle Arrieta de Madrid.

Celebremos pues, este año del centenario, la figura de Joselito, que a ningún aficionado debería incomodar. Utilicemos la imagen de Gallito para difundir la tauromaquia en la sociedad. Remarquemos las aportaciones que han dejado su impronta en la corrida de toros y han contribuido a engrandecerla durante más de cien años, que a mi juicio y al de muchos otros, son la labor de un hombre joven, torero de dinastía, que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación adecuados para difundirla.

No aprovechemos una tan interesante y digna conmemoración, para aparecer como el solitario espectador del tendido, que mientras todos aplauden, mueve su dedo índice negando a la mayoría, con el rictus de la cara que quiere decir: «A mí no me engañan»

Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

UNA TARDE FELIZ DE JOSELITO

Artículo escrito por Juan Salazar.

SAN FERNANDO DE HENARES (MADRID)

Una buena mañana, el periodista José María Carretero “El Caballero Audaz”, acompañado de Ramón Peña, recogían en un Rolls-Royce a Joselito. El destino era el Soto de la Aldovea, lugar próximo a Madrid, ubicado en San Fernando de Henares, a unos 26 kilómetros de la Puerta del Sol.

La Aldovea era una finca propiedad del Duque de Tovar donde se organizaban numerosos saraos sociales, así como festivales taurinos y tentaderos en la placita de toros anexa.

El Caballero Audaz, nacido en Montilla, fue un escritor y gran entrevistador, con una presencia física destacada ya que medía un metro noventa en unos años en los que la altura media era muy inferior. Además de habilidoso espadachín, cualidad ciertamente útil para los duelos que antaño tenían lugar, frecuentó el género de la novela erótica, ámbito en el que alcanzó cierta popularidad.

El otro acompañante, Ramón Peña, fue un renombrado actor cómico, elegante y correcto, que, según afirmaba el propio Carretero, parecía más un sportman que un cómico.

Durante el trayecto El Caballero Audaz aprovechó para realizar una de las mejores entrevistas que se hicieron a Joselito, posiblemente por lo relajado de la situación y por las habilidades del entrevistador.

La conversación aparece en la obra “El libro de los toreros (de Joselito a Manolete)” y abordó cuestiones como sus dotes automovilísticas, amoríos, las cornadas de los toros y de la vida, el amor a su madre, sus públicos favoritos, compañeros preferidos, emolumentos, creencias religiosas…

Entre las afirmaciones de José sobre su vida privada quedó recogido:

Sí señor; tuve novia formal. En cuanto me cogió cariño, siempre estaba dándome la tabarra con que me retirase… Yo la quería mucho; pero …, ¡vamos!, esto del toreo, ¡es muy serio!… Y para no hacerla sufrir, corté con ella.

Aquella fue una de las tardes en las que Joselito tentó en el Soto, como la publicada en el Mundo Gráfico del 21 de julio de 1915, que incluía un reportaje fotográfico de Campúa titulado “Joselito en la encerrona de la Aldovea” y que plasmaba:

Extraordinariamente simpática v divertida fué la fiesta que en el “Soto de Aldovea”, magnífica finca que el duque de Tovar posee en las inmediaciones de San Fernando del Jarama, se celebró el lunes de la pasada semana. Ante una distinguida concurrencia se torearon en la pequeña plaza de dicha posesión varias vacas bravas y se lidió un novillo, que fué matado por Joselito. También el famoso lidiador hizo faenas en las vacas, en las cuales derrochó una vez más su enorme afición y su insuperable arte.

Soto de la Aldovea

El Duque de Tovar fue un hombre “llano, agradable y rumboso” con una amplia cultura, caballero y maestrante de diferentes Ordenes, grande de España, académico, gobernador civil de Madrid, diputado, senador, comisario regio, embajador en la Santa Sede, médico, escultor y ganadero.

El duque adquirió en 1911 la mitad de la ganadería, el hierro y divisa de don Basilio y don Francisco Arribas, que por aquél entonces administraba don Felipe de Pablo Romero, por lo que posiblemente el ganado ya estaba cruzado con el de este ganadero.

El 12 de mayo de 1912 se anunciaron las reses por primera vez en Madrid, volviendo a lidiarse seis toros el 2 de junio y estando prevista una novillada para el 13 de junio. Importantes influencias debía tener el duque para ver sus novillos anunciados esa tarde importante, con lleno hasta la bandera y muchos reventas durmiendo en el calabozo, en la que iban a hacer su presencia en el coso capitalino la cuadrilla de los niños sevillanos, Limeño y Gallito Chico; sin embargo las cosas tomarían diferentes derroteros, como todos sabemos. El caso es que por falta de trapío se consideró inconveniente la lidia de esos animales del duque, instando José a que los sustituyeran por otros de más respeto. Indalecio Mosquera, el empresario, junto con Joselito, se dirigieron a los prados de La Muñoza, lugar muy próximo a La Aldovea, donde pastaban las reses destinadas a Madrid, y allí identificaron cinco de Olea, más propias para la ocasión, remendadas con una de Santa Coloma. ¿Cómo sentaría este baile de corrales al duque?

El palacio del Soto es una maravilla, con una larga historia. Parece que en el siglo XVI ya existía un castillo, probablemente de origen bajo-medieval, perteneciente al arzobispado de Toledo. En el siglo XVII el infante cardenal don Fernando de Austria transformó la fortaleza en palacio.

A mediados del siglo XVIII el infante cardenal Luis de Borbón y Farnesio lo acondicionó como lugar de recreo; la obra es del arquitecto Virgilio Rabaglio, colaborador de Sacchetti en el Palacio Real. Recuerdo de este infante son la corona real y los dos angelotes que sostienen el capelo cardenalicio en el acceso principal.

En 1802 fue adquirido por el todopoderoso Godoy, quien lo vendió en 1804 al rey. Por la desamortización de los bienes de la Corona, en 1869 pasó a ser propiedad de José Francisco de Pedroso, marqués de San Carlos, que lo enajenó en 1902 al primer duque de Tovar, Rodrigo Figueroa y Torres, cuyos herederos son los actuales propietarios.

Durante la batalla del Jarama, en la guerra civil, el edificio se convirtió el cuartel del general Miaja; ¡no tenía mal gusto el militar a la hora de escoger aposento! Lugar de triste recuerdo en esos años en los que las tapias fueron testigos de fusilamientos y otras atrocidades como dejó constancia Felix Schlayer.

Volviendo a temas alegres, un día tuve la oportunidad de visitar esta joya, que en la actualidad es utilizada para celebraciones nupciales.

A la entrada un cantal con la corona ducal anuncia las distinción del paraje. Los muros de ladrillo visto y las cuatro torres en las esquinas, con cubiertas a las cuatro aguas y aleros voladizos le dan un toque imperial.

De la placita de toros no queda rastro, pero pensar que estaba pisando suelo frecuentado por José me estremeció.

Soy de los antiguos que prefiere la máquina fotográfica al móvil y cuando llevo una cámara a este tipo de festejos es para recoger escenas y retratos familiares; ya se sabe: ¡una foto de los novios!, ¡a ver, otra con los padrinos!, ¡la abuela, la abuela que pose también!…

Pero aquel día, no; deseando a los celebrantes muy largo y venturoso matrimonio y una prole de sanos y robustos retoños, ¡faltaría más!, lo que me interesaba era captar imágenes del lugar en el que Joselito pasó tardes felices.

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.

LOS DE JOSÉ Y JUAN EN EL CLUB TAURIN DE PARIS

Por Andrés de Miguel, Presidente de Los de José y Juan. Artículo publicado en el blog Adiós Madrid.
Invitado por el Club Taurin de Paris, para hablar de la conmemoración del Centenario de la muerte de Joselito, mi intervención, además de hacer una somera presentación de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, trató acerca de la importancia de su actitud de Joselito en la adecuación, organización y difusión de las corridas de toros. En el coloquio posterior hablamos de la perspectiva del toreo clásico y del papel de Gallito en su desarrollo, además de las características históricas del público de Madrid.
El argumento de la charla fue traducido al francés por Georges Marcillac y Araceli Guillaume-Alonso estuvo siempre al quite de mi modesto conocimiento del idioma francés.
Salvados por unas horas del aumento de las medidas de seguridad por el coronavirus, el Centenario Gallito estuvo también presente entre los magníficos aficionados del prestigioso Club Taurin de Paris. Al coloquio asistieron más de 50 aficionados entre los que estaba el filósofo Francis Wolff, Patrick Guillaume, Emmanuel Burlet «Manolo» y Chantal de Blignieres, nieta del Vizconde de La Casiniere, quien fue socio de Los de José y Juan y del Club Taurin de Paris, condición que también compartieron Claude Popelin y actualmente François Zumbiehl.
Un momento del coloquio. En la mesa con Jean-Pierre Hédoin, presidente del Club y Araceli Guillaume-Alonso, catedrática de la Sorbonne
Este es el texto resumen de mi intervención
La Peña Taurina Los de José y Juan de la que soy presidente, está fundada en 1951 y  tiene por objetivo la defensa del toreo clásico que se fija en la llamada Edad de oro del toreo, durante la que tuvo lugar la competencia en los ruedos entre dos toreros tan distintos y tan importantes que han marcado la evolución del toreo posterior a ellos.
La Peña siempre ha tenido una perspectiva intelectual y cultural en la defensa de la tauromaquia como corresponde  a sus fundadores entre los que puedo nombrar a Adolfo y Luis Bollaín, autores de libros importantes como El Toreo u Hoy se torea peor que nunca o Luis Fernández Salcedo autor de los imprescindibles Cuentos del viejo mayoral. Actualmente forman parte de los 50 socios que somos, cuyo número no se puede superar, Andrés Amorós, gran ensayista y crítico taurino y el conocido por todos ustedes François Zumbiehl.
Joselito y Belmonte representan el clasicismo desde dos perspectivas distintas. Joselito es el torero que encarna la evolución del toreo, el torero lógico, el que hace faenas a todos los toros y encarna la perfección, la belleza, lo apolíneo. Juan es el torero que sorprende, innovador, el torero mágico, que encarna lo incomprensible, lo inefable, el exceso, lo dionisíaco.
Este año 2020 conmemoramos el centenario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina y de él vamos a hablar.
Sé que hay grandes aficionados que conocen bien la importancia de Joselito y su papel en la historia, pero supongo que habrá algunos que les guste profundizar en ese conocimiento. Por ello mi propuesta en esta charla sería que realizáramos, entre todos, un gran cuadro con su vida, sus aportaciones al toreo y su importancia actual. Yo haré un esbozo de su figura con las ideas que creo más importantes y luego con las aportaciones de todos vamos rellenando ese gran cuadro.
Antes de hablar de sus aportaciones me interesa comentar que es un torero de dinastía. Su padre Fernando Gómez El Gallo, comenzó de banderillero en la época de Lagartijo y Frascuelo con quienes alternó a gran nivel después de tomar la alternativa. Llevó en su propia cuadrilla a Guerrita, lo que da idea de su importancia. Su hermano Rafael El Gallo, el Divino calvo, fue el gran torero mágico de la historia, su otro hermano Fernando, también torero, fue un gran Think Tank taurino que inventaba suertes e innovaciones, de quien aprendió mucho Joselito. Sus tres hermanas se casaron con toreros, Martín Vázquez, Sánchez Mejías y El Cuco.
Joselito sólo se dedica al toreo y desde sus inicios es saludado como un grande del toreo, agrada como becerrista, sorprende como novillero y es saludado como gran torero desde su misma alternativa el 28 de septiembre de 1912 y cuya consagración definitiva será el 3 de julio de 1914 en la corrida de los 7 toros de Martínez en Madrid.
Es importante reseñar que Joselito es muy joven. Toma la alternativa con 17 años y muere con 25. La temprana edad ayuda a valorar su importancia.
Voy a centrar su importancia en tres temas principales:
  • Ve la necesidad de mejorar el espectáculo, que se va orientando hacia una mayor importancia de las faenas de muleta, e influye en la selección del ganado hacia una bravura más depurada que dure más en la faena de muleta. Para ello organiza de una manera más racional la selección de la bravura.
  • Impulsa la creación de las plazas monumentales. Amplia El Sport de Barcelona y la convierte en la Monumental, crea la Monumental de Sevilla e inicia las gestiones de Las Ventas. Estas plazas no sólo aumentan la cantidad de gente sino que amplían la base social de los asistentes a las corridas, que se ponen al alcance de todos. El impacto de la Monumental de Sevilla hay que entenderlo sabiendo que tiene 24.000 localidades en una ciudad que en 1918 no llega a los 200.000 habitantes.
  • Da una gran importancia a los nuevos medios de difusión, en especial al naciente cinematógrafo. Joselito grabó su alternativa, su confirmación, la corrida de Martínez, otra de seis toros de Contreras en Valencia y numerosas faenas en Madrid, Sevilla, Zaragoza, Barcelona y más sitios. Prácticamente si contamos todos los minutos grabados en cine de toros desde la llegada de Alexander Promio, enviado de Lumiere Freres a España en 1896, hasta  la guerra Civil, la mitad de lo grabado es de Joselito. Entendió la importancia de los nuevos medios de comunicación en la difusión de las corridas de toros.
En resumen un hombre joven, torero de dinastía que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación adecuados para difundirla.
En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales.
Este es, sin duda, el motivo por el que debemos conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito” en la plaza de Talavera de la Reina, porque fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo. Por eso conmemoramos su centenario.
Andrés de Miguel es sociólogo, aparejador y presidente de la peña «Los de José y Juan. Es, a su vez, colaborador en diversos medios taurinos, impulsor de la Tertulia de Jordán y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo «Los aficionados integristas».

RESUMEN DEL LXIII CICLO DE CONFERENCIAS

Como resumen del LXIII Ciclo de Conferencias de la Peña Taurina “Los de José y Juan” dedicado a conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito”, “Joselito”, hemos preparado este video con declaraciones de todos los participantes en el mismo y que dejamos como recuerdo de un Ciclo seguido con interés por los aficionados, tanto en la Sala Antonio Bienvenida de Las Ventas, que puso el cartel de “No hay billetes” en las cinco sesiones, como a través de las redes sociales, que rebotaron la información y los videos estáticos con el audio completo de todas las intervenciones.

Esperamos que el descalabro de la pandemia del coronavirus que nos ha cercado tras finalizar febrero, no nos quite el recuerdo de este Ciclo que reivindicó la importancia de Joselito, no sólo en el toreo de su tiempo, sino también por la influencia que sigue manteniendo en la situación actual que necesita nuevas ideas, amor por la profesión, dedicación altruista, tirón popular y profundizar en el toreo clásico.

LA PRECUELA DE LA EDAD DE ORO | CÁDIZ

Artículo escrito por Juan Salazar.

La Edad de Oro del toreo marcó una época de la que se sigue hablando, escribiendo, y, utilizando las palabras del maestro Esplá, “nos seguimos calentando en el rescoldo de sus brasas”.

Duró muy poco el enfrentamiento entre José y Juan en los ruedos, apenas seis años y medio que van desde la alternativa de Juan en Madrid, el 16 de octubre de 1913, a los sucesos de Talavera. Además, de ese periodo deberíamos sustraer el año 1918 en el que Juan decidió casarse y permanecer alejado de los ruedos españoles.

Hablar de las 257 tardes en que alternaron juntos sería repetir lo que magníficas plumas han dejado constancia; la tarde del 2 de mayo del 14 con las faenas a “Azuquero” y “Tallealto” o los festejos de la Feria de Abril del 15 o la corrida del Montepío del 17, ¡que recuerdos aquellos! Los que vivieron esas escenas las tuvieron siempre presentes, y los que no las presenciamos, de tanto leerlo, las tenemos grabadas en nuestra cabeza y corazón.

Pero, ¿donde se inició esa rivalidad?

Es conocida la anécdota del primer encuentro de José  y Juan, cuando, en el invierno de 1910, coinciden camino a un tentadero y José ofrece a Juan llevarle a la grupa del caballo.

Y ¿cuál fue el primer coso en el que hicieron el paseíllo juntos?

El lugar y la fecha son indubitados: 22 de agosto de 1912 en Cádiz para matar una novillada… ¡de Miura!

Plaza de Asdrúbal, operativa hasta 1967

¿Plaza de toros en Cádiz? Sí, sí, desgraciadamente los aficionados de la Tacita de Plata en la actualidad se tienen que desplazar al Puerto, Jerez o Sanlúcar para ver toros, pero Cádiz, en su momento, llegó a ser un foco preeminente de la fiesta, compitiendo en crédito con Madrid y Sevilla. Muestra palpable es que, en la primera mitad del siglo XVIII, en esta ciudad es en la que se celebraron más festejos, o que a mediados del siglo siguiente dos figurones de los ruedos, Francisco Montes Paquiro y José Redondo El Chiclanero, habían nacido en la vecina población que reseña el apodo de este último.

Por otro lado, con la libertad de prensa, surgieron innumerables publicaciones y hojas taurinas volanderas, muchas de ellas de cortísima vida y con constantes cambios de nombre. Histórico fue el enfrentamiento en la temporada de 1863, en Cádiz, entre Manuel Díaz Luque, cronista en “El siglo XIX”, que luego pasó a llamarse “El Látigo Tauromáquico” y Víctor Caballero, crítico en “Sancho Panza”, que se convirtió en “Antón Perulero”; se tildaban de ignorantes y majaderos en sus escritos y el conflicto llegó a tal punto que Luque atacó en la calle por la espalda a Víctor Caballero y fue condenado a pagar 1.000 reales. En esos tiempos carentes de medios digitales, éste escribía sus crónicas en verso durante la corrida, toro a toro, y las dejaba caer para que un chiquillo de la imprenta las recogiera en el exterior y se las llevara urgentemente al cajista que las componía; así, cuando el público gaditano salía de la plaza las tenía a su disposición.

Ubicación actual de la antigua plaza de Hoyanca

Cádiz ha sido siempre un lugar muy taurino y mucho más que eso, si nos guiamos por el  doctor Guillermo Boto Arnau, que escribió un libro cuyo título es toda una declaración de intenciones: “Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858)”.

El caso es que este verano, aprovechando mi estancia por la zona, me acerqué a ver los rastros taurinos que allí quedaban.

Cavilando sobre estos asuntos, al pasar por la plaza de San Juan de Dios, antigua plaza de la Corredera en la que ya se celebraban juegos de cañas en 1578, escuché una expresión que me hizo detener:

  • ¡pues no sé si va a estar para hacer el paseíllo!

Dos señores de sienes plateadas hablaban del próximo festejo a celebrar en la vecina localidad de El Puerto de Santa María, donde estaba acartelado Pablo Aguado, quien acaba de sufrir un percance en Gijón. Aprovechando la ocasión les interpelé sobre rincones taurinos de la ciudad y me miraron con cara de extrañeza y una profunda tristeza:

– ¡Aquí ya no queda prácticamente nada!

– Pero la plaza antigua, ¿donde se encontraba? –les pregunté.

– La última, que derribaron hace unos años, se ubicaba en lo que ahora es la plaza de Asdrúbal.

– ¿Y no hubo un coso anterior en el que torearon Gallito y Belmonte?

– Si, creo que esa plaza estaba en el Campo del Sur, detrás de la antigua Cárcel Real.

Bueno, al menos había un par de lugares taurinos que visitar, valiosa opción cuando la alternativa es estar tumbado encima de una toalla, asándote de calor, mientras los niños del vecino te echan arena por la espalda.

Plaza de la Hoyanca

De la última plaza de toros de Cádiz, la inaugurada en 1929, efectivamente no queda rastro taurino alguno; en la actualidad la parcela está llena de edificios y un pequeño parque con zona ajardinada, sin ningún interés para las cuestiones que nos interesan.

La última corrida de toros se celebró el 16 de julio de 1967 con seis toros de Juan Pedro Domecq para Juan Antonio Romero, Paco Camino y El Cordobés; dos días después tuvo lugar una becerrada con “El Bombero Torero” y al día siguiente se echó el cerrojo al coso por ruina técnica. Situada en un barrio con grandes posibilidades urbanísticas, acabó siendo derribada en 1976 y su espacio lo ocupa ahora la plaza de Asdrúbal y edificios colindantes. Por cierto, como atestiguan las fotos, en los años del cierre la plaza estaba abarrotada, con lo que el motivo de acabar con ella no se debió a falta de afición por el espectáculo.

Tras esta corta visita me acerqué a inspeccionar el lugar en la que se encontraba su predecesora, la conocida como Plaza de la Hoyanca. Si hablamos de plazas de toros, en Cádiz se enumeran más de una docena de cosos, pero a mí el que me interesaba era el operativo en 1912.

Debo reconocer que antes del viaje había tratado de localizar el emplazamiento exacto donde se debía encontrar el palenque; la labor no era sencilla, para ello llevaba un par de fotos en sepia del coso en la que se divisaban algunos edificios que me permitirían enmarcar la zona.

Una vez en el destino estuve dando vueltas, hasta que al final encontré la perspectiva que me ayudó a ubicar la plaza. En la actualidad el lugar es el Colegio Público Campo del Sur.

Rebuscando entre papeles, había encontrado que en Cádiz hubo varias “plazas de la Hoyanca” pero la que nos incumbe es la última, que estuvo ofreciendo festejos desde 1862 hasta 1914.

Construida en un tiempo record inferior a un mes, el coso se inauguró en el citado año de 1862, con motivo de la visita de Isabel II, por cierto, en un festejo en el que se tuvo que repetir el paseíllo en el cuarto toro ante la llegada con retraso de su majestad.

La plaza estaba hecha de maderas pero tenía una capacidad importante con un  aforo de más de 11.000 asientos. En este coso, el 6 de septiembre de 1914 fue mortalmente corneado Jaime Ballesteros “Herrerín”, el valiente torero mañico, que polarizó a la afición zaragozana en un duelo de aficionados, con su rival, tocayo de apellido sin ser familiar, Florentino Ballesteros, también fallecido por un astado, pero en este caso en la plaza de Madrid. El toro que hirió a “Herrerín” era “Almejito”, cornada de la que fallecería a los tres días; pertenecía a la ganadería de López Plata, hierro que criaba “alimañas”. Un par de meses después de ese percance, el 1 de noviembre, la plaza echó el cierre y el coso derribado por su propietario. El destino de las maderas que lo soportaban fue tétrico y a la vez romántico, ya que acabaron siendo destinadas a la fabricación de ataúdes, por lo que los restos de numerosos gaditanos reposan entre las maderas de este redondel. ¡No es mal pijama final!

En esta plaza, como hemos indicado con anterioridad, la tarde del 22 de agosto de 1912, hicieron, por primera vez, el paseíllo los novilleros Gallito Chico y Belmonte. El trianero sustituía a Francisco Posadas, cogido el día anterior en Antequera. Algo debían tener estas prometedoras figuras cuando el diario ABC comenzaba su crónica indicando:

“La corrida empieza en medio de gran expectación. Hay un lleno de los que hacen sonreír, a los empresarios. De Sevilla, Jerez y San Fernando han venido muchos aficionados”.

La Correspondencia de España informaba que:

“La corrida empezará hoy más tarde a fin de esperar que cesen los trabajos en los talleres. Los comercios también cerrarán para que la dependencia pueda asistir a la corrida”.

La tarde resultó exitosa; Gallito Chico, según la crónica del ABC, recibió “ovación, oreja y vuelta al anillo” en su primero, “ovación delirante, oreja y prendas de vestir” en su segundo y “palmas” en su último astado. Belmonte “ovación”, “ovación y música” y “palmas”. La Correspondencia de España señala que a Belmonte en su segundo le fue concedida una oreja.

“Los Gallos” tenían muchos seguidores en el gaditano barrio de Santa María, al ser la matriarca, la “Señá Gabriela”, originaria de allí. Años después, otro gaditano, José María Pemán compuso el poema “El sitio de la plaza Vieja”:

«Párate aquí, forastera:

y si tienes una gota

-¡una!- de sangre torera,

coge tu lápiz y anota

que una plaza de madera

hubo en este sitio…

Y que

en esa placita fue,

forastera, donde un día

-gloria de la torería,

que recuerdo todavía

y que nunca olvidaré-

se lució tanto José,

novillero todavía…»

¿Se referiría a aquella tarde o a la del 14 de mayo de 1911, con novillos de Felipe Salas, cuando, por enfermedad de Limeño, por primera vez se encierra Joselito en solitario, cortando tres orejas y teniendo que salir protegido por la autoridad, ante el deseo de los aficionados de abrazarle?

Casa Manteca

Con estas imágenes en la cabeza, el recuerdo a un pasado perdido y la sensación de una ciudad que ha dado la espalda a su historia, me alejé de la zona, con cierta melancolía , que, como decía Víctor Hugo, es el placer de la tristeza.

Arrastrando los pies camino del hotel, en la hora del vermú, seguí los consejos de mi buen amigo José Luis Gutiérrez y me acerqué a la taberna Casa Manteca en pleno barrio de la Viña para quitarme las penas. Una vez dentro del local, mi corazón me dio un vuelco; fotografías y carteles taurinos por doquier adornaban las paredes sin dejar un hueco libre. Aunque sea uno de los últimos reductos mantenido gracias a la afición del torero José Ruiz “Manteca” y de sus hijos, sigue quedando rastro taurino en Cádiz. ¡Todavía hay esperanza!

Juan Salazar es madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”.