Gallito, los Martínez y un Rolls-Royce

Un artículo escrito por Alberto Fernández Torres, socio de «Los de José y Juan» y descendiente directo del ganadero D. Vicente Martínez, para la revista TOROS.

Los buenos aficionados que conocen bien la historia de José Gómez, “Gallito”—es decir, los buenos aficionados “tout court”—saben que uno de sus mayores éxitos, dentro de una trayectoria que estuvo llena de ellos, se produjo el 3 de julio de 1914, cuando se encerró brillantemente en la Plaza de Las Ventas de Madrid con siete toros de la ganadería de los Herederos de D. Vicente Martínez.

He oído y leído en varias ocasiones que “Joselito” escogió este hierro para la ocasión porque, en primer lugar, quería evitar que la posible elección de ganado andaluz fuera considerada por parte de los exigentes aficionados madrileños como un inaceptable gesto de ventajismo; y porque, en segundo lugar, los “Martínez” eran una de sus ganaderías favoritas, una predilección que estaba sellada por su gran amistad con el responsable de la vacada: don Julián Fernández, mi abuelo.

Lo primero—que no quería para esta corrida ganado andaluz—parece suficientemente probado. Lo segundo, en cambio, resulta francamente improbable. Hasta aquel festejo, José solo había toreado cuatro corridas de Martínez (llegaría a torear más de 30 en adelante) y, aunque sin duda conocía a Julián Fernández por más que probables contactos establecidos en el ambiente taurino, los testimonios de la época no parecen reflejar que existiera por aquel entonces una amistad especialmente profunda entre ambos. En realidad, José toreó esos siete toros de Martínez porque así se lo recomendaron los empresarios de la Plaza, Retana y Echevarría, que basaron su consejo en el buen resultado que estaba dando ese ganado desde la cruza con un semental de Ibarra estrenada nueve años antes.

Muy probablemente, esa corrida no fue tanto el resultado, sino la causa, del marcado gusto que José tuvo desde entonces por “nuestros” toros—no solo por ellos, por descontado—y de su amistad con don Julián. Curiosa amistad, sin duda. Sincera, pero marcada por las distancias. Seguramente, más basada en el respeto que en el afecto. Jovial, dicharachero, simpático, inquieto e imaginativo, el diestro; serio, callado, circunspecto, racional y muy reflexivo, el ganadero. Este tuteaba a aquél; el torero trataba “de usted” al ganadero…

¿Cómo pudieron ser amigos dos individuos tan diferentes? El lector se dirá que, aparte de la famosa atracción de los contrarios, los dos tenían al fin y al cabo una gran pasión por la tauromaquia. Cierto, pero no suficiente. Probablemente, no solo les unía esa pasión, sino la manera de entenderla.

En el terreno artístico, porque ambos compartían que la grandeza de la Fiesta exigía pasar de lidiar toros haciendo arte, como fue habitual hasta José y Juan, a hacer arte lidiando toros, como ellos—y algunos otros desde entonces—lograron de manera canónica. Y, para ello, hacían falta toros bravos, sí; poderosos, sí;  pero también nobles, dinámicos, alegres, con carácter y que dieran juego en los tres tercios de la lidia, como era típico, entre otros, de los “Martínez”.

Pero también había una coincidencia entre ambos que afectaba a lo que acontecía fuera del ruedo: la idea de que eso exigía gestionar la Fiesta con auténtico y legítimo criterio empresarial; como un “negocio”, en el más noble sentido de la palabra.

Son conocidas—y, a veces, criticadas—las repetidas iniciativas e inquietudes de “Gallito” al respecto, de las cuales la construcción de la Monumental de Sevilla fue quizá la expresión más visible. En cuanto al ganadero…

Un día, paseando por el campo, mi abuela Carola se atrevió a preguntar a su marido: “Julián ¿por qué todos los ganaderos tienen Rolls-Royce y nosotros, en cambio, andamos en un coche tan desastrado?”. Mi abuelo, fiel a su costumbre, mantuvo silencio largo rato; pero, de pronto, al pasar junto a una finca en la que pacían sus preciosos “berrendos”, respondió a su mujer: “Mira, Carola: ahí tienes nuestro Rolls-Royce”.

Esta anécdota, que tantas veces me contó mi madre—Rita Torres, hija también de un ganadero con gran mentalidad de empresario—ilustra a mi juicio ese punto de encuentro que hizo posible que dos personas tan dispares como José y Julián pudieran fundar su amistad en cimientos sólidos, firmes y racionales: una misma concepción, seria, rigurosa, responsable y honesta de lo que debería ser la Fiesta de los Toros.

Alberto Fernández Torres es socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”. Alto ejecutivo del sector energético y especialista en comunicación, es descendiente directo de D. Vicente Martínez, creador de la famosa vacada de Colmenar Viejo que pervivió hasta la guerra civil y cuyos restos llegó a heredar Luis Fernández Salcedo.

Toros y Unesco; lecciones de unas «fake news»

Con respecto a la polémica acerca de la UNESCO y su falso rechazo de la candidatura de la Tauromaquia como Patrimonio cultural inmaterial, François Zumbiehl publica este artículo en el diario EL MUNDO del miércoles 2 de diciembre

Cuando cuestiones culturales se resuelven a golpe de ideologías y planteamientos políticos, la realidad se tuerce según los imperativos de la propaganda. Es lo que acaba de pasar con la victoria cantada por los grupos animalistas. Se han congratulado por el hecho de que la solicitud de inscripción por la Unesco de la tauromaquia en la lista del patrimonio cultural inmaterial “necesitando una salvaguarda urgente” no haya pasado la primera barrera administrativa, y no haya sido sometida a examen por el comité intergubernamental competente. No fue por una razón de fondo sino de forma. La propia Unesco lo ha aclarado. Tal solicitud se saltó un poco a la torera las reglas del juego: no se había rellenado el formulario correspondiente con los datos y argumentos exigidos; no se había producido un acuerdo previo con las autoridades de un estado miembro para que respaldaran la candidatura, y la situación de peligro inminente y excepcional de extinción en que se encontraría la fiesta de los toros no se sostenía con toda claridad. Por los desastres de la pandemia todas las actividades culturales están en realidad en peligro, y no se puede esperar que la Unesco lo remedie. Por lo tanto, convenía recorrer la otra vía, más ordinaria: la inscripción en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

La tauromaquia cumple con los cinco criterios marcados en el artículo 2 de la Convención de la Unesco para la salvaguarda de dicho patrimonio. Es un hecho objetivo, fácilmente demostrable.

La tauromaquia cumple con los cinco criterios marcados en el artículo 2 de la Convención de la Unesco para la salvaguarda de dicho patrimonio. Es un hecho objetivo, fácilmente demostrable. No reconocerlo es incurrir en un acto de censura ideológica, la misma que prohibió en su tiempo las teorías de Galileo. El lema gritado por los animalistas, aprovechándose de las rimas, forma parte también de las “fake news”, y es un insulto además para todas las víctimas reales y humanas de las torturas a lo largo de la historia. Un “torturador” que asume el riesgo en cada minuto de convertirse en víctima a su vez, y de ser cazado por el “torturado”, eso atropella la razón.

¿Qué lecciones, los que buscamos el reconocimiento de las tradiciones taurinas por la Unesco, podemos sacar de esta situación y de las falsas noticias que ocasiona?

  • Que hay que encaminarse en el asunto, con humildad y método, sin pausa pero sin prisa, recorriendo todos los pasos y logrando todos los consensos necesarios, en particular con las autoridades competentes, a nivel nacional e internacional.
  • Que la candidatura de la fiesta de los toros al reconocimiento por la Unesco tiene más oportunidades de prosperar si se presenta, de forma consensuada, por el conjunto de los ocho países que comparten esa tradición. Yo que tengo el honor de coordinar un grupo de trabajo internacional a tal efecto, en relación estrecha con las plataformas afines, puedo certificar la gran riqueza de esta reflexión compartida. Y todo hay que decirlo: el contexto actual no pone a España en la mejor posición para encabezar esta dinámica.  Aquí, más que en otros países, la fiesta taurina, desgraciadamente, está siendo tomada como rehén por duros enfrentamientos políticos e ideológicos. Buena prueba es que son algunos eurodiputados españoles y la propia dirección general de los derechos de los animales del gobierno de España los que han alimentado las protestas de las asociaciones antitaurinas, si damos fe a las declaraciones de éstas, en la solicitud que acaba de ser descartada.
  • Que, considerando la dimensión antropológica del concepto de patrimonio cultural inmaterial, sería contraproducente desvincular la tauromaquia formal del conjunto de las innumerables y muy diversas fiestas populares en torno al toro (más de 2000 en España, y unas tantas en países como México o Perú). Convendría por lo tanto en una candidatura abarcar un conjunto extenso que podría titularse, como el magnífico libro del historiador Álvarez de miranda, Ritos y juegos del toro. La amplitud de estas fiestas, su vigencia en los pueblos, y la participación entusiasta en ellas de niños, jóvenes y ancianos, son el argumento más convincente para lograr el reconocimiento de las tradiciones taurinas como patrimonio cultural inmaterial por la Unesco.

François Zumbiehl, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”  es catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Coordinador del comité científico del «Observatorio francés de las culturas taurinas» ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.

EXTRA DE LA REVISTA TOROS DEDICADO AL CENTENARIO JOSELITO

Portada de Luis Francisco Esplá

La revista TOROS editada en Nîmes, decana internacional de la prensa taurina, ha dedicado su número extra de noviembre al Centenario Joselito. Una cuidada edición, cuya portada es un retrato de Gallito realizado para la ocasión por Luis Francisco Esplá, quien une su demostrado interés por la tauromaquia clásica a su inspiración artística para el diseño y cuyo sumario es una muestra del impacto que el Centenario Joselito ha tenido entre los aficionados.

Cuenta con interesantes colaboraciones de aficionados franceses y españoles. Entre los franceses, las de Joel Bartolotti, anterior director de la revista y autor de una biografía de Joselito, Jean-Pierre Hedoin, presidente del Club Taurino de París o Francis Fabre, el actual director de TOROS. Entre los españoles hay dos aportaciones de socios de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, además del editorial, que me han cedido amablemente y he tenido la enorme satisfacción y honor de escribir. La participación española se completa con artículos de Manuel Fernández Leal, autor del blog “Los leales del toreo”, Antonio Fernández Casado, ex presidente del Club Cocherito de Bilbao y el escritor taurino Domingo Delgado de la Cámara. Todas las aportaciones de aficionados españoles están cuidadosamente publicadas en español y francés, como una muestra de hermandad entre ambas aficiones, que estando unidas por su común interés por la tauromaquia, a veces el idioma ejerce de barrera para la comunicación.

Sirve, este número extraordinario, de colofón del Centenario Joselito, que lanzamos a finales del año pasado y que, truncado como tantas otras cosas, por el maldito coronavirus, ha reivindicado el papel de Joselito en la historia de la tauromaquia y en la sociedad de su época y que tendrá continuidad el año próximo con diferentes iniciativas, especialmente de entidades públicas, que quedaron pendientes de realización.

Publicamos en esta entrada el editorial en español junto con las fotos de las páginas de la revista donde se reproduce en español y francés.

Las próximas entradas estarán dedicadas a los artículos de los socios de “Los de José y Juan”. Juan Salazar: El pacto de “La Estrecha” y Alberto Fernández Torres: Gallito, los Martínez y un Rolls Royce.

Andrés de Miguel

Presidente de la Peña Taurina «Los de José y Juan».

Saltillo, peripecias de un hierro histórico y un ganadero enamorado

Foto Andrew Moore

José Joaquín Moreno Silva analiza el momento de la fiesta y el protagonismo de sus toros en una entrevista de Antonio Lorca para El País.

«Nunca creí que llegaríamos a la situación actual. Esta pandemia me ha descolocado. De momento, la broma me 250.000 euros. Y digo más: si la próxima temporada no comienza en Castellón y Valencia, estamos muertos».

Ganadero propietario del hierro de Saltillo, José Joaquín es socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, a la que también perteneció su padre, el ganadero Alonso Moreno de la Cova.

Su afición taurina le llevó a ser rejoneador. Ganadero desde su juventud a cargo de las ganaderías de la familia, en 1992 heredó el hierro de Charco Blanco cuyo nombre cambió a Moreno Silva y en 2013 compró el histórico hierro de Saltillo que da nombre a la ganadería y al encaste.

Leer entrevista completa.

 

François Zumbiehl: «La tauromaquia encaja en el concepto de cultura»

El diario «El Comercio de Lima» publica una interesante entrevista a François Zumbiehl, socio de la peña taurina de Los de José y Juan. En ella, Zumbiehl explica por qué la tauromaquia es una manifestación cultural según los principios de Unesco y expone la base filosófica del rito taurino.

–¿Por qué debería considerarse que la tauromaquia es una manifestación cultural y una expresión de la diversidad cultural?

Con el concepto del término cultura nos tenemos que referir a lo que la Unesco considera en dos importantes convenciones, la de 2003 acerca de la promoción y protección del patrimonio cultural inmaterial y la de 2005, de la protección de la diversidad de las culturas; ambas convenciones muy influenciadas por los trabajos del gran antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, que considera que una cultura es la relación entre una comunidad humana y un objeto cultural, que podría ser un monumento, un patrimonio inmaterial, con el cual esta comunidad se identifica y que refleja sus valores y sentimientos. Es clarísimo que la tauromaquia refleja los valores con que nosotros, los aficionados de varias comunidades y países, nos identificamos.

Siempre es una relación entre un objeto, material o inmaterial, y los sentimientos de un pueblo o comunidad que se identifica con ellos.

Conocemos el lema de los antitaurinos, que quieren negar esto y dicen “tortura no es cultura”, pero tanto el concepto de cultura como el de tortura no es que sean subjetivos, pero tienen que ser razonados a la luz de los valores y sentimientos de las comunidades donde existe afición a la tauromaquia.

–Se usa el término “tortura” con mucha ligereza, pero valdría la pena explicar por qué no es tortura.

Decir que la tauromaquia es tortura es un insulto. Me sorprende que las organizaciones que defienden los derechos humanos; aquellos que cultivan la memoria de las víctimas que sufrieron tortura a lo largo de la historia, especialmente en el siglo XX, no se sientan insultados con la relación que algunos hacen entre tauromaquia y tortura.

La tortura supone, primero, un humano consciente lo que está sufriendo; maniatado e impedido de moverse. Además, un verdugo que está a sus anchas y puede infligir daño sin correr el menor riesgo.

Es evidente que en la tauromaquia nada de esto se da. El toro no es un ser consciente pero está luchando y superando, al luchar, el posible dolor con las endorfinas; esto lo explican perfectamente los veterinarios, haciendo una analogía con los atletas –en el box o en el rugby, por ejemplo– que superan el dolor gracias a esas hormonas. Al mismo tiempo, el toro representa un enorme riesgo para el torero, que es el artista que se enfrenta con él.

Por lo tanto, la tauromaquia es una relación entre dos seres, pero ninguno está maniatado ni en actitud de pasividad. Por eso, la noción de tortura en las fiestas de toros es totalmente desquiciada.

Francois Zumbiehl, reconocido antropólogo y diplomático francés, razona acerca de la tauromaquia | Foto de Andrew Moore.

–Hay quien sostiene que Unesco no podría reconocer a la tauromaquia como cultura porque hay un sacrificio ritual.

No solo la Unesco; también los tratados europeos. La Unesco, desde la primera década de este siglo, se atiene al concepto de cultura definido por Lévi-Strauss, que es esa relación entre sentimientos y valores de una comunidad que las comparte y que se refleja en las manifestaciones inmateriales.

Hay dos ejemplos muy claros reconocidos por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Uno es el Sanké Mon, sacrificio ritual de gallos y cabras en Mali, para que los dioses del río permitan una abundante pesca colectiva, en la que se matan miles de peces.

También hay una caza ritual, la cetrería, reconocida por la Unesco, la que fue presentada por países árabes y europeos. En ella, el halcón está al servicio del hombre para matar perdices u otras aves.

–Francia es un fenómeno social notable por el auge de la tauromaquia en las últimas décadas y por el gusto que manifiestan por la pureza de la suerte de varas y por la perfección con el estoque; la cuadra de caballos y las puyas de Alain Bonijol son un ejemplo de ello. ¿A qué lo atribuyes?

Hay consideraciones sociales, antropológicas e históricas. Tienes razón cuando describes la afición francesa. Respecto a Francia, son un grupo minoritario que se reconoce como tal, porque la franja taurina de Francia comprende algunas regiones del sur y del suroeste. Pero esa minoría es muy estructurada y desea manifestar su identidad a través de las fiestas de toros. Fue una larga lucha histórica que se resolvió a mediados del siglo XX.

Por ello, los aficionados franceses que defienden su cultura quieren que la tauromaquia se manifieste en todo su rigor y autenticidad, lo que presupone integridad en todas las fases del ritual y en particular en los tres tercios y especialmente en el primero: la suerte de varas. En Francia se exige el toro íntegro y con toda su capacidad para manifestar toda su bravura en el primer tercio; que no se le castigue en exceso, que se dé todo el espacio para expresar su bravura. Además, que el espectáculo sea completo; que la corrida no se reduzca a las faenas de muleta; que hay espectáculo auténtico en la suerte de varas, en banderillas; luego, por supuesto, después en la muleta y, claro, que la estocada esté bien dada. La afición francesa lo exige así de íntegro y no reducido a la muleta.

–Es lo más acertado, porque la faena empieza con el primer capotazo y termina con la estocada y esa integridad debe estar estructurada y con una arquitectura que satisfaga al aficionado en este rito.

Absolutamente, y en ese sentido, el acierto de Bonijol ha sido adiestrar a sus caballos ligeros, para que sin un peso excesivo se puedan mover y obedecer al picador, que debe ser –ante todo– un buen jinete. Que sus petos tengan poco peso y que el pitón del toro pueda resbalar sobre el peto sin atracarse. Además, que el hierro de la puya no sea excesivo. Lo de la puya es una reforma que está haciendo la Unión de las Ciudades Taurinas de Francia (UVTF) para que en todas sus plazas se utilice esa puya; esa reforma se está estudiando en España, pero eso es otro tema. Lo que se busca es no castigar en exceso al toro para que pueda mantener su acometividad hasta el final de la faena.

–Y para que el caballo no sea una pared inamovible contra la que el toro se rompe aún más que con la puya.

¡Exactamente! Que no sea una muralla, que desmoviliza de alguna manera al toro, al sentir que no podrá con ella, lo que es tremendo, porque la corrida siempre debe ser un equilibrio. El toro tiene el destino de morir en la plaza, pero debe ser un animal respetado. No hay tauromaquia si no hay respeto y admiración por el animal.

–Hay una frase que sé que te gusta, que me parece es de Pepe Alameda, que dice que la tauromaquia es como la vida misma.

Sí; la tauromaquia es como la vida misma porque, al fin y al cabo, es la representación y una realidad, al mismo tiempo. El término representación debe utilizarse con prudencia, porque lo que se desarrolla en el ruedo es al mismo tiempo una realidad. El toro muere de verdad, pero también el torero puede morir o ser herido de verdad; se lo dijo un torero a un actor que lo silbaba desde el tendido: “Aquí, señor, se muere de verdad”.

Pero también es representación; una metáfora del destino de la vida.

La metáfora consiste en que el torero reproduce el viejo mito esencial de la lucha entre Teseo y el Minotauro; entre el espíritu humano, la habilidad del artista, de la inteligencia humana, frente a un ser instintivo y salvaje que representa la amenaza que pende sobre nuestras cabezas de mortales, que es la propia muerte.

El torero, al matar al toro, de alguna manera vence, en el rito, a la muerte. Pero es un triunfo efímero y absolutamente provisional, porque para todos nosotros, la muerte siempre será el final.

Es, por lo tanto, un ritual de cómo la inteligencia con el arte, dialogando con la naturaleza del toro puede producir belleza y al mismo tiempo vencer a las amenazas y a la muerte misma.

Pero en ese ritual hay una identificación con el toro. De alguna manera, nosotros los aficionados, finalmente nos identificamos con el toro bravo. La prueba es que cuando un toro ha sido de verdad bravo; cuando realmente ha asumido el final de su vida con toda su bravura, nosotros lo respetamos y lo admiramos y cuando muere, los aficionados se levantan, lo aplauden y manifiestan ese respeto, porque de alguna manera, ese destino del toro es el nuestro, pues representa nuestro destino ante la muerte.

Esa ambigüedad, esa ambivalencia de lo que pasa en una corrida es de una profunda riqueza que tiene sus raíces en todos los sentimientos y pensamientos del universo mediterráneo, del cual somos herederos y que atravesó el Atlántico para llegar a Hispanoamérica. Todo eso sucede durante una corrida.

–También se produce la esencia de un drama griego, que es cómo contamos las historias y los relatos. En el primer acto, en el primer tercio, ya conoces a los dos oponentes, pero tú no sabes cuál va a ser desenlace y ese desenlace desconocido nos mantendrá atentos para ver qué sucederá y todo ello, dentro de un marco y una escenografía muy artística.

Tienes toda la razón. Hay mucha semejanza entre la corrida y la tragedia griega, que termina mal. La corrida termina con la muerte del toro, pero la tragedia griega termina con la muerte del héroe. Nosotros, somos –como te dije– tanto el matador como el toro que, al final, muere.

Pero además, en la corrida, que tiene una estructura dramáticamente marcada con los tres tercios, que son como los tres actos de una tragedia, todo está marcado por el código ritual pero también es imprevisible. Nadie sabe qué va a pasar. No sabemos si el torero será cogido; si una suerte se podrá realizar o no. Es más; toda la belleza del toreo está ligada al sentimiento de lo efímero; que todo está absolutamente sometido al tiempo y que ese es nuestro destino en la vida; nosotros estamos sometidos al tiempo. Por ello, lo que hace un torero nos emociona tanto más porque sabemos que no lo volveremos a ver; sabemos que es para ese momento y para nuestro huidizo recuerdo. Y en ese intento de contrarrestar el destino artístico, el torero necesita templar.

¿Por qué necesita templar? Indudablemente, por razones técnicas de la lidia, en primer lugar; pero también porque necesita lentificar lo que hace; porque, de alguna manera, está dominando el tiempo, esculpiéndolo. Recuerdo que el gran maestro Antonio Bienvenida le explicaba a un señor que le preguntó por qué se esforzaba tanto por templar, por lentificar lo que le hacía a los toros, lo siguiente: “Porque siento que en cada pase se está muriendo mi faena”. Es decir, sabemos que la belleza que vemos está abocada a morir. El torero no solo matar al toro, al estoquear; mata y remata una faena que nunca más se volverá a producir. Eso también es nuestro destino de mortales.

–Gracias François, por tu tiempo. Ha sido muy interesante lo que has dicho. Dejaremos para otra ocasión el tema del antiespecismo, ese movimiento seudofilosófico, que desde que Singer lo creó ha terminado en este animalismo desbocado que vemos en el siglo XXI.

Será muy importante hablar de eso porque es una amenaza a nuestra civilización grecolatina, es decir, a nuestro humanismo.

Pero por otro lado, la pena es que no has visto aún una corrida en Acho. Salvo aquel sábado de hace muchos años, que te llevé temprano a la plaza y la vimos desocupada.

¡Pues sí, claro que me acuerdo! Y tú me enseñaste el museo taurino y había allí un traje de luces de Belmonte.

–Sí, y hay uno de Joselito y otro de un torero al que admiras mucho: de Manolete.

Al que admiro mucho y acerca del cual –como sabes– he escrito.

Espero que haya otra oportunidad y que pueda ver una corrida en Acho.  En cuanto termine la pandemia tendré que programar un viaje a Lima.

François Zumbiehl, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”  es catedrático de Letras clásicas y doctor en Antropología Cultural. Vicepresidente del Observatoire National des Cultures Taurines ha sido parte fundamental en la aprobación por el Senado francés de la Tauromaquia como Bien Cultural Inmaterial de Francia. Tiene publicados en español los siguientes libros: Mañana toreo en Linares, El discurso de la corrida, La voz del toreo y El torero y su sombra.

Tendido Cero rinde homenaje a Joselito el año de su centenario

TENDIDO CERO, que ha vuelto a la programación de la televisión pública nacional, tras el parón debido a la pandemia, dedicó un espacio en su programa del sábado 31 de octubre, a la conmemoración del Centenario de Joselito, con un paseo por los lugares que guardan huellas con el recuerdo de Gallito en Madrid.

El paseo dirigido por el periodista Javier Hurtado, fue comentado por nuestros socios Juan Salazar y Andrés de Miguel.

Juan Salazar Larraz, socio de la Peña Taurina «Los de José y Juan», es madrileño. Licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa, ha desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la Consultoría y de los Recursos Humanos. Es autor de los libros “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto” y “Toros sin complejos”. Es responsable del programa radiofónico “Los Toros, nuestra Historia” de Radio Ya.

Andrés de Miguel, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, que preside desde marzo de 2018, es sociólogo y aparejador.

Colaborador en diversos medios escritos en soporte papel y electrónico, impulsor de la Tertulia de Jordán, y editor del blog de toros ADIÓS MADRID, cuyo nombre viene del libro del mismo título, escrito en colaboración con José Ramón Márquez. Es autor del ensayo Los aficionados integristas.

El paseo gallista se puede ver pinchando en el siguiente enlace al programa.

Andrés Amorós: «Romero Murube me enseñó a buscar una Sevilla clásica, universal»

Foto: ABC

Andrés Amorós, socio de «Los de José y Juan», ensayista y crítico taurino recibe el Premio Literario «Joaquín Romero Murube» durante una cena en la Casa de ABC de Sevilla.

El ensayista, doctor en Filología y crítico taurino de ABC Andrés Amorós ha recibido este jueves de manos del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y en presencia del presidente de Vocento, Ignacio Ybarra Aznar, y del director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra, el galardón que le acredita como ganador del XX Premio Joaquín Romero Murube.

El acto de entrega del galardón, que premia artículos sobre Sevilla escritos en español, tuvo lugar en la Casa de ABC de Sevilla durante una atípica cena respecto a otras ediciones a causa del Covid-19, en la que se extremaron las medidas higiénico-sanitarias y de aforo, por lo que solo asistieron personalidades relacionadas con las artes y las letras.

El jurado de esta edición, que organiza ABC y patrocina CaixaBank, premió a Andrés Amorós por la Tercera «Manuel y Antonio, de Sevilla», publicada en ABC el 13 de abril de 2019 y en el que reivindicaba a los hermanos como dos grandes poetas, más allá de los vaivenes políticos que han mediatizado la recepción de sus respectivas obras.

«No hay un Machado ‘bueno’ y uno, ‘malo’. Los dos, Manuel y Antonio, son buenos: grandes poetas y entrañables personajes», escribió Andrés Amorós en el artículo premiado.

El escritor, columnista de ABC y numerario de al Real Academia Sevillana de Buenas Letras Antonio Burgos fue el encargado de presidir el jurado de esta XX edición, del que también formaron parte la directora territorial de Andalucía Occidental y Extremadura de CaixaBank, María Jesús Catalá; la directora general de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Isabel Ojeda; el periodista y columnista de ABC, Ignacio Camacho; y el periodista y adjunto al director de ABC de Sevilla, Alberto García Reyes.

El crítico taurino valenciano se suma así a una nómina de ganadores que inició Ignacio Camacho y al que le siguieron Manuel Ramírez, Antonio Burgos, Joaquín Caro Romero, Francisco Pleguezuelo, Carlos Colón, Arturo Pérez-Reverte, Juan Manuel de Prada, Carlos Herrera, Manuel Alcántara, Alberto García Reyes, Enriqueta Vila, Hugh Thomas, Francisco Robles, Javier Cercas, José Antonio Gómez Marín, Carmen Posadas, Rogelio Reyes Cano y Juan Eslava Galán.

El premiado destacó en su discurso que su guía en la capital andaluza ha sido, además de su esposa Auxi, «Romero Murube, que siempre llevaba ‘Sevilla en los labios’: él me enseñó a buscar una Sevilla clásica, universal». Porque, añadió posteriormente, son «los poetas los que nos ayudan a sentir mejor a Sevilla: Cervantes, Bécquer, Salinas, Cernuda… y, por supuesto, los Machado».

Foto: ABC

«Dos figuras universales»

Por su parte, el director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra, reclamó para esta cabecera haber sido un «fondeadero» durante más de un siglo un «frente a las marejadas» de la historia, «actuando siempre conforme a su espíritu liberal, su humanismo de inspiración cristiana y su defensa de la monarquía constitucional», «señas de identidad a las que no vamos a renunciar».

María Jesús Catalá reivindicó a los Machado como «dos figuras universales de la literatura en castellano» unidos por «esa luz única que tiene Sevilla» a la que hacía referencia Amorós en su artículo. Una «luz única», señaló la directiva de CaixaBank, «capaz de romper todas las barreras» en los tiempos difíciles que se avecinan.

Finalmente, el alcalde de Sevilla tuvo palabras de reconocimiento para Amorós, por una vida «dedicada a la cultura», de quien es un «evidente amante de Sevilla» y que aspira a ser un «sevillano serio», como lo fue en su día Romero Murube y lo sigue siendo Antonio Burgos.

Foto: ABC