JOSÉ TOMÁS EN GRANADA

Por Juan Salazar

El Mirador de San Nicolás cobró merecida fama hace años, cuando el entonces presidente estadounidense Bill Clinton, tras visitarlo, afirmó haber contemplado “la puesta de sol más bonita del mundo”, comentario que lo colocó como un punto de obligada parada en Granada.

Desde esta atalaya en el Albaicín, las vistas a la Alhambra, al Generalife, con Sierra Nevada de fondo, son incomparables. La Alcazaba impresiona con sus torres y los palacios nazaríes se muestran austeros, nada que ver con la que fue su rica ornamentación interior; ya se sabe que la filosofía de aquellas dinastías abogaban por un rechazo a la ostentación. El lujo debía ser para el invitado, no para el curioso que lo examinaba desde el exterior.

Ese mediodía descansaba en un restaurante próximo al mirador, imaginando como sería la entrada de nuestra reina, ¡la mejor que ha tenido la cristiandad!, cuando tras el asedio a la plaza pudo acceder a ella, una vez Boabdil “El Chico” la había rendido “llorando como mujer lo que no supo defender como hombre”.

Pocos son los restos que perduran en sus salas de esos años, pero los que quedan, sobrecogen.

En estas reflexiones me encontraba mientras tomaba una cerveza fresquita; en la mesa de al lado, dos caballeros permanecían mudos, también absortos con la vista.

El silencio fue roto por uno de ellos:

  • ¡Vaya barrera de sombra que tenemos!

La expresión no podía ser mas taurina, así que no resistí la tentación de preguntar:

  • Perdonen por la interrupción, pero, ¿están ustedes aquí para asistir al festejo taurino?
  • Efectivamente, así es, venimos de Colombia y estamos para ver al maestro Tomás. El año pasado le vimos en Algeciras y no nos lo queremos perder.

De esta forma iniciamos una conversación que resultó entrañable y en la que Luis Jorge y Carlos Alberto nos detallaron sus primeros recuerdos de aficionados en su Bogotá natal, evocando figuras como Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Curro Romero y, como no, hablando con gran cariño de sus paisanos Pepe Cáceres y el gran Rincón, el diestro tan querido por la afición venteña que logró en aquel lejano 1991 abrir cuatro veces consecutivas la Puerta Grande.

Deliciosa conversación, que fue una de las muchas que tuvimos esos días de disfrute en Granada.

El anuncio de José Tomás en una Feria conlleva una auténtica peregrinación en la que aficionados de todas las partes del globo se dan cita con la esperanza de ver algo grande. Así coincidimos con Jean Pierre y Mari Luz, grandes aficionados de Francia, con taurinos venidos de Méjico, conocimos a familias que se habían desplazado desde Murcia, Alicante, Sevilla, Ceuta…

Ya por la tarde, en los aledaños de la plaza, pudimos saludar al maestro Rincón y agradecerle por tantas tardes de alegría que nos ha dado. Con una sonrisa amplia y sincera nos devolvía el cumplido.

Los alrededores estaban atestados; algunos incautos preguntaban tímidamente:

  • ¿Les sobra una entrada?

¡Tarea complicada! No obstante, cuando hay demanda, aparece la oferta, y unos metros mas allá algunos individuos, mucho más desenvueltos, ofrecían billetes a unos precios que tenían tres ceros. ¿Sería una de esas entradas la que había adquirido una aficionada a la que no le permitían el paso con el argumento de que alguien con su código de barras ya había accedido al recinto?

En el interior del coso coincidimos con varios socios de la Peña, Manuela, Primi, Rafa, Luis, Pedro, Andrés, grandes aficionados que venían con devoción. ¡A ver si embiste algún toro! era el deseo común.

Los dos días anteriores las reses de Nuñez de Tarifa y de la Casa Matilla habían ofrecido un juego muy pobre y deslucido.

Acomodados en el limitado espacio al que nos daba derecho nuestras localidades comprobamos el gran interés que existía por localizar a personajes famosos:

  • Mira, mira, ese el presidente de Endesa, ¿no?
  • ¿Y ese no es Abelló?
  • Mira allí está Román, el torero.
  • ¿Has visto a Calamaro?, seguro que tiene que estar.
  • ¡Carmen, Carmen!- gritaba con desesperación nuestra vecina, empeñada en hacerle una foto a la vicepresidenta.
  • ¿El rey emérito donde está?- era una pregunta común que se escuchaba por los tendidos.

El cartel anunciaba una corrida mixta, dos toros de rejones para Sergio Galán y cuatro para el diestro de Galapagar.

  • ¡Que suerte, cuatro toros para Tomás, alguno tendrá que embestir!- era el comentario generalizado.

Las ganaderías acarteladas habían sido muy escogidas por el diestro y su entorno: Nuñez del Cuvillo, Garcigrande y El Pilar.

La tarde estaba preparada para que sucediera algo grande y así aconteció, incumpliendo aquello de “tarde de expectación, tarde de decepción”.

José Tomás en su primer, segundo y cuarto toro dio una verdadera lección de naturalidad y dominio, con los pies asentados en el albero, mandó, mandó y mandó a los toros con maestría, hasta dándoles indicaciones de donde debían doblar y caer. Pero no sólo mandó en los toros, también, y esto es lo más difícil, lo hizo consigo mismo, imponiendo su voluntad al espíritu de conservación, de modo que a pesar de alguna de las coladas de los bureles, sin enmendarse ni mover un ápice las zapatillas, fue capaz de reconducir las embestidas y evitar las cogidas que los espectadores vimos inminentes.

Hubo lances de todo tipo, pases muy ceñidos rozando los pitones la taleguilla, vimos un conocimiento de los terrenos y las distancias muy apreciable.

Y percibimos emoción, mucha emoción que llevó a un espectador a gritar ¡qué lástima por los que están en el Paraíso!

El toreo es razón, pero también es emoción. José Luis Suarez Güanes escribió un extraordinario libro “Madrid Cátedra del Toreo”, y en la Cátedra uno va a examinarse; el tribunal, perdón, los espectadores, evalúan y juzgan la pureza de la faena. Por eso la afición de Madrid es exigente. Pero fuera de Las Ventas la Fiesta se impone. Algunos amigos, a la finalización del festejo, me enviaron sus mensajes al móvil preguntando por la faena y por las primeras imágenes que circulaban ya por las redes:

  • Pero… hubo enganchones, en alguna de las series el toreo fue hacia las afueras, despidiendo el toro, las estocadas cayeron bajas y traseras…

Pues sí, también hubo de todo eso, pero en la plaza la emoción se impuso a la razón. Como dice el adagio: “hay razones que la razón no entiende”.

Algo de eso nos sucedió, al menos a mí.

  • ¡No veáis los videos!-, insistía con razón uno de los buenos amigos con los que me crucé.
  • ¡En los videos no sale la magia, la emoción!

Como detalle, mi amigo Carlos Alberto, al que encontré a la salida, me comentaba que a pesar del calor que hizo en la tarde, mucho más que el día anterior, él no percibió esos rigores climatológicos. Estaba transportado.

Para describir de forma general lo que sucedió, tomo prestadas las palabras de Pedro Chicharro, socio de la Peña con el carnet número 1, que compartió al día siguiente en el “chat”:

Las cuatro faenas duraron menos de cinco minutos. Cada tanda de derechazos y naturales se componía de ocho o nueve antes del remate, de pecho o trincheras o de la firma. Siempre cruzado, siempre dando el pecho al toro, siempre la suerte cargada, siempre naturalidad, ni una carrerita, ni un paso de más. Siempre dejar el toro puesto perfecto al caballo. Quites variados en los cuatro toros. Tapatías primorosas con las manos muy bajas, navarras, tafalleras, afarolados. Una lección de tauromaquia cada momento. No se puede torear mejor. Es otra cosa.

El maestro Tomás se prodiga poco, muy poco, con razón algún espectador le ofreció pagar el sobrero por seguir viéndole torear. Son escasísimas las tardes en las que se puede tener la oportunidad de verle; eso no lo han hecho nunca las figuras, es muy cierto. Personalmente considero que JT pasó de ser figura, lo fue en su momento, a mito, y a los mitos se les consiente todo.

Soy muy consciente de haber visto torear mejor, más puro, con más verdad e incluso más pellizco, pero son pocas las tardes que he sentido tanta emoción en una plaza, y eso quedará marcado en mi cabeza y en mi corazón.

El desplazamiento a Granada había merecido la pena, además por las visitas que pudimos hacer en los trayectos de ida y vuelta, rindiendo un merecido homenaje a Ignacio Sánchez Mejías en el Parador de Manzanares, lugar en el que pasó la noche antes de su cogida mortal y visitando el Hospital de los Marqueses de Linares, centro en el que expiró el cuarto Califa. Dichas visitas justificaban el viaje, pero extasiarse por la mañana con La Alhambra y por la tarde con José Tomás no se puede comparar a nada.

Juan Salazar es socio de la Peña Taurina Los de José y Juan. Madrileño, licenciado en Farmacia y MBA por el Instituto de Empresa. Abonado a la Plaza de Las Ventas, es miembro de la Unión de Bibliófilos Taurinos, colaborador en la sección taurina de Radio Ya y autor del libro de recuerdos taurinos “Remembranzas Imaginarias; Madrid Museo Taurino Abierto”

PREMIO LUIS FERNÁNDEZ SALCEDO A LA GANADERÍA MÁS ENCASTADA DE SAN ISIDRO 2019

El toro Combativo-15 entrando al caballo. | Foto Andrew Moore

La Peña Taurina “Los de José y Juan” acordó el pasado martes 18 de junio otorgar el XVII premio Luis Fernández Salcedo a “la corrida más encastada lidiada completa en San Isidro 2019” a la ganadería de D. José Escolar Gil, lidiada el martes 28 de mayo por Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez.

La casta es la característica distintiva del toro de lidia, que le separa de la docilidad y puede ir acompañada de la fiereza, la bravura y la nobleza.

La corrida de José Escolar tuvo casta acompañada de fiereza, aunque los toros no estuvieron exentos de nobleza y bravura. Más complicados los dos primeros, el cuarto fue noble y los otros tres mostraron las dificultades de la casta, que pusieron en valor los matadores que los torearon con conocimiento, exposición y valor.

Ángel Sánchez en una tanda de naturales. | Foto: Andrew Moore

Las cuadrillas hicieron un gran trabajo. Iván García ganador del trofeo de Plaza 1 a la mejor brega, en la cuadrilla de Ángel Sánchez, lidió el tercero de nombre Combativo-15 y en la misma cuadrilla Fernando Sánchez ganador del trofeo al mejor par de banderillas pareó a Combativo-15 y Vistoso-69. Juan Sabariegos ha sido nombrado por el blog La suerte de varas como autor de uno de los tres mejores tercios de varas de la feria a Vistoso-69.

Fernando Sánchez recibió el premio al mejor par de banderillas. | Foto: Andrew Moore

La corrida de José Escolar estuvo inserta en el ciclo que celebraba el centenario de la antigüedad del hierro de Albaserrada, con corridas de las tres ganaderías de ese encaste, de gran interés.

Finalista en la votación de la Peña Taurina “Los de José y Juan” ha sido la corrida de Santiago Domecq y fueron eliminadas en las anteriores votaciones la corrida de Adolfo Martín y la de Valdellán.

El trofeo se entregará al ganadero al finalizar la temporada.

Lecciones morales de la fiesta

Foto de Andrew Moore | Octavio Chacón triunfa en Las Ventas con Asturdero, (Saltillo).

Hoy publicamos el tercer y último escrito de esta trilogía que nuestro socio Jesús Banegas dedica a «La Fiesta».

Por Jesús Banegas.

La fiesta tiene muy arraigada una función redentora. Después de sufrir penurias de todo tipo, es frecuente que un torero poco conocido o insuficientemente reconocido, gracias a una circunstancial demostración de sus méritos alcance notoriedad y dé un salto en su valoración por los públicos y por tanto los empresarios. Se trata de una justicia innata que siempre ha estado vigente en la fiesta. Todas las temporadas asistimos a fenómenos redentoristas: Diego Urdiales, Octavio Chacón y Pablo Aguado son recientes ejemplos.

Aquí, Las Ventas se lleva la palma.

Si la fiesta se mantiene en vigor es gracias a su larga tradición y la capacidad – a pesar de todo- de toreros, ganaderos y empresarios de adaptarse a los nuevos tiempos. Sólo una muy pequeña parte de cada gremio gana dinero, unos cuantos más se sostienen  con dificultades y el resto lo pasa mal. La teoría económica no puede explicar la vigencia de la fiesta; hacen falta consideraciones sentimentales para entenderla.

Curiosamente y a diferencia de otros ámbitos económicos y culturales la capacidad lobística de la fiesta es paupérrima. Ninguno de sus tres ámbitos –ganaderos, toreros, empresarios- se ha caracterizado nunca por preocuparse seriamente por sus intereses corporativos Es ridículo que los toreros reclamen a los ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas la subvención de escuelas taurinas, cuando lo serio sería que fueran sufragadas con su propias aportaciones -un pequeñísimo porcentaje de sus ingresos-, que con una adecuada acción de lobby  podrían ser deducibles como gasto en el IRPF.

Es asombroso que no haya una estructura representativa -una federación– de toreros, ganaderos y empresarios taurinos que con un staff profesional adecuado al caso vele, seria y permanentemente, por los intereses del sector.

Finalmente, la fiesta mantiene una genuina vitalidad en cuanto a la conservación y la transmisión de valores morales de tan grande vigencia como necesaria reivindicación en la España de nuestro tiempo.

Todos los toreros -incluyendo los novilleros– sin excepción, ofrecen en la calle una pulcrísima imagen, moderna pero ajena por completo a esas modas ¡postmodernas! –piercing, tatuajes, estilo cantinflesco… – que se han adueñado del futbol y la música pop, por ejemplo. Pero, además de sus impecables aspectos físicos, todos ellos se suelen expresar con claridad, rigor y respeto a lo sucedido en las plazas. Los valores que subyacen en todas las declaraciones de los  toreros están enraizados en el aprendizaje, el respeto a los maestros a los que llaman de usted, el esfuerzo –nada viene dado, hay que esforzarse en conseguirlo, el mérito –obtenido en la cara del toro que pone a cada uno en su sitio –, el trabajo bien hecho –no de cualquier manera sino sujeto a cánones, el reconocimiento de los demás, la mejora constante, el sobreponerse a las dificultades, el  compañerismo –ningún torero habla mal de otro, el sentido de la responsabilidad -la culpa si las cosas no salen bien no es de los demás-, la valentía para enfrentarse a las dificultades -de los toros y hasta del viento-, la fe hasta el final en sus posibilidades –que permite levantar faenas imposible–, la capacidad de superación de todo tipo de dificultades -ante el toro, los empresarios, el público-, el trabajo de entrenamiento incluso cuando vienen mal dadas, el  volver a empezar olvidando las amarguras de  los fracasos, ….

Si echamos una mirada a nuestro alrededor, vemos pocos ejemplos de este tipo de ética antigua y seria, antaño asociada a las más diversas prácticas profesionales. Nuestro toreros nos recuerdan que es posible una educación con valores, y un desarrollo profesional basado en el respeto al maestro, el esfuerzo, la superación de dificultades y la creatividad. Si necesitamos ejemplos de cómo se puede alcanzar el éxito por los caminos derechos y sin atajos, es en esos ámbitos donde los  toreros tienen mucho que enseñar.

Jesus Banegas, socio de la Peña, es doctor en ciencias económicas, ingeniero, empresario, escritor y conferenciante sobre innovación tecnológica. Tras presidir largos años el sector tecnológico y ser vicepresidente de CEOE es actualmente presidente del Foro de la Sociedad Civil. Ha sido escritor esporádico de temas taurinos, sobre todo en la reeditada -en los pasados años 80, junto con Manuel Moles- revista El Ruedo  y empresario taurino –Torifinsa––a finales del pasado siglo. Está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil.

“LOS DE JOSÉ Y JUAN” EN LOS ACTOS CULTURALES DE SAN ISIDRO.

Los socios de la Peña Taurina “Los de José y Juan” están presentes en distintos actos celebrados durante la feria de San Isidro en la Plaza de toros de Las Ventas.

El viernes 7 de junio, a las 12,30 de la mañana, José Joaquín Moreno Silva, actual propietario de la ganadería de Saltillo y socio de “Los de José y Juan”, presentará el libro SALTILLO II Aniversario y Esperanza, en la Sala Antonio Bienvenida. El libro está escrito por Joel Bartolotti, exdirector de la revista TOROS editada en Nîmes, decana de la prensa taurina, en conmemoración del centenario de la compra del hierro por la familia Moreno. En la presentación participarán Miguel Ángel Moncholi y José Luis Ramón, director de la revista 6TOROS6.

El sábado 8 de junio, a la misma hora, la Unión de Federaciones Taurinas de Aficionados de España (UFTAE) entregará el VI TROFEO NACIONAL a la Promoción y Fomento de la Tauromaquia, 2018 al Excmo. Sr. Juan Manuel Albendea Pabón, ponente desde la Presidencia de la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, de la Ley que regula la Tauromaquia como Patrimonio Cultural. Juan Manuel Albendea es socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”

Estos actos se unen a la entrega el pasado sábado 2 de junio, del TROFEO PUERTA DE SAN VICENTE, dentro de los XVI Trofeos Puertas de Madrid, 2018, de la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, dedicado a la Trayectoria de instituciones y personas, relacionadas con el mundo taurino de la Comunidad de Madrid a Andrés Amorós Guardiola, también socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”.

Los socios de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, participan activamente en la difusión, promoción y defensa de la Tauromaquia.

LECCIONES ECONÓMICAS DE LA FIESTA

Hoy publicamos la segunda parte de esta lúcida trilogía que nuestro socio Jesús Banegas dedica a «La Fiesta».

Por Jesús Banegas.

Los padres escolásticos de la Universidad de Salamanca -pioneros de la ciencia económica- dejaron establecida con una gran vigencia doctrinal la teoría del valor, según la cual el precio de las cosas no depende de los costes de producción, sino de la apreciación subjetiva del mercado, es decir, del público.

Si la fiesta mantiene su vigor es porque el valor subjetivo de la gente por la faena de Manzanares en la corrida de Beneficiencia de 2017 y la reciente en Sevilla de Pablo Aguado es muy alto;  mientras que el que otorgan a las divisas duras y los toreros valientes -no siempre bien dotados- es muy bajo. Como empresario, aprendí -perdiendo dinero- que la gente va a los toros por dos muy poderosas razones: en las fiestas –por tradición– y a las corridas que puedan ofrecer grandes faenas las figuras. Fuera de los días de fiesta y sin contar con los toreros de moda, la gente simplemente no va a los toros. Y sin gente, no hay fiesta.

Un curioso y mayúsculo ejemplo de la teoría económica del valor -de enorme importancia doctrinal para explicar la riqueza de las naciones- que la fiesta puede dar al mundo son los precios relativos de las localidades. Sólo muy recientemente, algunas -poquísimas- salas de espectáculos –futbol, conciertos, teatros–  en el mundo discriminan el precio de las entradas más allá de tres o cuatro categorías, dentro de la cuales todas cuestan lo mismo. En las plazas de toros la variedad es casi tan grande como la apreciación subjetiva del público: sol, sombra, proximidad a los toriles, barreras, palcos, delanteras, filas, etc. En Las Ventas hay casi un centenar de precios distintos para elegir: varias decenas de veces más que en cualquier otro espectáculo.

Sin  embargo, a pesar de la descrita lección de discriminación de precios que la fiesta puede dar a todos los demás espectáculos, conserva una limitación anacrónica en las plazas –casi todas- de propiedad pública: en las ferias las entradas cuestan lo mismo con independencia de los carteles y no se pueden plantear corridas con precios libres. Lo razonable sería que el abono consistiera en un pago fijo asociado al valor de cada localidad, que daría derecho preferente dentro de un plazo a adquirir en cada corrida la/las entradas abonadas. Además los precios deberían abaratarse en las corridas con menos demanda –para incentivarla– y encarecerlos en las de mayores expectativas de los aficionados, en una escala de cuatro niveles; al que cabría añadir, por supuesto, corridas de precios libres. El mero anuncio de estas crearía gran expectación mediática que favorecería la popularidad de la fiesta. ¿Qué tal el regreso de José Tomás a Las Ventas con entradas subastadas por Internet?

Jesús Banegas, socio de la Peña Taurina Los de José y Juan, es doctor en ciencias económicas, ingeniero, empresario, escritor y conferenciante sobre innovación tecnológica. Tras presidir largos años el sector tecnológico y ser vicepresidente de CEOE es actualmente presidente del Foro de la Sociedad Civil. Ha sido escritor esporádico de temas taurinos, sobre todo en la reeditada -en los pasados años 80, junto con Manuel Moles- revista El Ruedo  y empresario taurino –Torifinsa––a finales del pasado siglo. Está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil.

Roca Rey supera su gran prueba en San Isidro.

Roca Rey en el sexto. Foto: ABC (Paloma Aguilar)

Publicamos esta maravillosa crónica de la corrida de ayer, 30 de mayo de 2019, decimoséptima corrida de feria, escrita por Andrés Amorós, socio de esta peña taurina de Los de José y Juan con quien celebramos también, orgullosos, que la Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, en un acto en la plaza de toros de Las Ventas, le entregará este próximo domingo dos de junio el trofeo Puerta de San Vicente destinado a premiar «La trayectoria de instituciones y personas relacionadas con el mundo taurino de la Comunidad de Madrid».

Crónica de Andrés Amorós. 

En la corrida de máxima expectación, Manuel Escribano sufre una grave cornada en el muslo; Román corta un trofeo; Roca Rey lo pierde, por la espada, pero supera con nota el examen. Los toros de Adolfo Martín dan juego variado; muy buenos, los tres últimos.

Además del cartel de «No hay billetes», la reventa por las nubes. La triple razón está clara: Roca Rey es el diestro con más «gancho», en taquilla. Además, su triunfo con el último toro de Parladé fue arrollador, de los que confirman a una primera figura y descartan cualquier duda. Todavía se añade algo y muy importante: por primera vez -si no me equivoco- se anuncia con toros de Adolfo Martín. Ya tuvo mérito que se anunciara en el sorteo de ganaderías, igual que Ponce, entre otros. La fortuna decidió que tenía que matar esos toros: ¿suerte, desgracia? Cada cual opinará. Para mí, está claro: el gesto ya merece aplauso. Creo, además, que Roca Rey está capacitado de sobra para lidiar esos toros. Pero ha de demostrarlo, delante de la afición más exigente. Y eso es lo que nadie quiere perderse.

Cierran el ciclo de Albaserrada los toros de Adolfo: todos, cárdenos; cuarto y sexto, muy abiertos de pitones. De nuevo asiste Don Juan Carlos, acompañado de la Infanta, al que brindan los tres diestros su primer toro.

Como acostumbra, Manuel Escribano va a portagayola y se luce en el par al quiebro, al violín. El toro es pastueño pero soso, paradito, no transmite nada. Mata fácil y se aplaude la voluntad. El cuarto luce dos «perchas» de aúpa: para colgar todo un vestuario, decían los revisteros. Lo recibe con buenos lances. Arriesga mucho en el segundo par, por dentro, y en el tercero, quebrando en tablas, también por dentro. El toro acude galopando a los cambiados iniciales, repite, incansable. Lo aprovecha Escribano con muletazos vibrantes, que levantan ovaciones pero también la división, habitual en estos casos, porque algunos se ponen de parte del toro. Por quedarse muy quieto, al final de la faena, sufre la grave cornada, que le atraviesa el muslo, con fuerte hemorragia. Mata al toro Román a la tercera.

Para subir peldaños, el joven Román ha de arriesgar; debe medir bien que la valentía no invada el terreno de la temeridad. Recibe con buenos lances al segundo, que pronto queda corto, pone en apuros a los banderilleros. Me cuentan, por teléfono, que ha concluido el brindis al Rey con una frase simpática: «Que disfrute de la jubilación». (¿Cuándo conectarán el micrófono de la Plaza para que se entere de los brindis el público, no sólo los que lo ven por televisión?). El toro se cuela por los dos lados; tragando mucho, Román le saca muletazos con mérito hasta que lo voltea. Mata con decisión y saluda. Brinda el acapachado quinto al ministro Ábalos: el mismo que mencionó «la caspa», en relación con la Fiesta, aunque es hijo de torero; esta tarde, acompaña en el burladero a Victorino Martín. En la muleta, el toro da buen juego. Román le va sacando muletazos, un poco embarullados pero ligados, con emoción. Tarda mucho tiempo, cuando va a coger la espada (Si la llevara en la mano, hubiera podido redondear mejor el triunfo). Se vuelca, al matar, y corta un valioso trofeo.

Roca Rey lidia con el capote al tercero, sin sus habituales alardes. El brindis al Rey incluye también a España, el Perú, la Tauromaquia y la juventud. El toro es muy decepcionante: tiene poca raza y recorrido, vuelve rápido. Por la derecha, no hay nada que hacer. Le saca algunos naturales con mérito, aunque surja en los tendidos la división, habitual en esta Plaza, con las primeras figuras. Acierta al no prolongar inútilmente una faena de imposible lucimiento pero no mata bien. Todo queda en tablas. El sexto, de nombre ilustre, «Madroñito» (El Cid indultó uno, en Santander), muy abierto de pitones, humilla mucho. Lidia Andrés con suavidad , sin quites espectaculares. Brinda al público. Dándole distancia, lo engancha en muletazos largos, mandones, «hasta allí lejos». Por la izquierda, el toro queda más corto, pero uno de pecho, que no acaba nunca, pone a la gente de pie. Pincha, antes de la gran estocada, y no le dan la oreja pero ha vuelto a armar el lío, demostrando, una vez más, su gran capacidad. Y lo ha hecho todo dentro del clasicismo, sin una sola de las «inas» a las que otras veces recurre, para calentar al público. Como Gary Cooper en el viejo «western», ha superado «La gran prueba». Tiene otras muchas, por delante.

Postdata. En muy pocos actos taurinos recuerdo tan unánime admiración y afecto como en el homenaje a El Viti. Todo eso y más se lo merece. Hablando de los toreros a los que ha conocido, ha dicho, esta mañana: «De todos he aprendido». Lo mismo que decía Marcial Lalanda, tomándolo de Goya: «Todavía aprendo». En un coloquio, en Alicante, le pregunté si era cierto que se puede amar a un toro como a una mujer. Con laconismo, sentenció: «Más». Como torero y como persona, El Viti encarna la hondura, la profundidad, la autenticidad: lo mejor de Castilla y de España.

Andrés Amorós, socio de la Peña Taurina “Los de José y Juan”, es doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha publicado obras relevantes sobre la tauromaquia y actualmente ejerce la crítica taurina en el diario ABC de Madrid. Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío.