Lo que me perdí

Como soy de no mantener mucha atención, quizá no sea capaz de reseñar todo lo que me perdí en la descastada corrida de Jandilla, por mi maldita manía de interesarme en los toros de la corrida anunciada. Era tal la pena e incluso vergüenza ajena que sentía la ver aparecer semejantes animales, flojos, regordíos, despitorrados como el sobrero, vaya prenda, de comportamiento mayormente obediente pero en general dubitativo, oscilando entre su natural docilidad y su falta de fuerzas que les impedía seguir su impulso colaborador, que no fui capaz de darme cuenta de los retazos de arte que salpicaron la corrida.

Pues debido a este carácter del que me arrepiento, me perdí lo siguiente que reseño sin ánimo exhaustivo: Dos verónicas de Morante por el pitón derecho al toro que sería devuelto, dos naturales salpicados entre las series de Perera, uno en tercer lugar y otro en segundo de series distintas, media verónica de las que dicen de enmarcar que cerraba un quite de una serie enganchada y dispareja de lances de Morante en el toro de Finito y una verónica de Morante al quinto de la tarde que el toro frustró en el último momento al enganchar el capote del torero cuando ya estaba casi rematada, estropeando el olé vibrante que ya llenaba la plaza, buenos pares de banderillas de Juan Sierra y Joselito (bonito nombre) Gutiérrez de la cuadrilla de Perera y de José Antonio Carretero de la de Morante. Dado el mal estado de mi memoria no recuerdo nada reseñable de Finito, ningún esbozo de faena ordenada de Morante, la tendencia a arquear la postura de Perera, ninguna estocada digna de ese nombre y ni una vara razonable.

Todo esto me perdí por mi maldita manía de valorar una corrida de toros por los toros que salen a la plaza, en vez de dejarme llevar por el entusiasmo que proporciona estar sentado en Las Ventas en una corrida de postín.

 

Andrés de Miguel

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