DIEGO URDIALES PREMIO ADOLFO BOLLAÍN AL ACONTECIMIENTO TAURINO MÁS RELEVANTE DEL AÑO 2018

La Peña Taurina “Los de José y Juan” otorgó el premio Adolfo Bollaín, al acontecimiento taurino más relevante del año 2018, a Diego Urdiales por su faena al toro Hurón-120 de Fuente Ymbro, el pasado 7 de octubre de 2018 en Las Ventas. El premio, votado con unanimidad, reconoce la conjunción de una faena clásica a un toro bravo, de gran pureza y belleza formal, en la que el riesgo nunca estuvo ausente, y que se sitúa entre las tres o cuatro más importantes de este siglo XXI en Las Ventas.

Diego Urdiales con Hurón-120. Foto de Andrew Moore

La circunstancia de ser la 5ª corrida de la temporada para Diego Urdiales, fuera de los circuitos de poder del mundo de los toros, hacen más relevante esta faena de quien también había toreado con pureza a un toro de Alcurrucén en Bilbao y con exposición a uno de Garcigrande en Logroño, en lo que formó una pequeña e ilusionante temporada. La escultura metálica de Pablo Lozano, que representa el premio, se le entregará al matador de toros en un acto este invierno en Madrid.

Diego Urdiales en la faena de muleta. Foto: Andrew Moore

Además de la votación de este premio en la Asamblea General del 19 de noviembre, se realizó un resumen de las actividades de la Peña Taurina durante este año 2018 en el que enumeraron los distintos actos realizados, las nuevas iniciativas, la ordenación de los fondos del archivo y biblioteca y el nuevo blog a través del que la Peña Taurina Los de José y Juan aporta las opiniones y experiencias de sus cualificados miembros en las redes sociales.

Se comentaron las líneas principales del LXII Ciclo de conferencias que se realizarán los cuatro sábados de febrero en el Aula Antonio Bienvenida de Las Ventas en los que se contará con la participación de toreros, ganaderos, periodistas e intelectuales y en la que se realizará una sesión de debate que contará con la aportación de François Zumbiehl, Andrés Amorós y el presidente de la Peña Andrés de Miguel, en la que se abordará “La tauromaquia en su encrucijada del siglo XXI” con propuestas concretas de soluciones y de las maneras de dar voz a los aficionados, en esta situación que la tauromaquia se enfrenta a amenazas externas y retos internos.

Se eligió a José Mª Moreno Bermejo como nuevo socio para cubrir una vacante que completa la cantidad de 50.

Los socios de la Peña Taurina Los de José y Juan tras la Asamblea General

Escuchando a los maestros.

Bajo el lema «Culturas del toro» se abría el pasado 27 de septiembre, con la plaza de Las Ventas al fondo, un espacio público de reflexión donde pensar en común la emoción del toreo. En un tiempo en que el arte de torear es incomprendido, cuando no vilipendiado, no basta con repetir que la tauromaquia es cultura. Preciso es saber en qué sentido lo es, qué paradigma concreto de vida late en ella, por qué, citando el bello título de Víctor Gómez Pin, constituye «la escuela más sobria de vida». Desde perspectivas filosóficas, antropológicas y artísticas diversas, como también desde la experiencia de matadores y aficionados, estos encuentros quieren seguir dando forma, vigencia y vitalidad al universo simbólico que soporta al toro de lidia.

La conferencia inaugural corrió a cargo de François Zumbiehl, quien ha tenido la gentileza de resumir por escrito su intervención.

Alejandro del Río Herrmann

Escuchando a los maestros.

Por François Zumbiehl

Si tuve tal ansia de acercarme a la palabras de los toreros es porque desde mi primera corrida en la infancia me impactó su silencio. Ellos, en el ruedo, callaban por obligación mientras en los tendidos prosperaban un sinfín de comentarios, recomendaciones y a veces reprobaciones. También me parecía una cortina de humo muchas declaraciones suyas, estereotipadas y complacientes para los lectores, en las revistas especializadas. Quise entonces pasar con ellos al otro lado de esa cortina y recoger sobre su práctica y su sentimiento del toreo una palabra más auténtica y liberada del peso de las circunstancias. ¿qué verdad o verdades me parece haber podido recoger[1] de ellos cuando logré colocarles a una distancia suficiente con respecto a la presión de su recorrido por el planeta de los toros durante la temporada?

En primer lugar que están obsesionados por el trabajo de memoria. “Los toros son el recuerdo” declaró un día, y con razón, el maestro Antoñete. El problema es que ese recuerdo para ellos – como para muchos de nosotros, simples aficionados – es incapaz de restituir el conjunto de su más sublime faena, sino tan sólo detalles o momentos aislados que se alzan en el primer plano de su conciencia. Muchos viven esos estragos del tiempo como una frustración, y algunos con una resignación sonriente. Tal es caso de Pepe Luis Vázquez, quien evocando su obra maestra en Valladolid con el toro de Villagodio, en 1951, me confesó al final : “Sí, quizá sea esa faena que más me ha llenado, por ese motivo, porque no me acuerdo. Sería porque estaba fuera de lugar.”

Pepe Luis Vázquez, en un lance a pies juntos. Foto ABC.

La segunda revelación es que mientras están en activo se sienten sometidos a un inacabable camino de perfección. Estos “héroes” de los que la afición celebra con justicia los triunfos entienden que nunca han llegado ni llegarán a la cúspide de lo que querían expresar en el ruedo. “Mi mejor faena está por realizar, la guardo todavía en mis entrañas” aseguran muchos de ellos, y esta vez la frase no es sólo un estereotipo. Está dictada por la humildad y la permanente insatisfacción – salvo cuando se sienten sobrevolados por la gracia o poseídos por el duende – que supone la creación en el acto, en la arena, con muchos tanteos y casi con imposibilidad de enmienda, de una obra avocada a morir a poco de haber nacido. De ahí su envidia confesada con los pintores y escultores que pueden crear cuando les viene en gana, que tienen la posibilidad de enmendar su obra hasta el final, y que la dejan al alcance de los tiempos futuros. Por eso para la mayoría de ellos el temple, entendido como la capacidad de apaciguar la violenta embestida del toro y de conjurar aunque sea durante unos segundos el inapelable desvanecimiento de la belleza suscitada, es el núcleo del arte de torear. Pero ¡ojo!, sobre la técnica del temple como sobre la ortodoxia de otros conceptos tan fundamentales como el hecho de cruzarse o de cargar la suerte, sus opiniones e interpretaciones son muy variadas. Se expresan con la misma libertad con que otros artistas – los de los pinceles o buriles -, explican su particular manera de tratar los colores o las formas. Escuchándoles más de una vez me he convencido de que nosotros los aficionados deberíamos ser más cautos y resistir a la tentación de dogmatizar sobre tales conceptos.

Joselito y Juan Belmonte. Colección Los de José y Juan

La última verdad que creo haber captado es el excepcional valor de sus palabras. Son el fiel reflejo de su estilo, de su manera de seguir siendo toreros cuando se encuentran provisionalmente o definitivamente alejados de los ruedos. Reflejan su incesante búsqueda – o su añoranza de ella cuando están retirados – para “gustarse”, o sea sentir la emoción de emocionarse con el toro y de emocional al público, de ser el motor de esta onda de felicidad que se extiende por toda la plaza en algunos momentos privilegiados. Este discurso no me ha parecido ser menos intenso o deformado con respecto a la realidad de lo que han dibujado en el ruedo. Es un auténtico corpus artístico, tan valioso y significativo como el que han evidenciado cuando estaban en activo, y que sobrevive cuando el otro se ha apagado. Es su manera de triunfar– esta vez de forma más certera – del tiempo y de la muerte.

[1] En los libros El torero y su sombra, La Voz del ToreoEl Discurso de la Corrida.

François Zumbiehl (París, 1944), es catedrático de Lenguas Clásicas, doctor en Antropología Cultural y militante taurino. Socio de la Peña Taurina Los de José y Juan.

Alejandro del Río Herrmann, filósofo, es doctor por la Universidad de Valencia. Trabaja como editor en Editorial Trotta y es profesor de la Escuela de Filosofía de Madrid.

 

Tres socios de “Los de José y Juan” participarán en el II Congreso Internacional La Tauromaquia del Siglo XXI.

François Zumbiehl, Andrés Amorós y Gonzalo Santonja, socios de la peña taurina “Los de José y Juan” participarán en el II Congreso Internacional “La Tauromaquia del siglo XXI” que se celebrará en Murcia del 18 al 21 de octubre.

Pincha aquí para leer el programa.

 

El País entrevista a Francois Zumbiehl, socio de “Los de José y Juan”.

A continuación, os dejamos con la entrevista que le hace Antonio Lorca, crítico taurino y colaborador de El País, a Francois Zumbiehl, socio de “Los de José y Juan”, y en la que ambos reflexionan acerca del presente, pasado y, sobre todo, futuro de la fiesta.

François Zumbiehl, intelectual y militante taurino, apuesta por la autenticidad de la fiesta

François Zumbiehl (París, 1944), catedrático de Lenguas Clásicas, doctor en Antropología Cultural y militante taurino está convencido de que la fiesta de los toros perdurará “mientras la comunidad de aficionados valore lo que tiene entre las manos, exprese sin miedo su voz y defienda el respeto a la diversidad cultural en el caso de que se convierta en una minoría; mientras haya una afición que reivindique su libertad, —insiste—, la fiesta seguirá viva”.

Zumbiehl es un reconocido intelectual francés que ha dedicado su vida profesional a la diplomacia (ejerció como consejero cultural de la embajada de Francia en España durante los años 1975-82, trabajó en esa misma labor en las cancillerías de Hungría, Canadá, Venezuela y Noruega, y fue director adjunto de la Casa Velázquez, institución cultural francesa dedicada al estudio del hispanismo), es aficionado a los toros desde pequeño, autor de varios libros taurinos —uno de ellos dedicado a la figura de Manolete—, y una de las voces más autorizadas en defensa de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial.

De hecho, en 2011 coordinó en su país un comité científico que elaboró un argumentario que sirvió de base para que el Ministerio de Cultura de Francia aceptara incluir la fiesta de los toros en el inventario nacional del patrimonio cultural inmaterial de ese país.

“Ese fue el resultado de un serio y documentado trabajo que provocó tal revuelo entre los antitaurinos que el Ministerio decidió no publicar la ficha en la web del departamento”, explica Zumbiehl, “lo que no significa que los toros hayan sido desposeídos del merecido reconocimiento”.

Hijo de madre venezolana y padre francés, François Zumbiehl conoció muy pronto la fiesta por casuales razones familiares, y recuerda que la primera corrida que presenció fue en 1956 en Bayona, en la que Antoñete, Julio Aparicio y Litri lidiaron reses de Urquijo.

“Fue un festejo tan emocionante —añora— que se me clavó en el corazón”.

Ha visto muchas corridas desde entonces, ha leído mucho, ha escrito sobre toros, y se le reconoce hoy como un respetado taurino, convencido de la esencia antropológica y cultural de la tauromaquia.

FZ
François Zumbiehl, en un acto celebrado en la Maestranza de Sevilla. TOROMEDIA

“La fiesta de los toros —afirma— sigue enseñándonos aspectos tan fundamentales de la existencia como la relación entre la vida y la muerte o la aproximación entre lo rural y lo urbano”.

“La sociedad actual ha perdido de vista la ruralidad”, prosigue, “muchos creen que ahora existe una mejor relación con los animales, y es falso. Lo que hemos hecho es convertir a nuestras mascotas en sustitutos de los humanos”.

“El mundo rural nos recuerda que esa aproximación entre el hombre y el animal, entre la intuición y la inteligencia del torero y la irracionalidad del toro indómito es algo fundamental que debe mantenerse en el siglo XXI”, concluye.

A su juicio, la fiesta de los toros forma parte del patrimonio cultural inmaterial porque cumple con los criterios exigidos por la UNESCO para tal calificación; es un espectáculo tradicional, contemporáneo y viviente; es ritual, promueve el conocimiento de la naturaleza, es integrador…

“Tradición significa transmitir a las nuevas generaciones una afición, una pasión, una identificación, un patrimonio”, explica; “no es algo anclado en el pasado, sino todo lo contrario, una proyección hacia el futuro”.

— Pero también es un espectáculo cruento…

— “Es un sacrificio, es verdad, pero muy respetuoso con el animal, cuya carne va a ser consumida. El toro es criado en un ámbito de libertad y tiene la posibilidad de expresar su bravura. Para mí, es impensable una tauromaquia incruenta porque ese sería su final. El torero pone en juego su vida, algo que no sucede en ninguna otra actividad, y supone una reciprocidad ética incuestionable”.

François Zumbiehl se siente más español que francés; ha abandonado su casa parisina y se ha instalado en Madrid “por razones taurinas, sí, pero también porque aquí siento que vibra la vida y es posible establecer una relación con la gente que no existe en otra parte del mundo; estoy encantado de estar en España”.

Y desde un apartamento cercano a la plaza de Las Ventas analiza con cierta nostalgia la situación actual de la fiesta.

“Se encuentra en una encrucijada: puede desaparecer si se convierte en un espectáculo previsible. Se dice que ahora se torea mejor que nunca, y que el toro es seleccionado para ser el mejor colaborador del torero. Yo creo que eso es no es positivo. Lo bonito de la corrida es su imperfección; si, por el contrario, tiende a ser un espectáculo reglado, como lo es el circo, desaparecerá”.

Y desde esa perspectiva hace un retrato de la afición francesa, ejemplar en algunos aspectos para la española.

“Todas las aficiones tienen virtudes y defectos, pero destacaría tres rasgos de la de mi país. Primero, manifiesta mucho respeto por el toro y exige los tres tercios de la lidia, especialmente la suerte de varas. Al aficionado francés le interesa el espectáculo completo y no solo la faena de muleta. Segundo, se cuenta, por lo general, con la opinión de los aficionados a la hora de organizar las ferias; cada ciudad tiene su línea editorial, su sensibilidad y su forma de interpretar el toreo, pero las peñas pueden ofrecer su parecer sobre toros y toreros. Y tercero, el espectador francés no cree que lo sabe todo, se documenta, lee y mantiene un afán permanente por aprender. Y un corolario final: cada seguidor francés se ha dado cuenta de que debe ser un militante taurino, y creo que esa es la asignatura pendiente de los españoles”.

— ¿Se considera usted torista o torerista?

— “Un gran escritor dijo una vez que no era de derechas ni de izquierdas porque no quería ser un hemipléjico intelectual. Por la misma razón no me considero ni torista ni torerista. La fiesta es la fusión de un toro que te emociona y un torero capaz de cincelar una obra de arte, efímera, sí, pero que nos permite llegar al paraíso de la emoción”.

Admira a Talavante, Roca Rey, El Juli, José Tomás, Morante…, “y a cualquier torero que sea capaz de emocionarme, que consiga ese equilibrio entre el compromiso de poner en juego su vida y la creación artística”.

“Déjeme una conclusión final: el riesgo de que la tauromaquia se desvirtúe y pierda su autenticidad es más grave para el futuro que todos los ataques externos”.

*Ir a la entrevista de El País.