¿Y por qué no sortear los toreros?

Artículo escrito por Andrés de Miguel.

Como serpiente de verano, o por mejor decir, como conversación de invierno sin toros, sale con frecuencia la idea de que las ferias serían más interesantes si se sortearan todas las corridas previstas entre todos los toreros contratados.

Esta idea, que ya llega a ser recurrente, creo que tiene su origen en las tertulias de los amigos de “El Albero Luminoso”, en sus largas noches tras las corridas de las ferias de San Isidro de los primeros años 90.

ALBERO LUMINOSO
Portada de El Albero Luminoso diseñada por Javier Págola sobre una foto de José Gómez Ortega “Gallito” realizada por Mateo.

“El Albero Luminoso” fue un proyecto en el que participaron entre otros, José Ramón Márquez, Sergio Ariza, Pepe Campos, Ramón Rueda, Miguel Ángel Cuadrado y yo mismo, con la idea de editar una bella revista taurina por y para aficionados. Objetivo que si bien no se consiguió, sí proporcionó buenas horas de conversaciones e ideas.

La idea del sorteo fue una de las que se barajaron, más como broma que como propuesta y de ella quedó constancia en un artículo que publiqué en el periódico DIARIO 16, en la edición del 12 de mayo de 1994, en la que se decía:

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Artículo publicado en DIARIO 16 el 12 de mayo de 1994.

“La idea del sorteo, que Mazzantini impuso para que Guerrita no eligiera los toros que le correspondían, va a acabar por abrirse camino, más allá de la boutade, para decidir los carteles de la feria. El asunto es sencillo. Se eligen las ganaderías, se contratan los toreros y a continuación se sortea a qué toreros les toca con qué toros. Más de una sorpresa nos íbamos a llevar y el escalafón taurino, que tantas veces sale maltrecho de San Isidro, iba a tener una oportunidad de componerse, dejando que el azar, por otra parte tan importante en los toros, jugara su papel.

Sinceramente, es difícil que el puro azar confeccionara los carteles peor que la empresa y con un sorteo aleatorio, la racionalidad avanzaría en la brillante fiesta de los toros”.

Hasta ahora la idea no se ha abierto paso pero, ¿cuajará la iniciativa de Simón Casas tras la próxima feria de Otoño?

Andrés de Miguel es sociólogo, crítico taurino y presidente provisional de la peña “Los de José y Juan”. 

El 31 de mayo de 1951 se constituye la peña taurina “Los de José y Juan”

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Juan Belmonte con los socios fundadores de la peña.

Transcurre la primavera del año 1951 en Madrid. La capital, entonces era una ciudad tranquila, donde se podía pasear al caer de la tarde y conversar tranquilamente sin casi automóviles, ni televisión que invada la vida privada. Eran tiempos de difícil situación económica pero de grandes esperanzas para un país que estaba deseando iniciar su despegue.

En la ciudad proliferaban las tertulias, en las que junto al teatro y cine -en este año se estrena “Bienvenido mister Marshall”- pasaban su tiempo libre los madrileños. Los espectáculos de masas eran, al igual que ahora, el fútbol, que era algo romántico circunscrito a lo deportivo, y básicamente los toros.

Los aficionados a los toros acudían habitualmente a la Plaza de las Ventas y circunstancialmente a la de Vista Alegre a ver a las figuras del momento: Pepe Luis, Luis Miguel, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, etc. Muchos de estos aficionados tenían sus propias tertulias que con el tiempo evolucionaron en la constitución de peñas taurinas, siguiendo una lógica tendencia asociativa que por aquel entonces estaba en otros campos un tanto restringida.

Independientemente de la “Peña Cocherito de Bilbao” a la que rendimos cariñoso homenaje por ser buenos aficionados y amigos y por ser la peña decana, ya que se fundó en 1910, los amantes de la fiesta se fueron agrupando, poco a poco, en distintas peñas, como el “Club Taurino Madrileño”, fundado en 1945 o la “Peña el Puyazo” fundada en 1948 la cual vive en nuestros días una floreciente actividad. La “Peña El 7” que agrupó y agrupa a numerosos buenos aficionados se constituyó al año siguiente de la nuestra, en 1952.

Pues volviendo al año 1951, año importante para la fiesta, pues en él toman la alternativa nada menos que Julio Aparicio, Miguel Báez “El Litri”, Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez, ocurre que durante la primavera en una tertulia de aficionados, casi todos afiliados al “Club Taurino Madrileño” deciden que, ante la crisis que sufre la fiesta -siempre ha habido crisis, podemos decir que la fiesta vive en una crisis permanente-, reflejada en la extensión de la corruptela del afeitado, se hace necesario tomar postura a favor de la pureza del espectáculo taurino. Para ello, entendieron que lo mejor era reivindicar la pureza que ellos conocieron en sus años juveniles en los que tuvieron la suerte de vivir la “Edad de Oro del Toreo” en los cuales, a través de Joselíto y Belmonte coincidieron ciencia, arte y toro. Así pues deciden solicitar a los poderes públicos, previa entrega de la documentación necesaria, el permiso para la fundación de una peña dedicada a la consecución de estos objetivos. El día cinco de mayo se recibe la autorización para la formalización de la fundación de la Peña que había sido solicitada por los señores: Alberto Romero, Ángel Linares, Luis Fernández Salcedo, Rosario Abarquero, Edmundo González Acebal, Adolfo Bollaín, Joaquín Casas, Mauricio Maigne, Fidel Perlado, Félix Rebollo, Gonzalo Tejerína, Fermín Lastra y Julio de Urrutia que serian los primeros socios y por lo tanto fundadores de la Peña se dedican a la preparación de la fundación oficial de la Peña, lo que culminan en pocos días a pesar de coincidir con la quinta Feria de San Isidro.

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En ese año, la feria constó de siete corridas y dos novilladas; ¡y eso que entonces lo que sobraban eran figuras del toreo! Pero, quizá lo que faltaba era dinero. El triunfador de la feria fue Pepe Luis Vázquez, registrándose una gran faena de Antonio Bienvenida el día de la confirmación de El Litri. A la salida de las corridas solían reunirse, este pequeño grupo de aficionados, que habitualmente asistían a las corridas con sus respectivas señoras, exactamente a unos metros de la taquilla de la izquierda de la puerta grande de la plaza, lo cual era lógico, puesto que casi todos tenían abono -los más procedentes de la antigua plaza de toros- en el tendido ocho. De allí, tras comentar la corrida, solían irse en aquellos rudimentarios autobuses de ¡¡a los toros!! a la taberna de Antonio Sánchez en la calle Mesón de Paredes, 15 donde seguían comentando la corrida junto al dueño del local, el recordado gran torero Antonio Sánchez, rodeados de cuadros de Zuloaga, mientras cenaban y de postre degustaban las maravillosas torrijas que se elaboraban en la casa.

Pues bien, en dicho local, que inmortalizara Antonio Díaz Cañabate en el libro: “Historia de una Taberna”, se constituyo a las 20,00 h. del día 31 de mayo la “Peña Taurina Los de José y Juan” con los socios fundadores que lo solicitaron. La primera Junta Directiva fue la siguiente:

  • Presidente: Don Edmundo González Acebal
  • Secretario: Don Fermín Lastra Cobeña
  • Tesorero: Don Fidel Perlado López
  • Vocal 1º: Don Adolfo Bollaín Rozalem
  • Vocal 2º: Don Luis Fernández Salcedo
  • Vocal 3º: Don Julio de Urrutia Echaniz

Fijándose el domicilio social en la Cervecería La Tropical en la calle Alcalá 21.

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Este artículo está escrito por Ángel Linares, socio de la peña “Los de José y Juan” e hijo de uno de los fundadores de la misma.

Se puede ver el artículo completo en la página web www.losdejoseyjuan.com